Pelaje y Sangre - Detective Veterinario

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Summary

El Dr. Gabriel es un veterinario tranquilo… o al menos eso cree todo el mundo. Su clínica de barrio atiende desde perros callejeros hasta caballos de carrera, pero tras su bata blanca y su sonrisa amable esconde un don: ve patrones en heridas, olores y comportamientos que nadie más nota. Cuando un hombre aparece muerto frente a su consultorio y el único testigo es un perro ensangrentado, la policía lo descarta como un caso menor. Gabriel, en cambio, sabe que algo no encaja. Los cortes no son de accidente, el animal no es de la víctima… y alguien está dispuesto a matar para que la verdad no salga a la luz. A medida que sigue las pistas —huellas de barro que no deberían estar, un loro que repite una frase comprometedora. Gabriel se adentra en una red de tráfico ilegal, corrupción y secretos que podrían costarle la vida. En una ciudad donde todos tienen algo que ocultar, el mejor detective no siempre es policía… a veces, es quien sabe escuchar a los que no hablan.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1- El perro y el muerto

La lluvia había dejado la calle húmeda, con charcos que reflejaban las luces amarillas de los postes. Eran las seis y media de la mañana cuando el Dr. Gabriel giró la llave de su clínica. El frío le calaba las manos, y el olor familiar de desinfectante y alimento balanceado lo recibió como cada día.

Pero no estaba solo.

A pocos metros de la entrada, un can mestizo grande, de pelaje negro y de ojos asustados, lo miraba fijamente. Tenía sangre en su lomo tembloroso y a su lado, detrás de la repisa de fármacos yacía el cuerpo de un hombre.

Gabriel dejó caer las llaves al ver el cuerpo inerte. Empezó a temblar y observar a su alrededor y vio un rastro de huellas de lodo por la puerta trasera de la veterinaria pasando la sala de hospitalización y llegando al cadáver.... Y luego las mismas huellas iban desapareciendo en la oscura calle. Pero el veterinario con experiencia supo que eran huellas de un can, pero no de uno normal.

Se agachó para evaluar al animal

- Tranquilo... susurró estirando la mano.

Nadie te va hacer daño.

El perro desconfiado gruñó, pero no retrocedió de cuerpo. Era un gruñido bajo, como de advertencia más que de ataque. El cuarto empieza a tener un aroma metálico y penetrante que solo un veterinario podría reconocer al instante. El olor a putrefacción y sangre.

El se incorporó, mirando al hombre en el suelo. No tenía signos de pelea pero logró ver una herida de rasguños visibles en su camiseta y espalda.

En ese momento, escuchó pasos apresurados detrás de el. Un oficial que entraba a la veterinaria, apareció jadeando.

- ¿Doctor Gabriel? - dijo sin saludar. Necesitamos que no toque nada.

- En la madrugada recibimos una llamada de uno vecino por escuchar disturbios en su clínica.

Gabriel hizo caso, no tocó nada. Pero en su mente ya estaba trabajando. Había visto esas marcas antes... pero no en persona... sino en animales de presa.

Miró al perro.

- Tú sabes quien hizo esto ¿verdad?

El animal como si lo entendiera, soltó una mirada y un ladrido leve.