Nightwind

Summary

Secuestrado y luego liberado en lo profundo de los bosques, Jimin está en una carrera desgarradora para salvar su vida, cazado por bestias salidas directamente de una película de terror. Pero hay una criatura aún más grande, más salvaje en el bosque... el mortífero Hombre-Lobo que salva su vida. Jungkook es mucho más que un hombre, peligroso e intimidante, y aun así Jimin todavía se encuentra deseando cada increíblemente sexy centímetro de él. Cuando investiga los gritos desesperados cerca de su aislada cabaña, Jungkook se sorprende al encontrar a su propia especie cazando a un humano... pero termina aún más aturdido cuando accidentalmente desencadena el calor de emparejamiento hacia el hermoso y exuberante hombre que acaba de salvar. Abrumado por la lujuria, Jungkook lo toma, lo muerde, lo une a él para siempre... Ahora sólo tiene que darle la noticia a Jimin.

Status
Complete
Chapters
16
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1


Jimin deseaba poder retroceder hasta esta mañana y empezar de nuevo. Habría hecho cualquier cosa para cambiar las últimas horas, pero estar deseándolo no iba a salvarle la vida… ni su cordura.

En lugar de eso, siguió corriendo, aunque su costado dolía y sus pulmones ardían.

Esquivó un árbol y casi tropezó con una raíz. Tropezó, torciéndose el tobillo, pero logró seguir adelante.

El miedo era tan devorador que apenas notó el dolor.

Moriría más rápido si se rendía, pero no quería echar un vistazo en vida.

El sonido escalofriante de pies golpeando venía de atrás, cerrando la distancia.

El terror lo inundó.

Si no estuviera sin aliento, el grito que quería escapar podría haber salido. Pero como lo estaba, solo pasó por sus labios un suave gemido.

Podrían haberlo capturado ya.

Sabía que eran más rápidos, pero estaban jugando con él, y eso lo hacía mucho peor.

<¿Qué clase de juegos retorcidos iban a jugar con él una vez que lo atraparan?>

Sus doloridos músculos, el dolor en su costado y la constante lucha para empujar aliento dentro y fuera de sus pulmones, que ardían por el uso excesivo, hacían difícil seguir adelante incluso en nombre de la supervivencia.

Así que la mente de Jimin vagó para mantener su atención fuera de su agotado cuerpo.

Se despertó a las cinco y metió su bolsa dentro del coche.

El viaje que había planeado debía durar cinco horas.

Su mejor amigo, Taehyung, lo había invitado a pasar el fin de semana.

Iban a ponerse al día, a hacer algunas compras y simplemente disfrutar de su compañía mutua.

Las cosas fueron mal cuando Jimin se detuvo a repostar gasolina en la ciudad de Dryer.

Había sido el peor maldito lugar para detenerse.

Había estado llenando su tanque en la pequeña y solitaria gasolinera cuando una camioneta se acercó detrás de él para utilizar el otro dispensador.

Miró con curiosidad al otro vehículo y a los dos hombres que estaban dentro.

Después les ignoró cuando vio a los hombres mirando hacia atrás.

Estaba cerrando la tapa del depósito de combustible cuando un par de brazos lo envolvieron.

Jimin gritó y pateó, pero el hombre que lo sostenía era demasiado fuerte.

Lo levantó fácilmente de sus pies, llevándolo a la puerta lateral abierta de la furgoneta blanca en cuestión de segundos.

Aterrizó fuerte en un suelo de metal cuando aquel tipo lo arrojó dentro y cerró de golpe la puerta corredera.

Jimin se quedó atónito y sin aliento por varios minutos, pero cuando se puso alerta comenzó a gritar de nuevo.

Incluso cuando trató de encontrar una forma de salir, hizo ruido, esperando que lo oyera alguien que pasara por allí.

Estaba dispuesto a saltar de un vehículo en marcha, quería salir, pero las puertas traseras no se abrían y tampoco lo hacían las laterales.

Había una pared parecida a una jaula entre la parte trasera y la delantera de la furgoneta.

El hombre que lo había agarrado se había subido al asiento del pasajero.

Trató de recordar detalles sobre él, con la esperanza de vivir lo suficiente como para identificarlo ante la policía.

Estaba sobre el final de sus veinticinco años, tenía el pelo castaño y una cicatriz le corría por la barbilla.

Se había vuelto y lo miraba a través de la jaula, con una mueca con labios finos, cuando salieron de la gasolinera.

Sus ojos parecían fríos.

Le dirigió una mirada lujuriosa, mirándolo como si fuera un trofeo, y de alguna manera podía sentir la promesa de dolor y horror en su futuro.

Eso había sido lo que primero había sacado los gritos fuera de él… el terror crudo que causaba una mirada.

Los hombres de delante ignoraron sus fuertes y aterrorizados gritos.

Se arrojó contra las puertas traseras, con la esperanza de soltarlas, incluso si eso significaba caer sobre el asfalto.

Volvió a probar las manijas.

Luchó con la puerta lateral y no dejó de gritar.

El conductor nunca giró la cabeza mientras salía de la carretera, lejos de la pequeña ciudad y dirigiéndose hacia el bosque.

El miedo de Jimin se intensificó al ver los árboles cada vez más densos, sabiendo que ahora no habría nadie que lo oyera.

Dejó de gritar.

Su garganta se sentía seca y en carne viva.

Tosió por la tensión.

Temblando, se acurrucó en la esquina trasera de la furgoneta rezando por un milagro.

Alguien tenía que haber visto su secuestro.

Su coche permanecía en el dispensador, su bolso en el asiento del conductor con la puerta abierta, ya que había puesto su tarjeta de crédito en el cajero automático para pagar por la gasolina.

Las llaves estaban en el contacto.

Esperando, rezando, rogando por la salvación, escuchaba deseando oír las sirenas de la policía, pero no se oía sonido alguno… solo el silencio ensordecedor de la inminente condena que resonaba como el fuerte ritmo de los latidos de su corazón.

Entonces la furgoneta se detuvo, y Jimin pensó que realmente podría vomitar ante ese entumecedor terror.

Todo tipo de horribles posibilidades habían estado pasando por su mente y quería detener todo esto, antes de que se hicieran realidad, pero estaba atrapado y totalmente impotente.

Observó con temor mientras ambos hombres salían de la parte delantera de la furgoneta.

Se puso de pie al instante, a la defensiva.

No iba a dejar que lo violaran sin pelear.

Había visto sus rostros… y ellos lo sabían.

Podría identificarlos si sobrevivía a cualquier crimen que estuvieran a punto de cometer contra él.

Estos hombres no iban a dejarlo vivir, pero moriría luchando.

La puerta lateral se abrió y Jimin gritó, utilizando el elemento sorpresa para atacar a su secuestrador.

Utilizando la plataforma más alta de la camioneta para su ventaja, salió un poco para chocarle apresuradamente, lo que hubiera hecho sentirse orgulloso a su hermano, antiguo jugador de futbol.

El golpe acertó contra las facciones del hombre mientras su cuerpo se estrellaba contra el suyo.

El choque contra el suelo fue desagradable y el tipo gruñó por el impacto cuando Jimin aterrizó encima de él.

Fue en busca de sus ojos con las uñas.

Le arañó despiadadamente, sintiendo una aguda sensación de satisfacción cuando él gritó.

Unas manos lo agarraron por detrás, tirando de él.

Después estaba en el aire cuando fue apartado del hombre al que había atacado.

Aterrizó duro, rodando sobre la tierra, y forzando el aire fuera de sus pulmones.

El dolor explotó a través de su cuerpo por el violento aterrizaje sobre su costado y jadeó, luchando por respirar.

Jimin trató de recuperarse, la batalla por respirar tomaba toda su energía.

El hombre que estaba en el suelo maldijo en voz alta.

Cuando apartó las manos de donde se agarraba el rostro, vio los profundos rasguños en sus párpados y alrededor de sus ojos.

Le había clavado las uñas, pero no tan fuerte como esperaba.

Quería cegar permanentemente a aquel hijo de puta.

Sangrando y jadeando fuertemente, él curvó hacia atrás su labio y le gruñó.

Literalmente gruñó como un perro.

El sonido era tan extraño que lo conmocionó.

Todavía estaba boquiabierto cuando una mano le cerró los puños en la base del cuello.

Solo pudo emitir el sonido de un gemido cuando el desconocido levantó dolorosamente a Jimin, haciéndole sentir como si su pelo acabara de ser arrancado de la raíz.

Empezó a pelear contra el doloroso agarre que tenía en el pelo, pero se detuvo cuando vio a los otros dos hombres que habían salido del bosque.

Mientras miraba fijamente, un tercer hombre se detuvo en la zona con su coche.

La sensación de temor casi lo abrumó cuando él salió del vehículo, porque sabía que ahora ningún policía vendría a buscarlo.

No había pruebas de que se había ido de la gasolinera.

Tardarían días en encontrar su coche abandonado en el bosque.

Miró alrededor hacia el camino de tierra y los árboles que lo rodeaban, haciéndolo sentir solo y aislado.

El hombre al que había intentado dejar ciego se puso en pie y lo atacó con pura rabia grabada en su rostro ensombrecido.

Jimin trató de correr instintivamente, pero el tipo que lo sujetaba, le agarró la cabeza con tanta fuerza que le palpitó el cuello.

Atrapado, se encogió ante el ataque, pero uno de los recién llegados, un hombre de unos cuarenta años, saltó en el camino.

“No, Hyunok . No puedes matarlo” gruñó las palabras con dureza.

“Si quieres hacerlo pedazos, entonces lo harás cuando te ganes el derecho.”

Hyunok apuntó con rabia hacia su rostro, su voz era más un gruñido que cualquier otra cosa.

“¡Mira lo que me ha hecho este coño!”

El hombre mayor asintió con la cabeza, vagamente impresionado.

“Para de llorar. Se curará esta noche. Tiene que luchar por él mismo. Eso es bueno. Queremos uno como él. Hará de la caza un desafío mayor. Trabajar por ello, hace que la victoria sepa mejor.”

¿Caza?

El terror invadió a Jimin.

¿De qué diablos estará hablando este hombre mayor?

Sabía que la respuesta no era algo que realmente quisiera saber.

Estudió a los cinco hombres reunidos en aquel pequeño claro. Cuatro de ellos lo miraron de vuelta, con algo oscuro y siniestro girando en sus miradas. El hombre mayor se volvió lentamente y Jimin se encontró con un par de fríos ojos verdes. Tenía cicatrices en la cara. Era alto, más de metro ochenta, y llevaba pantalones de chándal. Se dio cuenta de que todos llevaban sudaderas y camisetas mal emparejadas, lo cual era tan extraño como todo lo demás que había sucedido.

“Le daremos una ventaja de quince minutos.” dijo el hombre mayor mientras miraba a los ojos de Jimin, evaluándolo como si fuera un trozo de carne más que un ser humano. “Después comienza la cacería. El primero en capturarlo se queda con el asesinato. Estamos aquí para dejar un mensaje a los malditos Nightwinds. Ser despiadados. Rasgarlo en pedazos. No solo os lo comáis, separad las partes de su cuerpo alrededor, pero dejar su cabeza intacta. Necesitan saber que era un hombre humano. Quiero que miren su rostro. Cuando hayáis terminado, recordad dirigíos hacia el sur y cruzad el río con cuidado para no dejar un rastro que puedan seguir hasta nuestra casa. Limpiaré ésta área y nos reuniremos donde acordamos. No ensuciéis alrededor más de lo que sea necesario. Estad fuera del bosque mucho antes de que oscurezca. Desde nuestro servicio de inteligencia, ninguno de la manada debe salir así hasta el anochecer. Ellos lo encontrarán cuando vayan a correr en manada.”

Jimin casi se desplomó de rodillas pero el hombre que sostenía su cabello lo hizo imposible. El shock lo atravesó.

<¿Iban a cazarlo? ¿Como a un animal? ¿Quién demonios eran esos locos bastardos?>

Estaban enfermos, eran retorcidos y estaban locos.

<¿Comérselo? ¿Rasgarlo en pedazos?>

Quería empezar a gritar, pero la bilis se elevó en su garganta.

“¿Por qué quince minutos?”, preguntó un joven y desgarbado hombre adolescente mientras miraba fijamente el pecho de Jimin.

“Es humano. Será lento. No queremos que esto sea demasiado fácil. También es un ejercicio de aprendizaje. Algunos de vosotros habéis olvidado vuestros instintos de caza, obligados a vivir en la ciudad. Habéis crecido lentamente y nuestra manada ha recibido demasiados golpes para permitirse vuestra pereza. Un ser humano para perseguir os motivará a recordar qué demonios sois, y os enseñará a usar vuestras habilidades naturales para rastrearlo. Este territorio nos pertenecerá, una vez que saquemos a esa maldita manada.”

El tipo más joven parecía sombrío, como si Jimin se hubiera convertido de un deporte divertido en una obligación.

“Bien.” respondió.

Entonces se levantó y se quitó la camisa.

Jimin luchó contra el impulso de vomitar cuando los hombres empezaron a quitarse los zapatos y la ropa mientras su sádico maestro cruzaba los brazos sobre el pecho, molesto e impaciente.

El que tenía el pelo de Jimin sujeto, lo soltó y dio un paso atrás mientras también comenzaba a desnudarse. Él sabía que debía correr, pero repentinamente estaba congelado de terror.

El hombre mayor lo miró, con una sonrisa maligna tirando de sus labios.

“No te muevas hasta que yo te lo diga. Después, es mejor que corras como el viento, cervatillo.” Su sonrisa se ensanchó. “No es que tengas la oportunidad de escapar, pero quizás si corres rápido y lo suficientemente lejos, te matarán en un ataque de rabia en lugar de violarte. Cuanto más rápido corras, más carnal será, y más te parecerás a un animal indefenso en lugar de parecerte a un pedazo de culo caliente con el que jugar.”

Jimin miraba horrorizado a los cuatro hombres totalmente desnudos, ahora listos para cazarlo. Esto tenía que ser una pesadilla. Silenciosamente oró para que alguien lo despertara. Mierda como esta no sucedía, pero todo era sorprendentemente real. Se quedó con la mirada fija, atónito, mientras los hombres desnudos cayeron sobre sus manos y rodillas.

<¿Qué iban a hacer ahora?>

Fue como un ritual satánico cuando inclinaron la cabeza y arquearon las espaldas, como si estuvieran rezando al diablo, eran lo suficientemente crueles y dementes como para adorarlo realmente.

Esto no podía estar sucediendo… estaba teniendo alucinaciones.

Jimin retrocedió y se habría caído de culo si el hombre mayor no lo hubiera agarrado, forzándolo a parar de moverse. Sus dedos se enredaron en su pelo mientras su otra mano sujetaba su brazo detrás de la espalda, manteniéndolo inmóvil. Él se rió junto a su oído mientras Jimin parpadeaba rápidamente.

Debían de haberle dado drogas. Lo que estaba viendo no podía estar sucediendo. Su mente gritó en silencio que eso no era posible.

“Oh, sí, es real.” El hombre se rió. “El pelaje. Los huesos rompiéndose y desplazándose. La forma en la que sus caras están cambiando y sus cuerpos se están transformando. Estás viendo un milagro de la naturaleza. Mira cómo se transforman totalmente en lobos.”

Tiró fuerte de su cabello.

“Los Hombres-Lobo son reales.”

Su voz bajó a un estruendo aparentemente divertido.

“Sorpresa.”

Jimin tropezó y retrocedió hacia un árbol cuando él lo soltó. Se quedó boquiabierto ante los cuatro juegos de ojos clavados en él, astutos y hambrientos, haciéndolo sentir como una presa. Dos de los lobos desnudaron sus dientes de aspecto feroz y le gruñeron.

Él los miró con la boca abierta. Un gemido estrangulado se deslizó por sus labios, resonando sobre el latido del miedo que recorría todo su cuerpo junto con la adrenalina inducida por el terror.

“Corre, cervatillo.” le gritó el hombre mayor. “¡Corre por tu vida!”

Lo miró durante unos segundos. Eso fue lo que lo llevó a darse cuenta de que había hablado con él.

El ‘cervatillo’ era él. Algo para perseguir, atacar y matar, sin remordimientos.

En ese momento, comprendió plenamente el alcance completo de su horrible situación y se forzó a sentir su cuerpo entumecido y tembloroso. Se volvió y corrió como si los sabuesos del infierno estuvieran tras su trasero… porque realmente lo estaban.

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Jimin no dejó de correr.

Apenas se detuvo para respirar mientras se abría paso a través del bosque. Se había estado esforzando más allá de los límites de su resistencia durante lo que le parecieron horas.

Ninguna cantidad de deseo de un nuevo comienzo para el día iba a cambiar lo que pasó, y él se negó a darse la vuelta y abandonar. En su lugar, iba a derrumbarse. Su cuerpo estaba agotado. Sus pulmones ardían. Su costado estaba tomado por un dolor punzante. Podía oír algo que venía detrás de él, acercándose, incluso sobre su respiración desgarrada y palpitaciones. El sonido de las patas contra el suelo musgoso era innegable. El jadeo de un aterrorizante lobo hizo que todos los pelillos de sus brazos se pusieran de punta.

Algo golpeó contra su espalda. Salió volando hacia delante. Incluso antes de aterrizar sobre su estómago, Jimin sabía que estaba a punto de morir.

Golpeó fuerte contra el césped, sus manos apenas salvaron su cara de tomar la mayor parte del impacto. Un gruñido sonó desde atrás mientras yacía en el suelo del bosque, jadeando y luchando por aire. Volvió la cabeza. Uno de los grandes lobos estaba a unos pocos metros de distancia, jadeando por la persecución. Trató de gatear, obligando a su cuerpo a seguir avanzando.

Las hojas, la suciedad y la hierba se deslizaban por sus dedos mientras arañaba violentamente la tierra. Vio que el lobo avanzaba, acechándolo con los dientes descubiertos. Gruñó. Sus patas delanteras bajaron y se tensaron. Iba a atacar. Él respiró hondo, gritó y rodó cuando el lobo saltó hacia él.

Por poco no alcanzó a aterrizar sobre su cuerpo. Se había movido justo a tiempo. Con ambas manos lanzó puñados de tierra, desesperado por un respiro de lo inevitable. Tuvo suerte. La tierra le golpeó en la cara. Lanzó un sonido quejoso y se apartó bruscamente mientras levantaba una pata y se frotaba los ojos.

Sin saber cómo encontró fuerza, Jimin se arrastró y corrió de nuevo. Iba a morir en el bosque, sabía que ese lobo se recuperaría. No sabía cuánto tiempo iba a sobrevivir. No mucho, a juzgar por la forma en la que su cuerpo se estaba ralentizando. No estaba en la mejor forma. Tenía una cinta de correr, pero su límite eran tres kilómetros. Nunca había corrido tan rápido o tan duro en su vida.

Oyó un sonido y se volvió para mirar hacia atrás. Un lobo se acercaba rápidamente a él. Superarlo era fácil… pero después aceleró y cruzó frente a él, bloqueando la fuga de Jimin.

Se dio la vuelta y tropezó con un alto cuerpo peludo, cayendo como peso muerto. Jimin estaba demasiado agotado para disimular la caída y aterrizó dolorosamente. Dos lobos lo rodearon, gruñendo y mostrando los dientes. Él rodó sobre su espalda, jadeando y luchando por respirar, lo que hizo que pareciera todo nublado. Incluso con tan poco oxígeno, todavía consiguió dar un penetrante grito de terror.

Uno de los dos lobos marrones encorvó sus patas delanteras y después se lanzó contra él. Se tensó y trató de alejarse, pero apenas podía moverse. Miró con horror al gran lobo que venía hacia él.

Eso era, iban a desmembrarlo con sus afilados dientes.

Antes de que pudiera atacar, un lobo negro pareció salir de la nada, golpeando al otro lobo que caía sobre él y noqueándolo contra el suelo. Jimin parpadeó, todavía luchando por la claridad mientras los dos lobos rodaban el uno sobre el otro, en un remolino de pelo marrón y negro con crueles gruñidos y rugidos llenando el aire.

Observó en estado de shock, dándose cuenta de que los lobos estaban peleando, y era una batalla brutal, especialmente cuando el otro lobo marrón saltó a la pelea. Los dos lobos pardos estaban claramente tratando de unirse contra el negro, pero no estaba seguro de que estuvieran ganando. Ese lobo negro era notablemente más grande, y definitivamente más rápido. Vió la sangre y el pelaje volar, antes de que él empezara a recuperar su orientación.

Jimin rodó, alejándose de la sangrienta pelea y logró ponerse en pie. Tropezó. El mundo se tambaleaba violentamente y no podía ver nada con claridad, pero empezó a correr otra vez. No sabía por qué se estaban atacando mutuamente y no le importaba. Oyó gruñidos y lamentos detrás, y contra su mejor juicio, se volvió para mirar deseando ver cuánto tiempo tenía. Inesperadamente, se estrelló contra una rama baja y se encontró cayendo de espaldas una vez más.

El dolor en su cabeza era insoportable, obligando a Jimin a combatir la oscuridad que lo amenazaba. Tocó su frente, sintiendo algo húmedo y caliente. Levantó el brazo, viendo la sangre gotear de sus dedos, y luego trató de levantarse, pero una ola de mareo lo golpeó. Se derrumbó y se quedó allí mientras el mundo empezaba a desvanecerse.

Tratando de luchar contra desmayarse, se puso de lado, mirando hacia atrás una vez más. Los tres lobos seguían luchando, sus mandíbulas chasqueaban mientras rodaban por el suelo, dejando salpicaduras de sangre a su paso. Los dos lobos marrones, más pequeños, todavía atacaban al otro lobo negro, más grande.

Este lobo en realidad era un ejemplar impresionante, más amplio y más poderoso que todos los demás que había visto. Con un furioso gruñido, lo vio agarrar del cuello a uno de los lobos marrones. Un fuerte gemido atravesó el aire cuando el lobo negro sacudió la cabeza salvajemente, sus dientes estaban enterrados profundamente. La sangre voló por todas partes. Entonces el lobo negro lanzó a un lado al otro lobo, ahora flojo, y se giró hacia el lobo marrón restante, que estaba mordiendo su pata trasera.

Los ojos de Jimin se dirigieron hacia el lobo que ahora estaba boca abajo en el suelo. Pudo ver que su garganta había sido desgarrada. La sangre se reunía alrededor de su cuerpo inmóvil. El lobo negro lo había matado. Le había rasgado la garganta y lo había echado de la pelea.

En cuestión de segundos, el lobo negro lanzó una pata, abriendo un lado de la cara del otro lobo marrón. El lobo herido aulló en agonía, pero el grito quedó cortado cuando el lobo negro le mordió la garganta. Se escuchó un crujido, más sangre voló, rociando al lobo negro y el suelo, y entonces el lobo marrón se quedó quieto.

El lobo negro lanzó su presa muerta y se volvió.

Lo miró mientras avanzaba lentamente hacia Jimin y él no podía apartar la mirada. Su pelaje era negro medianoche. Tenía los ojos marrones hipnotizantes, de color chocolate fundido, un completo contraste con su aura mortal. Dio otro paso y Jimin gimió de miedo. Se tocó el lado izquierdo de su frente donde sangraba, sabiendo que estaba a punto de arrancarle la garganta a continuación.

Él se detuvo y olisqueó el aire. Luego levantó la cabeza y soltó un aullido. Fue largo, fuerte y misterioso. Dejó una advertencia en el aire que era difícil de ignorar.

Jimin se sorprendió cuando otro lobo pardo salió a la vista unos segundos más tarde, obviamente se dio cuenta de su error cuando se detuvo. Demasiado tarde… el lobo negro atacó cuando el marrón retrocedió, tratando de girar y correr.

Jimin juraría que vio pánico y miedo en los pálidos ojos verdes del recién llegado. Estaba muerto antes de que pudiera darse cuenta de lo que estaba a punto de suceder. El lobo negro se había movido directamente hacia su cuello, agarrándolo, y arrancando su garganta en un agarre violento de dientes afilados y una fuerte sacudida de cabeza. El lobo negro pareció escupir sangre mientras lanzaba a un lado el cuerpo del lobo muerto.

Las lágrimas llenaron los ojos de Jimin, y él ni siquiera estaba seguro de lo que lo hacía caer sobre el borde. Había tantas opciones, que era imposible identificarlo. El lobo negro se volvió lentamente y dio un paso hacia él.

Trató de levantarse, pero para su desgracia lo único que consiguió fue una oleada de mareo. El dolor en su cabeza era tan agudo que casi se desmayó de nuevo. Dejó de moverse y se quedó mirando los cálidos ojos de aquel lobo negro.

Él se acercó, deteniéndose a unos cuatro pasos de él e inclinando la cabeza con curiosidad. Luego hizo algo sorprendente… movió la cola.

Él sintió una ola de confusión recorriéndolo mientras el mortal lobo cerraba la boca, su cola ahora se movía furiosamente. Hizo un suave gemido y luego lentamente se acercó a él. Bajó la cabeza y siguió meneando la cola como una oferta de amistad.

Jimin cerró los ojos, luchando arduamente por la claridad. Respiró unos instantes y después forzó a sus ojos a abrirse. El lobo negro casi lo tocaba. Podría haber levantado la mano y acariciado su rostro. Era un maldito gran perro.

<Lobo>, se corrigió él.

Tenía que pesar cien kilos por lo menos, ciertamente era más grande que cualquier perro que hubiera visto, con su cuerpo grueso y musculoso pecho y piernas. Parpadeó… y luego su rostro comenzó a cambiar.

El largo hocico comenzó a acortarse. El pelo de su rostro retrocedió. Su cuerpo cambió de estar a cuatro patas hasta sentarse, así que quedó sentado sobre sus patas traseras. Sus patas se convirtieron en manos profundamente bronceadas.

Él no podía apartar la vista mientras el lobo se convertía en un hombre desnudo, musculoso, moreno, con el mismo pelo negro medianoche. Incluso de rodillas, era notablemente alto y estaba poderosamente constituido.

Intimidándolo a un nivel primario.

Sus increíbles y hermosos ojos marrones con sombras de color chocolate lo miraban desde debajo de un par de pestañas. Estiró la mano hacia él. Una mano humana grande y poderosa. Lo tocó y Jimin habría gritado si no hubiera estado congelado por el shock. Su caricia fue sorprendentemente cálida y calmante mientras le acariciaba la frente.

“Vas a estar bien.”

Su voz era profunda y ronca, como un whisky caro.

“Estás a salvo.”

Jimin estaba cautivado, demasiado aturdido para apartar la vista. Tenía fuertes pómulos y una mandíbula dura de granito. Vio unos parches oscuros en su barbilla. Tenía un corte en el grueso labio inferior y se limpió la sangre con impaciencia como si no fuera nada.

Notó un tatuaje en su hombro, pero no podía ver exactamente lo que era por la forma en que su cuerpo estaba girado. Un brillo de sudor cubría su piel. Sus brazos eran tan gruesos y definidos como el resto de él. Su estómago era duro como una roca y podía ver las profundas líneas de sus músculos abdominales.

Ese lobo era enorme como humano. Fornido, musculoso y ancho por todas partes.

Su mirada se hundió más abajo y él se sorprendió al encontrarlo totalmente desnudo y, sin lugar a dudas, excitado. Este tipo era realmente grande y ancho por todas partes.

Su mirada voló a su encuentro una vez más.

“Te tengo. Voy a llevarte. Mi casa no está muy lejos de aquí. Estás a salvo ahora. Los maté.”

Él abrió la boca, pero no salió nada. Estaba obviamente en estado de shock extremo si estaba notando los duros músculos de este tipo. Quería decir algo. ¿Tal vez gritar? No estaba seguro de qué. Lo único que logró hacer fue estudiarlo en silencio.

Jungkook deslizó una de sus manos debajo de su espalda y enganchó su otro brazo detrás de sus rodillas. Lo elevó en sus brazos mientras se levantaba.

Jimin volvió a sentir una oleada de mareo.

Aquel hombre lo miraba fijamente, confundiéndolo con la sensación de confort que esa mirada le causaba. Sintió la oscuridad y esta vez no la combatió. Vivía en una pesadilla y quería escapar.

El sueño parecía la única opción, y él cedió.