Invierno en Coeurval
Narración de Kate
-Suena el despertador-
Kate:—¡Ugh!— Golpeé el despertador con fastidio y me froté los ojos, maldiciendo entre dientes—Odio las mañanas...— La voz en mi cabeza se desvaneció antes de terminar la frase recordando mi mal humor. No era solo el sueño lo que me molestaba, era el cansancio de otra noche dando vueltas en la cama, recordando la discusión del día anterior.“¿Cuándo fue la última vez que mamá y yo hablamos sin gritos?”.
Me levanté de mala gana, arrastrando los pies hasta el armario. Tomé la primera ropa que encontré, un jean negro y una sudadera negra holgada, y me dirigí al baño. Al abrir la llave de la ducha, esperaba ese alivio del agua caliente para poder olvidarme de todo lo malo, pero fue lo contrario, un chorro helado hizo contacto con mi piel haciendo que gritara.
Kate: —¡Maldita sea!— Maldije, abrí nuevamente lave del agua esperando que en esta oportunidad el agua si saliera caliente, pero no ocurrio.
Kate: —Justo hoy tenía que fallar— Con los dientes apretados, me resigne a ducharme rápidamente, sintiendo cómo el frío me erizaba la piel. “Perfecto para empezar otro día de mierda”, pensé.
Después de vestirme y secarme el pelo con rudeza, bajé las escaleras rumbo a la cocina.El olor a café y pan quemado me golpeó como un recordatorio del por qué prefería saltarme el desayuno. Mi madre estaba de espaldas, agitando una sartén.
Kate:—¿Que hay para desayunar?—pregunté, aunque ya sabía la respuesta.
Madre:—En el plato—respondió sin girarse. Su voz sonaba áspera, como si llevara horas sin dormir .
Observe el plato que se encontraba en la mesa, encontrándome con unas tostadas de pan, las cuales se encontraban con más del 80% quemadas.
Kate:—¿En serio?Ni yo tengo tanto poder destructivo con la comida— Tome una tostada con dos dedos.
Ella se volvió de golpe. Sus ojos, eran tan azules como los míos, pero con arrugas que antes no estaban y ese toque de cansancio, brillaban entre el humo.
Madre:—¿Vas a quejarte o a agradecer que al menos lo intento?—.
Kate:—¿Intentar? Esto parece un experimento fallido—.
Madre: —Entonces empieza a cocinar tu propio desayuno. O mejor, porque no te vas luego de esta casa. Total, parece que todo lo que hago te molesta—.
Kate: —No todo—dije, cogiendo la tostada quemada y mordiéndola con dramatismo—Solo tu forma de cocinar, de gritar, de...—
Madre: —¡Basta, Kate!—Su mano se estrelló contra la mesa. El ruido hizo que ambas nos quedáramos quietas por un segundo.
Yo fui la primera en romper el silencio.
Kate: —No te preocupes. Como dijiste, mejor me voy—. Salí sin mirar atrás, pero no pude evitar escuchar su último susurro:
Madre: —Siempre es lo mismo contigo...—
La puerta se cerró con un golpe sordo. Escupí los restos de la tostada quemada, como si pudiera eliminar también el sabor amargo de la discusión, y me encamine hacia la parada con la certeza de que mi día solo iría empeorando.
En la parada, el autobús se tomaba tiempo, porque claramente el universo había decidido que hoy sería el día perfecto para probar mis límites. A mi lado se podían escuchar las risas de una acaramelada pareja de enamorados, y en otro extremo los llantos infernales de un bebé, que se sentía como martillazos en mi cabeza. Justo cuando estaba por perder la poca paciencia que me quedaba y estallar, el vehículo apareció como un milagro, como si el destino se burlara de mi sufrimiento.
Al llegar a la parada de mi escuela el autobús frenó con un chirrido que resonó en mis muelas. Me lancé al exterior antes de que las puertas terminaran de abrirse. Clavé los auriculares en mis oídos como tapones contra la realidad, dejando que la musica aniquilara cualquier intento del mundo por comunicarse conmigo.
A mis diecisiete años, tengo ese tipo de rostro que muchos quedarian encantados si no fuera por mi efecto de “Tan solo respira un centimetro cerca de mi y te arrepentiras”. Tengo los ojos azules con esa profundida de un lago congelado en medio invierno, los heredé de mi madre, pero la diferencia es que mientras los de mi mama irradian cansancio y un brillo falso de amor, los mio causan esa sensacion de que tu cuerpo se esta congelando, advierten que no soy de las que cede terreno. Poseo el pelo de color negro, largo y despeinado, con algunos mechones callendo en forma rebelde.
Tampoco soy muy alta, realmente mido 1,68 para ser exactos , pero la gente a pesar de eso notar mi presencia siempre por llevar una actitud de querer golpear al primero que se me atraviese en el camino. No es que sea intimidante a propósito... es que mi rostro siempre ha sido un reflejo de mis pensamientos, y todos pueden ver lo poco que me interesan sus juegos sociales. Los profesores insisten en que “tengo un gran pontencial y lo esto desperdiciando”, como si el potencial se midiera en sonrisas fingidas y participación en clase.
El portón de la escuela cruje al abrirse. “Bienvenida a Coeurval, el lugar donde cumpliras tu condena”, susurro mientras ajusto la mochila que me pesa como si llevara en ella todas mis decepciones y criticas del mundo. El pasillo principal se vacía ante mí como si llevara carteles de “peligro” colgando de los hombros. Aunque existe una persona que es la excepcion para todo esto, Sara Noiret, mi mejor amiga de la infancia.
La encuentro recargada contra los casilleros con esa pose desafiante que solo ella puede lograr. Su pelo de color rojo intenso , el mismo que le costó tres detenciones este semestre, cae en ondas rebeldes hasta los hombros, iluminado por la luz fluorescente como llamas en la oscuridad. Sus ojos verdes, que parecen un iman que atrae a cualquier persona que los ve.
Lleva el uniforme como una declaración de guerra a la escuela, la falda recortada para mostrar esas piernas que todos admiran, la camisa desabotonada, y esas botas de tipo militar que hacen eco con cada paso. Sara no sigue reglas, las reescribe como le convenga.
Sara:—¿Viste mi mensaje?—Pregunta, mordisqueando su propia barra. Sus ojos verdes brillan con esa mezcla de preocupación genuina y ganas de chisme que solo ella domina— Patrick está buscando sangre hoy —.
Kate:—No es una novedad —Respondo, aunque el tono me delata. Guardo el alimento en el bolsillo de mi sudadera— Pero esta vez no hice nada malo—.
Sonríe, con ese gesto de “no me hagas reír, no eres buena para mentir” que conozco demasiado bien.
Sara: —Solo tú, Kate Parker—Murmura, sonriendo— Solo tú dejarías tu firma intelectual en el lugar menos discreto posible —.
Kate: —Lo se, pero realmente esta vez no hice ningun crimen de que se me culpe— Digo, pero la mirada de Sara aun mantiene ese gesto de “No te creo” —A lo mejor solo quiere de esas charla matutinas de siempre—.
Las carcajadas de Sara retumban en el pasillo, haciendo que varias cabezas se vuelvan hacia nosotras. Esa risa contagiosa que nunca intenta contener, como si el concepto de “discreción” le resultara personalmente ofensivo.
Kate: —¡Shhh!—Le susurro, aunque sé que es inútil— Patrick actualmente me tiene en la mira para buscar el mejor momento para expulsarme o chanteajarme —.
Sara: —Ah, el gran Patrick Hayes —Dice Sara, rodando los ojos con dramatismo—.El hombre que convirtió el reglamento escolar en una sentencia a condena perpetua.
Antes de que pueda responder, la voz de la secretaria corta el aire desde el otro extremo del pasillo
Secretaria:—¡Señorita Parker! ¡La oficina del director, ahora!—.
Sara me empuja suavemente hacia adelante.
Sara: —Ve, guerrera—Murmura—.Pero recuerda, si Patrick te amenaza con llamar a tu madre, tú amenaza con revelar lo de su peluca.
Eso casi me hace sonreír.
Ya en la oficina del director Patrick Hayes ,el aire se siente como una mezcla asfixiante de café recalentado y colonia barata. Las persianas están bajadas a medias, como si el propio Patrick intentara esconderse de su propio fracaso como educador. Él es un hombre de unos cincuenta años, con un traje marrón que le cuelga como a un espantapájaros, y su calvicie tratando de ser escondida debajo de un monto de paja que muchos llaman “peluca”, que se aferra a su escritorio como si fuera el último fuerte de su autoridad.
Patrick:—Parker—Gruñe antes de que pueda sentarme, señalando la silla con un dedo que ha apuntado a tantos estudiantes que debería tener su propia placa conmemorativa. —Te presento a Alison Smith. Viene de intercambio desde Whitestone Hall de Londres. Y tu responsabilidad por una semana—.
Llevo mi atencion hasta una chica que se encuentra sentada con una postura relajada pero perfecta de quien sabe exactamente el efecto que quiere causar. No lleva uniforme, en su lugar, viste unos jeans negros ajustados, unas converse impecables y una chaqueta azul que parece costar más que mi ropa de todo el mes. Su pelo de color castaño claro cae en ondas casi naturales, como si acabara de salir de una sesión de fotos para una revista de moda.
Pero que realmente me desconciertan son sus ojos, de un color celeste, no uno cualquiera, sino ese tono cielo, tan claro que parecen transparentes, como el agua mas clara que puede existir en el mundo. Demasiado intensos. Demasiado perceptivos. Parecen mirar directamente a través de mí y leer cada pensamiento que se me pueda cruzar.
Pero no le di mucha importancia, lo que sí me hizo cuestionar la cordura del director fue cuando me asigno la tarea de vigilar a la nueva durante la semana.
Kate:—Ah, claro— Digo, cruzando los brazos —Porque entre mis talentos ocultos está el de ‘hacer turismo con princesitas’. ¿O es que mi currículum de ‘alumna problemática’ le pareció perfecto para esto?—.
Patrick exhala como si llevara años soportándome (lo cual es cierto)
Patrick:—Tienes el mejor promedio en Ingles, Parker. Y, a pesar de todo, tu expediente académico sigue siendo impecable... en lo académico—.
Kate:—Vaya, qué honor. ¿Y pensar que hay gente con mejor inglés que yo... como los idiotas que se quedan a tomar clases de Ingles , por ejemplo. Pero claro, ¿por qué elegir a la opción lógica cuando puedes arrastrar a la conflictiva? — Clavo los ojos en Alison, que me observa con una sonrisa que me da ganas de arrancarsela—A menos que la señorita Smith necesite clases avanzadas de sarcasmo, no veo por qué deberia—.
Patrick: —No es asi —Dice con una voz aspera— Justamente, Parker, eres la mejor opción ya que conoces cada rincón de esta escuela mejor que nadie. Y porque, a pesar de tu actitud, sé que sabes cómo mantener a raya a los que se creen más listos y quizas a los que se pudieran aprovechar de la señorita Smith. No te estoy pidiendo que le tomes cariño, te estoy diciendo que te hagas cargo por una semana hasta que se acomode— Se inclina ligeramente hacia adelante, entrelazando los dedos sobre el escritorio, con esa mirada que no deja espacio para discusiones.
Kate:—Genial. Entonces ahora también hago de niñera. ¿Qué sigue? ¿Le cargo la mochila o le doy la mano para cruzar el patio? ¿De verdad creen que voy a perder mi tiempo cuidando a una niña de cristal como si fuera su maldita sombra? No me jodan. No estoy aquí para hacerles el trabajo a nadie ni para aguantar estupideces ridículas. Pueden buscar a otro para esta basura, porque yo no voy a cargar con eso ni un minuto.—Cruzo los brazos, dandole mirada bastante molesta a Patrick—Que se arregle sola con sus problemas. Creo que somos bastante grandes, como para diferencia a un imbecil con las hormonas revolucionadas de otro idiota que no sabe que hacer con su vida...Pero claro, a menos que la señorita Smith sea tan inútil que necesite que la sostengan hasta para respirar, entonces supongo que sí tendré que estar pendiente de ella—Sonrio ironicamente.
Patrick:—¡Basta,Parker!— Golpea el escritorio con fuerza, haciendo saltar su taza de café —No creo que tenga que recordarte todas tus faltas. ¿El incendio ‘accidental’ en el laboratorio de química? ¿El graffiti en el baño de profesores? ¿El sabotaje a las pruebas Literatura? ¿O quizás prefiera llamar a tu madre y discutir cómo tu beca académica está pendiente de un hilo?—.
Kate:—¡No me vengas con eso, Patrick!— Me levanto de un salto provocando que la silla cayera haciendo un estruendo —¿De qué me vas a culpar ahora? ¿De que tu café sabe a mierda? ¿De que tu auto no arranca? ¿O de que esa peluca barata que usas no esconde lo calvo que estás?—.
El aire se electriza cuando Patrick se levanta tambien de un salto, haciendo caer su silla con un estruendo que hace que Alison dé un pequeño salto. Su rostro se torna de un rojo violáceo mientras saca un sobre sale del cajón y lo sacude frente a mi cara.
Patrick:—¿Esto te refresca la memoria, Parker?— Escupe, dejando caer el contenido sobre el escritorio. Fotos del graffiti en el baño de profesores. El informe del laboratorio de química. Y peor aún... una carta de la junta directiva con el sello de “Revisión de Beca Académica.
Mi sangre se congela.
Patrick:—Tres suspensiones este año— Enumera —Cinco reportes por conducta agresiva. Y ahora esto... — Golpea la carta— Tu rendimiento académico no te salvará esta vez, ¿o sí?—.Alison abre la boca para intervenir, pero Patrick levanta una mano.
Patrick:—No, señorita Smith.Parker necesita entender en que situacion se encuentra— Se inclina hacia mí, el aliento a mentol rancio me golpea la cara— Guía a Alison esta semana ,sin sabotajes, sin ‘accidentes’ , o firmo esta recomendación de revocación de beca personalmente—.
Kate:—No puedes..—.
Patrick:—¡Oh, sí que puedo!— Dice en forma de advertencia—¿Sabes lo que significa, Parker? Sin beca, sin escuela. Vuelves a ese apartamento de mierda donde tu madre apenas puede pagar el alquiler—.
Mis puños se cierran hasta que las uñas se clavan en las palmas. Él lo sabe. Sabe que sin esta escuela, sin esta beca, no tengo futuro. Alison me mira con esos ojos penetrantes, como si estuviera viendo directamente mi pánico.
Patrick: —Última oportunidad— Dice seriamente—¿Aceptas, o firmo la carta ahora mismo?—.
El reloj de pared marca los segundos con tic-tacs resuenan en mi cabeza como disparos, advirtiendome que si no tomo una decision luego todo se derrumbara.
Kate: —Bien— La palabra me quema al salir —.
Patrick sonríe, satisfecho, como si acabara de ganar una batalla que solo él creía importante. Pero cuando miro a Alison, no veo esa estúpida sonrisa con la que entró. Solo está ahí, sentada, rígida, los ojos fijos en mí como si no supiera si salir corriendo o responder. Parece en shock, como si no esperara que alguien pudiera hablar así... y mucho menos por su culpa.
Patrick: —Perfecto— dice Patrick, sentandose nuevamente y frotándose las manos como un villano de telenovela barata—Pueden irse. Y, Parker...compórtate, estare pendiente de cualquier suceso—.
Kate:—Oh, no te preocupes, Patrick— respondo, abriendo la puerta con un gesto exagerado. —Solo seré la mejor versión turística de mí misma.¿Empiezo por mostrarle el famoso “pasillo de los suicidas” o prefieres por la cafetería, donde el condimento estrella es contraer la salmonela?— lo miro con cierta ironia.
Sin esperar respuesta, salgo de la oficina, sintiendo cómo Alison me sigue con esa tranquilidad que ya empieza a resultarme irritante.