CAPITULO 01
EVA
El timbre suena por toda la escuela poniendo eufóricos a mis compañeros, algunos tiran cuadernos, libros o hasta las mochilas, se acabó otro año más de preparatoria, ahora seré alumna de tercer año. Sinceramente no me emociona mucho ya que después iré a la universidad y aunque toda mi vida he sido una excelente alumna, se que la universidad es difícil, ademas, ni siquiera se lo que estudiare todavía.
Pongo mi mochila en mi hombro, acomodo mi cabello y salgo del aula tranquila, hacer desastre cuando se acaba un ciclo escolar siempre me a parecido estúpido así que siempre salgo tranquila. Camino hasta el patio principal del colegio para ahí esperar a René la cual no tarda nada en aparecer, camina hacia mi con una sonrisa en su rostro mientras me saluda con la mano.
René Cooper siempre a sido mi mejor amiga, la única en realidad. Desde primero de primaria no nos hemos separado jamás, en todo preescolar jamás tuve una sola amiga ya que mi fuerte no es socializar, al menos no con las personas que no quiero pero al entrar a primer año de primaria René fue la primera en acercarse a mi a pedirme un plumón rosado, cuando se lo fui a pedir de vuelta dijo que no me lo devolvería por que le gusto mucho, entonces fue cuando la bauticé como mi mejor amiga.
—Hola— me saluda alegre, ella siempre es así —¿Como te fue hoy?
—Excelente, ¿y a ti?— le pregunto mientras caminamos hasta la salida.
—Más o menos, sabes que odio historia, hoy tuve dos horas— bufa.
—Historia es un asco.
—Lo dice la que siempre tiene diez— sonrió.
—No me queda más que estudiar— me encojo de hombros.
Seguimos caminando ya que el colegio es demasiado grande, mi papá se encargó de meterme en el mejor de New York.
—Aquí están mis chicas— la voz de Stephan entra por mis oídos mientras su brazo cae en mis hombros, hace lo mismo con mi amiga.
Deja un beso en mi mejilla y uno en los labios de René.
—¿Como te fue amor?— le pregunta mi amiga, los tres caminamos, Stephan va entre medio de nosotras abrazándonos por los hombros.
—Mal— frunzo el ceño —Te extrañe mucho— le da otro beso a mi amiga.
Me hago a un lado para que él pueda abrazarla mejor mientras caminamos, cuando llegamos a la salida ellos se recargan en el deportivo de Stephan para besarse mientras yo sólo los observo esperando a que lleguen por mi.
Ambos hacen una buena pareja, se que no tiene nada que ver pero también son atractivos, eso lo hace aún mejor. Mi amiga es un poco más alta que yo, su cabello es rubio rosado, pero el rosa solo es muy leve casi no se nota, su tez es blanca, ojos grises los cuales en veces se ven verdes y tiene muy buenos atributos, por otro lado Stephan es alto de cabello rubio, sus ojos son verdes muy lindos, su tez también es blanca y su cuerpo está notablemente ejercitado.
Apuesto a que si tienen hijos serán realmente hermosos.
—Conejita, ¿quieres que te llevemos?— me pregunta Stephan cuando se separa de mi amiga abrazándola por la espalda.
—No gracias, mis papás vendrán por mi ya que recogeremos a mi hermana en el aeropuerto— lo miro —Y ya te dije que no me digas así.
Ambos ríen burlonamente.
—Okay, conejita— ruedo los ojos, la pareja vuelve a reír.
Stephan es novio de René desde primer año de preparatoria, lo conoció un día que enfermé y no vine a la escuela, él es un año mayor que nosotras así que se acercó a ella al verla sola, luego después de dos meses comenzaron a salir, nos confesó que al principio solo quería follarse a mi amiga pero cayó perdidamente enamorado de ella.
Cuando René me lo presento al principio no nos caímos para nada bien pero al final aprendimos a convivir y me puso ese tonto apodo por que siempre que quiero alcanzar algo y esta muy alto salto como una conejita, ridículo.
—Ya me voy— digo cuando veo la Range Rover negra de mi padre.
—Adiós conejita— dice mi amiga riendo.
—Te llamó luego— le digo a René ignorando el apodo.
Me encamino a la camioneta para subir en los asientos de atrás ya que mi madre viene en el de copiloto, en cuanto cierro la puerta mi padre arranca.
—¿Como te fue?— me da una mirada rápida por el retrovisor, mi madre va en su iPad mirando algo de su trabajo seguramente.
—Bien, ¿y a ustedes?— pregunto pero ninguno responde, a mi padre le entra una llamada y mi mamá sigue en su iPad.
Ambos son presos de su trabajo, de niña pensaba que era muy importantes para ellos hacer siempre las cosas bien y que por eso no me ponían demasiada atención, pero esa perspectiva se fue cuando crecí dándome cuenta que solo para mi no tenían tiempo ya que para mi hermana siempre han estado a pesar de su trabajo tan pesado.
Tanto Benjamin como Meredith son los dueños de sus propias empresas.
Mi padre es arquitecto, también tiene una maestría en administración de empresas, aunque siempre fue privilegiado por mi abuelo, es muy inteligente y el mejor en lo que hace. Por otro lado mi madre estudió leyes, empezó como abogada y ahora es juez, también es maestra de derecho penal en una universidad, mi hermana decidió tomar el mismo camino que mi madre.
—Miren, está es mi boleta y...— trato de enseñárselas pero ninguno voltea —Saque diez de promedio general— mi madre por fin voltea, toma la hoja con mis calificaciones dándole una mirada rápida para volver a entregármelo, ni siquiera leyó nada.
—Felicidades Eva— dice sin expresión alguna.
—Gracias— murmuro guardando la boleta en mi mochila.
Lo que resta del camino no vuelvo hablar, tampoco es como si les importara, solo me dedico a mirar por la ventana.
Esto siempre es así, jamás me felicitan con emoción por nada, es más, en veces ni lo hacen, las pocas veces que lo han hecho es cuando me dan ataques de ansiedad y voy a parar al hospital, pero se que lo hacen por que les toca.
Mi padre frena el auto frente a la segunda puerta del aeropuerto, ahí está la perfecta Olivia Affleck esperando por nosotros, o por ellos más bien, mis padres bajan para recibirla, yo no lo hago, me quedo arriba del auto revisando mi celular. Solo están abajo unos minutos ya qué hay coches detrás de nosotros, le ayudan a subir su maleta en la cajuela para después volver arriba del auto.
Olivia sube a mi lado, al mirarme solo me da una sonrisa la cual devuelvo sin ánimos.
—Me alegro de verte— dice poniendo la mano sobre la mía.
—Claro, igual yo— quito mi mano devolviendo la vista a mi celular en el cual juego.
Mi padre conduce mientras charla feliz con mi hermana al igual que mi madre.
—¿Como te ha ido en la universidad amor?— le pregunta mi madre acomodándose para verla.
—Bien como siempre, soy la mejor de la clase— dice orgullosa.
—Claro que eres la mejor, lo eres en todo— miro a todos de reojo.
—Adoro Italia, cuando no tengo tarea y ya termine de estudiar voy a pasear con mi amigos, es bellísimo esa ciudad— les cuenta emocionada.
—Solo no te distraigas mucho, tienes que ser tan buena abogada como tú madre— le dice mi padre dándole una sonrisa por el retrovisor.
Olivia es tres años mayor que yo, estudia leyes en Italia ya que mi madre también lo hizo ahí, viene en vacaciones de navidad y en las de cambio de año, siempre se queda solo unos días. Pensaba que cuando se fuera a la universidad mis padres por fin me pondrían un poco de atención pero fue peor, menos se la pasan en la casa.
Antes de llegar a nuestro destino mi padre se desvió a su empresa para recoger unos papeles, no tardó mucho solo fueron diez minutos más o menos lo que esperamos, ahora nos encontramos entrando a la privada en donde vivimos, la mayoría de las personas que viven aquí son los mejores empresarios, mi papá es uno de ellos.
Nuestra casa es casi la más grande, de no ser por los mejores amigos de mis padres seríamos los que tienen la mejor casa.
—¿Alguien nuevo se viene a vivir aquí?— pregunto al ver el camión de mudanzas que conduce frente a nosotros, da vuelta en una calle así que lo pierdo de vista.
—Queríamos que fuera una sorpresa— mi madre voltea a ver a Olivia como si ella hubiera preguntado.
—Los Alvarez regresaron a New York— mi hermana suelta un grito de emoción.
—¿Viene Max también?— pregunta con una gran sonrisa, si no la quita ya creo que le dolerá la cabeza.
—Si— Ben la mira por el retrovisor —Pero se quedará solo un mes o dos, seguirá estudiando en Londres.
Mi padre frena el auto mientras espera que las grandes rejas de nuestra casa abran, luego vuelve a acelerar para estacionarse frente a la puerta.
—No importa, con eso me basta para conquistarlo— río en mis adentros al escuchar a Olivia.
Si, los Alvarez son los mejores amigos de mis padres, Maximiliano Alvarez es el único hijo de ellos, tiene la edad de mi hermana, a ella siempre le a gustado el.
A esa familia yo no la veo desde hace siete años, se fueron a vivir a Londres donde el mandamás Ricardo Álvarez comenzó a manejar desde ahí todas sus empresas o algo así dijo mi papá, también se fueron porque ahí estaba la familia de la señora Álvarez, ya no recuerdo mucho de ellos, lo único que sé es que él es arquitecto igual que mi padre ya que son socios, ella es la relacionista pública de las empresas de su esposo y Max estudia pero no estoy enterada que.
Al entrar a la casa sigo de largo subiendo las escaleras para llegar a mi habitación.
Una vez ahí entro a mi baño para darme una ducha rápida, al salir me pongo una playera que me llega a los muslos, cepillo mi cabello y me pongo perfume ya que siempre me gusta oler bien.
Saliendo del baño voy directo a mi silla colgante de medio círculo, me siento columpiándome un poco mientras contesto mensajes en mi celular.
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Me miro en el espejo por última vez antes de salir de mi habitación con mi celular en la mano, llevo puesta una falda corta pegada con una pequeña abertura del lado izquierdo, está es blanca con pequeños cuadros raros negros, de blusa me puse una blanca de manga larga la cual me encaje debajo de la falda, en New York siempre refresca en la noche.
Mientras bajo las escaleras paso mis mechones de cabello café castaño detrás de mis orejas, al llegar a la primera planta me dirijo a la mesa en donde todos ya están cenando, sin mí por supuesto. Tomó asiento al lado de mi hermana la cual está a la izquierda de mi padre, Meredith está a la derecha.
— ¿Puedo salir?— pregunto sirviéndome solo un poco de lasaña.
Mi padre me dedica una mirada rápida antes de contestar —Sí.
— ¿A dónde vas?— pregunta mi hermana.
—Con René y Stephan, él se va mañana de vacaciones a Europa así que pasaré solo un rato con ellos, quiero dejarlos solos, ya sabes— miento, bueno, no del todo, mi madre me mira mal al hacer ese último comentario.
—Que bien— es lo único que dice Olivia, podría decirse que ella es la que a veces trata de entablar una conversación conmigo pero jamás duran mucho.
—No llegues tarde, organizamos mañana una parrillada en la tarde para darle la bienvenida a los Alvarez y quiero que estés bien descansada— dice Meredith sin mirarme.
Asiento llevando un pedazo de lasaña a mi boca, como si eso me importara.
Termino de comer rápido, me levanto para regresar a mi baño y lavarme los dientes, después de eso salgo de la casa sin despedirme, lo único que ganaría haciéndolo es la ignorada de mi vida por parte de mis padres.
Salgo por la puerta de rejas pequeña para comenzar a caminar lejos de mi casa, antes de llegar a la esquina de mi calle visualizo al Camaro blanco del año con vidrios polarizados, ruedo los ojos bufando, le dije que me esperara unas dos calles más abajo.
Me apresuro a la puerta del copiloto para subir y encontrarme con el rubio que me mira con una sonrisa ladeada en su rostro.
—Te dije que me esperaras unas calles más abajo— es lo primero que digo cuando cierro la puerta, el comienzo a conducir.
—Es de noche, podrían robarte, conejita— ruedo los ojos.
—Es una de las mejores privadas de la ciudad, dudo mucho que pase eso— sonríe poniendo una mano en mi muslo desnudo, la falda se subió un poco debido que me senté.
—Más vale prevenir— aprieta ligeramente mi piel blanca —Me encanta cuando usas estas faldas.
—¿A donde vamos?— pregunto ignorando el comentario.
—¿A donde quieres ir?— miro al rubio con cara de “enserio”.
—Stephan, tu me llamaste— salimos de la privada, él me da una mirada rápida.
—No quería que te sintieras mal por no despedirme de ti— no puedo evitar reír.
—Por Dios, esto es solo sexo ocasional— se encoge de hombros.
—Soy tu primera vez y el único con el que has tenido sexo, dicen que cuando pasa eso las mujeres sienten algo— ruedo los ojos.
—Pues no es mi caso— frena en un semáforo.
—¿Vamos a un hotel?— frunzo el ceño.
—No soy una prostituta— ríe ligeramente.
—Era broma, vamos a mi apartamento— vuelve a conducir sin quitar la mano de mi muslo.
—¿Apartamento?
—Fue regaló de mi papá, está ubicado en un lugar exclusivo además de que está cerca de la universidad, cuando inicien las clases me mudaré por completo— asiento lentamente.
Dirán que soy pésima persona por hacerle esto a mi mejor amiga pero no lo planeé, tampoco diré que estoy enamorada de Stephan por que seria una vil mentira, simplemente nos ganó el deseo o la calentura como diría mi abuela.
La primera vez qué pasó fue seis meses después de que se volvieran novios, yo era virgen y Stephan siempre a sido un fuckboy de primera, habíamos quedado de ver películas en su casa pero René no llegó gracias a que sus abuelos paternos habían venido de visita, tampoco aviso nada así que tuve que estar sola con el rubio de ojos verdes y se preguntarán, ¿por que no te fuiste, Eva?, bueno, Stephan Gray me convenció de quedarme para convivir ya que en ese tiempo apenas empezábamos a llevarnos bien.
En medio de la película el puso su mano sobre mi muslo, recuerdo que tenía puesto unos vaqueros rasgados así que su mano estaba sobre los agujeros tocando mi piel, al principio intenté no ponerle atención pero me fue inevitable y si, me deje llevar teniendo mi primera vez en la sala de juegos de Stephan, la segunda vez quedamos de vernos para descubrir por que nos acostamos pero nos dimos cuenta de que no sentíamos nada más que atracción sexual.
Intentamos alejarnos pero la tensión era tanta que las pocas veces que nos encontrábamos solos no resistíamos, después quedamos en que solo sería sexo ocasional o cuando alguno de los dos quisiera, siempre es él quien llama primero.
Al principio si pensaba en René pero con el tiempo el sentimiento de culpa se esfumó e hizo que no me importara nada, total es algo que aprendí de mis padres.
—Bienvenida a mi nuevo hogar— detalló el apartamento encarnando una ceja.
—Es lindo— dejo mi celular sobre un mueble de la entrada.
—Como tu— Stephan me abraza por detrás pasando sus manos por toda mi inexistente panza —Vamos a estrenarlo.
—René es la que tendría que hacer eso.
—¿Ahora te importa?— suelto una risita —Claro que no te importa— me voltea bruscamente, alzo mi rostro para verle la cara, tiene una sonrisa ladeada.
—Quiero follar primero en la cocina— con mi dedo índice acaricio delicadamente su cuello.
Él me carga como Koala posando sus manos en mi trasero apretándolo, paso mis manos por su cuello para sostenerme mejor mientras nos besamos, él camina hasta la cocina para posicionarme encima de la pequeña barra en medio de la isla, abre mis piernas posicionándose entre ellas, llevo mi mano hasta su erección masajeando por encima de su pantalón, él mete sus manos debajo de mi falda rompiendo mi braga de encaje blanco/transparente.
Vaya manía que tiene, ya me debe como doscientas.
—Me encantas— murmura entre besos que deja en mi cuello, yo hecho la cabeza hacia atrás cerrando los ojos.
—Lo se— desabrochó su pantalón para sacar su pene, está como una piedra.
Él se separa un poco de mi, me mira con una sonrisa de lado cuando pasa su mano por mi vagina húmeda, por que si, Stephan Gray hace que me moje con solo unos besos, para qué negarlo.
Stephan es demasiado atractivo como sexual, sabe como provocar, como tocar, como besar y sobre todo, follar. Cualquiera que lo vea bajaría sus bragas y se pondría a su merced.
Posiciona su miembro en mi húmeda entrada para embestirme de una provocando un gran gemido de mi garganta, él me desliza hacia el sobre la barra recargando su cara sobre mis senos los cuales todavía están cubiertos por la blusa, no son tan grandes en realidad pero él siempre dice que así le gustan.
—¡Ah!— gimo alto cuando vuelve a cargarme para pegarme contra el refrigerador y seguir con las embestidas.
—Siempre estas tan estrecha— dice entre jadeos.
Paso mis manos por su cabello el cual está un poco largo, lo peino alzando su cabeza para que me mira, nuestro ojos se encuentran, sonrió de lado al sentir mi orgasmo llegar.
—Voy a llegar Stephan— susurró agitada.
—Vente para mi— dice contra mis labios.
Exploto de placer soltando un gemido el cual el rubio calla al besarme lentamente, después de unos minutos se sale de mi cuando siente el orgasmo llegar, siempre hace eso aunque bien sabe que tengo el DIU puesto, el mismo lo paga.
Decido ayudarle así que con mi mano comienzo a masturbarlo llenando miento al ver su cara de placer.
—Maldita sea Eva— dice cuando su semen sale cayendo en toda mi mano.
Lo miro con una sonrisa, él vuelve a besarme, trato de acomodar mi falda pero no me lo permite ya que vuelve a follarme pero ahora en el sofá.
Espero que con esto tenga un buen viaje.