GANAR SIN TI.

Summary

-Te esperaré, aunque no vuelvas... aunque el mundo me diga que te olvide y solo me quede en medio de el silencio de no saber qué fue de ti. 100% mía. ✅ No adaptaciones. ✖ Personajes oficiales de J.K Rowling . ✨

Genre
Romance
Author
Lყɱ
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1


Harry y Draco salían en medio de la guerra, o más bien desde quinto, al principio las cosas fueron raras, pero avanzaron, logrando tener algo estable, pero secreto, cuando Draco fue marcado Harry lo apoyo y lloro con él, después cuando Draco era prefecto y hacía vigilancia escucho algo en el bao de los prefectos, y grata fue su sorpresa al ver que era Harry, esa noche Draco no volvió a las mazmorras hasta el siguiente día, y volvió con un secreto, uno que solo quedo entre Harry y él.

La guerra cada vez iba peor, y Draco cada vez se alejaba más por todos los problemas y por miedo que sospechen que salía con Harry.

Harry lo había logrado, Voldemort ya era solo cenizas, polvo, nada, ya eso era, era nada, Harry se apresuro a ir hacía el castillo muchos aplaudieron y otros solo lloraron de felicidad y tristeza por los seres que habían perdido, Harry buscó con la mirada a Draco... no estaba.

Busco por todos lados del castillo, hasta en lo que quedaba de las mazmorras, y la desesperación ya se estaba apoderando de él.

-¡Harry, eres un héroe!

-¡Lo lograste!

Harry ignoró todo eso y se apresuró a ir a un rincón donde vio a Pansy Parkinson junto con Zabini y Nott.

-¿Dónde está Draco?

-No se sabe, también lo buscábamos, después de la pelea se fue con Narcissa y Lucius, o eso dicen.

Harry dejo de escuchar lo que ella decía, su respiración se hacía pesada.

-¿Estas bien? Sabemos lo que significa para ti.-dijo Zabini.

Harry solo asintió y se fue, algo le decía que nada estaba bien.

Pasaron los meses y muchos mortífagos habían desaparecido, y muchas dirían que “escaparon”, pero no, nadie había escapado, hasta cuerpos de mortifagos desaparecían, Bellatrix Lestrange, Greyback, los hermanos Carrow, Antonin Dolohov y Augustus Rookwood, todos los más fieles estaban desapareciendo sin dejar rastro, y entre esos los Malfoy.

Harry cada día sin falta iba a la oficina de Kingsley a preguntar si no había nuevas noticias.

¿Alguien sabía que le había pasado a Draco Malfoy?

El desespero de Harry lo llevó a no alimentarse bien y estaba en la enfermería acompañado por Ron y Hermione cuando Kingsley interrumpió con su presencia.

-Narcissa Malfoy ha aparecido, esta en San Mungo, está al borde de la muerte.

-¿Qué le paso?-pregunto intentando mantener la calma.

-Fue encontrada en un bosque, estaba inconsciente, no ha querido decir mucho, aunque la verdad su estado no es el mejor, así que no le hemos exigido nada, pero cuando llego y despertó estaba desesperada.

-¿Y Draco?

Hermione y Ron miraban preocupados a Harry.

-No sabemos, probablemente haya huido con ellos.

-Tengo que ir a verla.

Harry se apresuró a levantarse de la camilla y ponerse sus zapatos.

-No estás solo en esto, Harry.-dijo Hermione.

Solo asintió y salió corriendo.

No era posible que Draco lo haya dejado solo.

La habitación en San Mungo estaba iluminada solo por una pequeña lámpara y la luz que entraba por la ventana, Harry entró sin hacer ruido.

Narcissa Malfoy no esperaba ninguna visita, menos a él, ella yacía en la cama envuelta en sábanas blancas que apenas podían contener la fragilidad de su cuerpo maltratado, debajo de las sábanas muchas vendas con sangre seca envolvían sus extremidades. Sus ojos cansados se fijaron en Harry con una mezcla de sorpresa, dolor y una tristeza tan profunda que parecía que rogaba algo con la mirada.

Harry se acercó con lentamente sentándose en una silla que había cerca de la cama.

-No esperaba verte aquí -susurro como si le doliera el simple hecho de hablar-. Pero supongo que tampoco esperaba sobrevivir, así que ya nada debería sorprenderme.

-Necesito saber qué pasó, necesito encontrar a Draco.-soltó sin discreción, en serio estaba desesperado.

Narcissa parpadeó, como si luchara contra su propia mente.

-Fue peor de lo que cualquiera pueda imaginar... cuando Lucius y yo nos llevamos a Draco, nos detuvimos cerca de un bosque, unos hombres aparecieron, todos con mascaras, no eran mortifagos, ellos nos dejaron inconscientes y desperté en una celda, nos torturaron... física y mentalmente, cada día era un infierno que se repetía sin fin, nos dividieron, y había muchos más, todos estábamos en la misma situación porque todos lo seguimos.

Harry sintió que su pecho se rompía un poco más con cada palabra.

-Pasamos meses en ese lugar, y cuando dijeron que nos trasladarían a un lugar peor, pensé que era el final.-ella apretó los labios, sosteniendo un dolor que parecía desbordarla.- Pero cuando todo parecía perdido, Draco y Lucius hicieron algo con lo poco que les quedaba, me ayudaron a escapar... me sacaron de allí sin importarles lo que les pudiera pasar.

Narcissa cerró los ojos un momento, como si reviviera la agonía, ella movió su mano a la mesita donde estaba una varita y con las pocas fuerzas que tenía la levantó y extrajo de su mente un recuerdo.

Narcissa, con lágrimas en los ojos, susurró:

-Tómalo, por favor, tómalo, es todo lo que me queda de esa noche, ayúdame a encontrarlos.

Harry sostuvo la varita y el recuerdo con manos temblorosas, sintiendo la intensidad de un dolor que no era solo de ella, sino de todos los que amaban a Draco.

-Lo hare, prometo que lo hare.- Harry guardo el recuerdo en un frasco que encontró y le dejo su varita cerca, antes de irse se detuvo.- Gracias por mentirle a Voldemort.

Al irse y regresar al colegio se infiltro en la oficina que era de Dumbledore y uso el pensadero, sumergiéndose al ver como el recuerdo se hacía visible.

“Draco caminaba con cautela, sosteniendo con cuidado a Narcissa, estaba débil, ambos lo estaban. El rostro de él era más pálido y marcado por el sufrimiento, se esforzaba por mantener en pie, luchando con su propio peso y el de su madre.

Estaban en un lugar que se veía apunto de caerse.

-Madre, aguanta -susurró con voz firme- No podemos rendirnos ahora.

Narcissa abrió los ojos viendo a Draco, su hijo estaba con moretones y hematomas visibles, sangre seca en su rostro y con un ojo morado.

-Draco... no... por favor...-dijo ella o lo intento, sus labios estaba secos y partidos y lágrimas rodaban por sus mejillas sucias, su mano temblorosa se aferró con desesperación al brazo de su hijo, no quería soltarlo, no estaba lista para separarse... Ninguna madre lo estaba.

Draco apretó la mandíbula y trago fuerte al ver el desespero de su madre él solo sujeto la mano de ella y sonrió.

-No puedes quedarte aquí, no puedo permitir que mueras aquí, no así... padre solo tiene la suficiente magia para solo una persona.

Ambos escucharon unos pasos apresurados y el sonido de estos hizo eco en las paredes que aún estaban en pie, hombres sin rostro estaban cerca, sus varitas brillaban con una luz fría y amenazante.

Lucius Malfoy apareció intentando correr inútilmente, se veía herido y agotado.

-Draco... no hay tiempo, debemos enviarla lejos.-por primera vez su voz sonaba temblorosa.

Draco giró para mirarlo, el miedo en sus ojos era grande, quería aferrarse a su madre, pero sabía que su padre tenía razón. Narcissa, con un esfuerzo sobrehumano, apretó las ropas de su hijo negándose a separarse de él.

-No me voy sin ti -murmuró desesperado- Draco... por favor.-la mujer miro a su esposo.- Lucius, sálvalo a él.- Lucius la miro y una lágrima escapo de sus ojos.

-Él me rogo para que seas tu quien se vaya...-confesó.

Narcissa miro a su hijo y Draco sintió que un nudo se formaba en su garganta. Lucius se acerco hacía ellos con miedo, sin duda era miedo. Los pasos se acercaban cada vez más.

-¡Draco, hazlo, sueltala! Ella debe sobrevivir.

-Debes irte, no hay otra opción.-se aferró a Draco con más fuerza, como si en ese último contacto pudiera quedarse con su hijo para siempre.

-Perdóname, pero ninguno de los dos vivirá sin ti, Cissy.- dijo llorando para después gritar un hechizo desconocido, no uso varita, pero solo con gritarlo bastó para que el cuerpo de Narcissa reciba el impacto que la sacó de los brazos de Draco con una violencia brutal, su cuerpo voló por el aire, alejándose con fuerza imparable y que la dejaría a kilómetros de distancia.

Draco intentó extender las manos para alcanzarla, para sostenerla una vez más, pero la distancia creció con cada segundo. Narcissa antes de que la distancia la separa de todo lo que amaba pudo ver a su hijo rodeado por enemigos, luchando contra el destino que los separaba, Draco la miraba feliz, como si le bastara con que ella viva.

-¡Juro que te encontrare! ¡Jamás me cansare de buscarte! -grito llorando antes de ver a las dos personas que más había amado en su vida siendo capturados y golpeados.

El sonido de su voz resonó como un eco de promesa eterna en el corazón de Draco.”

El recuerdo llego a su fin, Harry saco su cabeza del pensadero y sus ojos brotaban lágrimas sin control, debía encontrarlo, Harry fue corriendo y busco a Kingsley y la búsqueda comenzó.

. . . .

Las luces parpadeaban tenuemente en la oficina del Ministerio de Magia, Harry Potter revisaba expedientes y mapas con una concentración casi obsesiva, la mayoría de sus compañeros habían dejado el trabajo, para irse a sus casas, pero Harry permanecía allí, con la mirada fija y el corazón aún atado a un nombre que se negaba a olvidar.

Draco.

Años habían pasado desde aquella guerra devastadora, desde la última vez que sus caminos se habían separado en medio del caos y la desesperación. El mundo parecía haber seguido adelante, pero Harry seguía buscando en cada rincón, cada pista, cada susurro que pudiera guiarlo hacia él.

Ron y Hermione le habían insistido en que debía dejarlo ir, que debía vivir su vida, pero Harry sabía en lo más profundo que no podía renunciar a esa esperanza.

De vez en cuando, tomaba el recuerdo que Narcissa le había dado, era lo único que le recordaba la voz de Draco, el que debía buscarlo, ayudarlo, sacarlo de ese sufrimiento.

-Todavía estas ahí afuera... ya voy amor, prometo encontrarte.

En la mesa frente a él tenía un montón de pergaminos, mapas y reportes sobre avistamientos y desapariciones que aunque lejanos, no podía descartar.

Draco debía estar vivo, y el lo iba a encontrar, sin importar que pasara su vida entera buscándolo, si se hizo auror es para encontrarlo, para cuando aparezca abrazarlo y nunca separarse de él.

Un poco cansado miro el techo que tenía una pequeña ventanilla de cristal que mostraba las estrellas que brillaban, si ellas se podían mantener brillantes en la oscuridad Draco también podría, Draco era fuerte, inteligente. Cerro los ojos y unas lágrimas escaparon, su corazón latía cada día con fé y esperanza, no importaba cuan oscuro este el camino, lo iba a encontrar.

. . . .

El Ministerio de Magia había cambiado mucho en la última década, pero no tanto como Harry Potter.

Ya no era el joven de mirada brillante que todos recordaban tras la guerra, ahora era el Jefe de Aurores, un poco más alto, más firme, más silencioso... y con toda su fe puesta en algo que todos creían imposible, una que no aparecía en los mapas ni en los libros.

La mañana era helada, tomaba café mientras revisaba unos mapas.

-¿Señor Potter?-Harry alzó la mirada, y vio a Jenkins, uno de sus aurores más jóvenes, quien estaba pálido y agitado.

-Encontramos algo... creemos que es él, el hombre detrás de las desapariciones de los mortífagos.

Harry se quedó inmóvil y derramo un poco de su café.

-¿Dónde?

-Al norte de las montañas de Värmland, es una fortaleza multiuso y hay un informe que dice que podrían estar vivos algunos magos... magos de sangre pura y los Malfoy están en la lista.

El corazón de Harry se detuvo por un segundo, se paro rápidamente de su silla causando un sonido horrible, y se puso un abrigo con apuro...

Draco... iba a ver a Draco.

-Preparen un equipo completo, quiero que estén listos en 30 minutos, viajaremos a Suecia.

-Pero es muy poco...-El chico no dijo nada al ver como Harry lo miraba.- En 30 minutos estará el equipo.

Tal y como ordenó viajaron en 30 minutos.

Las montañas suecas eran heladas, el frío se sentía hasta en los huesos, y el cielo parecía negarse a dar calor solar. El escuadrón de aurores se movía con precisión mientras inspeccionaban la fortaleza enterrada entre rocas y hielo.

Harry tenía frio, pero no le importaba eso, ni el hecho de solo cargar el mismo abrigo que se puso en su despacho, su cuerpo y su mente solo podía estremecerse ante la idea de volver a Draco, estaba nervioso, y su corazón parecía como si en cualquier momento iba a salirse de su pecho.

Harry se volteó y ahí la vio, estaba con una ropa que daba entender que apenas se entero vino lo más rápido posible.

-Narcissa.- saludo Harry.

Ella giró lentamente, el tiempo no había sido amable con ella, sus ojos estaban hundidos, y debajo de estos habían grandes ojeras, pero su mirada seguía siendo inquebrantable.

-¿Es verdad? -pregunto sin mirarlo, Harry solo asintió ya que el nudo en su garganta no lo dejaba hablar.- He esperado más de once años, pensé que no volvería a ver su rostro, pero si esto es real... si mi hijo está allí...-el sollozo que escapo de sus labios no la dejo terminar.

Harry puso una mano en su hombro.

-Entraremos juntos, no la dejare.

Un auror se acerco a Harry para avisarle que ya habían podido abrí el portón después de tirarle miles de encantamientos.

Al entrar una nube de polvo salió como si nadie había abierto esa puerta en años, y el olor de putrefacción se hizo presente haciendo a más de uno sacar una mueca. Las paredes estaban cubiertas de musgo, sangre seca, y muchas varitas en el suelo ya sin dueño.

Los aurores alumbraban y Harry avanzó primero, sus pasos eran pesados, como si el mismo tiempo quisiera detenerse para evitar que entre. La varita de Harry temblaba en su mano y al adentrarse cada vez más vio algo... en una pared que quedaba en lo más profundo.

No solo fue Harry quien se detuvo al ver esto, fue Narcissa y los aurores.

-No...-murmuro ella y luego como si ya no pudiera contener aquel dolor que había mantenido bajo control por más de una década gritó, gritó con un sonido que nadie se imaginaba que podía salir de sus labios- ¡DRACO! -el eco de ese grito reboto en las paredes y cayó al suelo.

Harry cayó de rodillas junto a ella, no podía respirar, podría jurar que vomitaría, que el aire ya no existía, que su corazón se detenía, intentaba cerrar sus ojos, pero estos ni parpadeaban al ver la escena.

La pared era enorme, gigante, en ella habían brazos con marcas tenebrosas y bajo cada brazo había una placa con el nombre de su dueño en grande. Los brazos se veían bien organizados pero había tres que destacaban.

“Bellatrix Lestrange. (La más leal)”

“Lucius Malfoy. (Le entrego su casa)”

“Draco Malfoy. (Recibió un abrazo)”

El pecho de Harry subía y bajaba como si se fuera a romper en cualquier momento.

-¡DRACO! ¡NO! ¡NO, POR FAVOR, NO!

Se arrastró hacia adelante, con los aurores intentando detenerlo, sus manos se estrellaron contra el suelo frío, contra la sangre seca, contra los restos de lo que jamás debió ser visto.

La placa de Draco destacaba al estar en color plateada y en el centro de todos las demás y su brazo tenía hasta la varita a un lado.

-¡No puede ser! ¡¡NO PUEDE SER!!-grito una y otra vez, se volteó sin levantar hacía los aurores que observaban todo.- ¡MALDITA SEA BUSQUEN! ¡Esto no es de él! ¡BUSQUEN! -el último grito causo que todos se adentraran a habitaciones y puertas.

Narcissa con el rostro cubierto de lágrimas susurraba cosas que ya no tenían sentido, rogaba, llamaba a su hijo, una y otra vez.

-Mi niño... eso no es de mi hijo... Draco... Draco... por favor, no me puedes hacer esto.

Harry golpeó el suelo, golpeó hasta que sus nudillos sangraron, uno de los aurores intentó tocarle el hombro para detenerlo, pero Harry lo apartó con furia.

-¡NO ME TOQUES! ¡NO SE MERECÍA ESTO! ¡NO ASÍ! ¡YO NO SALVE EL PUTO MUNDO PARA ESTO! -nadie dijo nada, todos ellos habían visto como se mato años buscandolo, sabía que estaba destrozado, solo lo vieron y guardaron silencio por respeto. El gran Harry Potter, Jefe de Aurores, el salvador del mundo mágico lloraba sin consuelo.

Lloró como nunca ante, como un niño abandonado, como un amante que nunca pudo decir“lo siento”.

Narcissa quien se encontraba cerca de él miraba el brazo de su hijo y esposo, lo poco que quedaba de brillo en su mirada se había ido, ya no era la gran bruja que fue un día, la que con su presencia lograba estremecer a más de una persona, solo era una madre, una madre que había perdido todo, una la cuál le habían arrebatado toda esperanza desde la raíz.

Minutos largos pasaron, todo en silencio, ya no había gritos, solo silencio, ningún auror se atrevía a romperlo, pero muy aparte de Narcissa hubo uno que no era auror que si lo rompió con una risa, una aqueresa, retorcida... peor que la risa del mismísimo Voldemort.

-Ah...-una voz eufórica resonó desde una celda encantada y improvisada hecha por aurores.- ¡Eres tú! Mírenla... ¡ahí está! ¡La que se me escapó! ¡¿Me recuerdas?

Harry giró lentamente, viendo a un hombre siendo vigilado por aurores de mayor rango, el hombre cargaba ropa que parecían harapos, la piel de este era casi gris y su rostro estaba lleno de cicatrices y suciedad.

-Pensé que ya estarías muerta.-rió el hombre.- Pero no... claro que no, los Malfoy son como cucarachas... nunca mueren, o eso parece.- Narcissa no se movió, pero algo en su rostro al escucharlo cambio.

Harry que aún tenía las manos manchadas con su propia sangre apretó su varita con fuerza.

-¿Sabes cuántas veces soñé con este momento? -pregunto el hombre, arrastrando los pies por los barrotes mágicos-. Ansiaba volverte a ver para conversar todo lo que paso, tu hijo...lloró, el pequeño mortífago lloró por ti, ¡Suplicó para que no vaya por ti! -dijo con diversión con una voz chillona.

Harry se puso levanto y se acercó al hombre.

-¡Ah, eres tú! -dijo riendo aún más fuerte.- ¡El salvador! ¡El novio del pequeño Mortífago! Él dijo tu nombre... ¡hasta el último segundo! “¡Harry, Harry, Harry!” -imito con voz infantil.- ¡Como si al decirlo aparecieras a salvarlo! Era muy testarudo.

El cuerpo de Harry temblaba, sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas y el sonido que hacía al respirar sonaba más como un sollozo reprimido.

-¡Me olvide del padre! ¡Lucius murió primero! ¡Y rogó! ¡Rogó por su hijo! ¡Por el pequeño! “¡Por favor, déjalo a él, mátame a mi!“, gritaba y gritaba, así que por eso lo mate primero.-expreso como si fuera un salvador.

Harry tiro un hechizo a la celda y una puerta apareció abriéndose y se tiro encima del hombre, los aurores lo intentaron detener, pero Harry fue más rápido y los golpes caían una y otra vez, el puño contra la carne ocasionando que la sangre salpique y que el rostro del hombre quede cada vez más deforme.

-¡DILO OTRA VEZ!

El hombre escupió sangre y sonrió.

-Lo amabas, ¿no?

Harry se quedó helado y detuvo su puño.

-¿Lo tocabas? ¿Lo besabas? Él te quería, Potter y nunca dejo de gritar tu nombre mientras se desangraba, mucho menos cuando le corte su brazo.

Harry levantó el puño una vez más, temblando, sus ojos ya no veían al hombre, solo su mente le proyectaba el dolor que debía sufrir Draco, pero antes de darle otro golpe algo lo detuvo.

-¡HARRY! -grito Narcissa ya de pie, ni ella sabía como había logrado pararse, pero estaba de pie.- ¿Matarlo traerá de vuelta a mi hijo? -pregunto y su mirada reflejaba que ya no tenía nada que perder.

Harry no respondió, solo bajó el brazo, se levanto y retrocedió un paso, jadeando como si hubiese corrido diez kilómetros.

-¿Vienes a llorar también? “Mamá... mamá... te amo” -se burló con voz temblorosa.- ¡Hasta tú siendo la reina de hielo te hubieras reído!

Narcissa Malfoy levantó su varita, la sostuvo con la misma elegancia que usaba para sostener una copa de cristal, pero sus ojos eran de odio, odio puro, Harry al verla retrocedió alejándose del hombre.

Ella murmuro palabras antiguas, y una magia desconocida vibraba en la varita de Narcissa, algo que no era ni de este tiempo ni de esta guerra.

-Frangere corpus, vincere animam.

Una luz negra salió disparada de su varita, con tanta delicadeza y rapidez, llegando a parecer al agua de un río corriendo con pesadez, el hechizo impactó al hombre en el pecho.

No lo lanzó hacia atrás, no lo mató de inmediato, pero se vio como cada hueso colapsaba desde adentro, la carne se despegaba en hilos lentamente, y la piel se abría sin sangrar, el hombre se removió como un títere sin cuerdas, como un cuerpo sin huesos, gritó, gritó como nadie había gritado jamás, los aurores miraron con horror, pero al nadie intervino.

El hombre se removió por minutos hasta que los hilos de carne se volvían polvo, y después lo que quedaba de cuerpo fue polvo también.

Al hechizo terminar nadie dijo nada, solo se escuchó el suspiro de Narcissa, quien bajó la varita.

-Matarlo no traerá de regreso a mi hijo, pero cuando la muerte me reclame, sabrá que no partí sin hacer justicia con mis propias manos... que fui yo quien selló el final del hombre que lo hizo suplicar.

Harry la miro con el rostro empapado en lágrimas y sudor y no la juzgó, no pudo, porque vio por primera vez lo que era el duelo de una madre que había perdido todo.

. . . .

El funeral no fue en la ancestral cripta Black o de los Malfoy, fue en un paraje remoto, lejos del Ministerio, lejos del bullicio, lejos de todo lo que podía lastimar lo que quedaba de Draco y Lucius.

El lugar estaba lleno de flores, y árboles, y en la tierra había dos tumbas, para Draco y Lucius, hijo y padre.

-¿Quiere que diga unas palabras? -preguntó Kingsley de la forma más respetuosa posible.

Pero Narcissa negó con la cabeza.

Tenía los dedos entrelazados, blancos de la presión, sus ojos estaban fijos en los ataúdes, en su vida entera.

Harry estaba detrás de ella, respiraba como si tuviera el corazón en llamas, vestía de negro, pero parecía como si no supiera ni siquiera la diferencia de los colores. No hablaba, no hacía nada, solo miraba el nuevo hogar de a quien le fallo. El entierro comenzó, las varitas bajaron lentamente los cuerpos de ambos hombres a la tierra.

Y fue entonces cuando Narcissa se tambaleó, no gritó como madre histérica, fue peor, dio un paso hacia adelante y detuvo a los aurores.

-No... no los pongan allí, ellos aun respiran...aún respiran en mí.-Ella giro hacía Harry- ¿Sabes lo que es enterrar tu mundo entero? -le preguntó mirándolo, con los ojos cubiertos por lágrimas que no caían-. ¿Sabes lo que es enterrar a tu hijo y a tu esposo juntos... mientras tú sigues aquí?

Harry no pudo hablar solo bajó la cabeza.

-No debería estar viva... quiero irme tras ellos, no quiero vivir sin ellos, sin mi hijo... era un niño, debía vivir, merecía vivir, merecía reir, ser feliz, contigo o con quien sea, pero lo merecía, yo no lo cuide...-ella se llevo una mano al pecho.- Yo... lo solte, los solte, los deje.

Y entonces ella se quebró aun más..

El llanto no fue suave, fue desesperado y toda la calma que había fingido se fue.

-¡Draco! ¡DRACO! -Harry corrió a sostenerla antes de que cayera de rodillas.- ¡Me los arrebataron ¡ME LOS QUITARON! ¡¿Por qué?! ¡DEBÍA MORIR YO! ¡REGRESAME A MI HIJO! ¡TE LLEVASTE A MI HIJO!

Harry ya no pudo más y se dejo caer frente a las tumbas y lloro.

-Draco... no te vayas...amor.

Nadie se atrevía a hablar, Ron y Hermione observaban desde lejos, tomados de la mano, con lágrimas cayendo.

-¡Regresa! ¡REGRESA, MALFOY! ¡ERES UN COBARDE POR IRTE SIN DECIR ADIÓS! ¡Te busqué! ¡TE BUSQUÉ TODOS ESTOS AÑOS! ¡PERO TE ENCONTRÉ DEMASIADO TARDE!- Harry pone su frente en la tierra-Te amé, Draco, te amo, te espere, te espere tanto, y ya no se como vivir sin ti.

Narcissa acarició el borde del ataúd de su hijo como si lo acariciara a él, como si fuera su hijo.

-Tenía las manos frías -susurro-. Pero la voz más cálida del mundo, Lucius le decía que hablaba demasiado, y si, solía hacerlo, nos contaba cuanto te odiaba en las vacaciones, o bueno cuanto fingía hacerlo... espere tantos años en vano.

Harry sujeto la mano de Narcissa, y lloraron juntos, el chico huérfano con el corazón roto y la madre sin hijo, y también la esposa viuda.

Los ataúdes descendieron lentamente y la lluvia comenzó, nadie se cubrió, y con cada centímetro en que bajaban los ataúdes Harry sentía que algo dentro de él se iba con Draco.

-No quiero vivir sin ti -murmuró entre sollozos-. No me importa el mundo, la guerra, la victoria, lo único que quise, eras tú, hubiera entregado el mundo entero solo para que estés aquí, sin importar que no sea conmigo, sin importar nada.

Narcissa cerro los ojos.

-Silencio, que descansen sin gritos.

El funeral se terminó, todos se fueron, incluida Narcissa, pero Harry se quedó ahí por horas, Ron y Hermione lo cubrían de la lluvia sin decir nada. Harry solo seguía con las manos sobre la tierra, y con el corazón enterrado junto al único hombre que le dio paz.

-Espérame, Draco... que algún día... yo también me iré.-repetía una y otra vez.

. . . .

La tarde cayó sobre la mansión Malfoy, el cielo se había teñido de gris, la reja de hierro estaba entreabierta, y sin vigilancia, como si la casa misma hubiera dejado de defenderse del mundo.

Harry entró a la mansión, no había elfos que lo recibieran, no hubo velas flotantes y hasta los retratos se mantenían en silencio y lo veían sin importante, uno de ellos lo quedo mirando sin expresión.

-En el salón del ala este.

Harry agradecía, pero el retrato solo suspiro y alzó los hombros, siguió por donde le dijeron y al fondo del salón se encontraba Narcissa Malfoy sentada en una silla junto a un ventanal, con una manta sobre las piernas y una taza de té frío que parecía que se había quedado a la mitad desde hace horas. Narcissa tenía el cabello recogido, sus ojos estaban fijos en el jardín abandonado y parecía una estatua... o alguien que ya no pertenecía a este mundo.

Harry se detuvo en la entrada y pensó si era conveniente hablar.

-No habrá cargos contra usted, lo del asesino no será considerado crimen.

Ella giró lentamente el rostro hacia él, sus ojos sin importar las veces que llorara seguía con esa fuerza.

-¿Y crees que eso me importa?

-No, pero necesitaba decírselo.

Ella volvió a mirar el ventanal.

-La justicia humana es una caricia comparada con el castigo que me fue dado.-ella miro las ramas que golpeaban el vidrio.- Durante tantos años seguí a un hombre que nos prometió poder, pureza, gloria y yo le creí.

Harry la escuchaba con atención aun desde la entrada.

-Le creí cuando vi morir a hijos de muggles, hijos que tenían madres, madres que quedaron destrozadas por nuestras decisiones, pensé que el precio no nos tocaría, pensé que ni precio había, que nosotros éramos intocables solo por seguir a una persona, pero el universo no olvida y la muerte tampoco.

Ella lo miro con una seriedad más antigua que el mismo apellido Black, o que el mismísimo Merlín, pero sin importar cuanta seriedad era sus ojos estaban húmedos.

-Mi castigo es vivir, respirar cada día en esta casa en donde sólo quedan ecos y pensar en todas las veces que creí hacer lo correcto, cuando en realidad solo caminaba hacia el abismo. Lucius ya no está, era mi esposo, el hombre con quien compartí cada error, cada silencio, cada miedo-ella hizo una pausa para respirar profundamente- Y Draco...mi hijo, lo único verdaderamente bueno que tenía, lo que amaba más que a la pureza de sangre que defendí por años... él era mi redención y lo perdí. ¿Sabes que es lo peor?

-¿Qué cosa?

-Que no puedo matarme, no por cobardía, sino porque Draco prefirió que yo viviera, quería que yo viviera, y no puedo matarme, siento que cargo con la vida de mi hijo, con la decisión de él, pero es absurdo, ya lo perdí.

Harry camino y se sentó frente a ella.

-Usted no lo perdió, él se lo arrebato.

Narcissa negó con la cabeza.

-No, lo perdí mucho antes, cuando no lo salve a tiempo, cuando le enseñé a callar, cuando lo obligué a cargar el peso de nuestras decisiones, él tenía diecisiete, Potter y ya había visto más muerte que vida. No puedo culpar a ese hombre, el solo hizo eso con mortífagos, mi hijo no era uno, tenía una marca, pero él nunca quiso matar a alguien, murió por culpa mía, falle como madre.

Una lágrima rodó por su mejilla y no hizo nada por limpiarla.

-Cada amanecer es una sentencia y cada noche un juicio, porque me despierto en una casa donde no hay pasos, no hay puertas abriéndose, no hay voces llamándome “madre” o “querida” solo hay silencio.

Harry se froto los ojos, sentía que si hablaba algo se rompería dentro de él.

Narcissa se levantó lentamente, dejando su taz e té sobre una mesa, caminó hacia una vitrina, donde había una botella de cristal, sirvió una copa y bebió.

-La habitación de Draco sigue intacta, no he cambiado nada, no puedo, puedes subir, sabes donde queda, pero si entras no muevas nada, no toques nada, que todo quede donde él lo dejó.-Narcissa dejo la copa ya vacía y se volvió a sentar mirando lo que antes era un bello jardín.- Si ese cuarto cambia, si se rompe ese último recuerdo, ya no quedará nada de él en este mundo, y entonces... quizás yo también deje de respirar.

Harry asintió, y se comenzó a alejar para ir a la habitación de Draco.

-Ahora entiendo a Molly Weasley, cuando la vi derrumbarse sobre el cuerpo de su hijo, pensé que yo jamás sería capaz de mostrarme así de mal, pero es porque no sabía lo que era ese dolor, ahora lo conozco y lamento cuantas madres lloraron por mi culpa... pague el dolor de ellas con él mío, con lo único bueno que tenía.

Ya Narcissa Malfoy no era una madre en luto o una esposa viuda, era una mujer condenada, su castigo no era la soledad, era seguir viva sin quienes amaba.

Harry subió la escaleras y al estar frente a la puerta, la abrió, el interior del cuarto estaba impecable, una cama amplia, sin hacer, un mueble con frascos ordenados por color, una estantería con libros, y el aire... aire que tenía su olor.

No lloró al entrar, ni al ver la cama, ni al tocar la bufanda verde y plata aún colgada detrás de la puerta, lloró cuando vio la fotografía, la que estaba sobre el escritorio, cuidadosamente enmarcada en plata.

Era una foto de ellos dos, tomada cuando aún se encontraban en secreto, en ella Harry reía, y Draco lo miraba con “enojo”, pero en la foto salía igual sonriendo, cuando la imagen se reiniciaba... otra foto aparecía, una en donde Harry le besaba la mejilla y Draco cerraba los ojos.

Harry la tomó con las manos temblorosas, sus dedos no podían mantenerse firmes, pero no la soltó, las lágrimas cayeron como un torrente brutal, como si el cuerpo hubiera esperado este momento exacto para desangrarse, desangrarse de la manera más pura posible, con sangre transparente que caían de sus ojos..

Cayó acostado al suelo.

-Yo gané la guerra... gané todo para poder vivir contigo, pero... ya no estas... te busqué...te busqué por años y cuando al fin te encontré solo quedaba...-Harry no fue capaz de pronunciar el brazo.- No te pude salvar, Draco, ¡Te fallé! -grito entre sollozos, como si fuera él quien se moría- ¡TE FALLÉ!

Se arrastró hasta la cama y se sentó en el suelo, abrazado a la fotografía, susurros incoherentes salían de su boca, perdón tras perdón, como una plegaria que quería ser escuchada.

-Cuando muera... iré a buscarte, y te pediré perdón por toda la eternidad, de rodillas, te suplicare... ni un millón de vidas... me alcanzan para decirte cuánto lo siento.

El cuarto quedó en silencio, y ahí, Harry Potter entendió algo que nadie más sabría... que ganó la guerra, pero perdió al único por quien estaba dispuesto a vivirla.

THE END.