Capitulo 1
El conde del castillo negro es una simple leyenda para los lugareños que habitan el pueblo del sol nunca oyeron sobre un psicópata viviendo en las tierras de la familia Jones el castillo negro fue abandonado de repente cuando la familia Jones desapareció una noche cuando ocurrió un incendio.
Cuando las llamas se extinguieron se buscó a la familia por todas partes,los padres no estaban ni siquiera los seis hijos en cuanto a los sirvientes los dieron por muertos.
Después de ése día nadie se atreve a ir al castillo negro pero los rumores dicen que un extraño adinerado compró la propiedad para cometer sus crímenes maquiavélicos.
Pero éso es un simple rumor de los jóvenes para los más viejos no vive nadie ahí sólo es una maldita mentira de hoy en día para divertirse.
Los niños tienen miedo al escuchar tal rumor en cambio los adolescentes parecen que no les afecta en nada por lo que disfrutan de contar historias para asustar a los demás pequeños.
En el caso de nuestra querida Dalia es imposible que crea en algo así, su familia es amada por todos en el pueblo su padre es un granjero y su madre boticaria y sabe sobre medicina y luego está ella y sus dos hermanos gemelos Elías y Michelle dos niños pelirrojos con pecas y escurridizos.
Ella es aprendiz de su madre y sus hermanos de su padre cada uno tiene una tarea por la cuál no tienen tiempo para jugar o algo.
Dalia nació una noche de luna llena sus primeros años fueron normales cuánto su crianza educada pero no fue hasta que cumplió los 6 años que en su piel de porcelana empezaron a salir manchas rojas dese sus piernas hasta todo su torso.
Su madre Elizabeth buscó cualquier medio para curar a su hija todo fue en vano ya que no encontró nada la pelirroja sólo se terminaba agotando y nunca podía descubrir la causa por lo que para que su pequeña no sufriera la mandaban al pueblo tapada con una capa era la única manera.
Después de algunos años más nacieron sus hermanos, gemelos siendo dos varones de cabellera roja y ojos marrones con pecas por toda la cara sanos como un cachorro algo que alivió a la pareja de esposos quienes tenían miedo de que tuvieran alguna enfermedad.
Vivian en una vieja granja con un establo y gallinero,la casa fue echa por su padre después de que se casará con elizabeth por lo que la propiedad era legalmente de ellos.
Hoy era un día muy especial ya que Dalia cumplía dieciséis años y sus padres tenían un regalo secreto para ella, cuando amaneció Dalia fué despertada por los sonidos de los pajaritos abrió sus ojos verdes esmeralda y sonrió para su misma se quedó acostada en cama observando el dibujo que estaba pintando en el techo unos arbustos con rosas y espinas su madre lo dibujó para ella cuando tenía cinco años amaba verlo era como un sueño dónde ella cuidaba rosas rojas.
Se levantó lentamente y estiró su espalda largando un enorme bostezo talló sus ojos y apartó las sábanas haciéndolas a un lado se paró y caminó hasta la ventana llevaba puesto su camisón blanco y tenía el cabello suelto y alborotado como el nido de un ave, abrió la ventana y se apoyó en el filo de esta fué recibida por el viento de la mañana.
—¡Dalia levántate que ya eh hecho el desayuno!—gritó Elizabeth desde la primer planta de la casa.
La castaño se alejó del filo de la ventana y bajó las escaleras sin cambiarse todavía el pijama sus dos hermanos jugaban a los empujones en el suelo del comedor y su padre fumaba una pipa mientras que su madre atendía la cocina se sentó en la silla pero antes saludó a sus hermanos dándole un beso en la mejilla lo mismo hizo con su padre y finalmente se sentó en la silla pero antes saludó a sus hermanos dándole un beso en la mejilla lo mismo hizo con su padre y finalmente se sentó al lado de su padre esperando a su madre.
La mujer pelirroja apareció saliendo de la cocina con una taza de leche fresca y un pedazo de queso para su hija,su sonrisa era tan cálida que parecía que viniera del sol Elizabeth era una ama de casa echa y derecha pero su oficio estaba primero y se especializaba por conocer venenos y crear medicinas para el pueblo haciendo que su economía fuera buena.
Elizabeth se sentó en la mesa soltando un suspiro de cansancio Dalia desayunaba y Elías junto a Michelle corriendo por todo el comedor metiéndose debajo de la mesa y trepando cada uno su silla Peter fumaba su pipa y afilaba un palo para la trampa de conejos,los gemelos comían del plato del otro y hacían un enchastre de comida Dalia tratando de no ahogarse con el queso se quería morir de risa.
Elías era el más tranquilo pero cuando se juntaba con Michelle que era el alborotador eran una bomba de tiempo los dos juntos no paraba quietos con nada ni Dalia podía tranquilizarlos con nada eran inseparables los dos,su padre aprovechaba éso y se los llevaba con el para ayudarlo a realizar las tareas de la granja Dalia terminó de comer se paró cerrando la silla y fue a su habitación de nuevo para cambiarse el pijama por uno de sus vestidos favoritos celeste con falda blanca bajó rápidamente las escaleras y salió por la puerta pudiéndose colocar las botas en el camino.
Caminó hasta el gallinero y abrió el portón de madera entrando al gallinero tomó una de las cubetas con comida y empezó a alimentar a sus queridas gallinas María, Clotilde y Juana las gallinas eran un regalo por parte de su padre las compró en el pueblo siendo pollitos amarillos a lo que Dalia se comprometió a cuidarlos siempre brindando todos los cuidados principales para sus amadas gallinas se sentó sobre la valla de madera esperando a que terminaran de comer tarareando una canción de cuna esperó moviendo los pies.
—A veces me pregunto si no tuviera está enfermedad jugaría con los demás chicos en el pueblo—murmuró la castaña sintiendo soledad.
Sus queridas gallinas terminaron de comer Dalia dejó de pensar en voz alta y se bajó de la valla de madera tomando la cubeta y entrando las gallinas al gallinero de nuevo salió cerrando el portón y dejando en el piso la cubeta para irse caminando de nuevo a casa siguió tarareando una canción de cuna mientras que saltaba en el camino al llegar a la puerta de la casa entró y se sacó las botas fue directamente al comedor donde su madre Elizabeth cortaba un ramo de plantas para un te medicinal contra los dolores de cabeza su padre y hermanos no estaban por lo que Dalia pensó que fueron a cazar conejos sin más fue hasta el cajón del comedor y sacó una bola de lana junto a unas agujas caminó de nuevo hasta los sillones donde se sentó al lado de su madre y empezó a tejer sin duda cuando había está clase de paz sucedía sentía una tranquilidad inmensa.La tarde llegó y Peter junto a Elizabeth terminaron el pastel de su hija en cuanto a Dalia evitaba una pelea de los gemelos por una de las herramientas de trabajo de su padre ambos lloraban y decían groserías sin parar algo que la castaña no podía evitar ahora se preguntan en dónde se metieron sus padres los necesitaba de una vez por todas los gritos no paraban y Dalia quería taparse los oídos la puerta se abrió de golpe provocando que los gemelos pararan de pelear y Dalia saliera de su transe su padre tomó a Elías y Michelle de la oreja y los sacó de la habitación con la herramienta que faltaba en su mesa de trabajo.
Finalmente salió del cuarto de sus hermanos y buscó a su madre para contarle lo ocurrido revisó en el baño, comedor y cuarto pero no la encontró por ningún lado sólo faltaba revisar la cocina ahí no se fijó para nada se asomó por la puerta y notó que todas las luces estaban encendidas algo que le pareció sospechoso con cuidado empujó la puerta y se adentró en la cocina su sorpresa fue grande cuando encima de la mesada un pastel de chocolate con uvas verdes la esperaba a ella se asustó cuando sus hermanos la sorprendieron por detrás junto a sus padres.
—Dalia feliz cumpleaños hija mía— Dijo con alegría el enorme hombre castaño.
Su madre sonreía mientras que de su espalda salía algo un regalo envuelto en un mantel rosado sus padres le hicieron un pastel y prepararon un regalo para ella algo que no esperaba Dalia, Elías y Michelle tomaron sus manos y la condugieron hasta la mesa seguidos por Peter y Elizabeth Dalia se paró frente al pastel de chocolate y uvas verdes para soplar las velitas de cumpleaños sus hermanos cantaban y la animaban.
—¡Feliz cumpleaños Dalia te queremos mucho! —los gemelos gritaron con gran entusiasmo.
Dalia quiso llorar su familia era perfecta no necesitaba preocuparse por cuidarlos ya que ellos siempre la protegían a ella hasta sus hermanos parecían más valientes que ella misma, Elizabeth tocó el hombro de su hija con un gesto cariñoso y la alentó para que pidiera un deseo nunca pensó en pedir un deseo pero si su madre se lo pedía no podía negarse a tal hermosa petición.
Cerró los ojos y sopló las velas del pastel después de éso los gritos de felicidad no paraban y sus hermanos corrieron a abrazarla con ganas sus padres la llenaron de besos en toda la cara y cortaron en pastel de chocolate y uvas verdes no quedó nada más que el plato vacío en cuestión de minutos Dalia tenía la barriga inchada por comer tanto sus hermanos se durmieron en el piso abrazados su padre se levantó y los cargó para llevarlos a la cama su madre se acercó y le entregó su regalo era una cosa tapada con un mantel rosado Dalia lo descubrió y sus ojos largaban lágrimas su madre le regaló un vestido de color celeste y con tirantes rojos la mujer no aguantó las gana de abrazar a su hija y se la abrazó Dalia correspondió amablemente al abrazo.
La noche llegó entonces Dalia subió las escaleras y se cambió,sus padres dormían al igual que sus hermanos se acostó en su cama y cerró los ojos durmió como una hora y media se despertó casualmente y le dió ganas de tomar un vaso de agua por lo que se levantó y bajó las escaleras para ir a la cocina tomó una taza y la llenó de agua la acercó a su boca tomando de sorbo a sorbo acabó con el contenido del vaso y lo dejó en su lugar para irse a dormir subió las escaleras y se acostó de nuevo para conciliar el sueño pero no pudo se movía a cada rato y no paraba de destaparse y taparse por qué le daba calor y frío también.
Incómoda se levantó de nuevo y bajó las escaleras tomó una de las lámparas de gas de la cocina y se cubrió con su capa amarilla salió por la puerta principal y se dirigió al establo donde dormían las vacas y caballos abrió la puerta despacio y entró siendo sigilosa subió a la parte de arriba del establo y se acostó en el heno para dormir más cómodamente Dalia hacia éso cuando no podia dormir le ayudaba mucho cerró sus ojos finalmente pudo conciliar el sueño.
Al abrir los ojos Dalia bostezó y estaba cubierta de pasto seco había olvidado que durmió la otra noche en el establo por lo que sus padres se debieron de dar cuenta se estiró cansada como siempre y se levantó tomó la lámpara de gas y con su capa amarilla bajó las escaleras del establo y salió de este para ir directo a la casa un olor delicioso a pan tostado y fresas llegó hasta su nariz entró y fue a su cama para dejar la capa amarilla bajó de nuevo a la cocina como siempre su padre fumaba la pipa y sus hermanos corrían por todos lados su madre tostaba el pan en una sartén se sentó en su lugar de siempre y saludó a su padre e hermanos esperó que su madre trajera el desayuno.
Cómo de costumbre apareció en la puerta con una bandeja en las manos sobre la bandeja habían dos tazas con leche y cinco pedazos de pan casero Elizabeth se sentó en la mesa y fue entregando los trozos de pan para Peter Dalia y los gemelos,los pequeños pelirrojos llegaron corriendo y se metieron debajo de la mesa Dalia le tiró un pequeño trozo de pan a la cara de Michelle y esté se rió haciendo lo mismo a su hermana pero las risas acabaron cuando Elizabeth los fulminó con la mirada y el ceño ligeramente fruncido.
—A veces me pregunto si hize algo durante el embarazo de ustedes para que salieran tan inquietos—suspiró la mujer adulta pasando una mano por la cara.
Dalia soltó una pequeña risa ante lo dicho de su madre.
—Mama a lo mejor tomaste una mala hierba en un te—bromeó la castaña.
Elizabeth sólo miró de mala manera a su hija y su marido trataba de aguantar la risa Dalia rodó los ojos y se llevó un pequeño trozo de pan a la boca para masticar, los gemelos terminaron de comer y salieron de la casa seguidos por Peter en cuanto a Dalia y su madre quedaron dentro del cobertizo para realizar medicina casera, Ahora mismo Dalia pisaba hojas de laurel con un maso de piedra y su madre rompía pequeñas ramas de canela.
—Dalia necesito que vayas al pueblo para buscar más canela, ve a la casa de tu madrina— pidió Elizabeth a su hija.
Dalia dejó de moverse y giró la cabeza en dirección a su madre asintió con la cabeza en un "si" y dejó lo que estaba haciendo se lavó las manos y se las secó con la falda de su vestido salió por la puerta para ir a la casa por su capa amarilla eh ir directamente al pueblo cruzó el puente,el bosque y el campo llegando a la puerta del pueblo caminó por la plaza llena de gente mujeres con niños y bebés, parejas jóvenes, adolescentes bromeando en grupo y hombres fumando en una de las esquinas cerca de la fuente con escultura de ángel estaba la panadería de su madrina Claudine una mujer de cabellera negra y ojos verdes abrió la puerta sonando una campana su madrina Claudine se había apoyado en el mostrador tomando un vaso de agua.
La mujer adulta se dió cuenta de la presencia de su ahijada y la invitó a pasar salió detrás del mostrador y corrió a abrazarla algo que sorprendió a la castaña pero correspondió al abrazo de su madrina la extrañaba muchísimo después de no ir por un mes entero debido a una persona que buscaba a Dalia con desesperación.
—Mama me dijo que venga a buscar ramas de canela para la medicina—Dalia mencionó separándose de los brazos de su madrina.
Claudine asintió con la cabeza se alejó por unos instantes para irse detrás del mostrador de nuevo y bajó todo su cuerpo para agacharse sacando un paquete de ramas de canela atadas con un hilo de color violeta cerró el cajón y salió del mostrador para entregarle el pedido a su querida Dalia,la castaña tomó en sus manos el paquete con cuidado de romper cualquier rama ya que el precio de la canela era muy caro por qué era escasa.
—Tienes que venir más a menudo mi niña no sabes cuánto te he extrañado Dalia— dijo la mujer con dulzura.
Dalia sonrió y abrazó a su madrina Claudine,toda la paz acabo cuando sonó la campana de la puerta y se asomó una figura gorda y de estatura baja era el señor Hawks un veterano de treinta años que acosaba a la pobre castaña con la excusa de pedir su mano en matrimonio Dalia lo miró asustada y se escondió detrás de su madrina quien miraba de mala manera al veterano de cabello negro.
—Que coincidencia encontrar a la belleza del pueblo por aquí—el hombre fue acercándose lentamente observando toda la panadería.
Dalia aterrada empezó a temblar Claudine se dió cuenta y para calmar a su ahijada le indicó que saliera por la puerta trasera de la tienda,al principio la castaña no entendió las señas de su madrina por el miedo.
—Si pero me pregunto,¿que hace buscando a mi ahijada señor Hawks?—preguntó Claudine con enojo.
El veterano quien mantenía su mirada sobre Dalia contestó a la pregunta de la mujer sin dejar de mirar a la jovencita de cabello castaño y ojos verdes.
—Sólo venía de paseo y me interesó comprar algo de pan para mi familia —dijo el veterano.
Dalia finalmente reaccionó y lentamente fue caminando hasta atrás y corrió hasta la puerta trasera salió de la panadería dejando a su madrina Claudine con ése hombre horrible tenía mucho miedo de que volviera a pasar lo del año pasado no quería ver a ése tipo por nada en el mundo tomó el camino de siempre para llegar a casa y cuando llegó a la granja entró dejando las ramas de canela sobre la mesa con cuidado y subió las escaleras a toda prisa se acostó en la cama y empezó a llorar.