INTRODUCCIÓN 🐻
◆◇◆ Introducción ◆◇◆
¡Alerta, alerta!
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"Cuida tu corazón. Porque si te lo arrancan aquí, te arrepentirás por no haberlo apreciado"
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— Se les informa a los ciudadanos de Atintiq, Tuquillaku y Otollapa, la presencia de criaturas extrañas rondando por los bosques durante la noche. La gente dice que son blancas, con pelaje blanco, y que parecen humanos, pero no lo son. Otros aseguran que son negras, con pelaje negro... No tienen boca, pero sus ojos brillan con un color blanco penetrante. Sus garras son doradas y atacan a la gente durante la noche —informó la reportera, mientras los rostros preocupados de los ciudadanos aparecían en pantalla.
— Fue muy aterrador, nunca había visto algo como eso —dijo un hombre, aún visible en su rostro el miedo.
Mientras los canales cambian, los testimonios de la gente empiezan a sonar a través de la televisión.
— Dios mío, creo que nunca mas iré al colegio ¡yo tengo que pasar por el bosque para llegar! —relató una estudiante, con la voz temblorosa.
— Yo vi cómo le arrancó el corazón a un hombre... —comentó un anciano, su mirada fija como si aún estuviera viendo la escena.
— Tienen líneas doradas en todo su cuerpo... Son enormes... No hacen ruido... Son silenciosos... Pero... ah... —dijo un chico, con la voz quebrada.
— Pienso que son esos de Kuychi... Son los únicos que saben usar esa magia... —murmuró una anciana, con una pizca de temor en su voz.
— No sé qué son esas cosas, pero por la forma en que matan... tengo miedo... —dijo un hombre, desconcertado.
— ¡Esos de Kuychi son los culpables...! Están encerrados en ese muro enorme... Son unos egoístas, ni siquiera quieren compartir su magia... —comentó otra persona, con tono acusador.
La reportera continuó hablando en la televisión, luego de escuchar todos esos testimonios.
— La gente empezó a llamar a esas criaturas descorazados nocturnos. Y se asumió que los responsables de todo esto podrían ser la "Nación de Kuychi", ya que es la única nación que utiliza magia, y sus ciudadanos son, en parte, animales. Pero como no tenemos mucho contacto con ellos debido a los enormes muros blancos que rodean su nación, poco podemos hacer. Por el momento, lo mejor es que nadie salga por la noche de sus casas, y mucho menos se adentren en los bosques...
La pantalla de la televisión se apagó de repente.
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En medio de la noche, un chico solitario caminaba por el bosque en una montaña, pateando las rocas con furia. Llevaba un pantalón deportivo guindo con franjas blancas y una polera blanca de mangas largas que brillaba a la luz de la luna.
Su cabello dorado y su piel pálida destacaban en la oscuridad. Ese chico... es conocido como Solís, un estudiante de preparatoria de 14 años.
— ¡Uf! ¡Qué miedosos! ¡Están exagerando! —se quejó, pateando una roca con desdén.
La noche parecía tranquila, los insectos cantaban en el bosque, y la luna, como una amante distante, iluminaba el paisaje con su luz plateada.
— ¿Descorazados? Yo nunca vi uno de esos, y siempre vengo a este bosque... —comentó, con una sonrisa desafiante.
A lo lejos, la ciudad de Atintiq brillaba, iluminada. Las rosas rojas crecían en abundancia, tanto dentro como alrededor de la ciudad.
— Mi Atintiq... —dijo, suspirando—. Es la nación con más fuerza de todas. ¿Por qué deberíamos tener miedo a esas criaturas?
Solís se dio la vuelta y sacó su teléfono móvil rojo carmesí. Lo apoyó sobre una roca y lo puso en grabación. Retrocedió unos pasos, se acomodó y comenzó a hablar con una arrogancia juvenil que lo caracterizaba.
— ¡Qué noche tan linda! ¡Nada extraño, ningún descorazado a la vista! Ustedes... gallinas, dicen ser mis amigos, pero no me quieren acompañar al bosque —gritó, señalando el celular con una sonrisa confiada—. ¡Verán! ¡Seré el mejor soldado de Atintiq! ¡Y no le tendré miedo a nada!
Dio un par de vueltas sobre sí mismo, lleno de energía, y recogió una rosa del suelo.
Escuchó un crujido a lo lejos, Solís se asustó un poco y dejo caer la rosa, pero luego sonrió, algo nervioso, mirando hacia la cámara.
— ¡Hasta un conejo camina con tranquilidad en el bosque! Cuando vean este video, chicos, ¡alisten sus billeteras porque yo gané esta apuesta! —tomó aire, se preparó para continuar y, con una sonrisa confiada, gritó—. ¡Aquí no hay descorazados!
En ese mismo instante, todo se volvió tenso. Los ruidos de los insectos se apagaron en un segundo. Solís dejó de sonreír, sintiendo una mirada penetrante.
Entre los árboles, algo brilló con un destello blanco... Un par de ojos blancos en la oscuridad. Todo estaba en un silencio absoluto. De repente, esa cosa de pelaje negro... corrió hacia Solís con una rapidez aterradora en sus cuatro extremidades.
— ¡AAAAAAAAAAH!!!!!! —gritó con todas sus fuerzas.
Solís retrocedió unos pasos, pero, de repente, sus piernas no respondieron. Fue como si el miedo le hubiera paralizado, y sin poder evitarlo, cayó al suelo, dejando escapar un suspiro ahogado.
— ¿Un descorazado...? ¿Voy a morir? —murmuró, con los ojos abiertos como platos, mientras una ola de pánico recorría su cuerpo.
Instintivamente, se cubrió el pecho con los brazos, protegiendo su corazón, y cerró los ojos con tanta fuerza que deseó desaparecer.
Pero antes de que la criatura pudiera alcanzarlo, un rugido resonó desde otro lado del bosque, y de entre los árboles apareció un oso pardo enorme, como una sombra colosal. Con una furia salvaje, se lanzó contra el descorazado, llevándolo al suelo con un golpe brutal.
Solís abrió los ojos, atónito. Sus ojos negros brillaban con la luz de la luna, como dos espejos reflejando el caos que se desataba ante él.
El oso mordió al descorazado en el cuello, y este se estremeció violentamente. Su cuerpo se retorció, pero las garras del monstruo no podían atravesar la piel impenetrable del oso. El descorazado apretó con fuerza, pero el oso no soltó su presa, y la sangre dorada comenzó a brotar del monstruo.
De repente, algo extraño ocurrió. En la cara del descorazado, la piel comenzó a rasgarse como si algo estuviera intentando escapar. Una boca monstruosa apareció, y con un rugido tan agudo que hizo que Solís se cubriera los oídos, el descorazado gritó. El oso cerró los ojos también y suavizó la presión por un instante.
En ese preciso momento, el descorazado se liberó, abriendo las manos. Sus garras se expandieron, y con un movimiento rápido, dejó una herida sangrienta en el brazo del oso.
Aunque herido, el oso no se detuvo, con un rugido feroz, atacó de nuevo. El descorazado, tambaleante e inestable, fue atrapado una vez más. El oso lo arañó con sus garras doradas, que brillaban como si fueran mágicas. Sus ojos resplandecieron con un tono dorado, y en un último esfuerzo, el descorazado cayó al suelo.
Pero, en el momento en que murió, algo inesperado ocurrió. Su cuerpo se deshizo en un resplandor dorado que se esparció por el aire, ascendiendo hasta el cielo como si se disolviera en polvo de estrellas.
— Q-q-qué es esto... —tartamudeó Solís, aún tembloroso, mirando cómo la criatura desaparecía.
Aún en el suelo, intentó levantarse, pero cuando vio que el oso lo miraba con esos ojos dorados, se quedó paralizado.
— ¡N-no te acerques! —gritó, con la voz quebrada, aunque su corazón palpitaba como nunca.
Pero el oso no se detuvo. Poco a poco, su figura comenzó a transformarse, como si la magia lo envolviera en chispas doradas y en un abrir y cerrar de ojos, la figura de un chico apareció frente a él.
Tenía ojos cafés y serenos, y su cabello también era castaño. Llevaba una camiseta beige con un pin de oso dorado que parpadeaba suavemente, y un short café. Estaba descalzo, cubriendo un brazo que parecía herido.
— Tú... —murmuró Solís, con los ojos desorbitados— ¿Qué eres?
El chico sonrió suavemente, como si no fuera la primera vez que alguien lo miraba con sorpresa.
— ¿Estás bien? —preguntó con una voz tan suave y serena.
— Y-yooo... —Solís no sabía qué responder, aún procesando la transformación del oso.
— Se te pasará pronto —dijo el chico, observando cómo Solís temblaba—. Deberías volver a tu casa. No es bueno que camines por el bosque de noche...
— ¿¡Tú eres de Kuychi!? —gritó Solís, completamente asombrado.
— …Supongo que es inevitable decirte que no, por lo que viste... —respondió el chico, encogiéndose de hombros con una sonrisa misteriosa.
— ¡Pero ellos, Kuychi, dicen que tienen un muro! ¡¿Cómo es que saliste?! ¿Pueden salir?! ¡¿Son mágicos?! —Solís no pudo contenerse, soltando una lluvia de preguntas mientras se ponía de pie, con las piernas temblorosas, pero con una sonrisa enorme, llena de curiosidad.
— …Mejor... aléjate un poco —el chico retrocedió unos pasos—. Bueno, supongo que es así... De hecho, es la primera vez que salgo. Me emocioné tanto por estar afuera que corrí muy lejos y terminé aquí... A decir verdad, ya debería irme...
El chico comenzó a alejarse, pero Solís lo detuvo, agarrándole del brazo.
— ¡Espera! ¿Volverás aquí!? ¿No quieres jugar conmigo? ¡Seamos amigos! —la sonrisa inocente de Solís hizo que el chico se sorprendiera.
El chico parecía de la misma edad de Solís, él estaba confundido, pero también... ¿feliz?
— ¿Amigos? ¿Quieres ser mi amigo? —sonrió suavemente.
— ¡Sí! Mira, soy Solís, pero me puedes llamar Sol —dijo con orgullo, levantando el pecho—. Nadie más es digno de llamarme así. ¿Y tú, cómo te llamas?
El chico se quedó pensativo por un momento, mirando en otra dirección, como si fuera peligroso decirlo. Pero luego, levantó la mano y, con una suave sonrisa, habló:
— Me llamo Jachatio.
Solís apretó con fuerza la mano de Jachatio, y, sin pensarlo, lo jaló con fuerza, sorprendiendo a Jachatio, quien se estremeció un poco por el dolor de la herida en su brazo.
— ¡Bien! Ahora que somos amigos, ¡te llevaré a mi casa para curarte esa herida! —exclamó Solís, con una sonrisa de oreja a oreja.
— E-espera, Solís. ¡No puedo! —dijo Jachatio, intentando zafarse.
— ¡Dije que me dijeras Sol! —respondió, con un tono firme.
Jachatio hizo una mueca y miró hacia un lado, pero no pudo soltarse de Solís. Finalmente, se resignó.
— Bien... Sol, pero que no tome mucho tiempo.
— ¡No te preocupes por eso! ¡También te daré unos zapatos! ¡Tío!
— …¿Tío?
Sol, tomo su celular y lo puso con nerviosismo en su bolsillo soltando una risita, y continuó jalando a Jachatio a su casa entre juegso y risas.
Así, los dos nuevos amigos de diferentes Naciones, comenzaron una historia que nunca debió haber sido... pero que, en sus corazones, era inevitable.
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Notas del autor: Me alegra mucho de que estén aquí, no saben lo importante que es para mi...
¡No te pierdas el próximo capitulo!
¡PROXIMAMENTE!
Cap 1
“Orejas de oso y torta de fresa”
Con cariño: Mapache.


