Prólogo.
Una vez conocí a un hombre.
Él era todo para mi.
Mi vida, mi alma y mi sangre.
Sin embargo, yo para él era tierra, trono y bienes. Una moneda de cambio que le serviría para asegurar su propio pellejo.
Un objeto que podría ser remplazado, vendido a su mejor postor.
Tarde o temprano comprendí mi destino, y junto a él descubrí los errores que nos llevarían hasta este momento:
Él eligió incorrectamente a la chica.
¿Y yo? Yo confié ciegamente en mi padre.