Pez Muerto

νεκρό ψάρι
(pez muerto)
El aire que inspiro
calma mis temblores.
En el jardín del río
cantan los ruiseñores.
Rojos y anaranjados,
negros y blanquecinos,
saltan sobre el musgo humedecido.
El viento bate las olas —
las pocas que aún se forman
en el agua estancada.
Y es allí,
por donde apenas queda nada,
donde:
— No hay aroma que sea mío.
— No quedan huellas de mi recorrido.
— Ni restos de mis presentes.
— No hay prueba alguna
de que contigo yo estuviese.
Me fui.
Acalorada y humedecida, huí.
Fría y enrojecida, abandoné mi nido.
Despojada de él,
arranqué el capullo de la flor del río.
Planté la rosa allá donde tú querías,
y esperé.
Lejos y temerosa,
esperé.
Esperé una estación entera,
y al comienzo de la Santa Semana,
cultivé tus promesas.
Belleza nula.
Decepción florecida.
Furia de cristal
y amor infantil.
Me pinché
con las púas de los capullos inmaduros.
Y quebré mi corazón
en tus manos.
Enterré nuestro jardín
bajo la tierra
de la que me fui,
y observé.
Observé las aguas
y en su reflejo,
por fin,
me vislumbré.
Te miré y no me viste.
Te encontré y me perdiste.
Hui, y no me detuviste.
¿Acaso, me quisiste?