Chapter 1
Londres siempre había sido un lugar lleno de vida, pero en el pequeño pueblo donde Rubi vivía, la tranquilidad era la norma. Las casas de ladrillo rojo se alineaban a lo largo de calles empedradas, y los jardines florecían con rosas y jazmines. Rubi amaba la calma que rodeaba su hogar, un refugio del bullicio de la gran ciudad. Sin embargo, en su interior, sentía que había algo más, algo que no encajaba del todo. Con una estatura de aproximadamente 1.66 metros, Rubi tenía una presencia única. Su cabello rojo como el fuego caía en ondas suaves sobre sus hombros, y sus ojos eran tan verdes como las esmeraldas, brillando con una intensidad que a menudo dejaba a los demás intrigados. Era una joven soñadora que pasaba horas sumergida en libros de fantasía, anhelando aventuras más allá de lo cotidiano. Era una tarde soleada cuando todo cambió. Rubi estaba en su habitación, revisando su colección de libros cuando su hermana menor, Clara, entró sin tocar la puerta.
—¡Rubi! ¡Ven a jugar! —gritó Clara con su voz aguda y alegre.
Rubi suspiró, sintiendo cómo la frustración comenzaba a acumularse en su pecho. No era que no quisiera jugar; simplemente estaba cansada de que siempre le pidieran cosas.
—¡No quiero! —respondió Rubi, con un tono más brusco del que pretendía.
Clara frunció el ceño y se acercó más, como si desafiar a Rubi fuera un juego.
—Eres una aguafiestas —dijo Clara con desdén
—. ¡Solo porque eres mayor crees que puedes hacer lo que quieras!
Fue entonces cuando algo extraño sucedió. Un impulso irrefrenable recorrió el cuerpo de Rubi y, sin quererlo, levantó una mano hacia Clara. Un destello de energía brilló entre sus dedos y, en un instante, Clara fue lanzada hacia atrás como si hubiera sido empujada por una fuerza invisible. La pequeña cayó al suelo con un golpe sordo. Rubi se quedó paralizada por el horror. No había tocado a Clara; simplemente había sentido una ola de enojo desbordarse dentro de ella.
—¿Qué... qué acaba de pasar? —murmuró Rubi para sí misma. Clara comenzó a llorar mientras se levantaba del suelo, sus ojos llenos de confusión y miedo.
En ese momento, los padres de Rubi entraron corriendo a la habitación.
—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó su madre con voz alarmada.
Rubi no sabía qué responder. Estaba tan asustada como Clara y no comprendía lo que había hecho.
—¡Ella me empujó! —sollozó Clara—. ¡No sé cómo!
La mirada de sus padres cambió al instante; sus rostros se tornaron serios y preocupados.
—Rubi... —dijo su padre en un tono grave—. Necesitamos hablar contigo.
Con el corazón latiendo con fuerza, Rubi siguió a sus padres hacia la sala de estar. La atmósfera era tensa y pesada; sabía que algo importante estaba por revelarse. Una vez sentados en el sofá, sus padres intercambiaron miradas antes de comenzar a hablar.
—Hay algo que hemos estado guardando desde hace mucho tiempo —comenzó su madre con voz temblorosa—. Siempre supimos que eras diferente... Rubi sintió cómo su mundo se tambaleaba bajo sus pies. —No eres nuestra hija biológica —continuó su padre—. Te encontramos hace años en nuestra puerta cuando eras solo un bebé...
Las palabras resonaban en la cabeza de Rubi como ecos lejanos. No podía procesar lo que escuchaba; todo lo que había creído sobre su vida se desmoronaba ante ella.
—Pero… ¿por qué nunca me lo dijeron? —preguntó Rubi con lágrimas en los ojos. Sus padres bajaron la mirada, avergonzados.
—Queríamos protegerte —dijo su madre—. Pensamos que si te tratábamos como a cualquier otra niña, podrías tener una vida normal...
La conversación fue interrumpida por un ruido proveniente del pasillo. Rubi miró hacia la puerta y vio una sombra moverse rápidamente antes de desaparecer detrás del marco. Un escalofrío recorrió su espalda mientras una extraña sensación le decía que no era solo su imaginación. Esa noche iba a ser diferente; sentía que algo estaba por suceder. Más tarde esa noche, mientras intentaba dormir con los pensamientos aún girando en su cabeza, escuchó un suave murmullo proveniente de su habitación. Con el corazón acelerado, se levantó y caminó hacia el lugar del sonido. Al abrir la puerta lentamente, se encontró con una joven misteriosa sentada en el borde de su cama. Tenía el cabello largo y oscuro como la noche y ojos brillantes llenos de sabiduría antigua. Rubi retrocedió un paso, incapaz de encontrar las palabras adecuadas para expresar su sorpresa y confusión. La joven sonrió suavemente y dijo:
—He estado esperándote... Y así quedó Rubi en suspenso, con el mundo humano detrás de ella y un nuevo destino esperándola justo enfrente.
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