Capítulo 1
Mi pálido trasero desnudo absorbe el calor de mi silla giratoria, mientras observo la pantalla de mi laptop y la hoja de word que me sonríe, tan vacía como mi cabeza.
Inhalo hondo y trato de no moverme demasiado, a no ser que quiera terminar con mi culo irritado y coloco suavemente mis dedos sobre el teclado.
Esperando.
Mi nombre es Andany Coldwater y soy escritora frustrada, amo escribir, estudio literatura hace dos años, pero sufro de un severo bloqueo de escritor y es horrible.
Es lo peor que existe y tengo mucho de ello desde que describí que crear historias era mi gran pasión.
Por esa razón, he buscado diversas técnicas para disminuir el bloqueo de escritor o deshacerme de él completamente.
Divido mi cabello es dos partes y lo dejo caer perezosamente sobre mis pechos, también desnudos.
¿Por qué estoy desnuda frente a la computadora? Bueno, bloqueo de escritor.
Mi vida sería mucho más fácil si no existiera. Quizá alguien ya habría publicado mis libros. Sin tan solo pudiera terminarlos, claro está.
¡Diablos!
Las yemás de mis dedos esperan pacientemente sobre las teclas, pero no hay nada en mi cabeza para empezar a escribir. Hay ideas adelantadas, pero nada que me permita crear un principio.
Nada viene a mí, pese a que me prometí a mí misma que hoy sí empezaría a escribir mi historia.
Me comí la cabeza buscando ideas toda la semana, pero veo que es más fácil imaginar todo, como un tráiler dentro de tu mente, que pasarlo a una hoja en blanco o un documento de Word.
Se me acaban las vacaciones y no escribí más que sólo ideas desordenadas. Sin un inicio o un fin coherente.
Mis ideas son un desastre. Un barco sin rumbo.
Por eso estoy desnuda frente a mi computadora, con mi cabello cubriendo mis pechos, cual sirena sobre su roca, tratando de escribir un nuevo capítulo para mi historia.
Bloqueo de escritor, te odio.
Seguramente pensaran que me he vuelto loca por estar haciendo esto, pero la razón por la que me he puesto manos a la obra con esta técnica, es porque he visto un vídeo en YouTube, donde un hombre decía que esa era una buena forma de buscar inspiración, despojarse completamente, o algo así explicó.
Y también porque lo vi en una película, por lo que decidí creerle. Al principio creí que el hombre era un charlatán y que sólo era una treta para vernos desnudas, con la cosa de que las cámaras de las computadoras nos espían…
Pero ver a la chica poner en práctica dicha teoría en esa película, me impulsó a ponerla en práctica yo también.
No lo pondrían en una película si no fuese cierto, ¿verdad?
Inhalo hondo, llenando mis pulmones con el aire helado de mi habitación y miro la pantalla de mi laptop con determinación.
Bien, Andy, tú puedes.
Respiro profundo una vez más y trato de relajar mi cuello.
“Había una vez…”
No, había una vez no, no es la historia de la caperucita roja. Borro lo que escribí y lo intento una vez más.
Pero nada llega a mi cabeza.
¡Maldición!
Cierro mi laptop de golpe y me enojo, cruzando los brazos. Para luego suspirar resignada y pedirle disculpas a mi laptop.
Creo que necesito un café.
Me pongo de pie y antes de salir de mi habitación enciendo mi pequeño estéreo, haciendo un pequeño y ridículo baile un poco más animada, en mi camino a la cocina. One Republic suena por los altavoces y sonrío.
De verdad estoy obsesionada con ellos. Son mi banda favorita.
Me sirvo una humeante y caliente taza de café de mi dispensadora y apoyo mi hombro en la pared del pasillo. Huele divino y me relaja a escalas enormes.
Justo lo que necesitaba.
—I had the dream the other night, bout how we only get one life… —Canto e involuntariamente comienzo a balancear mi cuerpo.
Amo esa canción.
Termino mi café y luego de lavar mi taza, comienzo a bailar al ritmo de la música. En realidad, sólo estoy meciendo mis caderas desnudas y moviendo los brazos aleatoriamente, porque soy pésima bailarina.
Tomo una manzana y le canto como si fuera mi público, antes de darle una mordida a su piel enrojecida y hacer mi camino de vuelta a mi habitación, bailando y cantando.
No hay nada como la buena música para aliviar las tensiones.
Meneo mi trasero y sigo cantando en el pasillo, el cual también da directo a la puerta principal.
Me detengo a desconectar mi teléfono del cargador, el cual había dejado en la sala antes y mantengo la manzana en mi boca para poder utilizar ambas manos.
—In this world full a people —continúa la canción y muevo mis caderas al ritmo de la música—. There’s one killing me…
Y entonces sucede.
—¿Qué mierda?
Detengo mi concierto improvisado, dejando caer mi teléfono. Mi vida pasa frente a mis ojos y todo ocurre en cámara lenta.
Me volteo, la manzana se cae de mi boca rodando lejos y mis labios se abren en una perfecta “O”. Y ni hablar de mis ojos.
Me congelo en mi lugar y mi piel palidece.
De pie, en el umbral de la puerta de mi departamento, hay un chico. Él me mira desconcertado, pero rápidamente un brillo de diversión comienza a iluminarle el rostro.
Trágame tierra, por favor. Sólo ábrete y llévame.
¡HAY UN EXTRAÑO EN MI DEPARTAMENTO Y ESTOY DESNUDA!
Un grito escapa de mi garganta, histérico y lleno de miedo.
Pienso gritar como loca un poco más, con la esperanza de que algún vecino aparezca y me ayude, cuando finalmente mis ojos reconocen a la persona de pie en el umbral.
Es Ashton Kutsher. En realidad, no, no es Ashton Kutsher, su nombre es Ashton Kuther, es de mi universidad y tomamos el curso de pintura juntos.
Ambos somos terribles en ello. ¿Qué hace en mi casa…?
¡No puede ser y estoy desnuda!
Un nuevo grito escapa de mi boca y no sé dónde meter mi cabeza… O mi cuerpo, mientras él parece una estatua en la puerta, mirándome boquiabierto.
—¡CIERRA LOS OJOS! —Grito y siento el calor que tiñe mis mejillas. Él parece no entender mi petición y por un momento su atención viaja directamente a mis pechos —. ¡YA!
Desesperada, tomo uno de los cojines de mi sofá y cubro mi parte más íntima, acomodando mi cabello de vuelta, a modo de que vuelva a cubrir mis atributos.
—¡¿Qué rayos haces ahí?! —Chillo, sosteniendo el cojín. Ashton aún tiene el pomo de la puerta en su mano y la boca abierta.
Poco a poco su cara va pasando de la sorpresa a la aceptación y finalmente, sonríe.
¿Desde cuándo mi vida se volvió una película? A la chica le pasaba exactamente lo mismo.
Si es así, juro que no volveré a ver películas de terror.
— Eso mismo pregunto yo —deja el pomo y se cruza de brazos.
Esto no me puede estar sucediendo.
—¿Cómo que también lo preguntas? ¡Estás en mi casa! —No sé por qué estoy discutiendo con ese chico mientras estoy desnuda, pero no puedo evitarlo—. ¡Sal! ¡Largo! ¡Ahora! ¡CHU!
Pero él sólo se queda parado ahí como un menso, mirándome de pies a cabeza.
—¡Pervertido!
—¡Oye! No soy ningún pervertido — levanta su dedo en mi dirección—. Eres una mujer que, oye, no quiero sonar grosero —divaga—. Pero no tienes nada que envidiarle a Jennifer…
—¡Cállate! ¡Sólo cállate! ¡Y deja de mirarme! —No cabe más color ni calor en mi rostro ¡Dios! ¿Qué está pasando?—. Sal de mi departamento, ¡ahora! —soy plenamente consciente de que estoy gritando y que, si él no sale del lugar, los vecinos van a venir a ver qué sucede y eso es algo que no nos conviene a ninguno ahora.
Creo que la idea de gritar y alertar a algún vecino ya no me parece tan buena.
—Me temo que eso no será posible —él no deja su actitud tranquila—. Eres tú quien está irrumpiendo en propiedad privada —para este punto Ashton ya ha cerrado sus ojos. Por lo menos se dignó a cerrarlos.
—¿Propiedad privada? ¿De qué rayos hablas? —Estoy confundida.
—Digo que este es mi departamento —sus dedos levantan un pequeño llavero y lo balancea suavemente, aún con los ojos cerrados—. Y vaya, no es lo que uno espera encontrarse en su casa cuando recién se muda. Claro, que no me estoy quejando…
—¡Cierra el pico! —Digo con actitud mordaz, por lo general soy una persona amable, pero esto no es algo que suela sucederme y para lo que esté especialmente entrenada.
¡¿Quién se prepara para algo como esto?!
Él sólo se limita a encogerse de hombros.
Además, ¿su departamento? ¿De qué rayos habla?
Finalmente, el entendimiento me golpea.
Y no estoy segura, pero estoy segura, de que estoy segura, de que Garlo tiene algo que ver con esto.
Vas a pagarlo caro, tío Garlo.
—No te muevas de donde estás —ordeno con los dientes apretados y los ojos entrecerrados en su dirección a pesar de que no puede verme—. Ya regreso.
Y comienzo a alejarme dándole la espalda, sosteniendo el cojín en mi parte delantera, dejando al descubierto mi trasero.
Giro enojada, luego de escuchar un silbido de aprobación.
—¡No mires! —Chillo y él vuelve a cerrar el ojo, riendo entre dientes.
—Es lindo.
—¡Calla! —Vocifero a punto de explotar y esta vez empiezo a alejarme a mi cuarto de espaldas, sin soltar la almohada y sin dejar de mirarlo en caso de que vuelva a abrir los ojos para espiar.
Uno de sus ojos se abre cuando voy llegando a mi cuarto, pero ya estoy cerrando la puerta de mi habitación.
Vas a pagarlo caro, tío.