Parte Unica ✨🌙
La luna brillaba en lo alto, redonda y silenciosa, mientras las linternas ascendían una a una, llevándose deseos al cielo. El festival de luces en Hoi An era un lugar sagrado para ellos. Para Jimin, era magia. Para Jungkook, era promesa.
Ambos caminaban tomados de la mano por la orilla del río Thu Bồn, sus sombreros cónicos bailando con el viento nocturno. Jungkook tenía el brazo tatuado, y cada línea de tinta era una historia que compartía con Jimin. Se miraban sin necesidad de palabras. Esa noche, sabían que el tiempo era limitado.
—¿Crees que nuestras linternas se encontrarán allá arriba? —preguntó Jimin, deteniéndose a mirar el reflejo de las luces en el agua.
—Si lo hacen… prometo seguirte, donde sea —respondió Jungkook, con la voz apenas audible, pero firme.
Jimin sonrió débilmente. Había algo triste en sus ojos, como si cada linterna fuera un adiós disfrazado de esperanza. Se agachó, sacó dos pequeñas linternas de papel del bolso que llevaba al hombro y las encendió con manos temblorosas.
—Uno por ti. Uno por mí —susurró.
Jungkook lo observó en silencio. Su pecho pesaba, como si ya supiera lo que estaba por venir. El diagnóstico había sido claro: el tiempo de Jimin era breve. Un corazón que no resistiría otro invierno. Pero Jimin, testarudo y valiente, se negó a pasar sus últimos días en un hospital. Él quería estar aquí, con Jungkook, bajo un cielo lleno de luz.
—¿Y si esta vida no basta? —preguntó Jimin, con la voz quebrada por dentro.
—Entonces te buscaré en la siguiente —dijo Jungkook sin dudar.
Jimin asintió, cerrando los ojos un momento. Jungkook lo abrazó por detrás, sintiendo su calor, su fragilidad. Cada segundo era un tesoro robado al destino.
Las linternas se elevaron lentamente, y con ellas, los dos hicieron un deseo silencioso. El río se llevó sus reflejos y el cielo los abrazó.
—Prométeme algo, Jungkook —dijo Jimin, apoyando la cabeza en su hombro.
—Lo que quieras.
—No llores por mí… no mucho, al menos.
—Eso no puedo prometerlo.
Jimin rió suavemente, una risa que era más aire que voz. Entonces, en un suspiro, su cuerpo se volvió más liviano. Jungkook lo notó de inmediato.
—Jimin… —susurró, girándolo con cuidado.
Los ojos de Jimin estaban entrecerrados, aún brillantes, aún llenos de amor.
—Gracias por la vida que me diste… —dijo con dificultad—. No la cambiaría por nada.
Y con esas palabras, su mirada se apagó. Como una linterna que se eleva demasiado alto y desaparece en la noche.
Jungkook lo abrazó con fuerza. No gritó. No cayó. Solo lo sostuvo, mientras todo el mundo seguía celebrando, sin saber que una estrella había dejado de brillar.
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Meses después, Jungkook volvió al festival. Llevaba el mismo sombrero. Pero sus ojos eran distintos: oscuros, vacíos. Caminó hasta el mismo lugar junto al río, con una linterna en la mano. Esta vez, solo una.
La encendió, y antes de soltarla, murmuró:
—Te encontré en esta vida. Te prometo que te encontraré en la siguiente.
La linterna se elevó, lenta, como si esperara a que su alma la alcanzara.
Jungkook miró al cielo largo rato. Luego cerró los ojos y se dejó llevar por el sonido del río, del viento, de los recuerdos.
Y por fin, sonrió.
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Aqui terminamos este viaje ,espero que les gustara
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Esperen el Epílogo