"Sombras de su alma"

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Summary

En un mundo donde las risas y los juegos son el lenguaje de la infancia, Emiko, una niña de 12 años, se siente atrapada en la soledad y el rechazo. Desde pequeña, su sensibilidad y creatividad la han convertido en el blanco de burlas en la escuela, donde sus compañeros la ven como una "rara". A medida que lidia con el dolor del aislamiento y la pérdida de su madre, un monstruo oscuro comienza a formarse en su mente, simbolizando sus miedos más profundos. A través de sus dibujos y sueños, Emiko busca refugio en un universo donde las sombras no existen. Sin embargo, la cruel realidad la persigue, llevándola a un punto crítico que cambiará su vida para siempre. Cuando es ingresada a un psiquiátrico a los 17 años, se ve obligada a confrontar el monstruo que ha crecido dentro de ella.

Genre
Horror
Author
TTTYYAKNY
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Sombras en el Patio

Capítulo 1: Sombras en el Patio**

Emiko se sentó en un rincón del patio de la escuela, con las rodillas abrazadas contra su pecho. El sol brillaba en el cielo, pero su luz no lograba atravesar las nubes grises que parecían habitar en su corazón. A su alrededor, los otros niños reían y jugaban, pero ella siempre se sentía como una espectadora, atrapada en su propio mundo.

Desde que tenía memoria, Emiko había sido diferente. No le gustaban los juegos ruidosos ni las multitudes. Prefería la compañía de los libros y los dibujos que creaba en su cuaderno. Sin embargo, esa diferencia la había convertido en un blanco fácil para sus compañeros de clase. “Rara”, “sombra”, “fantasma”… eran algunos de los apodos que escuchaba susurrarse a sus espaldas.

Ese día, mientras observaba a un grupo de niñas jugar a la cuerda, sintió una punzada de soledad. De repente, un grupo de chicas se acercó a ella. "¿Por qué no juegas con nosotras?", preguntó una de ellas con una sonrisa burlona.

Emiko levantó la vista, sintiendo cómo su rostro se encendía de vergüenza. "No... no quiero", murmuró, bajando la mirada hacia el suelo.

"¿Por qué? ¿Tienes miedo?", dijo otra chica, riendo junto a sus amigas. Las risas resonaron en su mente como ecos hirientes.

En ese momento, el monstruo comenzó a formarse en su mente: una sombra oscura que se alimentaba de sus inseguridades y miedos. Era como si estuviera allí mismo, observándola desde un rincón oscuro de su alma, alimentándose del dolor que sentía al ser rechazada.

Emiko se levantó y comenzó a alejarse del grupo. No quería llorar frente a ellas. En cambio, decidió refugiarse en un pequeño rincón del patio donde solía dibujar. Allí podía crear mundos donde las sombras no existían y donde ella era libre.

Mientras trazaba líneas en su cuaderno, recordó las palabras de su madre: "Siempre habrá luz dentro de ti, Emiko. Nunca permitas que las sombras te atrapen". Pero esas palabras parecían lejanas y casi irreales mientras enfrentaba la cruel realidad de su vida diaria.

Esa tarde, mientras el sol comenzaba a ponerse, Emiko sintió una mezcla de tristeza y determinación. Sabía que debía encontrar una manera de enfrentar al monstruo que crecía dentro de ella; sin embargo, no sabía cómo hacerlo aún.

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El sonido del timbre resonó en el aire, interrumpiendo los pensamientos de Emiko. Era hora de volver a clase. Con un suspiro pesado, cerró su cuaderno de dibujos y se puso de pie. Mientras caminaba hacia el edificio escolar, notó que las risas de sus compañeros se desvanecían a medida que se acercaba. Era una sensación familiar: la ansiedad que le provocaba ser vista como una intrusa en su propio espacio.

Entró al aula y se sentó en su lugar habitual, cerca de la ventana. Desde allí, podía observar cómo los pájaros volaban libremente por el cielo. En ese momento, deseó ser uno de ellos, capaz de escapar de las paredes del aula y de las miradas inquisitivas de sus compañeros.

La maestra comenzó la clase, pero Emiko apenas podía concentrarse. Sus pensamientos vagaban hacia su madre, quien siempre había sido su mayor apoyo. Recordaba cómo le decía que el arte era una forma poderosa de expresarse, un refugio donde podía ser auténtica. Pero ahora, ese refugio parecía distante.

Durante la clase de arte, Emiko sintió una chispa de esperanza al ver los colores vibrantes sobre la mesa. La maestra les pidió que crearan una obra que representara sus sentimientos. Con el lápiz en la mano y el papel en blanco frente a ella, comenzó a dibujar.

Mientras trazaba líneas suaves y colores brillantes, sus emociones empezaron a fluir; cada trazo parecía liberar un poco del peso que llevaba en su corazón. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de sumergirse por completo en su mundo artístico, escuchó una voz burlona a sus espaldas.

“¿Qué estás dibujando? ¿Un monstruo? Seguro que es un retrato tuyo”, se rió una niña del grupo popular.

Emiko sintió cómo su estómago se retorcía. Las palabras eran como dagas afiladas, atravesando su frágil confianza. Sin mirar atrás, apretó los dientes y continuó dibujando con más fervor, tratando de ahogar las risas crueles con cada trazo.

Al final de la clase, la maestra pasó por los pupitres para ver los trabajos. Cuando llegó al lugar de Emiko, observó su dibujo con atención. “Esto es hermoso, Emiko. Capturas emociones profundas en tu arte”, dijo con una sonrisa cálida.

Esa simple frase hizo que el corazón de Emiko latiera un poco más rápido. Por un instante, se sintió vista y valorada. Quizás había algo especial en ella después de todo.

Pero esa sensación fue efímera; al salir del aula, las sombras parecían volver a cerrarse sobre ella. Las risas resonaban nuevamente en el pasillo mientras se dirigía a su siguiente clase. La pregunta seguía atormentándola: ¿Podría alguna vez escapar del monstruo que crecía dentro?