Duerme duerme, Amanecer

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Summary

En una sociedad alienígena cimentada sobre una historia olvidada, una familia reptiloide-gris intentan sobrevivir a ellos mismos y a los crímenes de su patriarca, quien gracias a ello condenó el destinos de cada individuo familiar y también (sin querer) a todos los habitantes de la Colonia Amanecer.

Status
Ongoing
Chapters
43
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

El atardecer caía sobre el desierto, la poca fauna que ahí habitaba ya había caído dormida, a excepción de un par de muchachos que corrían en medio de la nada. Un reptiliano y un Ser Gris alto de cara larga. Ambos competían en una carrera ¿Por qué? Para el reptiliano, una excusa para alimentar su ego, para el Ser Gris, una razón para cerrarle el hocico a su compañero ¿La meta? El autobús donde los esperaban el resto de sus compañeros.

En “la meta” los compañeros de los corredores descansaban y disfrutaban del anochecer, resguardados en la seguridad del autobús en el que habían llegado a ese lugar. Todos eran reptiles, menos aquel Ser Gris alto que corría y el Ser Gris chiquito que permanecía de pie junto al líder del grupo de reptiles. Un reptiloide macizo y enorme de nombre Tristán Bowen, cuya característica más llamativa era su intimidante boca que recorría su rostro de oído a oído, impaciente y aburrido, revisaba su reloj cada cinco segundos para chequear lo lento que pasaba el tiempo mientras esperaba la llegada de sus dos cadetes más problemáticos.

Por otro lado, Yka, el pequeño Ser Gris, esperaba pacientemente la llegada de los corredores sin prestarle atención al paso del tiempo, él era la razón por la que Bowen seguía esperando, de no ser por el cariño que le tenía a su ayudante, Bowen habría abandonado al par de corredores a su suerte, sin importarle el frío mortal del desierto.

Si bien Bowen era paciente con Yka, de vez en cuando sugería abandonar a los corredores con la excusa de que la noche ya estaba sobre ellos y ya no podían seguir esperándolos.

— ¡Ya los veo! — Gritó Yka, emocionado de finalmente ver a su igual y al reptiloide.

En el horizonte podían divisarse a los corredores, Kepler, el Ser Gris alto, comenzaba a tener la ventaja en velocidad sobre su compañero y se podía apreciar que su competencia no se veía muy contenta. Yka no pestañeaba de la emoción, su corazoncito latía con fuerza al ver que su compañero alargado iba a ser el primero en llegar… Pudo haber sido de esa manera, de no ser porque Kepler encontró la mirada del pequeño secretario a lo lejos y al ver su pequeña sonrisa se derritió de amor, entorpeciendo su andar. Su competencia reptiliana se aprovechó de eso ¿permitir que un cabezón lampiño le ganase en una carrera? Morir en el frío del desierto era mucho más digno que ser vencido por su nemesís.

— ¡Ay! ¡Me tropecé! — Gritó el reptiliano luego de empujar a Kepler con todas sus fuerzas solo para hacerlo caer.

El pobre Kepler no pudo mantener el equilibro y salió disparado por el empujón, cayendo de cara al suelo y siendo arrastrado por el impulso hasta detenerse por completo.

— ¡Ups! Lo siento tanto— Habló el reptiloide con falsa pena— Te recordé que no puedes ser mejor que uno de nosotros— Comenzó a caminar con hacia sus compañeros con el pecho inflado de orgullo, abandonado a Kepler detrás de él — ¡Y eso va para ti también Yka! — Gritó señalando al pequeño secretario, quien miraba espantado como había caído Kepler.

Rek, el “ganador” fue recibido entre su grupo de amigos quienes lo recibieron entre halagos y risas. El más grande de los cadetes, tanto en altura como en músculos, el más atlético de toda su sección y el más carismático entre sus compañeros. De perfecta cabeza lisa y hocico macizo, “aerodinámico” como le decían en broma en algunas ocasiones sus amigos más cercanos, todas esas características lo hacían un buen pretendiente para reproducir la raza de los reptiles debido a su genética privilegiada, entonces ¿Era eso una excusa para odiar a Kepler? No, solo era odio racial y ofensa a sus prejuicios inculcados.

— Bien, si ya terminaron su absurda competencia, ya podemos retirarnos— Habló Bowen mientras le daba palmadas en el hombro a Yka como intento de consuelo— ¡¡NO TARDES EN LEVANTARTE KEPLER!!— Le ordenó a su cadete menos preferido.

Kepler apoyó sus manos sobre el suelo y con ayuda de sus brazos empezó a levantarse a dura penas, su rostro le ardía por el arrastre y sentía como la sangre se asomaba por sus heridas, se tomó un rato para descansar sentado, no porque no tuviera fuerzas para ponerse de pie, era la vergüenza del momento que le pesaba un montón.

Buscó la mirada de Yka a lo lejos, esperaba que su expresión de tristeza le hiciera entender al secretario lo mucho que sentía haber perdido la carrera y lo avergonzado que estaba sobre su estado físico, Bowen apretó el hombro de su secretario y lo obligó a caminar con él hacia su transporte para poder partir a casa. Yka miró hacia atrás para encontrar la mirada triste de Kepler, ambos se miraron y sintieron que el tiempo se detuvo por un momento.

Yka le sonrió a Kepler.

Kepler sintió que se derretía de amor de nuevo.

El Ser Gris alto ya no sentía vergüenza, se puso en pie y trotó hacia el transporte.

— Yo puedo con esto— Se dijo a sí mismo para darse ánimos. Subió a la nave con una sonrisa en la cara y su dignidad restaurada, destruyendo la felicidad de su enemigo reptiloide. — Buena carrera, Rek.

En el rostro del reptiloide se notó su desagrado, eso hizo feliz a Kepler y se sintió cómo el ganador que realmente era.