¡Tu!
¡Tú! cazadora de sombras
entre mis sábanas sucias.
Murmurando tesoros
que sólo el pecado
sabe nombrar.
El Pecado advierte:
'Huye...'
pero el Amor —¡vigoroso!—
le rompe la mandíbula
con un beso.
Encomiendo mi ser a Dios
mientras clavo
crucifijos invertidos
en tu espalda sudorosa.
Palabras sabias...
¡mentiras!
Sólo tu jadeo
es Biblia verdadera.
Agua, ríos, calles —
todas conducen
a tus labios:
mapa final
de mi perdición
y mi cielo.