Bajo las rocas de los secretos

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Summary

Para quienes alguna vez creyeron que el destino es una coincidencia disfrazada de casualidad. Para los polos opuestos que se encontraron sin buscarse, en mitad de un viaje, y descubrieron que el verdadero hogar no es un lugar, sino una persona.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Giovanni

Nos dirigimos mi abuelo y yo, con prisas, hacia la puerta de facturación de equipaje donde ha llegado el momento de despedirnos. No quería que ese instante llegara. Me duele verlo triste.

Sei sicuro di questo, Gio? —me pregunta con los ojos vidriosos.

El corazón me da un vuelco al verlo, siento cómo las lágrimas me nublan la vista.

—Claro que sí, abuelo. Voy a estar bien, te lo prometo —respondo en italiano con una dulce sonrisa, aunque por dentro me quema el miedo.

Nos damos el último abrazo antes de separarnos. No puedo resistirlo, parpadeo y siento una lágrima recorriéndome la mejilla. Antes de que se dé cuenta, le doy un beso en la frente y me alejo lentamente, sin mirar atrás.

Me dispongo a ir hacia la cabina de facturación, las manos me tiemblan, no sé si esto es lo correcto. Pero me acabo convenciendo, porque sé que si mi madre me viera estaría muy orgullosa de mí.

La azafata de la cabina me indica dónde poner mi mochila, para así poder pesarla. Obedezco y la pongo; al marcar 11′46 kilos y ver que se sobrepasa del límite, un hombre corpulento, con la camisa tan ajustada que parece que los botones van a estallar, me frena.

—Señor, tiene que dejar algo de ropa. El máximo permitido son 10 kg, y usted se está pasando del límite permitido. Así que o deja esa ropa o va a tener que pagar, ¿entendido? —gruñó mientras me indicaba dónde facturar la mochila—. Joder, lo que me faltaba.

Corro hacia el baño más cercano. Al entrar, cierro la puerta dando un portazo.

—Me cago en todo, joder, joder. ¿Y ahora qué coño hago? —mascullo frustrado—. No puedo permitirme pagar, llevo el dinero justo.

No tengo más opción que quitarle peso; me voy a poner la ropa que no puedo llevar en la mochila. Hace un calor insoportable, pero es esto o nada.

Al salir, parece que he engordado diez kilos más. Dios mío, qué puto calor... ¿y me tengo que pasar tres horas así?

Vuelvo a la cabina de facturación, me atiende el mismo hombre de antes. Me revisa y finalmente me deja pasar, aunque siento su mirada clavada en mi cuello al darme la vuelta.

Recorro el pasillo antes de entrar por la puerta del avión. La azafata de vuelo me pide el billete y me indica dónde está mi asiento. Avanzo con cautela para no darle a nadie con la mochila.

Miro a todos lados con la boca abierta, impresionado. Nunca me había montado en un avión.

Al volver la vista al frente, no me había percatado de que le he pisado el pie a una chica.

—¡Auch! —exclamó al sentir el dolor—. Lo siento muchísimo, señorita —bajé la vista y mis ojos se encontraron con los suyos, verdes y preciosos, que me dejaron atónito.

—Ve con más cuidado, joder, que me has pisado los Louboutin —protestó con enfado, mirándome con mala cara.

Qué preocupación por unos tacones... Encima que le pido perdón, me reprocha. Vaya princesita. Qué chica más maleducada, no me extraña que esté en primera clase. Sacudo la cabeza para dejar atrás sus ojos hipnóticos y centrarme en lo importante: encontrar mi asiento.

—Al fin —suspiro aliviado al encontrar mi sitio.

Dejo la mochila debajo de mi asiento y espero a que despegue el avión, colocándome los auriculares para calmar la ansiedad y canalizar el miedo. Joder, no me creo que vaya a hacer esto, sé que es mi sueño, pero jamás pensé que llegaría este momento.

Siento un pinchazo en el pecho y el estómago se me revuelve mientras el avión se prepara para despegar.