Una noche de poker

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Summary

Ella es perfecta. Al menos, eso es lo que cree. Adeline Vallin's no solo posee un rostro que haría suspirar a cualquiera, también camina como si el mundo le debiera algo. Acostumbrada a la adoración y a los halagos, vive convencida de que todos, sin excepción, caen a sus pies. Así que cuando conoce a Lorenzo Leclair, el heredero del imperio de casinos más poderoso de la ciudad, no tiene dudas, él también está hechizado por ella. Pero hay algo que Eleonora no sabe, Lorenzo no la desea, la desprecia. Y ahora, ambos están atrapados en un camino que podría unir dos fortunas... o iniciar una guerra silenciosa donde la reputación, el poder y millones de dolares están en juego. ¿Quién caerá primero en una noche?

Genre
Romance
Author
Saky
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

La reina de corazones

—¿De verdad le estás exigiendo a Adeline Vallin’s casarse?

Mi padre se acomodó en el sillón frente a mí como si estuviera a punto de darme una revelación trascendental. Esa típica pose de autoridad que tanto le gustaba usar, creyendo que yo todavía era esa niña que atendía sus sermones con nervios.

—Adeline, escúchame bien, el se llama Lorenzo Leclair.

—¿Y se supone que debo saber quién es ese? —dije, girando levemente el rostro como si el aire mismo me estorbara.

—Lorenzo Leclair es el hijo de los Leclair de Marsella. Heredero directo, una familia con historia, poder... y recursos que podrían equilibrar lo que—

—¡Ah! Recursos, ahora todo tiene sentido —interrumpí, dejando caer una risa amarga—. ¿Pretenden venderme como si fuera un título nobiliario? Qué encantador.

Papá me miró sin parpadear, se notaba la tensión en su mandíbula, aquellos ojos azules que de pequeña me aterraban ahora me generaban diversión.

—Adeline, por una vez... solo intenta entender que esto no se trata solo de ti, es sobre todos nosotros.

—¡Por supuesto que se trata de mí! —exclamé, poniéndome de pie. Mis tacones resonaron sobre el mármol haciendo un eco por la habitación—. Esta conversación, ese nombre que nadie conoce, esa absurda propuesta… ¡todo gira a mi alrededor! Y si no lo hace, entonces no me interesa.

Tomé mi copa de nuevo. El vino sabía mejor cuando el drama estaba servido.

—Me niego —dije, sentándome de nuevo—. Seguro es feo, un viejo o peor… un hombre sin modales.

¿Cuántos ceros tiene su cuenta bancaria? Porque si esperan que me interese, tendrá que tener al menos siete, y eso solo para comenzar a mirar.

—No es feo —respondió mi padre, masajeándose el puente de la nariz—. Y tiene más modales que la mitad de los hombres que te han cortejado.

—¿Y más edad también? ¿Me estás ofreciendo un anciano disfrazado de caballero francés?

—Tiene veintiuno y si hubieras leído algo que no fuera una revista de moda o tu propio horóscopo, sabrías que los Leclair son conocidos por su buena reputación en la élite.

—. ¿Y él ya sabe quién soy? ¿Sabe que está a punto de casarse con un huracán hermoso? ¿O aún creen que puedo fingir ser dócil?

—Lorenzo aceptó el acuerdo.

—¿Sabes qué es lo más irónico de todo esto? —dije bebiendo de mi vino—. Que están planeando mi boda como si fuera una subasta.

—No será una subasta —dijo él, mirándome con paciencia fingida—. Será una negociación y tú vas a estar presente.

—¿Perdón?

—Vamos a Marsella.

Me giré lentamente, con la ceja arqueada.

—¿A Marsella? ¿Qué clase de luna de miel anticipada es esta?

—No es por placer. Es por negocios, los Leclair tienen un casino allí, L'Éclipse.

No es cualquier lugar, es uno de los más exclusivos de toda Europa.

—Oh, fantástico —dije, rodando los ojos—. ¿Me van a apostar también?

—Adeline —dijo, ahora con la voz más firme—, esto es más grande que tú y tus sarcasmos. No solo irás a conocer a Lorenzo, también nos reuniremos con su padre para revisar las condiciones del contrato.

—Qué romántico.

—Es un acuerdo de unión estratégica entre dos familias influyentes. Como se ha hecho durante generaciones. Y L'Éclipse no es solo un casino. Es el símbolo del poder de los Leclair. Si queremos igualdad en esta alianza, debemos entrar en su terreno... con la cabeza alta.

—Muy bien —dije al fin, con una sonrisa venenosa—.

Sabía que seguir discutiendo con mi padre no me llevaría a ningún lado. Su necesidad patológica de tener siempre la razón me frustraba, y aunque jamás lo admitiría frente a él, la idea de casarme con un completo desconocido me resultaba... aterradora.

Fue en ese instante, casi imperceptible, donde extrañé a mi madre. Quizá ella también habría estado de acuerdo con este absurdo "negocio", pero al menos me habría abrazado hasta que pudiera dormir sin fingir que no me importaba.

Pero no, yo no podía quebrarme frente a él.

Soy hermosa, y lo sé. Sé cómo hablar, cómo mirar, cómo hacer que un hombre tiemble solo con mi silencio.

Ese tal Lorenzo seguramente será otro tonto más: hablador, inseguro, sudoroso… y perdidamente encantado conmigo en cuanto me vea.

Podría jugar con él, manejarlo como a todos los demás y cuando esté tan embobado que ni recuerde su apellido… entonces me libraré de este maldito contrato.

—El vuelo es mañana y más te vale dejar tu vida en orden antes de irnos —dijo mientras se alejaba hacia la puerta—. No quiero distracciones ni problemas cuando estemos en Marsella.