Prólogo
A sus veinte años, ChanYeol pensaba que su vida era bastante buena. Si bien no provenía de una familia sumamente rica, podía darse el lujo de estudiar psicología en una ciudad diferente a la suya. Era el mejor promedio de su clase, y aunque algo introvertido, se rodeaba de un pequeño grupo de amigos que lo hacían sentir como en casa.
Entre ellos, BeomGyu era el más especial. Lo había ‘adoptado’ desde el primer día en que se sentaron juntos, y aunque su personalidad era todo lo contrario a la de ChanYeol -extrovertido, divertido y siempre en busca de nuevas aventuras-, una profunda complicidad había nacido entre ellos. Se entendían sin palabras y, fuera para estudiar o simplemente para pasar el tiempo, siempre estaban juntos. BeomGyu, con su vida desenfadada, su amor por las fiestas y su relación con Choi YeonJun, era el contraste perfecto de ChanYeol, pero su amistad más cercana. A pesar de lo que ChanYeol pudiera ver a su alrededor, nunca se había sentido más aceptado.
Después estaban Soobin y HueningKai, una pareja de estudiantes en busca de un compañero con quien compartir un pequeño departamento cerca de la universidad. Aquel primer encuentro fue un mar de silencios incómodos; la timidez que compartían los tres parecía alargarse cada segundo. Pero, poco a poco, ChanYeol comenzó a acostumbrarse a su presencia. Entre charlas tímidas y risas que surgían sin previo aviso, la distancia se acortó, y la amistad terminó echando raíces, floreciendo con una naturalidad que ninguno había planeado.
ChanYeol adoraba a sus amigos, pero había momentos en los que, incluso rodeado de risas y voces conocidas, sentía cómo una soledad sutil y persistente se acomodaba en su pecho. Jamás había tenido una relación, ni siquiera una cita fugaz; siempre había estado demasiado absorto en sus estudios, empeñado en mantener las mejores calificaciones de la generación. Y, antes de llegar a la universidad, el amor no había sido más que un espectador lejano en su vida: un puñado de historias que encontraba en las novelas que leían sus madrugadas o en las torpes tramas de las comedias románticas que veía en sus contados ratos libres.
A menudo se preguntaba cuándo llegaría esa persona capaz de hacerle perder la razón y despertar en él el deseo de entregarlo todo, simplemente por existir. ChanYeol tenía un corazón inmenso, forjado en un hogar donde el amor se respiraba a cada instante. Sus padres le habían enseñado a amar sin reservas, a envolver con ternura a quienes quería; en su infancia nunca faltaron los abrazos cálidos, los besos en la mejilla ni las palabras que lo reconfortaban en los momentos difíciles.
—¿Cuándo? —se preguntaba ChanYeol cada noche, con la mirada perdida en el techo de su habitación—. ¿Cuándo podré dejar salir todo este amor que crece en mi corazón?
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La vida de Byun BaekHyun era cualquier cosa menos tranquila. Como heredero de la empresa fundada por su padre, su día a día se desarrollaba en medio de un caos constante: reuniones interminables, montañas de papeleo y el suplicio de tratar con personas a las que, de buena gana, mandaría por un tubo antes siquiera de terminar su primer café. A todo ello se sumaba su temperamento, que dejaba mucho que desear. No es que fuera un mal jefe… al menos no todo el tiempo. Sin embargo, su perfeccionismo lo llevaba a regañar a su asistente unas tres veces al día, casi por costumbre. BaekHyun, en resumen, podía ser francamente insoportable.
Sin embargo, eso no cambiaba el hecho de que fuera uno de los hombres más codiciados del mundo empresarial. BaekHyun no solo era atractivo: su porte elegante y su rostro de rasgos finos ejercían una fascinación casi hipnótica. Su figura esbelta y su carisma natural lo convertían en un imán para las miradas; hombres y mujeres por igual suspiraban por conseguir, aunque fuera, un instante de su atención.
Era una lástima —o tal vez un alivio para algunos— que BaekHyun solo se interesara por hombres, y que las migajas de atención que repartía fueran, en efecto, solo eso. Era un jugador en toda la extensión de la palabra: disfrutaba coquetear, alimentar ilusiones con un par de cenas y, a veces, permitir que lo llevaran a sus camas. Porque sí, siempre era a sus camas; jamás a la suya. Abrirles la puerta de su hogar significaría otorgarles una esperanza que BaekHyun no estaba dispuesto, ni en sueños, a ofrecer.
SeHun, su mejor amigo, solía rogarle que sentara cabeza. Según él, a los treinta y cinco ya debería estar pensando en su segunda adopción, no en seguir jugando a tener novios de día y medio… dos, si acaso, cuando la suerte estaba de su lado.
BaekHyun pensaba que su amigo era un tonto. No creía en las relaciones; para él, eran una pérdida de tiempo y energía, un terreno inestable donde nada estaba garantizado y todo podía derrumbarse en cuestión de segundos. No deseaba sentirse atado a alguien para toda la vida, y ni siquiera estaba seguro de ser capaz de amar lo suficiente como para considerar el matrimonio.
BaekHyun había dejado de creer en el amor a los treinta, y cualquiera que intentara acercarse solo obtendría, en el mejor de los casos, un romance fugaz de una noche. Nada ni nadie podría cambiarlo.
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Hola! Soy Ivy Huening. Este es mi primer fanfic; originalmente inició como un AU de Facebook, sin embargo, considero que hacerlo fanfic es lo mejor. Espero que les agrade 💓
