Capítulo 1
Pego la espalda a la pared, apoyando el fusil contra mi pecho y respirando con dificultad, para después mirar hacia atrás con la intención de comprobar que no me sigue nadie.
En la calle que acabo de recorrer hay varios cadáveres y las armas de los soldados a los que he tenido que asesinar. Ese pensamiento hace que me inquiete por lo que trato de calmar mis pulsaciones y me asomo por la esquina para ver que delante hay otros cinco soldados patrullando. Pienso con rapidez con la intención de trazar un plan para que no me maten. Si disparo a uno de ellos los demás abrirán fuego y estaré muerta en cuestión de segundos, y si trato de pasar desapercibida como si fuese uno de sus compañeros, me descubrirán, me enjuiciarán por traidora y me condenarán a muerte. En ambas opciones acabo siendo un cadáver, pero seguro tiene que haber otra forma de atacar.
Observando a mi alrededor logro distinguir una escalera de incendios en uno de los edificios de la calle que acabo de atravesar, y, pensando que puede ser una buena idea, me acerco a la escalera para así subir por ella mientras agarro el arma con una mano, y con la otra me agarro a las barras de metal.
Una vez en la azotea del edificio compruebo que puedo saltar de un edificio a otro, ya que la distancia no es mucha. Posteriormente, me acerco al borde, miro hacia abajo y apunto con el arma a uno de los soldados que se encuentra vigilando; aprieto el gatillo y una bala impacta contra su cráneo haciendo que caiga al suelo muerto. Ante esto sus compañeros se giran a todos lados, apuntando con sus armas, buscando a la persona que ha disparado, por lo que me agacho cubriéndome con la cornisa para evitar que me vean, sin embargo, debo eliminarlos a todos para poder continuar, así que respiro profundamente, tratando de calmarme para dejar de sentir cómo mi corazón palpita con tanta fuerza que se siente que va romper mi caja torácica en cualquier momento, y vuelvo a levantarme para deshacerme de otro de los soldados, acertando el tiro y matándolo al instante.
Haciendo un recuento mental me percato de que ya solo me quedan tres en esta zona.
Sus compañeros miran hacia arriba, descubriéndome, por lo que comienzan a dispararme, así que vuelvo a cubrirme. Alterno entre cubrirme y disparar mientras que lo único que escucho a mi alrededor es el sonido de las balas impactando por todos lados, levantando una nube de polvo a mi alrededor, y los latidos de mi corazón.
Cuando solo me queda un soldado, este dispara y la bala impacta en mi brazo derecho haciendo que suelte un quejido y me tire al suelo, acción que no dura mucho tiempo, ya que, haciendo acopio de fuerza, y con la ayuda de la adrenalina que recorre mis venas, me levanto, apunto y disparo varias veces hasta conseguir matar al único hombre que queda abajo. Tras acabar con todos me tiro al suelo entre quejidos y observo la herida que chorrea sangre, inspeccionándola y descubriendo que no hay agujero de salida, lo que quiere decir que la bala sigue en mi brazo.
Cojo el cuchillo que guardo en la cintura del pantalón, rompiendo un trozo de la tela de mi chaqueta negra con él y utilizándola para hacerme un torniquete. Una vez terminada mi pequeña intervención “médica” me levanto del suelo, para a continuación, coger carrerilla y saltar desde la cornisa de un edificio al otro. Al comprobar que la maniobra es efectiva y me va a ahorrar tiempo de estar deambulando por las calles con el peligro de encontrarme con más soldados tomo la decisión de repetir la acción varias veces hasta llegar a mi destino. Una vez allí bajo por las escaleras de metal que se encuentran en uno de los laterales del edificio y corro hasta la puerta del almacén en el que se supone que deben de estar el resto de mis compañeros.
Abro la puerta, entro apuntado con el fusil, apretando los dientes de dolor, caminando por el lugar, cuando de repente unas personas aparecen delante de mí y me apuntan con sus armas.
-¿Sky? –pregunta Ash sorprendido y deja de apuntarme-. ¡Bajad el arma! –ordena a los demás, y cuando acatan su orden corre hacia mí, estrechándome entre sus brazos, lo que ocasiona que suelte un quejido.
-¿Qué ocurre? –se separa mirándome con inquietud-. ¿Estás bien?-su mirada se posa en mi brazo ensangrentado, alarmándolo.-¿Te han disparado? –pregunta con preocupación, a lo que asiento con la cabeza-. Ven, vamos a curarte.
-La bala sigue dentro –le informo mientras comienza a andar.
-De acuerdo, nos ocuparemos de ello –contesta caminando a mi lado. Me quita el arma de las manos y me lleva hasta una zona en la que hay una silla y una mesa con algo de material médico. Mi amigo llama a alguien y aparece un chico de pelo negro y ojos grises, que deberá tener entre dieciséis y diecisiete años.- Él te va a curar el brazo.
-Siéntate –dice el pelinegro.
Obedeciendo su petición me acomodo en la silla y trato de relajarme.
El chico de ojos grises observa mi herida, y cuando termina de inspeccionarla de manera superficial desata el trozo de tela que me había atado en el brazo, comenzando a limpiar las cosas que va a utilizar.
Me quito la chaqueta y rompo la manga de mi camiseta, con la ayuda de mi cuchillo, para que pueda curarme con mayor facilidad.
-Aún tiene la bala adentro –le informa Ash, quien rápidamente dirige sus ojos verdes hacia mí, escudriñándome en busca de cualquier otra herida.
El otro chico me inyecta un anestésico para insensibilizar la zona y comienza a tratar de sacar la bala con unas pinzas, lo que ocasiona que apriete los dientes para no gritar.
-Ten, te ayudará –dice mi amigo al mismo tiempo que me ofrece una petaca abierta.
Bebo un largo trago de lo que contiene en su interior, notando cómo el paso del alcohol quema mi garganta, y le devuelvo la petaca.
-Gracias –murmuro.
Una vez fuera la bala, el “médico” comienza a limpiar y coser mi herida.
-¿Dónde está Tyler? –pregunto con preocupación, sin embargo, Ash evita mi mirada.
-Recibió varios disparos y murió en mis brazos –dice con tristeza, dándome la oportunidad de notar cómo un nudo comienza a formarse en su garganta, del cual se deshace rápidamente carraspeando-. No pude salvarlo.
Varias lágrimas se acumulan en mis ojos, pero me deshago de ellas pestañeando. No es momento de llorar. No ahora, delante de toda esta gente y de mi amigo.
El chico termina de coserme la herida, vendándomela y dejando que me levante de la silla, no sin antes recomendarme que lo mejor sería mantener mi brazo en un cabestrillo por un tiempo y ofreciéndome unas pastillas para el dolor.
-Ven conmigo –dice Ash-, te daremos otra camiseta y otra chaqueta.
Caminamos en silencio por el almacén hasta llegar a una zona con algunas provisiones y algo de ropa, cogiendo una camiseta y una chaqueta negras y ofreciéndomelas. Una vez en posesión de las prendas voy a un sitio más apartado y me cambio, tirando a la basura mi ropa vieja y rota. Cuando ya estoy lista vuelvo con mi amigo, observando a la gente que hay a mi alrededor, la cual es bastante, pero no tanta como me esperaba.
-¿Cuántas personas han muerto? –pregunto metiendo las manos en los bolsillos del pantalón, tratando de fingir indiferencia independientemente de lo mucho que me preocupa la idea.
-Muchas más de las que podemos contar –responde serio y con la mirada fija hacia el frente.
-¿Tenemos algún plan? -pregunto dando un golpe en el suelo con el pie izquierdo para tratar de relajar la tensión en mi cuerpo.
-En estos momentos nuestro único plan es sobrevivir –se gira para poder mirarme a los ojos-. Y me alegro de que por lo menos hayas conseguido llegar hasta aquí. No todos han podido hacerlo.
-No fue fácil –admito para después morder el interior de mi mejilla-, tuve que matar a varios soldados. Si no fuese por mi puntería y la suerte que he tenido, no estaría aquí.
-Me gustaría que estuviésemos los tres –reflexiona en un susurro, como si estuviese temeroso de que pueda escucharlo-, pero tenemos que seguir adelante. Es lo que Tyler hubiese querido, y no nos rendiremos.
Se acerca a mí.
-No pienso morir sin antes haber luchado –digo con determinación, aunque noto el miedo recorrer todo mi cuerpo.
Ash me agarra de la cintura y me acerca a él.
-No hubiese podido soportar perderos a los dos –confiesa en voz baja contra mi pelo-. Desde ahora quiero que no nos separemos para luchar. Ya he perdido a un hermano, no puedo perderte a ti.
Levanta mi mentón con suavidad y deposita un dulce beso sobre mis labios, ayudándome a relajar la tensión que se ha adueñado de mi cuerpo, e inundando mi pecho de una calidad que me hace recordar que no estoy sola en esto.
-¿Dónde están tus padres? -pregunto entrelazando nuestras manos.
-Están ayudando a los demás a limpiar heridas, cuidar de niños y esas cosas.
-Deberíamos hacer lo mismo -comienzo a balancear nuestras manos-, van a pensar que queremos escaquearnos.
-Te acaban de pegar un tiro -dirige brevemente su mirada hacia nuestras manos entrelazadas-, date un respiro, se supone que el enemigo son los otros, no tú misma.
-Sabes que necesito sentirme útil -replico-, por mucho que me duela la herida necesito hacer algo, aunque sea planear nuestro próximo movimiento, si no lo hago, acabaré volviéndome loca.
-Escuché en algún lugar que descansar es bueno para despejar la mente -insiste apretando ligeramente su agarre-, además, intuyo que ninguno hemos tenido el tiempo de procesar lo ocurrido con Tyler. Si no quieres hacerlo por mí, hazlo por él, sabes muy bien que él también te pediría que descanses. Tenemos bastante tiempo antes de que sea hora de que cambiemos de refugio, así que deja que te acompañe a un lugar en donde puedas estar tranquila y cuando ya estés mejor podremos discutir nuestros futuros planes.
-Tan solo por un rato, ¿de acuerdo? -accedo sabiendo que lleva razón y debería descansar.
-No tengo pensado pedir más tiempo, te conozco y sé que eres una testaruda -sonríe levemente mientras levanta nuestras manos lo suficiente como para depositar un beso en la mía-. Ahora vamos, antes de que cambies de opinión.
Caminamos por el almacén hasta llegar a una zona en la que un montón de colchonetas de diferentes colores se encuentran distribuidas por el suelo, siendo cubiertas por mantas, mientras que otras se encuentran apoyadas en la pared o apiladas entre ellas a modo de almacenamiento.
-Puedes escoger la que quieras, no es como si a alguien le fuese a importar, o como si estuviesen asignadas -sus ojos escanean el lugar tratando de fingir que lo está analizando, sin embargo, sé que está pensando en Tyler y está intentando disimular lo que siente-, así que duerme un rato y luego ve a buscarme.
Cojo su cara con mis dos manos y la hago descender para que me mire a los ojos.
-Sé en qué estás pensando -acaricio sus mejillas con mis pulgares, haciéndole estremecer-, yo también, y quiero que sepas que conmigo no tienes que disimular, perder a un hermano no es fácil, puedes desahogarte delante de mí, sabes que no te voy a juzgar -una lágrima desciende hasta toparse con la punta de mi pulgar-, nunca.
Ash me abraza con fuerza, aferrándose a mí como si temiese que sus piernas no puedan seguir soportando el peso de su propio cuerpo, es por eso que respondo estrechándolo de la misma manera en la que él lo está haciendo, soportando el dolor punzante que emite mi herida por todo mi brazo. Comienzo a llorar en su camiseta cuando le escucho respirar más rápido y noto que sus lágrimas caen en mi cabeza, dejando un rastro frío en ella, acompañando al gélido sentimiento que empieza a adueñarse de mi pecho.
-¿Dónde está su cuerpo? -sollozo con fuerza-. Quiero verlo.
-Intenté traerlo -habla con la voz rota-, pero no me lo permitieron -más lágrimas caen en cascada sobre mi pelo-, dijeron que era demasiado arriesgado, que seguramente me matarían a mí también -murmuro una exclamación casi ininteligible tratando de mostrar mi aflicción-. Tuve que dejarle allí, tirado en medio de una calle cualquiera, como un perro -carraspea para deshacerse del nudo que se ha formado en su garganta, reuniendo las fuerzas para continuar-. Ni si quiera voy a tener la oportunidad de darle una despedida como se merece, porque se desharán del cuerpo como si fuese un trozo de basura sin importancia.
Continuamos abrazados durante un rato largo hasta que nuestros llantos terminan, lo que sirve como señal para que nos separemos y pueda observar que sus ojos ahora se encuentran rojos e hinchados, seguramente igual que los míos, también aprovecho para mover mi brazo, haciendo alguna que otra mueca por el dolor.
-Gracias -sonríe con tristeza-, realmente necesitaba esto.
-Yo también -imito su gesto-, créeme.
-Ahora será mejor que te deje descansar -comienza a caminar por donde hemos venido-. Le contaré a mis padres lo que te ha ocurrido, pero no te preocupes, trataré de tranquilizarlos antes de que se vuelvan histéricos.
Escojo una colchoneta algo desgastada de color azul, tumbándome sobre mi brazo izquierdo, utilizando la chaqueta que me ha dado Ash como almohada y cerrando los ojos para tratar de dormir, cosa que se me dificulta, ya que mi mente se llena de imágenes de cómo Tyler podría haber muerto, atormentándome hasta que consigo caer en los brazos de Morfeo.
No sé cuánto tiempo ha transcurrido cuando abro los ojos, lo que sí sé es que es momento de ayudar a los demás, por lo que, con la ayuda de mi brazo sano, me levanto y voy en busca de Ash o de sus padres. Mientras camino analizo el lugar, memorizando cada recoveco y el resto de entradas, observo a los niños correr y a las demás tratando de aportar su grano de arena, charlando o descansando. Las primeras personas con las que me encuentro son los padres de Ash y Tyler, quienes no tardan en venir corriendo a abrazarme, con una expresión de alivio en sus rostros.
-Cielo, nos alegramos un montón de que estés bien -Emma acuna mi rostro con sus suaves manos mientras que sus ojos verdes, idénticos a los de sus hijos, me escudriñan-, estábamos muy preocupados cuando te separaste del grupo.
-Ashley nos ha contado lo de tu brazo -Erik posa una de sus manos en mi hombro izquierdo, intentando demostrar afecto de alguna manera, ya que su esposa le impide abrazarme-, me alivia saber que no es una herida grave.
-Yo también estoy feliz de verlos -sonrío y, dubitativa, continúo hablando-, siento mucho lo de Tyler -los ojos de ambos comienzan a llenarse de lágrimas-, ojalá hubiese podido haber hecho algo.
-No pienses eso -Emma seca sus lágrimas-, acabarás atormentándote si continúas pensando así, y con dos personas atormentándose ya es suficiente.
Erik carraspea para aliviar la tensión del ambiente.
-Ashley está en aquella zona -apunta hacia lo que parece ser una zona de comando improvisada que se encuentra a nuestra derecha-, nos ha dicho que quieres ayudar, y en estos momentos toda ayuda es necesaria, así que mejor no te entretenemos más.
Agarra a Emma de la cintura y ambos dirigen su atención a unos niños de entre cinco y ocho años, mientras que yo me dirijo hacia el lugar que Erik señaló. Diviso a Ash sentado en el extremo de la mesa observando un mapa de la ciudad cuando entro en el lugar y me aproximo a él.
-¿Alguna novedad? -me siento a su lado viendo su ceño fruncido.
-De momento solo hemos estado haciendo un recuento de personas, provisiones, armas, etc.... También hemos buscado el próximo refugio más cercano -centra su atención en mí, descruzando los brazos-. Has descansado poco tiempo, tendrías que haberte quedado allí un poco más.
-¿Cuánto tiempo he dormido? -pregunto desorientada y notando cómo comienzo a tener jaqueca.
-Tan solo veinte minutos -aparta un mechón de pelo de mi rostro y lo coloca detrás de mi oreja-, ¿te duele la cabeza? -pregunta al ver cómo mis cejas se juntan levemente.
-Solo un poco, ya se me pasará -dirijo mi atención al mapa-. El refugio más cercano está en el Paseo del Prado -abro aún más los ojos cuando miro hacia la derecha del mapa-. Eso está demasiado cerca del ayuntamiento, ¡es demasiado peligroso! -exclamo angustiada-. Es obvio que va a haber mayor vigilancia en esa zona, ir allí es un suicidio.
-Lo sabemos, es por eso que estamos pensando en una alternativa -sus ojos se han vuelto igual de oscuros que el musgo tras una tormenta-. ¿Tienes algo?
-Deberíamos ir a un refugio más lejano -muerdo mi labio inferior pensativa-. Quizá sería mejor dividirse en dos grupos para ir a otra guarida diferente. También sería bueno ir en grupos pequeños y a diferentes horas, para reducir el riesgo de que nos atrapen a todos.
-El problema de eso es que tenemos que buscar otros dos lugares que se encuentran algo más lejos que nuestra primera opción, y que la probabilidad de que atrapen a alguien es muy alta -vuelve a escanear el mapa, pasando el dedo índice por encima de las calles.
-¿Tienes un plan mejor? -enarco una ceja, hablando con un deje de irritación debido al nerviosismo y la creciente jaqueca-. Porque creo que, de momento, esto es lo mejor que tenemos.
-Y yo creo que necesitas esto -me ofrece la petaca plateada-, te estás comenzando a crispar y te vendrá bien para calmar los nervios.
-¿Estás intentando emborracharme? -la acepto y bebo un largo trago de su contenido-. Porque no creo que sea tu idea más brillante hasta el momento.
-Solo estoy intentando calmarte, ven, date la vuelta -pide haciendo un gesto con la mano.
Hago lo que me pide y comienza a masajear mis hombros para liberar tensión, teniendo especial cuidado con el lado derecho. Cierro los ojos, dejándome llevar por la agradable sensación.
-Perdona por ser tan borde -digo en voz baja-, pero ya sabes que esto es demasiado personal para mí, y eso hace que me irrite con facilidad.
-Ya conoces mi opinión sobre ese tema -sus manos asciende hasta mi cuello, comenzando a masajearlo con los pulgares-, la venganza no va a traer nada bueno, solo te va a cegar.
-Él me arrebató a mis padres -dejo que la ira se filtre a través de mi voz, tensando de nuevo los músculos de mi cuerpo-. Tú querrías lo mismo si te hubiese pasado a ti.
-Eso no te lo puedo negar -se pone frente a mí para poder mirarme a los ojos-, pero sé que tú no permitirías que esos sentimientos me consumieran, y yo no pienso dejar que hagan eso contigo, ¿me entiendes? -deposita un beso en mi cabeza, para después, descansar su frente en la mía-. Somos un equipo.