Día en el súper.
* (Personajes: Saru y Fei).
—Saru, ¿otra vez comprando tonterías?
Fei, cruzado de brazos, observó el contenido del carrito con expresión severa: Tres paquetes de cereales coloridos, una piñata en forma de estrella (¿por qué?) y una colección de dulces exageradamente variados. No había ni agua, ni pan, ni arroz... Ni siquiera leche.
—¡Pero fíjate bien, cielo! ¡Está lleno de felicidad!
—Está lleno de azúcar y decisiones impulsivas.
—Como nuestro amor.
Fei resopló, aunque la curva de su boca delataba la sonrisa que intentaba esconder.
—Te dejé solo cinco minutos —Reprochó.
—Hete aquí el error —Respondió Saru con dramatismo, mientras tomaba una caja de bombones gigantes y la lanzaba al carrito—. ¡Jamás se abandona a un novio caprichoso en una tienda!
Fei volvió a suspirar, y se acercó para comenzar a sacar cosas.
—Fuera. Fuera. Esto también fuera.
—¡La piñata no! ¡Se va a poner triste!
—No tiene alma, Saru.
—¡Tú tampoco cuando me quitas los caramelos!
Una señora mayor los vio con ternura. Fei, avergonzado, bajó la mirada. Saru elevó el pulgar, aprobando la reacción de la anciana.
Luego de una discusión silenciosa frente al puesto de frutas ("No voy a comer piña, ya te lo dije". "¡Pero es esponjosita, como tu carita!"), terminaron en la caja con un carrito reducido: Pan, leche, huevos, agua, algo de arroz... Y sí, los bombones, porque Saru ganó esa pelea. De paso, un paquete de galletas que Fei agarró a escondidas y que Saru señaló con una sonrisa pilla de "te tengo".
Cuando caminaron hacia la salida, Saru murmuró:
—Deberíamos hacer esto más seguido.
—¿Ir al súper? Qué romántico.
—No, vivir aventuras absurdas juntos. Tú regañándome por revoltoso, y yo provocándote una risa sincera.
El peliverde lo miró de reojo.
—Eso sucede siempre. Coexistir contigo es una experiencia única... E irremplazable.
Saru se detuvo un segundo. Después sonrió con más calidez que nunca.
—Te adoro —Susurró.
—Y yo a ti, tontito —Confesó Fei, jalándole la mejilla suavemente.
La pareja de adolescentes se fue entre risas cómplices y el sonido del plástico de las bolsas balanceándose. Una escena tan simple... Y tan llena de futuro.