Anko flashback 5 parte 2 +18 SIN CENSURA
NARRA AUTORA:
-Antes habías dicho que harías cualquier cosa que te pidiera... lo que sea con tal de estar cerca de mí... ¿no?... Así que voy a tomarte la palabra... aunque... pensándolo mejor, ya no vas a ser solo mi subordinada... -dijo mordiendo y lamiendo el cuello, la garganta y las clavículas de la pequeña agitando su respiración mientras su mano la tocaba por debajo de la blusa. -También vas a ser mía... -jadeó retirando la mano de su boca para tomar su nuca bruscamente hacía él y así besarla a la fuerza mientras le separaba las piernas hábilmente con las suyas.
Ella se quedó quieta y conmocionada al sentir los labios del mayor sobre los suyos. Corrompiendo así su inocencia.
El calor y la humedad de esos labios poseyeron la suave y tersa piel de la niña en un desesperado beso que inmediatamente encendió su cuerpo, pues, al sentir la fina y delgada silueta de la joven pataleando debajo de él una nueva y extraña sensación de extasis surgió en su interior.
Orochimaru envuelto en ese depravado impulso de deseo, posó sus manos en la estrecha cintura de anko, y en sus caderas escabullendo las manos debajo de la ropa de ella tocando la ardiente y delicada piel de sus gluteos. Deslizando hacia abajo la ropa interior, las medias y el short de la pequeña hasta sus muslos. Descubriendo ese inocente cuerpo ante él.
Ella abrió los ojos aterrada y confundida, proyectando un grito contenido en forma de sollozo de deseperación sobre los labios del sanin que aún permanecían apoderándose de ella.
El se separó de golpe a tan solo unos centimetros del rostro de la niña, desprendiendo una acalorada exhalación sobre su rostro.
Su respiración y sus jadeos agitados se escuchaban fuertemente en aquel lugar.
Por primera vez el sudor comenzaba a ser visible en la frente del sanin, estaba tan envuelto en ese extasis que no comprendía porque su cuerpo se encendía con el de esa pequeña niña.
Tal parecía que había encontrado a la mujer que tanto había buscado... aquella que se convertiría en su preciada amante.
Una joven virgen, incredula, sumisa y que además le idolatraba como a un dios. Si no podía llevarsela consigo al menos se aseguraría de hacerla suya todas las veces que fueran necesarias hasta quedarse satisfecho antes de irse de esa aldea.
Él se encargaría de dejar marcada a esa mujer de por vida. Cada centímetro de su cuerpo quedaría impregnado de él, para siempre.
Anko lo miró consternada y nerviosa al notar la profunda maldad y perversión con la que orochimaru la miraba. Pero al mismo tiempo su corazón latía sin control. Y un cosquilleo le revolvía la boca del estómago.
Como cualquier niña que estuviera sufriendo un abuso, no sabía como reaccionar. Su cuerpo temblaba y sus sollozos le cortaban la respiración. En su mente había un shock tan grande al saber que su adorado sensei era el culpable de tantos asesinatos. Pero en sus recuerdos ella lo seguía admirando, no importa cuantas veces lo mirara siempre se sentía asombrada por él. Habían sido demasiadas las veces que lo había soñado con su cercanía que el sentirse agitada con su contacto era algo que no podía controlar.
Aunque fuera algo incorrecto pero su cuerpo quería entregarse a él a pesar de su voluntad y sus deseos.
El se separó un poco más de ella mirándola completamente excitado.
El miedo que desprendía la joven aumentaban el impulso depravado que nacía dentro de él.
Sin embargo, todavía tenía que esperar un poco más. No podía hacerle daño en ese momento. Pues aunque le borrara la memoria, el daño en su cuerpo sería evidente, y si la llegan a examinar todos sabrían la causa de sus heridas.
Necesitaba manipularla de nuevo, necesitaba tenerla de su lado o si no ella iría corriendo a contarlo todo con el tercer hokage. Y aún no era el momento de dejar la aldea. Todavía no.
Así que antes de arrebatarle la virginidad, disfrutaría de ella solo un poco más este encuentro antes de borrarle la memoria. Y esperar la oportunidad adecuada para cumplir ese deseo.
Las manos del sanin comenzaron a tocarla lentamente, apretando cada parte de su cuerpo con firmeza. Conteniendo el gran deseo de lastimarla.
Las manos de la niña permanecían atadaspero ella ya había dejado de forcejear por completo. Estaba hiperventilando, jadeando, tratando de asimilar todo lo estaba pasando mientras repetía entre dientes:"no mi señor por favor no... no me lastime”
Tenía la piel del rostro humeda en lágrimas y los labios hinchados y rojos, todo su cuerpo temblaba especialmente sus rodillas, una contra la otra que staban flexionadas tratando de cubrir su intimidad expuesta y desnuda.
Orochimaru deslizó la ropa de ella todavía más abajo hasta sus tobillos y le abrió ligeramente los muslos para observar su inocente cuerpo.
Al hacerlo, un brillo perverso iluminó su rostro, y se deleito al ver la tierna y sonrosada piel de su sexo completamente empapada.
La lengua del sannin rápidamente descendió hasta la intimidad de la niña y se deslizó repetidas ocasiones sobre su sexo lamiendo aquel liquido cristalino que la humedecía.
Ella abrió los ojos ante aquella sensación y gritó con fuerza apretando los muslos y revolcándose en el suelo sus gemidos resonaban con fuerza en ese lugar que incluso ella ignoraba que se tratara de su propia voz.
Orochimaru se relamió los labios tras probarla y descubrió en sí mismo la perversidad de su alma. Pues jamás imaginó que llegaria al punto de cometer estos actos con su propia alumna.
Anko se posicionó de lado con las piernas apretadas contra su pecho y completamente descolocada, llorando de vergüenza y confusión.
Sin embargo, el sannin la sacó con violencia de sus pensamientos, al tomarla por la fuerza boca arriba como hace unos instantes estaba, y para someterla él hacía que la serpiente que le ataba las manos la presionara con más fuerza hasta hacerla gritar de dolor.
Orochimaru no tardó en levantar la blusa por completo subiéndola hasta sus antebrazos, luego bajó ambas manos lentamente sobre su cuerpo acariciándola con suavidad hasta llegar sus senos apenas desarrollados, deshaciéndose de la tela con la que ella se vendaba buscando descubrirla por completo.
Su boca comenzó a salivar al ver el pecho de la niña completamente desnudo.
Ver a sus presas asustadas y temerosas provocaba en su interior un extasis inexplicable y enfermizo.
El sanin comenzó a estrujar los senos de la niña con fuerza, acercó su rostro y comenzó a succionar sus pezones mordiéndolos sutilmente, tomándolos entre sus dientes para jalarlos, lamerlos y después volver a succionarlos.
Sus manos se dirigieron entre las piernas de ella, tocando su intimidad, inmediatamente dejó escapar una sonrisa al sentir la humedad que había entre las piernas de Anko nuevamente. Por mucho que aparentemente se resistía, él sabía que ella lo deseaba, o al menos eso es lo que una mente enferma como la suya pensaba.
- Al igual que tu madre, tu destino al final será convertirte en una prostituta. -le dijo el sannin con un tono de burla y frialdad en su voz. Anko se quedó petrificada al escuchar esas palabras, pues ella no conocía a su madre, al menos no tenía grandes recuerdos de ella pues hiruzen le dijo que ella y su padre habían muerto en el campo de batalla.
- Sin embargo tu serás... mucho más encantadora que ella... pero serás solo mía- dijo con la voz agitada mientras ella gemía desesperada ante el tacto del mayor sobre su intimidad. Una serpiente se posó en la boca de la pequeña como una mordaza y el continúo lamiendo sus senos, tras algunos segundos él consiguió que ella llegara al orgasmo repetidas veces, una tras otra tan solo usando su mano y tras esa sensación ella pataleó y se retorció en el suelo gritando agitada hasta que prácticamente perdió el conocimiento mientras su cuerpo tenía ligeros espasmos y sus delgadas piernas temblaban hasta quedar desvanecida en el suelo.
Orochimaru se separó exhalando con fuerza, estaba completamente sumergido en el éxtasis, mirándola con un deseo oscuro de corromper su cuerpo inconsciente.
Sin embargo, se contuvo de hacerlo, o al menos en lo que refiere a penetrarla. Pero buscaría descargar su deseo de otra manera.
El sannin tomó los muslos de la niña, los juntó con una sola mano fuertemente que incluso se marcaban sus dedos en la piel pálida de ella. Con la otra mano, desabrocho su ropa para liberar su miembro erecto y lo colocó encima el sexo de ella, al sentir su calor y humedad el sannin sonrió y se relamió los labios, restregando su cuerpo al de ella.
En medio de aquellos delicados muslos él comenzó a embestirla mientras rozaba su intimidad a la de ella, agarrando su pequeño cuerpo violentamente como si no valiera nada, tomando sus piernas con fuerza hasta dejarle moretones y cardenales marcados en las piernas y los glúteos.
Fueron largos minutos de abuso continuo hasta lograr su cometido, su miembro se deslizó casi en la entrada de ella tocando los pliegues de su castidad y ahí derramo su esencia. Después, soltó su cuerpo y la levantó por el cabello apretó sus mejillas abriendo su boca para introducir su miembro y dejar ahí el resto de su semen, y así recibir el placer del orgasmo hasta la ultima gota.
Cuando termino soltó el cuerpo de la joven estruendosamente al suelo y el se puso de pie, observando con detalle aquel acto tan vil que a sus ojos parecía tan excitante.
Quizás aprovechando su inconciencia lo haría una y otra vez más.
Iniciando una cadena de abusos. Cada vez más depravados que el anterior.
Y marcando el destino una shinobi que sufriría por su culpa el resto de sus días.