Prólogo:
Perspectiva de Luke:
Antes del fuego, antes del vuelo, antes de las promesas rotas... existíamos solo como niños. Tres almas entrelazadas por risas, tardes de sol y sueños sin límites.
Tyler, el muchacho de sonrisa clara y espíritu noble. Luke, de mirada profunda, reservado, con un mundo entero dentro de su pecho. Y Roxana... la risa que unía nuestras almas. La chispa que convertía los días grises en aventuras. Éramos inseparables. Como si el universo hubiera querido que nuestras historias se escribieran juntas desde el inicio.
Corríamos por los pasillos de la preparatoria de Nashville como si el mundo no pudiera tocarnos. Luke siempre caminaba un paso detrás de ella, observándola en silencio. Él la amaba. Siempre la amó. Pero nunca le dijo. Guardó su corazón tras una muralla de silencios y suspiros no pronunciados, mientras Tyler reía a su lado sin notar que el amor, a veces, también duele en silencio.
Y entonces, todo cambió.
Una noche sin luna, cuando las calles dormían y la ciudad soñaba tranquila, hombres sin rostro nos arrebataron del mundo. Tyler y yo. Dos adolescentes convertidos en propiedad de un laboratorio escondido bajo tierra, donde los gritos se apagaban tras paredes de acero y ciencia torcida.
Fueron semanas —o tal vez meses, el tiempo se volvía líquido allí abajo— de pruebas, agujas, dolores que no sabíamos poner en palabras. El experimento buscaba crear “la evolución perfecta”: fuerza, vuelo, fuego, sombras... naturaleza domada por la voluntad humana.
Y funcionó. Oh, cómo funcionó.
A mí me dieron el fuego. Y con él, la capacidad de leer todos y cada uno de los pensamientos detrás de cada mente. A Tyler, lo conectaron con el viento, con la vida, con una fuerza que no parecía de este mundo.
Pero no todo poder es una bendición. Cuando comprendimos para qué nos querían, yo supe que no podía seguir siendo parte de aquello. Se lo dije a Tyler. Se lo dije entre susurros, mientras el eco de las máquinas aún rugía:
“No puedo hacer esto... porque yo la amo, Ty. Amo a Roxana. Y no puedo convertirme en un monstruo sabiendo que ella sigue allá afuera. Viva. Pura.”
Pero él no entendió. O quizás no quiso entender. Éramos distintos. Él soñaba con ser un símbolo. Yo solo quería justicia... y libertad.
La discusión encendió algo más profundo que los poderes. La amistad se quebró. Y en medio de la tensión, planeamos la fuga.
Nos escapamos, sí... pero no sin antes cerrar ese capítulo con fuego. Fui yo quien quemó ese lugar. Lo hice por todos los que nunca saldrían. Por nosotros. Por mí. Y luego me escondí. Me convertí en sombra. En lo que ellos querían que temieran.
Tyler regresó a la ciudad como un héroe. Contó la historia como le convenía:
“Luke se volvió loco. Luke destruyó todo. Luke es peligroso.”
Y la sociedad, hambrienta de ídolos y temerosa de lo que no puede controlar, le creyó.
Yo, en cambio, me convertí en una amenaza. Una leyenda oscura susurrada entre callejones. Un nombre que Roxana, quizá, aún guarda en lo más profundo de su memoria.
Pero la historia no terminó ahí. Porque el amor que se calla... siempre regresa.Y las sombras, tarde o temprano, buscan la luz que las hizo arder.