Capitulo 1
La luz tenue del atardecer entraba por la ventana del departamento mientras Julián se sentaba en el borde de la cama, con la mirada perdida en el suelo.
—No sé, Roxan... a veces siento que te alejás, que
ya no soy parte de tus planes.
Se pasó la mano por la cara, intentando contener el nudo en el pecho.
—¿Me estás ocultando algo?
Roxan lo miró de reojo, con una mezcla de cansancio y fastidio.
—No sé de qué estás hablando, Julián. Vengo cansada del trabajo, siendo la que sostiene todo porque a vos te despidieron. Soy yo la que hace turnos dobles, ¿te olvidaste?
Mientras hablaba, se sacaba la ropa de trabajo sin mirarlo directamente.
Julián bajó la mirada, apretando los puños sobre
las piernas, intentando no perder la calma.
—Lo sé, Roxan... y no te reprocho nada de eso. Solo
que a veces siento que ya no me ves... Como si ya no importara.
Se quedó en silencio un momento, con la voz quebrada.
—¿Y si no sos solo cansancio? ¿Y si hay alguien más?
Roxan se dio vuelta de golpe, con los ojos cargados de bronca.
—¿Vos me estás hablando en serio, Julián? ¿En qué momento querés que tenga a alguien más? Si antes trabajaba 7 horas y ahora hago 14, hago doble turno para mantener esta casa, pagar impuestos y encima bancar tus caprichos.
Lo miró con desprecio.
—No te miro porque no te veo ni intentando buscar trabajo.
Julián la miró, con los ojos llenos de algo que no era ira, pero dolía igual.
—¿Y el viernes? Roxan, después de tus catorce horas de trabajo... tardaste cuatro más. Volviste casi a las tres de la mañana.
Se levantó despacio, sin alzar la voz.
—¿Qué clase de doble turno termina a esa hora? ¿Qué querés que piense?
Roxan se sentó frente a la cómoda, como si la respuesta fuera tan obvia que no merecía discusión.
—Me fui con las chicas a tomar algo, Julián. Más allá de todo lo que tengo que pagar, también necesito salir un poco, relajarme... ¿o ahora me vas a prohibir vivir?
Sin mirarlo, se dio vuelta y empezó a ponerse una crema en la cara, como si la conversación no le pesara en lo más mínimo.
Julián la observó en silencio unos segundos, y luego habló con un hilo de voz, cargado de decepción.
—Está bien... saliste, tomaste algo... necesitabas despejarte, lo entiendo.
Se acercó un paso, sin levantar la voz.
—Pero volviste bañada, Roxan. ¿Desde cuándo te bañás en casa de tus amigas después de tomar algo?
Se quedó ahí, mirándola a través del espejo, esperando que al menos esa vez, no le mintiera.
Roxan suspiró con fastidio, como si todo le diera igual.
—Me fui a lo de mi hermana. Pasé a visitarla y me bañé allá. ¿Querés dejar de juzgarme de una vez?
Sin esperar respuesta, se acostó en la cama, dándole la espalda, y se tapó hasta los hombros.
—Hasta mañana, Julián...
Julián no dijo nada. Se quedó de pie unos minutos, mirándola mientras ella se acurrucaba bajo las sábanas sin volver a hablarle. Después apagó la luz y se recostó en el borde de la cama, con los ojos abiertos en la oscuridad.
No durmió. O si lo hizo, fue como dormir con los párpados cerrados pero el alma encendida.
A las seis de la mañana, un leve ruido lo sacó del entresueño.
Se incorporó sin moverse del todo y la vio: Roxan, de pie frente a la cómoda, con la luz del celular apenas iluminando su figura.
Estaba doblando algo con cuidado.
Era un vestido. Uno corto, negro, que no usaba desde hacía meses.
Lo guardó en la mochila con sigilo, como si no quisiera despertar a nadie.
Julián no dijo nada todavía. Solo la miró desde la almohada, en silencio.
Julián se despertó completamente a las 9 de la mañana. El lado de la cama donde Roxan había dormido ya estaba frío.
Se levantó despacio, revisó la cocina, el baño… nada.
Le mandó un mensaje corto:
“¿Dónde estás? Me preocupa no saber nada de vos.”
Pasaron las horas. Ninguna respuesta.
A las 14:00, volvió a escribir:
“Roxan, al menos avisame si estás bien.”
A las 18:30, intentó llamarla. La llamada sonó y luego fue directo al buzón.
Ya eran las 00:07.
Julián, desesperado, marcó una vez más.
Esperó.
Nada.
Volvió a intentarlo, con el corazón latiéndole en la garganta.
Roxan le manda un mensaje:
"Estoy en el bar con las chicas, ahora no puedo hablar, quedo algo de la comida de ayer si tenes hambre"
Julián leyó el mensaje con el pecho apretado, mezclando alivio y frustración.
—¿En el bar con las chicas? —murmuró, apretando el teléfono contra el pecho—. Al menos estás bien... aunque me hubieras avisado antes.
Respiró hondo y respondió:
“Está bien. Gracias por avisar. Voy a comer lo que quedó. Pero por favor, la próxima vez avísame antes, ¿sí?”
Roxan respondió sin darle mucha importancia:
"No exageres, Julián. Ya estamos grandes para andar avisando a cada rato"
Julián dudó un momento, luego escribió:
"Me gustaría ir al bar con vos, salir juntos después de tanto tiempo..."
Pero Roxan fue clara y seca:
"Hoy es noche de chicas, Julián. No va a ir ningún hombre"
Él entendió, aunque no pudo evitar sentir una punzada de incomodidad en el pecho.
Se quedó mirando el mensaje, sin saber bien qué decir.
Julián deslizó el dedo por Instagram, observando las historias que las amigas de Roxan habían subido esa noche al bar. Las risas, las copas, las luces tenues… pero algo no le cerraba. Tres de las chicas estaban con sus novios, algo que sabía de antemano. Sin embargo, junto a Roxan, había un hombre que él no conocía, alguien que no esperaba ver.
Cuando Roxan volvió a casa, Julián no pudo contenerse y le reclamó, con la voz cargada de
mezcla entre tristeza y sospecha:
—Me dijiste que no iba a haber hombres, ¿qué pasó con eso?
Ella, a la defensiva, negó con la cabeza y replicó:
—Aparecieron de la nada, Julián. No puedo controlar quién llega al bar.
Él frunció el ceño, herido:
—¿Y por qué no me avisaste? Así iba y no me quedaba dando vueltas solo.
Roxan lo miró, con un dejo de molestia:
—Ya casi nos íbamos, ¿para qué querías venir?
Julián la miró fijamente, con la voz cargada de desconfianza.
—¿Y ese tipo que estaba al lado tuyo? No lo conozco.
Roxan soltó un suspiro y negó con la cabeza.
—Es un amigo de una de las chicas y un compañero de trabajo. Estaba en el bar sin que yo supiera, apareció de la nada.
Julián tragó saliva, intentando no dejar que la inquietud creciera.
—¿Y vos no pensaste en avisarme?
Roxan la miró con un sarcasmo cortante.
—¿Qué querés que te avise? ¿Que llegó un compañero de trabajo? —dijo, cruzándose de brazos—. Dejame en paz, Julián, estoy cansada.
Se dio la vuelta y se fue a cambiar. Julián, mientras tanto, notó un pequeño chupón en su cuello. La tensión le explotó en el pecho.
—¿Qué es esto? —preguntó, la voz más alta de lo que quería.
Ella soltó una risita burlona y sin mirarlo respondió:
—Ah, eso... una de las chicas se puso cachonda y me lo dejó como recuerdo.
Julián se quedó sin palabras, con la rabia y la inseguridad mezclándose en silencio.
Apretó los puños, respirando hondo para no explotar.
—¿Y vos te lo tomás de joda? —dijo con voz quebrada—. No es solo un chupón, Roxan. Es lo que significa... ¿estás conmigo o no?
Ella se volvió hacia él, cruzando los brazos con una sonrisa fría.
—¿Querés que te diga la verdad?, Porque la verdad es que salgo, me divierto y no te debo explicaciones.
Julián sintió el peso de sus palabras como un golpe directo.
—No quiero que me digas nada que no sea cierto. Solo... quiero que seamos honestos.
Roxan se rió, sin ganas.
—Honestos, claro. Sali con las chicas y no paso nada, eso querias, ¿no?
El silencio entre ellos pesaba más que cualquier reproche.
Julián bajó la mirada unos segundos, luego se acercó lentamente a Roxan y la abrazó por detrás, intentando calmar la tensión que se había acumulado entre ellos.
—Lo siento, Roxan... no quiero pelear, solo quiero que estemos bien.
Le dio suaves besos en el cuello, buscando devolver un poco de cercanía entre los dos.
Pero ella se giró de golpe, apartándolo con firmeza.
—No todo es sexo, Julián. No podés pensar que con eso se arreglan las cosas.
Lo miró con los ojos brillando, dejando claro que esperaba algo más que solo momentos fugaces.
Roxan se dejó caer en la cama, aún con el vestido puesto, agotada. Su teléfono vibró y, sin apartar la vista, comenzó a responder mensajes con risas cómplices que Julián no podía entender.
Él se sentó a su lado, tratando de recuperar un poco de normalidad.
—¿Cómo te fue? ¿De qué hablaron?
Preguntó, buscando cualquier tema para romper el hielo.
Ella soltó un:
“bien, tomamos y todo eso”
Sin dejar de reírse mientras leía el teléfono.
Julián frunció el ceño y preguntó, intentando sonar casual:
—¿Con quién hablás?
Roxan fingió sorpresa y respondió con una sonrisa juguetona:
—Con nadie... con el compañero de trabajo, ¿quién más?
—¿Y de qué hablan? —insistió Julián.
—No lo vas a entender, son cosas del trabajo
Contestó ella, haciendo un gesto de indiferencia.
Julián suspiró, resignado. Sin decir nada más, se levantó y salió al balcón.
Encendió un cigarro, el humo escapando lentamente hacia el aire frío de la madrugada.
Apoyado en la baranda, miró la ciudad en silencio, tratando de ordenar sus pensamientos.
Después de unos minutos, dejó caer la cabeza entre las manos, cansado y sin respuestas claras.
Adentro, Roxan seguía en la cama, riéndose con el teléfono en la mano, ajena a la tormenta que Julián intentaba calmar.
La mañana siguiente llegó fría y silenciosa. Julián estaba sentado en la sala cuando vio a Roxan prepararse para irse.
Ella pasó por la puerta, lo saludó con un gesto casual, esperando alguna respuesta. Pero Julián ni se inmutó; no dijo ni una palabra, ni siquiera levantó la vista.
Cuando la puerta se cerró tras ella, Julián se levantó lentamente y se dirigió a su cuarto.
Abrió una caja vieja donde guardaba su título universitario en marketing digital. Lo tomó con cuidado, casi como si fuera un peso invisible.
Se sentó frente a la computadora, suspirando profundo.
—Odio esta carrera...
Murmuró para sí mismo
—Pero es lo único que tengo para salir adelante.
Julián levantó el teléfono con mano temblorosa y marcó un número que llevaba años sin llamar.
El rencor entre él y su padre había crecido con el tiempo, pero al escuchar la voz quebrada y sorprendentemente cálida de su único hijo, su tono cambió a amabilidad.
—¿Julián? ¿Cómo estás?
Preguntó con cautela.
Julián ignoró la pregunta, manteniendo la voz firme pero baja:
—¿Todavía necesitás a un hijo a tu lado para la empresa?
Un silencio breve se hizo en el otro lado de la línea.
—Siempre hay un lugar para vos, Julián
Respondió su padre, con una mezcla de esperanza y cautela.
Esa noche, Roxan llegó cansada a casa y encontró un plato tras otro apilados sobre la mesa, señales claras de que Julián había estado cenando solo. Se sentó a su lado y lo miró, preguntándole con voz suave:
—¿Cómo te fue hoy?
Julián, absorto en la computadora, negó con la cabeza, dando a entender que nada había cambiado. Luego tomó su celular y, sin mediar palabra, le transfirió dinero a Roxan desde su cuenta bancaria.
Ella levantó la vista, sorprendida.
—¿Qué es esto?
Respondió sin levantar la mirada.
—Es para el alquiler
Roxan frunció el ceño y preguntó, con cierta incredulidad:
—¿De dónde sacaste el dinero?
Julián suspiró y contestó con voz baja:
—Estoy trabajando para una empresa en el área de marketing.
Roxan lo felicitó con una sonrisa y le preguntó curiosa:
—¿Cómo conseguiste ese trabajo?
Julián la miró un momento y respondió con calma:
—Tengo un estudio universitario en marketing digital.
Ella frunció el ceño, sorprendida.
—¿Y por qué nunca me contaste eso?
Él esbozó una sonrisa leve y replicó:
—Nunca quise decir nada porque no me parecía necesario ni importante.
Roxan levantó una ceja, casi divertida.
—¿No importante?
Julián se encogió de hombros y le devolvió la frase con una sonrisa cómplice:
—Estamos grandes para estar contándonos esas cosas, ¿no?
Recordándole la frase que ella misma le había dicho la otra noche.
Roxan lo miró por unos segundos, captando la indirecta, pero no dijo nada. Solo bajó la mirada y siguió comiendo en silencio. El ambiente se volvió denso por unos minutos, solo se escuchaba el sonido metálico del tenedor contra el plato.
Julián se recostó en la silla, mirando la pantalla de su computadora, pero sin prestar atención a lo que tenía enfrente. Finalmente, fue Roxan quien rompió el silencio:
—No sabía que te había molestado tanto lo de la otra noche.
Julián no la miró, solo dijo:
—No fue solo la otra noche, Rox. Es... todo.
Ella se quedó quieta, como si procesara lo que acababa de oír.
—¿Y qué querés decir con eso?
Él se tomó unos segundos antes de contestar.
—Que hace rato siento que estamos... desconectados. Como si viviéramos juntos pero en realidades distintas.
Roxan suspiró, dejó el tenedor a un lado y se pasó una mano por el rostro, cansada.
—No estoy para hablar de eso ahora, Julián. Tuve un día larguísimo.
—Siempre es así, ¿no? —dijo él con tono bajo—. Nunca es el momento.
Ella se levantó sin responder, llevó el plato a la cocina y volvió al cuarto sin mirarlo.
Julián se quedó en la silla, inmóvil, viendo cómo su reflejo en la pantalla oscura le devolvía una mirada vacía.








