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PRÓLOGO.
Mi vida era bastante común. Tenía dos mejores amigos un poco locos, pero increíbles. Unos padres que me querían a su manera, a mi tío Tom que siempre estuvo para mí, y de vez en cuando visitaba a mi abuela.
Siempre me gustaron las aventuras, demasiado se podría decir, pero mi vida era todo lo alejado a una aventura, hasta ese día bajo la luz de la luna cuando entraron esos hombres vestidos con trajes negros a mi casa volviendo mi vida un caos.
No entiendo nada de lo qué pasa hasta que todo se vuelve oscuro.
***
—¡Vamos Abejita! ¡Se que puedes!
Me anima mi padre mientras yo corro por todo el campo de deportes.
—No puedo hacerlo papá, soy muy debil.
—Vamos cariño, tú puedes con esto y más... vamos enfrentame, dame todo lo que tienes—me dice mientras se pone en posición de defensa.
—Papá, te digo que no puedo, no soy inteligente, tampoco soy fuerte.—me limpio el sudor de la frente.—Soy muy débil.
—Cariño, nunca subestimes a las personas por su apariencia, la mente humana puede llegar a hacer grandes cosas, recuerda...
—El más débil puede llegar a ser el más fuerte—termino por él
Me sonríe mientras me pasa una botella de agua.
—No he nacido para triunfar papá, soy más del tipo ayudante.
—Los ayudantes están para algún día ser líderes Kimberly.
Miro mi botella de agua, estoy muy alejada de tener potencial de líder.
—Papá—llamo su atención mientras destapo la botella de agua.
—¿Si?—me dice mientras recoge las cosas del entrenamiento.
—¿Por qué me haces entrenar? No veo la necesidad.
—Algún dia lo necesitarás Kimberly, y ese día puede llegar más pronto de lo que crees.
Me dice más serio. Yo no le presto mucha atención a sus palabras y continúo tomándome el agua.