Amor A Primer Cliché

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Summary

¿Qué pasa cuando una chica decide juntar todos sus clichés literarios favoritos? Pues... acaba escribiendo esta novela. Alexandra Martínez ha pasado 21 años esperando su momento de gloria. A la pobre todavía no la han besado. Y no es que no quiera, es que está convencida de que un beso es algo tan especial que solo debe entregárselo a esa persona... pero claro, la vida no es un cuento Disney. Este verano parecía ser el momento perfecto para ello.... hasta que tuvo que regresar el maldito Oliver Cross de su año de estudio en Barcelona. Ni que decir, que, como mejor amigo de su hermano mayor, nuestra Álex lo detesta... o mejor dicho lo detestaba porque la verdad es que... -¡Joder, narradora! ¡Que vas a desvelar todo! -protesta Alex, hundiendo la cara entre sus cojones de High School Musical. Vale, vale... no diré más. Solo te adelanto que ese verano lo cambió todo. Quizá porque Alex dejó de verse como una niña... o porque el verano hace que cualquiera se desmelene un poco ¿no? ¿Quieres saber qué hizo para acabar castigada TODO el invierno? Mejor pasa al siguiente capítulo...

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

ALEXANDRA

El último día de clases puede compararse con el último escalón antes del paraíso. Sabes que queda poco para tocar la gloria...

Eso pienso mientras miro cómo el segundero del reloj de la clase del señor McKinsey se mueve a una velocidad tan extremadamente lenta que me parece hasta doloroso seguir contemplándolo.

—12:30.

Aún me quedan dos horas y media para terminar este suplicio diario. Además, no solo terminaré otro estresante año académico, sino que finalizaré mi primer año como universitaria en la Escuela de Arte y Diseño de Moda de California.

No puedo creer que hayan pasado nueve meses desde que dejé España para cumplir mi sueño de estudiar moda en Estados Unidos. Y sí, puede que mi futuro profesional se haya visto influenciado por el programa de televisiónEmily in Paris, aunque, viendo dónde he acabado, puedo decir a boca llena que el resultado ha sido del todo espléndido.

La vibración de mi móvil me devuelve a la realidad de un salto. Muy sigilosamente, saco el dispositivo del bolsillo de mi chaqueta de cuero negra favorita (diseñada por mí, evidentemente) y contemplo sonriente el nombre de la emisora del mensaje:

Candels:Joder, A, estoy tan nerviosa e ilusionada de que llegues mañana que no puedo ni dormir. ¿Puedes subirte ya a ese maldito avión? O sea, ¿cuánto tiempo más voy a tener que esperar a que regrese mi renacuaja?

—“Renacuaja”... Pero será descarada. Después de toda una vida juntas, sigue echándome en cara que es apenas un mes mayor que yo.

Yo:¿¿¿Cómo que renacuaja??? Tendrás poca vergüenza... Yo también te echo de menos, idiota. Te prometo que volveré antes de que te des cuenta.

Candels:Eso espero, por aquí está todo vacío... silencioso... necesito a mi dupla, además, solo quedan dos semanas para tu súper cumpleaños y, como espero que recuerdes, tienes una promesa que cumplir...!!! 🌚

Yo:Mira que eres pesada, Candela. ¡Que sí! Venga, ahora te dejo, que aunque algunas estén arropadas plácidamente en sus camitas, yo aún estoy en clases y, si sigo mirando para abajo en vez de atender... ¡me van a llamar la atención!

Guardo el móvil y activo el modo “No molestar”. No pienso dejar que la única sanción de todo el año sea el último día... y encima por despistarme en clase.

Aunque Candela tiene razón, solo quedan dos semanas para mi cumpleaños. En quince días cumpliré veintidós, la edad en la que mis padres se conocieron. No puedo evitar que un escalofrío me recorra la espalda al pensar que en menos de cuarenta y ocho horas volveré a casa y podré verlos. Solo imaginarlo hace que me escuezan los ojos y una lagrimita amenace con escaparse.

Vamos, Alex, solo un poco más—me digo a mí misma en voz baja, en un intento de tranquilizarme.

Sin darme cuenta, el sonido del timbre anunciando el fin de la clase hizo que me girase bruscamente para comprobar que, efectivamente, ya habían dado las 13:15.

Cojonudo—murmuro con una sonrisa victoriosa. Solo me queda una hora más para irme a casa, terminar de empacar y plantarme en el aeropuerto para esperar, impaciente, que mi vuelo de las 19:30 despegue.

Recojo mis cosas con calma, asegurándome de no olvidar nada, y me dirijo al aula de mi última clase del año. Por suerte, me toca con Madame Jones, una auténtica gurú de la moda que nos enseña cómo algo tan “superficial” como la ropa puede convertirnos en seres únicos y diferentes.

Por el camino, alguien choca contra mí, haciendo que mi bolso caiga y todas mis cosas queden esparcidas en el suelo.

—Joder, ten más cuidado... —antes de que termine la frase, levanto la vista para encontrarme de lleno con Kelly Niman y su troupe de secuaces.

—Ups... Lo siento, cachorrita, no me había fijado de que ibas por mi camino —se disculpa con falsa molestia mientras que el resto de chicas se ríen al compás.

Sin decir nada más, pasa por mi lado y continúa como si nada.

Putas ricas malcriadas—me digo para mí misma en un intento de mantener la calma. Nadie, y mucho menos la petarda de Kelly, va a arruinar mi día.

Mientras termino de recoger el desastre, una mano amiga se apresura a ayudarme.

—¿Otra vez la bruja californiana haciendo de las suyas? —me pregunta Klaudia con cierto tono burlón.

Klaudia es la única amiga que he conseguido hacer durante mi primer año en la escuela. Es una chica sencilla, segura de sí misma y, sobre todo, tan obsesionada con la moda como yo.

—¿Qué voy a decirte que no sepas a estas alturas, Klau? Más teniendo en cuenta que es tu hermanastra —le contesto intentando mantener su mismo tono.

Así es: Klaudia y Kelly son hermanastras. No puedo entenderlo. Se han criado juntas, pero parecen de mundos opuestos. Cuando la madre de Klaudia murió, poco después de que ella naciera, su padre se casó en menos de cinco años con la madre de Kelly. Y oye, no voy a culparlo: la señora Niman es guapa, elegante... pero, igual que su hija, carece de la empatía mínima para parecer humana.

—¿Te piras ya? —me pregunta Klaudia arqueando una ceja al ver que la contemplo más de lo normal.

—No... aún me queda una última clase —respondo rápido, apartando la mirada y guardando las últimas cosas en el bolso.

—Te voy a echar de menos, Alex. No sé qué haré sin ti este verano —me responde con una mezcla de humor y tristeza.

—No seas tonta, Klau. Te prometo que te escribiré todos los días, a todas horas... si es que tengo algo interesante que contar, claro —bromeo, aunque por dentro sé que yo también voy a echarla de menos.

—Más te vale. Si no, cuando vuelvas tendrás a toda la jauría Niman encima —advierte con una sonrisa que no logra tapar del todo su nostalgia.

—Pinky promise —digo a la vez que extiendo mi dedo meñique. Ella pone los ojos en blanco, pero lo entrelaza con el mío.

Después de una despedida en la que puede que alguna lagrimilla cayera, me dispongo a entrar en la que será mi última clase del año.

Tomo asiento y, junto al resto de la clase, espero en silencio a que Madame Jones llegue. Tras una hora y media de reloj, por fin soy libre para irme.

De vuelta a casa en el metro, no puedo evitar contener la emoción que cada vez va creciendo más y más. Estoy segura de que todo aquel que me mira pensará que estoy pirada o algo, aunque, siendo sinceros, a estas alturas ya no me importa.

Al llegar a casa, termino de cerrar la maleta y reviso el bolso por octava vez para asegurarme de que llevo lo esencial: DNI, pasaporte, cascos, cacao...

Perfecto, todo listo—me digo a mí misma satisfecha.

Una hora después, estaba bajándome del taxi que me dejaba justo en la entrada del aeropuerto.

Miro la hora en el móvil:

16:30. Vale, genial. Tengo tiempo para acercarme a comprar algo de comer y pasar la aduana de sobra—así que, tras recoger, me pongo rumbo a ello.

Tras una breve batalla con el personal de seguridad por mi botella de agua de avena de 102 ml (aparentemente peligrosa para la aviación internacional), me encuentro por fin sentada en mi asiento 12A.

Justo cuando voy a activar el modo avión, aparece en la pantalla el mensaje que estoy segura que cambiará no solo mi verano, sino mi vida entera...

Diego:Niñata, avisa cuando llegues. Te estaremos esperando en la puerta de afuera, no me pierdas la maleta.

Por cierto, este verano Oliver se quedará en casa durante las vacaciones.