Capítulo 1
Wednesday Addams era una persona peculiarmente sencilla que gozaba de cosas tan simples como torturar a su hermano menor, interpretar complejas melodías en su cello, escribir novelas oscuras y asistir a funerales. Disfrutaba los funerales; se había colado en ellos desde que aprendió a leer la sección de obituarios. Usualmente, en cuanto la tierra toca el ataúd, la joven gótica se retiraba del lugar, pero en éste en particular, su cuerpo se negó a obedecer.
Sintió su corazón acelerado, una asfixiante opresión en el pecho y un escozor en los ojos que no sentía desde hace años.
-“La marca que dejaste en mí es indeleble”- pensó observando fijamente la lápida frente a ella. La figura de los lobos a cada costado la irritaba a sobremanera, pues el meticuloso tallado no daba justicia a la terrorífica bestia que Enid había sido en vida. Cerró los ojos para rememorar la mirada celeste de la joven rubia aquella noche que se enfrentaron al hyde, misma que se transformó en una cristalina cuando sus miradas se encontraron a la distancia a las afueras del colegio, justo antes de que Enid corriera hacia ella para estrecharla entre sus brazos.
Sin despegar la vista de la lápida, acarició el snood en su cuello con nostalgia, visualizando en su mente la imagen de Enid en su ataúd luciendo la prenda rosa alrededor de su cuello. “Propongo utilizarlos en una ocasión especial, un funeral por ejemplo”. Tensó la mandíbula conteniendo un sollozo que luchaba por escapar de sus labios.
Un caótico llanto la regresó a la realidad. Con disgusto observó cómo Esther Sinclair se arrodillaba frente a la lápida susurrando incongruencias. Wednesday sintió un profundo odio catalogando aquella escena como un acto de hipocresía, pero antes de hacer algún comentario sarcástico al respecto, recordó que la estupidez humana era tan grande que llevaba a valorar lo querido únicamente cuando se había perdido. Quizás, al igual que ella, ahora que era consciente de que nunca más vería a Enid, su madre finalmente había caído en cuenta del amor que le tenía.
Aquel pensamiento la asfixió aún más. De pronto, se sintió como la Wednesday de 6 años que lloraba desconsoladamente frente a la tumba de Nero; sin embargo, aquello era peor. Enid no era su mascota favorita, era la persona que se había preocupado genuinamente por ella, que la había cuidado, considerado sus sentimientos, que se había tomado el tiempo de conocer a la genuina Wednesday sin crear una fantasía de su persona. Enid era aquella joven que, sin dudarlo, había arriesgado su vida para salvarla.
Frotó disimuladamente sus ojos con la intención de borrar el rastro de lágrimas que comenzaba a formarse. Cuando sintió que no podría seguir aparentando una frialdad que no sentía, dio media vuelta para alejarse del lugar, dejando atrás a las personas que lloraban la muerte de Enid Sinclair.
-¡Wednesday!-gritó Xavier alcanzando su paso, siendo seguido de cerca por Ajax.
- ¿Qué quieres? - exclamó con desdén, deseosa de alejarse del lugar para poder liberar los sentimientos que oprimían su interior.
-Quería decirte que estoy aquí para ti-susurró con ridícula timidez- para lo que necesites… sé que Enid era tu amiga y
-Ella no era mi amiga-susurró irritada, sintiendo que aquella palabra no servía para describir todo lo que Enid significaba para ella. No, el concepto de amistad era deficiente para el mundo de sentimientos que Sinclair despertaba en su interior.
-¿¡Cómo puedes decir eso!?-reclamó Ajax con disgusto. Wednesday fijó su fría mirada en él, preguntándose nuevamente cómo Enid pudo interesarse en alguien que claramente no estaba a su nivel.
-Tengo mejores cosas que hacer-exclamó tajante retomando su camino, ignorando las ofensas del joven gorgón. Queriendo alejarse del mundo, se escabulló en la hacienda de la familia Sinclair, refugiándose en la que sabía era la habitación de Enid, habitación que habían compartido durante su visita ese verano.
Tomó entre sus manos el peluche de un gato negro, cuya cara de disgusto saltaba a la vista. “Es mi favorito…de alguna manera me recuerda a ti. ¡Mira! Tienen la misma expresión”. Aferrando el peluche contra su pecho, por primera vez en años, Wednesday Addams rompió en llanto.
Los sollozos aumentaban a medida que los recuerdos con la rubia golpeaban su mente, como una perversa tortura que el universo ejercía sobre ella, llevándola al último día en el que estuvieron juntas, cuando Wednesday, indagando sobre su Stalker, llevó a Enid al bosque.
Si tan sólo hubiese sido más cautelosa, si no se hubiese dejado llevar por sus impulsos, si por una vez hubiese escuchado a Enid, habría evitado aquella emboscada en la cual lograron dejarla inconsciente. Para cuando Wednesday despertó, no había rastro alguno de la rubia, de quien no tuvo información en días, hasta que el perverso asesino dejó el cuerpo sin vida frente a la Mansión Addams. Enid claramente había sido torturada hasta la muerte.
Wednesday abrió los ojos de golpe, sintiendo cómo su tristeza se transformaba en una ira torrencial que quemaba su interior. Observó detenidamente la habitación, deteniendo su mirada en la fotografía que posaba junto a la cama de Enid, en la cual la rubia sonreía mientras se aferraba al brazo de Wednesday. -Pagará por esto…te lo juro- murmuró antes de abandonar la hacienda.
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-Finalmente-susurró observando entre los arbustos el enorme letrero del hospital Willow Hill. Había pasado días estudiando el lugar, memorizando las instalaciones, los horarios de patrullaje, la posición de las cámaras de seguridad y la ubicación de cada guardia, por lo que no presentó gran problema adentrarse en las instalaciones.
En su plan original no estaba asesinar a tantas personas, pues pese a ser amante de la tortura y la muerte, Wednesday no era una sádica asesina que privaba de la vida sin un poderoso motivo. Pero le había prometido a Enid que vengaría su muerte, y sin importar las consecuencias, ella haría pagar a su asesino.
Si tan sólo hubiesen cooperado con la causa. Si el Sheriff Galpin hubiese revelad la identidad del asesino, si le hubiese proporcionado la información sin objeción alguna, no habría tenido que asesinarlo. De igual forma, si el personal de aquel hospital psiquiátrico le hubiesen permitido cumplir su misión sin obstrucción alguna, si hubiesen abandonado el lugar cuando lo solicitó, estarían vivos en ese momento. Todo lo que buscaba era mantenerlos a salvo, en caso de que surgieran imprevistos y Tyler se transformara en un hyde. Tantas muertes habían sido innecesarias, pero no por ello se arrepentía. Haría arder el mundo entero de ser necesario.
Luego de unos minutos, la joven gótica respiró profundamente antes de adentrarse en la habitación 19 donde estaba recluido Tyler Galpin. Pese a que la habitación era iluminada únicamente por los rayos lunares que se filtraban a través de la diminuta ventanilla, Wednesday pudo ver claramente a Tyler esposado contra una pared de hierro. El ligero sonido de sus pasos alertó al hyde, quien levantó el rostro observando detenidamente a la joven frente a él, quien se encontraba bañada en sangre.
Habían pasado tantas cosas desde la última vez que sus miradas se encontraron. Por lo que parecieron años, el único pensamiento que atormentaba a Wednesday era el de volver a ver aquellos ojos marrones, el de estar nuevamente frente a Tyler Galpin. Pero al verlo de frente, al presenciar aquella sufrida mirada, su odio se propagó por todo su sistema. No había sido difícil averiguar que él era el asesino de Enid. Las heridas en el cuerpo de la rubia delataban el ataque del hyde.
Cegada por sus emociones, clavó su daga en el costado del joven, quien gritó desgarradoramente.
-Yo no le hice nada a Enid-Exclamó el joven entre sollozos.
-Nadie ha mencionado a Enid-susurró la joven al tiempo que sacaba la daga del interior del Hyde para volver a incrustarla en su cuerpo, esta vez cerca de su clavícula. Sus movimientos eran certeros, pues no pretendía asesinar a la bestia sin hacerle honor a su apellido en cuanto a tortura se refería.
- ¿Cómo se siente? – susurró el joven con una maquiavélica sonrisa-¿Cómo se siente haber perdido a tu patética amiga?
Wednesday entornó la mirada, sacando otra daga del arnés en su pecho para rasgar el rostro del joven, justo en medio de las cicatrices que la primera pelea con Enid le habían dejado.
-Desearás no haberte acercado a ella-murmuró gélidamente. Pese a que la ira reinaba en su interior, trató de mantenerse en calma, buscando hacer justicia a Enid.
-¿Sabías…?¿Sabías que esa patética loba te quería?-Tyler jadeaba causa el dolor que sentía, su cuerpo comenzaba a sudar frio y los ligeros temblores alertaban de su próxima transformación; sin embargo, buscaba controlarse para disfrutar de la tortura psicológica de la gótica.-Lo descubrí el día que nos enfrentamos. Estaba dispuesta a morir por ti…cumplí su deseo.
Un nuevo corte en el rostro que atravesó sus labios le dificultó el habla. Tyler comenzó a toser expulsando sangre.
-Los hyde son criaturas asombrosas-dijo Wednesday con seriedad-casi indestructibles…la palabra clave es casi. -una pequeña sonrisa se formó en su rostro al tiempo que clavaba la daga en la palma de la mano del joven, dejándola inmovilizada contra la pared. -Un dato curioso sobre tu especie es que tienen debilidad ante el veneno de serpientes…pero no de cualquier serpiente- una nueva daga se incrustó en el muslo de Tyler. Esta vez, afirmó su agarre sobre el arma antes de deslizarlo lentamente con dirección al suelo, creando un profundo corte que sin duda le costaría la pierna.
-Los hyde son vulnerables al veneno de las serpientes de gorgonas- mencionó con una sonrisa, tan tétrica como aquella vez que intentó convencer a los lideres campistas de un inexistente cambio en su persona-hace tiempo tuve un ajuste de cuentas con una gorgona que no le dio importancia a un compromiso…
Tyler jadeo desesperado, buscando dejar salir al hyde dentro de él, pero por más que se concentraba, no lograba transformarse, por lo que observó horrorizado a la pelinegra, sabiendo que estaba a su merced.
-Admito con deshonra que fallé, y lejos de degollarlo como pretendía sólo logré despojarlo de algunas de las serpientes de su cabeza. Él no me delató por miedo a las represalias y yo saqué ventaja de la situación. Nunca sabes cuando puedas necesitar un poco de veneno.
Wednesday tomó del bolsillo de su antebrazo unas diminutas dagas que lanzó en dirección al pecho de Tyler, ubicando cada una a no más de 5 centímetros de la otra. La sangre comenzó a brotar creando lo que podría considera un hermoso patrón en el abdomen del joven.
-No importa cuánto me tortures… Jamás podrás igualar lo que le hice a Sinclair-escupió con dificultad logrando obtener una pequeña reacción de Wednesday. Sus ojos se entornaron, su nariz se arrugó y sus labios se contrajeron mostrando ligeramente sus afilados dientes.
-No te apresures a sacar conclusiones…El juego apenas comienza- la voz de Wednesday se escuchó en un ligero susurro, tan frío que logró estremecer por completo a Tyler. Sin descanso, Wednesday hizo uso de todos sus instrumentos para ejecutar las innumerables torturas que había aprendido a lo largo de sus 17 años. Cada corte, cada mancha de sangre y cada grito desesperado del hyde la alentaba a continuar. Su obra era majestuosa; sin embargo, por más que lo torturaba, el dolor que desgarraba su corazón por la muerte de Enid no lograba abandonar su cuerpo.
Envuelto en la locura que el dolor físico le causaba, Tyler comenzó a reír maniáticamente, escupiendo sangre mientras intentaba mantener los ojos abiertos para fijar su mirada en el mar oscuro frente a él. Podía entender por el brillo en los ojos de Wednesday que no se detendría hasta sentirse satisfecha y que, para ello, podían pasar meses. A sabiendas de que Enid era alguien importante para Wednesday, decidió ejecutar su revancha a través de la loba. Lo que nunca esperó es que la pelinegra fuese capaz de eliminar y hacer arder al mundo entero para poder cobrar venganza en nombre de Enid Sinclair. La había subestimado, aquello salía de su imaginación y se encontraba aterrado, puesto que, gracia a él, ya no existía persona capaz de controlar a Wednesday Addams.
-No importa lo que hagas- jadeo en un intento desesperado por detener la tortura-nada podrá regresarte a Enid.
Wednesday detuvo la tortura retrocediendo unos pasos para observar detenidamente a Tyler. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas cuando aceptó aquella verdad, nada le regresaría a Enid. La ira, el dolor y la angustia se mezclaron en su interior creando una revolución que superaba su autocontrol. Su cuerpo comenzó a temblar a medida que los sollozos aumentaban. Tyler suspiró sonoramente, aprovechando esos momentos para recobrar el aliento. Wednesday lo miro fijamente antes de extraer de entre su ropa la daga de obsidiana con empuñadura en forma de lobo que le había obsequiado a Enid en su último cumpleaños.
-Pero podré hacerle justicia- murmuró clavando el arma lentamente en un costado de su pecho, arrancando un agónico grito de los labios del castaño. Sus sollozos resonaban en el lugar al igual que las suplicas de Galpin. Finalmente, la pelinegra deslizó con suma delicadeza la daga dentro del pecho de Tyler, creando un corte horizontal que terminó por atravesar su corazón. Una vez que el trabajo estuvo hecho, se dejó caer de rodillas llorando, incapaz de poder controlar el dolor que sentía, incapaz de mantener su mente fría y alejar el recuerdo de la sonrisa de Enid que sólo desgarraba su alma.
“Howdy Roomie”
¡Wednesday!
¡Wednesday!
-¡Por favor Wednesday!- el aire inundó sus pulmones de golpe. Se levantó por inercia sintiendo un repentino mareo. Con las manos presionando su cabeza, observó detenidamente el lugar intentando ubicarse. Su corazón se aceleró cuando descubrió frente a ella una mirada celeste que la observaba con preocupación.
-¡Enid!-exclamó entre sollozos aferrando a la rubia entre sus brazos. Sorprendida y contrariada, la rubia correspondió al abrazo sintiéndose perdida ante aquella extraña situación. A medida que los sollozos de Wednesday aumentaban, acarició su cabello y espalda buscando tranquilizarla. No sabía a ciencia cierta que le estaba ocurriendo, pero se sentía morir al verla destruida y deseaba desesperadamente aliviar su dolor.
-¿Qué ocurre Wednesday?
-¡Estás bien! ¡Enid estás bien! -exclamó aún aferrada a la rubia. Desconcertada, Sinclair buscó poner distancia para observar los orbes oscuros de su rommie, sorprendiéndose cuando Wednesday reafirmó el agarre impidiendo su lejanía.
-Tranquila Wednesday, todo está bien. Estoy aquí- susurró acariciando su cabello- te desmayaste, justo como lo hiciste en la tumba de Crackstone. ¿Tuviste una visión?
-Te juro Enid que no permitiré que esta visión se vuelva realidad. Té doy mi palabra…no permitiré que te hagan daño.
Comenzando a comprender la naturaleza de la visión, Enid abrazó con más fuerza a la pelinegra, buscando darle paz a su torturado corazón. Wednesday sollozaba aún inmersa en las sensaciones que aquellas imágenes le habían provocado mientras Enid permanecía a su lado en silencio. La entendía perfectamente, ella misma había experimentado ese miedo cuando supo que Tyler y Laurel la habían secuestrado, y sin tener certeza de que lograra salir con vida, se aventuró a aquel bosque en busca de una oportunidad para salvar a su mejor amiga.
Luego de aquella noche todo había cambiado para ellas. Luego de aquel canónico abrazo, Enid y Wednesday se habían vuelto inseparables. Enid tenía claros sus sentimientos, los cuales sabía que sabía eran correspondidos por la gótica, quien al parecer no se había percatado de los mismos. La joven rubia mantenía la calma a sabiendas de que su rommie era nueva en lo que a sentimientos se refería, y respetando su espacio y tiempo para procesarlo, se mantenía a su lado como su amiga incondicional.
-Tampoco permitiré que te hagan daño Wends-murmuró.
- moriré por ti… Mataré por ti si es necesario- Wednesday se separó de la rubia para mirar directamente el mar azul de sus ojos, deseando que vislumbrara a través de sus orbes oscuros la veracidad de sus palabras. Enid sonrió conmovida por aquellas palabras. Sintiendo su corazón acelerado, se armó con el valor suficiente como para besar castamente la frente de Wednesday, quien de inmediato volvió a refugiarse entre sus brazos, sintiendo aún la angustia de su visión, pero una inmensa felicidad al saber que su Enid seguía con vida. Sólo había sido una visión…una visión que se aseguraría, jamás se volviera realidad.