Una de mil leyendas
Desde el cielo hasta la tierra, entre el sol y la luna, las ruinas de una templo contemplan los vestigios de aquella estructura, sobrevivieron al tiempo, todo aquello que alguna vez fueron habitaciones; bóvedas, patios, bibliotecas, jardines, balcones, llenos de una vida que solo recuerdan los olvidados, hoy solo queda como recuerdo una vieja torre, chueca por el tiempo inestable por el viento, todo lo demás fue tragado por la vegetación.
Y aquí, en esta antigua torre, en lo alto, se encuentra esta pequeña figura solitaria femenina, flaca y descuidada descansando en lo que parece ser una cama rudimentaria de paja y una tela vieja. Entre sus manos se encuentra lo que parece ser un libro, desgastado de tapa gruesa y color mohoso.
Lee con vos pronunciada, las palabras de aquel libro.
-He aquí, una de las profecías ya olvidadas del reino de Cempasúchil, "cuando el santo sea llamado de tierras lejanas, el reino de los hombres será juzgado y con ello el tiempo de los mismos. Las veinte campanas sagradas han de anunciar el juicio de los injustos y cuando la última campana haga su canto, su llamado quedará bendito hacia la ciudad dorada” (Zimmerman, año 764, p.366)- miro aquellas páginas y suspiro.
Releyó en su mente aquellas palabras, entonces dijo para sí misma las siguientes líneas del relato -Y entre tantos embaucadores que buscaran su gracia asimismo harán dudar de su fe porque ellos no traerán su salvación sino su desesperación, entonces, cómo reconoceréis al santo si creyeron en él embaucador, de ser ciegos verán luz, de escuchar mentiras susurrar la verdad y con ello lo verán. El santo será Dorado como el trigo, su alma será cual zafiro, su piel cuál perlas, entonces... - Pauso su lectura y pensó para sus adentros «¿realmente hablara de una persona? describe más a un tesoro que a un salvador» arqueo las cejas y miró directamente al techo, cerró el libro dejándolo reposar en el piso.
«No creo que exista una persona así y si existiera, me encantaría que me sacara de este lugar»
Antes de darse cuenta cayó dormida viendo las tejas del techo levantarse para volver a su lugar con un golpe seco, escuchar el crujir de la madera podrida, el silbido del viento el olor a moho y así empezó a soñar con multitudes ruidosas, humo de caucho quemado, canciones y personas queridas, así soñó también con un amor desconocido que la hace feliz con un simple abrazo.