Parte 1
La sangre sale disparada en todas las direcciones gracias a la presión arterial, manchando las paredes, el suelo e incluso a mí mismo, bañándome en su calidez mientras sus ojos me observan con terror ante la idea de su inminente muerte. Observo deleitado aquel maravilloso espectáculo, en el que la música son los gritos ahogados por la mordaza y mi entretenimiento es ver cómo la sangre sale a borbotones de la carótida izquierda.
Me quedo estático, de pie ante mi víctima hasta que la vida termina escapando de su cuerpo, dejándolo completamente inmóvil.
Cuando me deshago de mis guantes comienzo a limpiar la sangre de mi cara apaciblemente en el lavabo de la habitación contigua, todavía saboreando los últimos estragos de su muerte con una sonrisa en los labios, la cual me es devuelta por mi silueta en el espejo.
Yendo en busca de otras prendas para deshacerme de las que están ensangrentadas paso delante de su cadáver, y no puedo evitar pensar que la sangre que cubre su cuerpo pronto se secará, su temperatura corporal descenderá hasta alcanzar la temperatura ambiente, sus miembros se endurecerán debido al rigor mortis, lo que me dificultará su articulación, pero solo por unas horas. Mientras me cambio de ropa enciendo la radio en busca de la voz de los reporteros, reparando en aquel aparato cuando escucho que hablan de mí.
“Un nuevo cadáver ha sido descubierto entre los arbustos del Parque del Retiro. La víctima, un hombre de veinticuatro años, fue hallada alrededor de las ocho y media de la mañana cuando uno de los trabajadores del parque se encontraba en la inmediaciones para comenzar su jornada laboral. La causa de la muerte todavía no está confirmada, pero parece que la víctima fue golpeada con brutalidad en el cráneo varias veces hasta morir. La policía todavía no tiene pistas sobre los asesinatos que llevan aconteciendo en los últimos cinco meses. ¿Hay un asesino en serie suelto? ¿Se deberán estas muertes a un ajuste de cuentas? ¿Por qué la policía no ha encontrado nada? Volveremos con esta noticia una vez tengamos más información”.
Todavía recuerdo con total exactitud cada detalle de aquel asesinato de mediados de enero, todavía recuerdo cómo congelé su cadáver para poder deshacerme de él cuando me apeteciera. Fue una gran víctima, oponiendo resistencia para darle más emoción a mi juego hasta que hundí un tubo de metal contra su cráneo varias veces hasta que dejó de moverse. Aún puedo sentir el sabor de su sangre en mi boca cuando esta salpicó en mi cara, recuerdo cómo su cuerpo se desplomó contra el suelo una vez terminé con él.
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Transcurridas una horas desplazo el cadáver hacia la zona cubierta de plásticos y lo dejo cerca de las herramientas que coloqué previamente, después me coloco un mono desechable de color blanco y unas gafas protectoras. Con las manos enguantadas agarro la sierra eléctrica y comienzo a cortar allí donde escogí herirla de muerte, separando lentamente su cabeza de su cuerpo, observándola con satisfacción cuando esta rueda unos centímetros una vez ha sido cortada por completo. Hago lo mismo con el resto del cuerpo, organizando los trozos según los corto hasta terminar mi tarea, deshaciéndome del mono, las gafas, los guantes y dejando la sierra y los otros instrumentos apartados para después limpiarlos. Voy guardando los trozos en un congelador con la idea de mantenerlos allí durante un tiempo y después abandonarlos en un lugar en el que sé que acabarán encontrándolos, jactándome ante la idea de que la policía no tiene la menor idea de quién está detrás de todos los asesinatos.
Cuando termino de limpiar me dirijo hacia la mesa en la que dejé su colgante dorado, observando con detenimiento mi nuevo trofeo, sonriendo divertido ante el hecho de que tiene grabado su nombre en él. Como si me importase cómo se llaman. Tan solo son las víctimas de aquel juego que me aporta tanta emoción y placer.
Su asesinato.