EL REFLEJO 🪞👿
En un pueblo pequeño y olvidado, vivía Clara, una chica de 17 años que acababa de mudarse con su familia a una antigua casa victoriana. Los vecinos evitaban mirar esa casa, pero nadie le decía por qué.
La primera noche, Clara notó algo extraño en el espejo de su habitación: su reflejo no imitaba sus movimientos. Se peinaba, pero su reflejo seguía quieto. Pensó que era el cansancio.
Pero al pasar los días, el reflejo comenzó a moverse por su cuenta. Sonreía cuando ella no lo hacía. A veces desaparecía, y otras veces aparecía incluso cuando no había nadie frente al espejo.
Una madrugada, Clara despertó con frío. El espejo estaba cubierto de niebla, como si alguien respirara del otro lado. Escribió con el dedo “¿Quién eres?”, y al instante apareció una respuesta escrita desde dentro:
"Soy tú... pero libre."
Asustada, cubrió el espejo con una sábana. Esa noche soñó con una versión de ella misma, vestida de negro, con una sonrisa torcida y los ojos vacíos. En el sueño, esa “otra Clara” le susurró:
"Solo puede haber una."
Al día siguiente, el espejo estaba descubierto. Clara juró haberlo tapado. Empezó a evitar su cuarto, pero cada espejo de la casa mostraba esa figura tras ella, cada vez más cerca, cada vez más nítida.
Una noche, los gritos despertaron a toda la familia. Entraron a su habitación… y no la encontraron. Solo estaba su reflejo, sonriendo desde el otro lado del espejo.
Y desde entonces, nadie se atreve a tocar ese espejo. Porque dicen que, a veces, el reflejo parpadea… incluso cuando tú no lo haces.
El reflejo – Parte 2: La que quedó atrapada
La desaparición de Clara estremeció a su familia. La policía registró la casa, pero no encontró rastros. El espejo fue ignorado por todos, como si su presencia se desdibujara en la mente de los demás. Solo su hermana menor, Luna, de 10 años, parecía obsesionada con él.
—Mamá… Clara está dentro —dijo una noche, señalando el espejo.
—No digas tonterías —respondió su madre, ocultando las lágrimas.
Pero Luna no mentía. Cada noche, se acercaba al espejo y hablaba con su hermana. O al menos, con lo que parecía ser su hermana.
—¿Eres tú, Clara?
—Sí, soy yo —decía el reflejo—. ¿Puedes ayudarme a salir?
Luna no sabía qué hacer, pero cada vez que hablaba con “Clara”, la figura se veía más... extraña. La sonrisa era demasiado ancha. Sus movimientos, como marioneta. Una noche, la figura le susurró:
"Rompe el cristal."
Esa noche, Luna tomó un martillo. Pero justo antes de romperlo, vio algo. El reflejo no era ella. La niña en el espejo tenía una pequeña cicatriz en la ceja que Luna no tenía. Era un detalle menor... pero suficiente.
No era Clara.
—¿Quién eres? —susurró Luna.
La figura sonrió. Sus dientes eran afilados, su piel empezó a agrietarse como porcelana, y detrás de los ojos solo había oscuridad.
—Yo soy la que quedó libre. Tú serás la siguiente que quede atrapada.
Luna dejó caer el martillo y huyó.
Desde entonces, el espejo fue cubierto y escondido en el sótano. Pero a veces, incluso tapado, se oyen golpes desde dentro. Como uñas rasgando el cristal. Como voces susurrando.
Y en noches de tormenta… alguien escribe desde dentro:
“Luna, aún estás a tiempo. No me dejes aquí.”