𝚅𝚎𝚛𝚍𝚎
𝑷𝒓𝒊𝒎𝒆𝒓 𝑨𝒏̃𝒐
Cuando Aurore Bennett recibió su carta no hizo más que sonreír, había oído hablar a su madre incontables veces sobre el colegio que le ayudaría a contener su magia, eso había sido antes de que falleciera cuando Aurore solo tenía siete años, desde entonces no había vuelto a hablar.
Su padre había intentado por cuatro años que su hija le dijera algo, la más mínima palabra, pero Aurore no emitía ningún sonido ni siquiera al llorar. Había llegado a tal punto de aprender lenguaje de señas para lograr comunicarse con Aurore, ambos habían aprendido a sobrellevar la muerte de su madre a su manera.
Evan Bennett tuvo que arreglárselas para entender a su hija al morir su esposa, ¿Que sabía un muggle sobre criar a un niño mágico? Absolutamente nada y lo había aprendido a la mala cuando a los 9 Aurore congelo la cocina en un ataque de pánico. "Magía accidental" leyó en un libro, frecuente en niños que aún no sabían canalizar su magia.
Su hija era especial, lo había sabido desde su nacimiento, sabía que su esposa había sido una bruja, que su hija sería igual a ella. Pero más allá de sus habilidades mágicas, Aurore era especial en muchos otros sentidos, o al menos a los ojos de un padre soltero que no tenía más en el mundo.
A Aurore no le gustaba salir de casa, no iba a la escuela, no tenía amigos en su amigable vecindario, solo pintaba. Amaba dibujar todo lo que veía, se sentía en paz consigo cuando lo hacía, tenía una armonía con los colores que no podía explicar, ella no solo los veía, vivía a través de ellos. Cada uno de sus recuerdos se ligaban a un color: Su primer recuerdo fue como abrir los ojos ante una intensa luz amarilla, la muerte de su madre era roja, el primer caballete que su padre le compro era azul... Y esa carta de aceptación, era verde.
—Querida señorita Bennet —leyó su padre sin que Aurore despegará los ojos del papel donde dibujaba un pez beta verde—. Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios. Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio. Muy cordialmente, Minerva McGonagall Subdirectora. ¿Acaso no te emociona?
Aurore sonrió, dando su aprobación con el pulgar. Su padre le regreso la sonrisa sabiendo que ella no lo notaría. Estaba acostumbrado a la falta de atención que su hija presentaba, lo distraída que podía llegar a ser, lo único que podría concentrarla era dibujar. Evan leyó la carta una vez más, para el mismo. La lista de materiales incluían artefactos y libros que no iba a conseguir tan fácil en Londres, suspiró al no tener una tarjeta de instrucciones.
Aurore se levantó del suelo, dejando sus lápices de colores de lado, alzó el dibujo frente a su padre sin importarle que siguiera inmerso en la carta, su pez beta era perfecto. Evan miro los ojos de Aurore, uno turquesa y otro verde, sonriendo una vez más.
—Es bellísimo —tomó el dibujo entre sus dedos, no podía negar que su hija era talentosa con el dibujo, si no fuese porque necesitaba aprender sus habilidades mágicas, estaría en una escuela de Arte—. ¿Puedo conservarlo?
"Claro, lo hice para ti" contesto Aurore moviendo sus manos para hablar con su padre.
—Gracias cariño —envolvió a Aurore en un abrazo, dándole un beso en su cabellera rubia, era lo único que le quedaba en la vida, iba a extrañarla cuando estuviera en Hogwarts.
(***)
—De acuerdo, tenemos el caldero, la varita, los libros —Evan Bennett hacía un conteo de las cosas que cargaba, en una mano mientras leía la lista de útiles que sostenía la otra—. Falta tu uniforme, balanza y telescopio... ¿Crees que puedas ir a comprar las túnicas? Así yo termino con lo demás y podemos comprar un helado.
Aurore asintió frenéticamente, quería demostrarle a su padre que podía manejar ese asunto con facilidad. Le dio unos cuantos galeones, quizá más de los que necesitaba para comprar túnicas, la guío a la puerta de la tienda de túnicas de Madame Malkin dándole instrucciones, en cuanto tuviera listo su uniforme no se movería del lugar hasta que el llegará, Aurore asintió sin embargo no prestaba atención a lo que su padre le había dicho, se había distraído con los colores que bailaban a su al rededor sin darse cuenta que el hermoso azul que brillaba frente a ella era de una túnica hasta que su mente volvió en si al sentir la mano de una mujer:
—¿Hogwarts cariño? —pregunto una bruja regordeta vestida de color malva. Aurore asintió con una sonrisa tímida—. Tengo muchos aquí... Tendrás que disculparme solo un segundo.
Aurore volvió a asentir, haciéndose a un lado mientras una familia de cuatro pagaba las túnicas que debían ser para el hijo que parecía mayor.
—¿Ya podemos ir a la tienda de Quidditch? —pregunto una niña pelirroja colgándose del brazo de su padre—. Lo prometieron.
—Mariam comportate —le reprendió su madre.
—Pero es verdad —hablo el hijo secundado a su hermana—. Lo prometiste.
—Somos tres contra una —el padre se unió a sus hijos ganándose una mirada de reproche de su esposa—. Vamos Lily, ya terminamos con las aburridas cosas de la escuela, los niños deben divertirse...
—Por aquí cariño —Madame Malkin llamo la atención de Aurore que se había perdido en la discusión de esa familia—. Lamento la espera, como dije hay muchos chicos de Hogwarts estos días, de hecho otro jovencito se está probando ahora.
Aurore siguió a Madame Malkin al fondo de la tienda donde se encontraba de pie sobre un escabel, un niño de rostro pálido y puntiagudo. Aurore no pudo evitar mirar sus ojos grises haciendo que su mente lo recordara con ese color. Madame Malkin puso a Aurore sobre un escabel al lado del niño mientras le deslizaba por la cabeza una larga túnica y marcaba el largo apropiado con alfileres.
—Hola —dijo el muchacho—. ¿También Hogwarts?
Aurore asintió, sin dejar de observar a Madame Malkin con los alfileres.
—Mi padre está en la tienda de al lado, comprando mis libros, y mi madre ha ido calle arriba a mirar las varitas —dijo el chico. Su voz se notaba aburrida y arrastraba las palabras—. Creo que después los arrastrare a mirar escobas de carreras. No sé porque los de primer año lo pueden tener una...
Aurore dejo de escuchar al chico, distrayendose al prestar más atención a las hábiles manos de Madame Malkin al ajustar su túnica.
—Hey te pregunté si ya sabes en qué casa estarás —salto el chico tratando de llamar su atención, Aurore negó sin voltear a verlo—. Bueno nadie lo sabrá realmente hasta que lleguemos ahí, por supuesto que yo estaré en Slytherin.
Aurore levanto su dedo pulgar para darle su aprobación, aunque en realidad no tenía idea de lo que hablaba, sin embargo el chico lucía emocionado.
—Soy Malfoy, Draco Malfoy.
"Aurore" movió sus manos para decir su nombre, pero Draco la miró extrañado, era evidente que no entendía lo que quería decirle.
—¿No hablas? —hizo una mueca— Aguarda... ¿Puede darme una pluma y un pedazo de pergamino?
La bruja que se encargaba de él lo miró confundida, luego su vista paró a Aurore apenada por creer que la entenderían.
—Claro guapo —fue Madame Malkin quien hablo, buscando entre los pliegues de su túnica hasta encontrar lo requerido—. Toma cariño, no necesita tinta.
Aurore recibió el pergamino y la tinta, escribiendo su nombre en color negro para dárselo a Draco y ese recuerdo permaneció de ese color. Draco leyó su nombre, guardando el pergamino en cuanto pudo hacerlo.
—Te veré en Hogwarts entonces —dijo Draco por último cuando Madame Malkin dio el visto bueno a su túnica. Aurore permaneció intacta mientras terminaba con ella.
Pago lo que sería su uniforme, guardo el cambio en monedas de plata. Lo único que tenías que hacer era encontrar a su padre... Si tan solo recordara donde tenía que verlo. Camino entre las calles abarrotada del callejón Diagon, podía recordar vagamente que su padre iría a comprar una balanza, tampoco sabía dónde podía comprar una. Mucho menos podía comunicarse para pedir instrucciones.
Comenzó a jugar con los listones de los que colgaba la bolsa con sus túnicas, su padre no debía estar muy lejos, paso la tienda de libros, la botica, ahí estaba la tienda de helados. Ahí estaba la tienda de escobas que menciono Draco, pero el no estaba ahí.
Inmersa en ver el nombre de las tiendas y la cara de las personas por si alguna resultaba ser su padre, no se dio cuenta cuando tropezó con sus propios pies, raspando sus manos y rodillas. No lanzó un grito de dolor, no tenía voz para ello, sus lágrimas rodaron silenciosas mientras miraba los raspones de sus manos, las heridas rojas.
—Mamá hay una niña herida aquí —escucho como alguien gritaba, luego un niño se arrodillaba frente a ella, lo único que pudo ver fue el verde de sus ojos escondido bajo dos cristales redondos—. Soy Harry, ¿Estás bien?
—¿Pequeña estas bien? —pregunto una mujer pelirroja, la misma que había visto en la tienda de túnicas—. Oh te has hecho daño ¿Estás sola? ¿Dónde están tus padres?
Aurore miro a través de sus ojos acuosos, solo negó a las tres preguntas, se sentía tonta e incapaz. Quería esconderse en el rincón más cercano hasta que su padre la hallará, quería irse a casa y dibujar para calmarse.
—Tranquila, estarás bien mira —la mujer saco su varita, dio unos toques a sus heridas que se cerraron al instante—. Mi hija es un desastre, siempre regresa a casa con las rodillas raspadas, es bueno saber estos hechizos ¿Cómo te llamas?
Volvió a negar con la cabeza, aunque se lo dijera no iba a entender, se sintió peor cuando recordó que Draco guardo su nombre, podía haberla ayudado en esa situación.
—¿Estás perdida? —fue la única pregunta que pudo contestar con un asentimiento—. No te preocupes, estarás bien. Te ayudaremos a encontrar a tus padres, ven pequeña.
La mujer estiró su mano para que Aurore la tomará, se secó las lágrimas con la manga de su suéter, siguiendo a la bruja y a su hijo adentro de la tienda.
—James tenemos que irnos —dijo, dirigiéndose a su esposo
—¿Ahora? —pregunto de manera infantil—. Estaban por mostrarnos la Nimbus 2000.
—Si, ahora —dijo, escuchando las quejas de su esposo e hija—. Esta pequeñita se ha perdido, tenemos que encontrar a sus padres.
—Oh —la boca de James formo una O perfecta—. ¿Cómo te llamas?
"Aurore" hizo las mismas señas para indicar su nombre, pero nadie entendió.
—No habla —exclamo la niña pelirroja, saltando de sorpresa al ver las señas extrañas que hacía Aurore.
—Mariam no seas tonta, es obvió que no —Harry reprochó a su hermana.
—No te preocupes, encontraremos a tus padres —dijo James—. Aunque lo dificulta el que no puedas comunicarte.
Aurore tomó más fuerte la mano de la mujer, la hacía sentir más indefensa al no poder comunicarse, si alguien le entendiera podría decirles donde se suponía que estaría su padre, sin embargo no parecía que ningún mago tuviese problemas de habla para saber comunicarse por lenguaje de señas.
—Estabas en la tienda de túnicas, ¿no es así? —pregunto Harry adelantando a sus padres, caminando de espaldas para ver a Aurore—. Tal vez tus padres estén ahí.
—Harry vas a tropezar si no caminas bien —regaño James—. Pero tuviste una gran idea ¿Lily?
—De acuerdo —asintió la mujer—. Esperaremos en la tienda de Madame Malkin ¿Esta bien pequeña?
Aurore asintió con energía, era una estupenda idea que a ella no se le habría podido ocurrir... Comenzaba a pensar que no sería demasiado inteligente para estar en Hogwarts. Pero no pensó mucho en eso cuando vio a su padre angustiado correr hacía ellos. Soltó la mano de Lily corriendo y tropezando una vez más, antes de caer al suelo fue salvada por su padre quien la abrazaba con fuerza.
—Aurore ¿Acaso no te dije que esperarás en la tienda?
"Lo siento" contesto apenada
—Esta bien —suspiro su padre—. Estás bien, eso es lo importante, gracias por cuidarla.
—No fue nada —contesto Lily—. Ten más cuidado, Aurore.
Aurore asintió, deseando con todas sus fuerzas sacar su voz escondida y dar las gracias, aunque de su boca no salió más que una sonrisa, luego miro a Harry quien se despedía de ella con la mano... Había sido un día recuerdo lleno de colores, sin embargo recordaría el verde esmeralda por siempre.









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