Cómo molestar a un semidiós

All Rights Reserved ©

Summary

Varias monedas del barco del inframundo fueron robadas y están apareciendo en el mundo mortal como "souvenirs antiguos" una de ellas termina en manos de un estudiante que la compra en una tienda de antigüedades. Matteo hijo de Hermes es mandado para llevarlas de vuelta pero durante su misión hace ¿una nueva amistad?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

𝐒𝐚𝐥𝐭𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐜𝐥𝐚𝐬𝐞𝐬

—Valemos pa’ pura verga —susurré al escuchar el inconfundible sonido de unos tacones acercándose a los baños.

—Ustedes pásense al otro cubículo, pero rápido. No pueden ver más de dos pies en uno —ordenó Leo, mientras se deslizaba por debajo de la separación de los baños para cruzar al otro lado, seguido de Emma y Ale.

La tensión nos estaba carcomiendo. Llevábamos más de media hora haciéndonos los fantasmas para no entrar a la clase de Historia, y las profesoras ya nos andaban cazando. Leo, Ale, Emma y yo teníamos rato moviéndonos de un lugar a otro para no ser descubiertos.

El silencio llenó los baños, tan denso que hasta nuestros propios latidos se sentían demasiado fuertes. Todo se fue al carajo cuando una voz conocida interrumpió la calma:

—¿Hay alguien aquí? —era la maestra, revisando los baños.

Nos tapamos la boca al instante, intentando no hacer ni el más mínimo ruido. Minutos después, empezó lo peor: las puertas comenzaron a sonar una por una, tocaban para ver si había alguien escondido. Nos dimos por perdidos cuando escuchamos el tintinear de unas llaves. Iban a abrir los cubículos.

Ya estábamos mentalizados para el regaño y la vergüenza... cuando de pronto apareció una chica.

—¡Profesora! —gritó con la voz entrecortada, jadeando como si hubiera corrido desde el otro lado de la escuela—. Hay una pelea en el patio principal, son dos chicos... creo que otra vez son Matteo y Armando.

Nuestra salvación. Literalmente. Apenas soltó esas palabras, las profesoras se olvidaron de todo y salieron casi corriendo rumbo al patio.

Esperamos unos segundos más, solo para asegurarnos. Luego salimos con cuidado, fuimos por nuestras mochilas y nos dirigimos a la siguiente clase. Teníamos que pasar justo por el patio principal, y sí, el escándalo estaba en todo su esplendor. Pero sinceramente, no nos detuvimos ni un segundo a ver qué pasaba. Estábamos más preocupados por no ser vistos que por la pelea en sí.

Al final, el horario siguió como si nada. Ya era la última clase del día cuando por fin fui al baño (esta vez sí de verdad lo necesitaba), y al salir vi cómo se llevaban a dos chicos todos golpeados. Tenían la ropa sucia, los labios partidos y cara de pocos amigos. Supuse que eran los de la pelea. Confirmado: Matteo y Armando otra vez.

Cuando terminó la clase, decidí darme una vuelta por la dirección con la excusa de que iba por papel. Me hice la distraída un rato en el pasillo, revisando mi celular como si estuviera esperando algo, pero en realidad solo quería escuchar el chisme.

Desde donde estaba, se alcanzaba a oír la voz del director, regañándolos como si fuera su papá. Palabras como “sanción”, “reincidentes” y “suspensión” se colaban por la puerta entreabierta. Me asomé de reojo, sin hacer ruido. Ahí estaban: cabizbajos, con los nudillos rojos y la mirada perdida.

En una de esas, uno de los chicos alzó la vista y me pescó mirándolos. Me lanzó una mirada seca, con cara de “¿qué me vez?”. Me quedé congelada por un segundo, pero luego fingí que no era conmigo, giré en automático y me fui caminando como si nada.

Mientras cruzaba el patio, pensé en lo cerca que habíamos estado de meternos en un problema nosotros también. A veces todo se puede ir a la mierda por un segundo... y otras, te salva una pelea ajena.

De regreso a casa, decidí tomar un camino diferente. Quería explorar un poco y conocer mejor el país donde estaría viviendo por un tiempo. Hasta ahora, Italia me ha parecido un lugar bastante cómodo y acogedor.

Mientras caminaba, pasé por varias tiendas, y una en particular llamó mi atención: una tienda de antigüedades. No pude resistirme y entré. Siempre me han fascinado las cosas antiguas, no sé… siento que tienen algo especial, como si guardaran historias curiosas en silencio.

Adentro había de todo: tazas, platos, retratos, juguetes, joyas... Me tomé mi tiempo, observando cada objeto con calma y detalle. Fue entonces cuando vi algo que me llamó la atención. No era nada impresionante, pero tenía algo. Una moneda. Simple, discreta, pero con un aire misterioso que me intrigó.

Al final, decidí comprarla. No sé por qué, solo sentí que debía hacerlo. Luego seguí mi camino, con esa pequeña curiosidad antigua en el bolsillo, rumbo a casa.