No soy su tipo

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Summary

Arabella y Aidan, mejores amigos de por vida… inseparables desde que sólo tenían 6 años. Una amistad como cualquier otra, de esas que conoces cuando no eres mas que un niño, pero tienes la fortuna de conservar durante años. Eran polos opuestos en todo el sentido de la palabra, ella tenía un encanto singular que la volvía popular, pero un secreto oscuro que no quería revelar ante nadie, y él era tan estoico que escondía a la perfección el terror que sentía de no llegar a enorgullecer a su familia. Arabella era fuego, Aidan era hielo ¿qué sucede cuando se juntan…? El fuego derrite al hielo, y eso fue lo que sucedió. Tras un hilo de enredos que lo cambiarán todo entre ellos, Arabella y Aidan se enfrentarán a una pregunta que los aterra más de lo que habrían planeado alguna vez, en sus 13 años de amistad: ¿qué sienten realmente por el otro? ¿Amistad, o algo mucho más difícil de descifrar?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

ARABELLA CROWLEY.

Cuando me doy la vuelta para ver a la persona que duerme a mi lado, recuerdo por qué me sigo matando para estudiar.

Intenté hacer el menor ruido posible para no despertar al tipo a mi lado, ¿cuál era su nombre…? ¿Anthony? ¿Ander? ¿Tal vez era Asher…? No lo sé, ni siquiera me lo dijo, sólo me pagó y yo comencé a hacer mi trabajo, sin intenciones de generar conversaciones inútiles entre nosotros. Recogí los restos de mi ropa interior del suelo, el degenerado había destrozado mis bragas, ¿¡es que tengo cara de que cago dinero!? Soy maravillosa, pero no tengo poderes.

Como siempre intento ir un paso por encima de la humanidad, en mi bolso tenía un respuesto de mi ropa interior. Me cambié rápidamente en la oscuridad de la habitación, no quise abrir las cortinas porque alguien puede estar afuera; tras revisar que todas mis pertenencias estuvieran en mi bolso, guardé el fajo de billetes y me preparé para volver a la universidad. Revisé mi celular, de más de cuatrocientas notificaciones que tengo, únicamente le presté atención a una.

Marciano: Bella, se te volvió a olvidar tu plancha para el cabello en mi habitación. Una vez más y la venderé.

Leí el mensaje de Aidan, quien siempre debe recordarme que tengo que respirar para poder existir. Le dije que pasaré por ella más tarde, de todas maneras, no es como que Aidan salga mucho, en este momento seguro está en su cuarto, esperando su próxima clase, jugando videojuegos o leyendo alguno de esos libros con palabras excéntricas que me esfuerzo por comprender, pero nunca puedo.

Ya quiero salir de aquí.

—Oye, belleza —joder. ¿En qué momento desierto? ¡Incluso estaba roncando!—. ¿Cuánto por otro round antes de que te vayas?

Ni siquiera lo medité cuando ya descarté la idea, porque no me interesa aunque reciba mas dinero. El cuerpo me duele y ya tengo que volver, tengo tareas pendientes en la universidad.

—Ya tengo que irme, tengo clases —respondí con simpleza, buscando las llaves de la habitación.

—¿De verdad estudias? No creí que lo hicieras, ya que te va tan bien con ese cuerpo... —se me revolvió el estómago; el crujir de la cama me hace saber que el tipo se puso de pie, se me tensan los musculos, no quiero que se vuelva a acercar ni un centímetro—. Tendré que conformarme hasta otra noche...

—Ya me voy, con permiso.

No lo volví a mirar cuando ya salí del cuarto de la zona VIP del club, decorada de manera exótica con tonos rojos y negros, en un intento de crear una escenografía apasionada y sensual, capaz de ocultar las constantes perversiones que aquí se cometen. Me puse la capucha de mi sudadera y unos lentes oscuros, no quiero que absolutamente nadie me vea salir de este lugar, odiaría que alguien se entere de las cosas que hago para ganar dinero.

¿Me avergonzaba? Todos los días, pero no hay mejores opciones, al menos por ahora... tengo que pagar la universidad, mis gastos personales y ayudarle a mi mamá con su tratamiento. Cada vez que subo a un escenario o salgo de una de las habitaciones, me prometo a mí misma que seré tan estúpidamente rica que jamás tendré que recurrir a vender mi cuerpo para poder mantenerme.

Pero ese sueño parece cada vez mas lejano.

•••

La habitación de Aidan siempre huele a menta, libros e inciensos de lavanda que siempre lo obligo a prender, no entiende que todo el estrés que sufre puede atraer malas energías, y Aidan se estresa tanto como un gato obligado a bañarse. Todo siempre está ordenado y pulcro, es un obsesivo con la limpieza que incluso da miedo lo meticuloso que es… capaz de voltear todo patas para arriba si ve una sola mata de polvo.

—Aidan, ¿me vas a prestar atención o seguirás ignorando mi asombrosa presencia? —le aventé un peluche en forma del personaje de Venom, ¡ni siquiera así se inmutó! Irrespetuoso—. ¡Aidan Jangwon!

—Mi apellido no se pronuncia así, tonta.

—¡No es mi culpa que tu papá sea del otro lado del mundo!

—¿Puedes dejar de gritar? Me estás desconcertando.

Solté un bufido, Aidan suele ser un maldito amargado, desde tiempos remotos. Sus sábanas eran muy suaves, casi sentí que me abrazaron cuando me dejé caer en su cama, no logré llamar su atención, lo cual es extraño porque él siempre mantiene todo intacto, no puedo recostarme en su cama sin recibir un golpe en la nuca.

—Me pagan demasiado poco por ser tu amiga.

Aidan solo asiente con la cabeza y yo me revuelco en su colchón como un gusano, no parece interesarle mucho, tiene la cabeza metida en la laptop y no creo que tenga ganas de sacarla, típico de nerds como él, tal vez está haciendo alguna tarea importante o construyendo algo en Minecraft. En una esquina de su escritorio, encima de sus miles de comics y mangas, estaba mi querida y adorada plancha para el cabello, ¡amén! Pensé que la había perdido para siempre.

—¡Aquí está el amor de mi vida! —me extendí para tomar el aparato y lo abracé como si fuera mi mayor admiración, y lo era. Dependo emocionalmente de esa cosa—. Iba dejar que un auto me arrollara antes que salir con mi cabello al natural.

—¿Sigues odiando tanto tu cabello?

—Siempre lo haré. El lacio es más… apropiado.

—Tus rizos son lindos, Bella —lo añadiré a la lista de los únicos dos halagos que Aidan me ha hecho en los últimos 13 años, una vez me dijo que tengo buen olfato—. Si lo sigues planchando te vas a quedar calva, acéptalo de una vez.

—¡Mejor pídeme que me mate!

Aidan no mencionó nada más, como de costumbre, yo hablé y él escuchó, con el único sonido de las teclas y mi voz. Eso define a la perfección nuestra amistad, Aidan es el amigo más viejo que tengo, el más sensato, tranquilo, arrogante e irritable amigo que he tenido desde los 6 años, nunca me despegué de él después de conocerlo, a veces lo adoro y a veces lo odio, y Aidan, a veces me odia y otras… también, pero un poco menos.

Pero una cosa es segura: desde que conozco a este niño miope y medio friki, tengo la certeza de que le donaría mi riñón de ser necesario, y Aidan haría lo mismo por mí, —creo—. Eso hacen los mejores amigos, ahora estoy a punto de cumplir 20 años y sigo haciendo mi mejor trabajo, que es agotar su paciencia.

Sé que en el fondo me quiere, muy, muy en el fondo… en alguna remota parte de su alma enojona y agria que solo soporta a los gatos.

—Y luego fui a buscar el labial de la nueva colección de BillMore, ¿recuerdas que te lo dije? El tono atardecer que se parece al tono fuego, pero un poco menos rojo y más naranja.

—Lo recuerdo.

—¡Pero ya no estaba, Aidan! Se acabó media hora después de que lo sacaran, ¡media hora! —la vida no está de mi lado, ahorré durante semanas por ese labial, y de la tristeza me terminé gastando el dinero en una caja de donas—. El mundo me odia, ¿sabes?

—Qué delirio.

—¿¡Siquiera estás escuchando mis desgracias!?

—Querías un nuevo labial y no alcanzaste a comprarlo, saliste llorando del local y te compraste una caja de donas de fresa que seguro devoraste mientras llorabas. Sí te escucho, Bella.

Me sorprende cómo puede hablar y escribir a la vez, yo ya me hubiera reseteado. ¿Qué estará escribiendo que es tan importante? Me levanté de la comodidad de su cama, acercándome sigilosamente hacia él, sentado en la silla de su escritorio, su cabello negro y desordenado no me deja ver mucho, pero pude divisar que ya lleva 17 páginas escritas.

—¿Qué estás haciendo? —Aidan cierra la computadora de golpe, ¿qué demonios estaba escondiendo? ¿¡Acaso estaba escribiendo una novela erótica!? Mi estómago se revuelve de curiosidad—. ¿¡Aidan!?

—¿Sí, Bella? —se da la vuelta para ahora sí mirarme a la cara, después de siglos hablándole a la pared; tamborilea los dedos contra el reposabrazos y parpadea mucho, y no es porque su ceguera haya empeorado, porque hace poco volvió a cambiar de anteojos—. Te escucho.

—Me estás ocultando algo.

—Claro que no —esa cara de inocencia encubre a un buen mentiroso—. Es un proyecto sobre maltrato animal, sé que odias ese tema.

—No lo odio, ¡me hace llorar!

—Por eso no te dejaré leerlo, tonta —se pone de pie, su mirada intensa observa un punto específico en mi cuerpo y un hormigueo me recorrió la espalda, odio que me miren con desaprobación… en especial él—. Arabella.

—No quiero tener una charla motivacional ahora, Aidan.

Suspira con fuerza, ¿no lo he dicho? Me es demasiado fácil sacarlo de quicio, en especial respecto a ésto.

—Siempre les dices que no dejen marcas, ¿por qué dejaste que ese imbécil lo hiciera?

Si fuera cuestión de “dejar” que hicieran las cosas… todo sería diferente.

—¡No me di cuenta! No… piensas en ese momento, lo sabes.

—¿Cómo voy a saberlo? Nunca lo he hecho —comienza a buscar en sus cajones que divide por secciones, de su cajón de medicinas, saca una especie de pomada—. Siéntate.

—¿Qué vas a hacer?

—Que te sientes.

No se diga más. Me dejé caer en la silla de su escritorio, siempre quiere matarme cuando me siento ahí, pero esta vez no lo hizo. Se unta la pomada grasosa en los dedos y saca una moneda del bolsillo de su pantalón, ¿de dónde aprendió esto si nunca ha hecho nada…? Los conocimientos de Aidan me sorprenden cada vez más. Sus dedos se posan en la piel de mi cuello, justo encima del chupetón, aplicándola con cuidado. Me dio un escalofrío.

Hace algo raro con la moneda, comienza a frotar lentamente con ella, me quedé mirando su cara de concentración, con sus ojos de por sí rasgados entrecerrados y mordiéndose el labio inferior. Me recordaba al hermano mayor del protagonista de Grandes héroes, sólo que más greñudo, con anteojos y brackets.

—¿Por qué pones cara de estar practicando una cirugía?

—Renuncia, yo te ayudaré a pagar la carrera.

La misma discusión otra vez.

No lo culpo por insistirme en dejarlo, yo también he querido renunciar miles de veces, pero es más fácil decirlo que hacerlo. He tenido demasiados empleos y ninguno ha sido lo suficientemente bueno como para cubrir con todos mis gastos. Odio mi trabajo, haber tenido tantas manos en mi cuerpo me hace sentir… sucia, pero el dinero que gano me ha sacado de muchos problemas.

No tengo intenciones de renunciar por lo pronto. Puedo soportar un poco más por mí y por mi madre, me rehuso a que ella haga más de lo que puede, es difícil que la contraten después de que tuvo aquel accidente que averió sus piernas, dificultándole el caminar. Sólo quiero que esté feliz y tranquila… pero ni siquiera puedo imaginar lo que pensará de mí si se entera de que realmente no soy solo “encargada” en aquel club nocturno.

Solo una persona lo sabe, y es Aidan. No me apoya, pero jamás me ha hecho sentir menos por lo que hago, sé que es lo mínimo que una persona decente hace, pero cuando te rodeas de hombres con la mente podrida por la lujuria… agradeces a esos pocos que te ven como mujer, no como un cuerpo.

—Gracias, Aidan… pero ya te he dicho que no.

—¿Por qué eres tan terca? Arabella?

—¡Es demasiado dinero!

Se pasa una mano por el cabello, frustrado. Sé que Aidan tiene mucho dinero, pero nunca me aprovecharía de ello, quiero salir adelante por mi cuenta. En eso me parezco a mi madre, quiero salir de todo yo sola.

—No me pesa gastar, y menos en ti —da un paso hacia mí, su gran mano envuelve mi cabeza—. Por favor.

—Sé que te preocupas por mí, pero he estado ahorrando y en cuanto tenga lo suficiente, voy a salir de ahí —mis palabras no logran tranquilizarlo, Aidan sabe que le estoy mintiendo—. Te lo prometo, Aidan, y si tengo problemas… aceptaré tu ayuda.

—Me lo estás prometiendo, Bella. Las promesas no se rompen —su dedo amenazante me señala, y yo solo puedo reír, intentando restarle importancia a todo esto—. Venderé tus tacones en una tienda de segunda mano si me mientes.

—Me consta —me veo obligada a cambiar de tema, como siempre suelo hacer. Le quité la moneda a Aidan, lanzándola por los aires hasta que volvió a caer en mi mano—. ¡Cayó cara!

Me arrebató la moneda, con su cara de odio al universo.

—¡No es justo! Ya no dejamos que la moneda decida.

—¡Nunca dijimos eso! O sea que es mi turno de decidir la película.

—Siempre lo haces, Arabella Crowley —afortunadamente, nuestras peleas eran por cosas mínimas, como escoger la película de nuestra noche de cine cada viernes—. Cuando vimos Soy leyenda, lloraste y tuve que poner El diablo viste a la moda por tercera vez en el mes para que te calmaras.

—¡Mató a su perrita!

—¡Estaba infectada, tonta!

—¿¡Tú me matarías a mí!?

—¡Obvio! —ya no hay amistades, solo conocidos—. Cuando vimos El juego de Ender te quejaste porque era muy larga y me obligaste a ver 27 bodas, ¡tú siempre eliges!

—¿Y por qué te dejas? Es tu culpa por hacerme caso.

—Eres insoportable, ya sal de mi cuarto.

—Okay, ¡pero hoy veremos Guerra de novias!

—Una comedia romántica más y caeré en la demencia…

—¿¡Qué dijiste!?

—Que te vayas, Bella.

•••

Como la estudiante de Arquitectura responsable que soy, solo llegué 6 minutos tarde… ya me jodí. Después de mi pequeña visita a la habitación de Aidan, tuve que salir corriendo a mi cuarto para ponerme un oufit decente, porque salir desarreglada jamás será una opción para mí. Corrí por todo el maldito campus que parece una ciudad entera, odié por un momento que James Carrington fuera tan grande.

Llegué a la clase de Diseño arquitectónico con el maquillaje intacto pero los tobillos temblando, —no corran con botas altas, es mala idea—. El profesor Hussain desempacaba su maletín, la clase estaba a punto de iniciar cuando abrí la puerta, todos los presentes me miraron como la intrusión que soy.

—Seis minutos tarde, Crowley —me mira con decepción y resignación—. Dos retardos equivalen a una falta.

—Lo sé —tragué saliva, una falta más y perdería el derecho a entrar a esta clase—. ¿Puedo pasar? No se va a repetir.

—Perdí la cuenta de las veces que me ha dicho lo mismo —se talla su barba canosa, no creo que esté acostumbrado a tener alumnos impuntuales, es decir, esta es una de las mejores universidades del país, de la que no me han expulsado sólo porque pago un pulmón y medio cada semestre. Con dinero baila el perro—. Adelante.

Gracias al cielo.

Me adentré rápidamente al fondo del salón, todos están escribiendo quién sabe qué, hay mucha teoría innecesaria en esta clase. Tomé asiento a lado de cierto ser vivo que no pudo evitar reírse de mí, se lo perdoné solo porque se ve preciosa con ese nuevo rubor coral y porque es mi mejor amiga, las papas fritas de mi hamburguesa, el amor de mi vida.

—Buenas noches, ¿ya cenaste? —qué chistosa—. Puedo prepararte algo, corazón, ya que decidiste honrarnos con tu presencia.

—Creí que yo era dramática hasta que te conocí, preciosa —saqué la carpeta de mi bolso, tengo que ponerme al corriente antes de que el profesor me mate con esa mirada que me está dando—. Se… se me hizo tarde allá con mamá, y luego olvidé mi plancha en la habitación de Aidan.

—Ah… Aidan —una sonrisa misteriosa se forma en sus labios, quiero jalarle los aretes—. Tu novio no oficial.

—¿Tú también con eso, Blair?

—¿Qué quieres que haga? ¡Todos los vimos en la fiesta de Saúl!

—Por milésima vez, no pasó nada —quiero cerrar el tema, pero Blair no se rendirá hasta obtener una buena respuesta—. Es mi mejor amigo, ¿es tan difícil de creer?

—¡Obvio que lo es! Yo también decía que Soren era solo un amigo, y ya sabes cómo terminó.

—Eso es diferente, ustedes dos nunca se vieron realmente como amigos —me quiero arrancar los oídos cada que asumen algo entre Aidan y yo, es… incómodo—. Nos conocemos desde niños, es como… mi hermano, algo así.

—¿Y por qué se fueron los dos solitos ese día? Al cuarto que usan específicamente para las parejas que van a… ya sabes.

—¡Porque Aidan estaba abrumado! Sabes que no es bueno para estar en sociedad, no quería dejarlo solo mientras yo me ponía hasta el culo de alcohol —inhalé aire para tranquilizarme, no es la primera vez que creen que me estoy comiendo a Aidan, y probablemente no será la última—. Sí, soy cercana a él y las cosas se pueden malinterpretar, pero en la lista de hombres a los que me tiraría, no está ni en el último puesto. No entra en la lista, ni yo en la suya.

—Bueno, te creo… es que me gusta hacerte enojar —se ríe de mi desgracia, se lo permití por el día de hoy—. Sé que son amiguitos y todo eso, pero se verían lindos juntos.

—Me vería más bonita con un cuchillo en la tráquea.

Afortunadamente, Blair aprende a no decir tonterías y hablamos de temas más importantes, como la nueva línea de zapatos que llegó al centro comercial y cuánto aborrecemos a los hombres, mientras hacemos nuestro trabajo pendiente. Los viernes no hay muchas clases, ya que se utilizan para los clubs a los que era obligatorio entrar: uno cultural y otro deportivo, pero como soy parte del equipo representativo de Danza moderna, puedo estar solamente en uno.

Estoy a punto de terminar el esquema, agradezco que Hussian nos permita usar colores, odio hacer trabajos neutros y sin personalidad.

—Oye, Bella —Blair mi susurra al oído, conspirando en contra de la humanidad—. Alguien te ha estado observando mucho.

—¿Eh? —fruncí el entrecejo.

—Allá, esa chica no ha dejado de verte en toda la clase —señala al otro lado del aula, a esta chica… ¿cómo se llamaba? No lo recuerdo, pero es una computadora andante, como Aidan. Si no mal recuerdo, su nombre es Grace—. ¿Eso será normal?

—Yo creo que sí —encogí los hombros, no me molestan las miradas de las chicas bonitas, al contrario de los miradas de los hombres… esas las aborrezco—. Aunque nunca he hablado con ella.

—Yo solo una vez, aunque he compartido muchas clases con ella desde el primer semestre, es… peculiar.

—No seas así, Blair, solo es callada.

—¡No! No lo digo de mal modo, es que una vez estaba leyendo el libro que me prestaste sobre la princesa y el vampiro, y ella llegó de la nada… a decirme que debería leer cosas que fueran literatura real —hace una mueca extraña que me hace reír—. No sé si lo dijo de manera genuina o solo bromeando, pero… fue raro, ¿sabes?

Bueno, eso sí es extraño, pero hay cosas peores. Hay niveles de rareza, por ejemplo, Aidan es raro porque tiene un humor sin ningún tipo de sentido y a veces se comporta como un robot, pero hay personas raras a nivel… tétrico, que incluso dan miedo. Considero que Grace es el primer tipo, tiene una personalidad diferente y un modo de pensar muy distinto a nosotras, y eso está bien.

Cuando la clase terminó, recogimos nuestras cosas para ir a nuestra siguiente clase, lamentablemente no estaba con Blair. Separarme de ella durante cada clase era como separarme de mi esposa con la que tengo dos hijos y un gatito para irme a la guerra, pero tengo la suerte de que pagó para compartir habitación conmigo, cada autoridad en este instintuto es sobornable si le ofreces la cantidad correcta. ¿Saben con qué baila el perro? Sí, con dinero.

Salí del salón tras despedirme del profesor, pero antes de continuar, una voz que no reconocí me detiene:

—¡O-oye, Arabella!

Me di la vuelta para averiguar quién era, francamente no esperé que se tratara de Grace, jugueteando con sus dedos y sin mirarme a los ojos, como si estuviera hablando con el mismísimo presidente y no con una simple compañera de clase. Esbocé la sonrisa más amable que pude, no quiero que la gente tenga miedo de hablar conmigo.

—¿Qué tal, Grace? —por su expresión, creo que no esperó que supiera su nombre—. ¿Necesitas algo?

—Sí, eh… h-hola —no había visto a alguien tan nervioso desde que unos idiotas me pagaron para que le quitara la virginidad a uno de sus amigos—. Probablemente te parece raro que esté hablando contigo, ¿no?

—No es así, somos compañeras desde hace tiempo. ¿Te puedo ayudar en algo?

La veo dudar mucho, reflexionando si decir lo que sea que piensa decir, o darse la vuelta y marcharse. No la presioné, soy experta en dejar que las cosas fluyan con los introvertidos, porque tengo a Aidan. Solo permanecí atenta hasta que decidiera hablar.

—Es una pregunta rara, pero quería saber… —evade mi mirada en todo momento—. ¿T-tiene algo con… Aidan Janwgon, el presidente del consejo estudiantil…?

Otra vez la misma pregunta.

—¡No, no! Absolutamente nada, solo somos amigos —solté una risa, algo nerviosa. ¿Por qué le interesaba eso?—. ¿Por qué lo preguntas?

Tomó aire con fuerza, como preparándose mentalmente.

—Es que me… Aidan me… —tanta duda me puso tensa, ¿qué pasaba con Aidan? ¿Por qué tanta vacilación?—. M-me gusta.

Oh, ya.

¿¡Escuché bien!?

—¿Te qué, linda?

—Me gusta Aidan, desde hace… tiempo.

Si me hubiera dicho que Aidan la amenazó de muerte con una servilleta y un libro de Física, me hubiera desconcertado menos. No quiero sonar grosera, mucho menos con mi mejor amigo… Aidan es increíble, el hombre más honesto y comprensivo que conozco, pero no es exactamente el prototipo de hombre que las mujeres buscan, él mismo lo ha dicho, aunque no parece importarle. Esto no había sucedido antes, nadie nunca me ha confesado tener sentimientos por Aidan, fue una sensación peculiar.

¡Esto tiene que celebrarse!

—Wow, eso es… ¡wow! —me hice una historia entera en la cabeza mientras reía—. ¿Por qué no se lo dices?

—Ni siquiera sé cómo acercarme —sus mejillas pálidas se tiñen de rojo—. No tengo experiencia con los hombres como tú, nunca he tenido novio.

—¿Ya has hablado con él?

—Solo una vez, para que aprobara mi proyecto para mejorar las regaderas del gimnasio —se cubre el rostro con una mano—. Como no lo conozco muy bien, me da miedo hablarle y quedarme estancada en la conversación, ¿sabes? Por eso quise acercarme a ti —encogió los hombros—. Por si… podrías darme algún consejo o… ayudarme de alguna forma.

—¿Quieres que… te ayude a conquistar a Aidan?

—Sí, um… algo por el estilo.

Vaya, las vueltas de la vida. Aidan me mataría si entera de lo que estoy a punto de hacer, pero… ¿qué más da? Ya he hecho cosas peores, como reiniciar accidentalmente su partida en uno de esos videojuegos que siempre usa, dejó de hablarme por una semana hasta que le compré un poster de Death note y un libro para colorear de Spiderman.

—Está bien, lo haré.

—¿¡En serio!? —sus ojos azul pálido se iluminan.

—¡Claro! Lo intentaré… porque Aidan es tan rígido como una roca.

—Lo sé, pero tú lo conoces mejor que nadie… ¿sabes qué tipo de mujeres le gustan?

Buena pregunta, jamás me la había planteado… ni siquiera lo sé, solo recuerdo que llegó a mencionar que Moana le parecía la princesa más bonita, hace quién sabe cuantos años.

—No lo sé, probablemente tú.

—¿Yo? —se ríe, como su el solo pensarlo resultara imposible—. No, no creo…

—¿Por qué lo dices? ¡Eres lindísima, Grace! —lo dije con completa sinceridad, Grace es literalmente el prototipo de la mujer perfecta que todos los hombres tienen, es decir, entra en todos los estándares de belleza posibles, yo palidezco a su lado… sí, la mayoría me encuentra bonita, porque uso una máscara llamada maquillaje… con la que cubro cada desperfecto—. Tienes cabello lacio y bonito, piel blanca, ojos azules, facciones hermosas, un cuerpazo… ¡incluso eres bajita! Créeme que a todos los hombres les gustan las bajitas. Eres el tipo de cualquiera.

La vi dudar de la veracidad de mis palabras, ¿se habrá visto en un espejo? Es increíble cómo algunas de las mujeres más hermosas que he visto en mi vida, ni siquiera sepan que lo son.

—¿E-eso crees…?

—¡Claro! Te será muy fácil enamorar a Aidan, tienen mucho en común. Encajarán de inmediato —chasqueé los dedos para probar mi punto—. Tú confía en mí, ¿sí?

Grace asiente, y ese momento para mí, fue como si selláramos un negocio entre dos prestigiosas empresarias. He hecho de Cupido muchas veces en mi vida y casi siempre termina bien —incluso les va mejor de lo que a mí me va en el amor, qué envidia—. Aunque esta vez es diferente, es Aidan de quien hablamos, la persona que casi llora ácido cada que le pongo una película romántica o ve una pareja en su radar, puedo contar con los dedos las veces que hemos hablado de relaciones o amor, así que será difícil sacarle información y hacer que se abra en el tema. Pero Aidan y Grace congeniarían bastante bien, les gustan las mismas cosas y creo que tienen las mismas metas, si hay un tipo de chica que puedo visualizar derritiendo el hielo alrededor de Aidan… es Grace.

Haciendo el trabajo de Cupido, parte… ya no recuerdo.