Repressed

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Summary

En una aldea llena de criaturas con una magia recién creada están todos a la expectativa de que ocurra un desastre mágico. Ese lugar está inmerso en un aura insoportable. Una de las formas en la que la aldea podría salvarse es que la persona destinada a sacar la espada tome acción. Sin embargo, todos pierden sus esperanzas cuando eso sucede. Debris, una chica que todos toman por egocéntrica, impaciente y egoísta es la encargada de portar la supuesta espada. ¿Lo conseguirá?

Genre
Fantasy
Author
Messylivz
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Falso Error

—¡¿Cómo qué Debris fue quien desenterró la espada?!— Gritó histérica un hada mientras arrugaba la cara y entrecerró sus ojos.

—Así como lo escucha, pero no sólo eso. Creo que deberías ir a ver con tus propios ojos.

—Yo ahora no tengo tiempo para eso. Mira todo este papeleo. ¿Desde cuándo tengo que hacer el trabajo de mis padres?

—Desde que se fueron de viaje... tú misma me lo dijiste. ¿Ya no recuerdas?

—Es una pregunta retórica, Dex. ¿Qué no ves que necesito quejarme?

—Pues...

—Aunque ahora que sabemos que Debris sacó la espada deberíamos huir en masa. A otra aldea. Una donde no dependamos de Debris. Ni de mí. ¿Por qué estoy haciendo el trabajo de alcalde?

—Porque tus padres...

—¡Ya lo sé, Dex!— Grita Eulana y se rasca la cabeza insistentemente. Ve unas cuantas hebras de sus mechas negras caer en la mesa donde tiene papeles amontonados. —¡Suficiente! Tengo que ir a ver a Debris...

—¡Al fin!

Eulana lidera el camino hasta una pared con unas escrituras que van hacia dentro en forma espiral y que por alguna razón brillan de un color azul blanquecino.

—Ahí es donde estaba la espada.

—Lo se.

—¡Se que lo sabes! Sólo quiero hablar contigo. No soporto este silencio ahora mismo.

—Está bien, Eulana. Todo va a estar bien. Sólo necesitamos ejecutar tu plan de huida ahora mismo y estaremos a salvo.

—Es una buena idea... pero tendríamos que decirles a todos. ¿A dónde se fue Debris? No me digas que fue a su casa.

—No, debe estar presumiendo por ahí su arma nueva... Para ella eso debe ser un juguete.

—Conociéndola... es probable que tengas razón. ¡Ay, que venga ya esa presumida, no quiero pasar el día buscándola! Como si no tuviera cosas que hacer...

—¿Buscamos en su casa?

—¡No, entrar a esa mansión nos va a tomar la mitad del día y buscar dentro la mitad del día siguiente! ¡Me rehúso...!

Pero antes de que Eulana terminara de hablar una chica con un bate en la mano izquierda se chocó con ella.

—¡Mira por donde caminas, irresponsable! ¡Debris, es Debris! ¡A ti misma te quería ver!

—Pero yo a ti, no. Me caes mal. Siempre estás gritando. ¡Cállate un día entero!

—¡CÁLLATE Y ESCUCHA!

Pero Debris le lanzó un batazo, el cual Dex recibió con la cara porque Eulana voló al hongo más cercano y se sentó sobre él.

—Es peligrosa... Alguien así no puede salvar a nadie.— Susurró Eulana casi para sí misma.

—¡SIEMPRE ME ESTÁS CRITICANDO!— Gritó Debris, quien golpea con su bate al hongo para hacer caer a Eulana.

Pero esta tiene alas y al moverlas se elevó no más de unos pocos centímetros simulando estar aún sentada sobre el hongo para que Debris creyera que puede seguir tratando de hacerla caer y mantenerla ocupada. Eulana pensaba mientras veía a la otra chica golpear el hongo. Luego de tanto análisis finalmente habló.

—La naturaleza está decepcionada de ti... la has hecho triste con tu modo de actuar. Tal vez es por eso que la espada sólo pudiste sacarla tú… Siguiendo la lógica de nuestra magia…

—¡NO SE LO QUE ESTÁS DICIENDO! ¿POR QUÉ NO TE CAES?

—Tal vez eres débil...— Eulana dijo sin poder aguantar la risa, cosa que enojó más a Debris y golpeó con tanta fuerza hasta que se cansó pasados unos minutos.

La chica del bate descansa en el suelo agitada. El hada desciende del hongo y se detiene en el aire, cerca del rostro de Debris. Eulana porta en su rostro una sonrisa burlona.

—¡Fastidiosa!

—Si, si... me lo dices todos los días... llega a ser aburrido...

—Saqué la espada.

—Lo se.

—No quería ser yo.

—Yo tampoco quería que fueras tú.

—No la quiero.

—Pues… cuestión de querer…

—La voy a devolver...

—Como si eso fuera a resolver algo... Tengo una idea.

...

Eulana regresa con Debris a la Oficina del Gobierno Local. Hace algunos papeles mientras esperan y manda a buscar a unos sujetos. Luego de un tiempo llaman a la puerta y ella corre para abrirla a toda prisa. Pero se detiene justo antes de abrir para hacer la introducción a Debris.

—¡Ellos te acompañarán! ¿Eh...?— Se detuvo en seco al abrir la puerta…

—¿Dex?— Pregunta Debris arqueando una ceja mientras miraba al pequeño hombre hongo por encima del hombro.

—No...

—Lo encontré tirado en el suelo por ahí...— Dice un hada de alas rojas, quien lleva a Dex en su espalda.

—Déjalo por ahí. Ahora no tengo tiempo para él.— Eulana dijo con desdén y levanta a Dex de la espalda del hada y lo arroja en el sofá y casi le cae encima a Debris. —Que impuntual es la gente en esta nación.— Eulana sale de la oficina empujando al hada y se queja.

En la oficina queda sola Debris. Se levanta del asiento para darle unos cuantos empujones a Dex y dejarlo en el otro extremo del sofá, lejos de ella. Cuando se va a sentar en su lado siente algo en el ambiente y se queda de pie. Lanza su bate hacia arriba y luego mira al techo. Su arma colisiona con el hermoso candelabro de cristales colgantes, que caen al piso en grupo. Dex despierta de golpe y se encoge en su asiento. Debris corre hacia la puerta, la cual iba a ser abierta por Eulana desde el otro lado. Debido al impacto la puerta sigue cerrada y Eulana recibe un portazo en la cara.

—¡Debris! ¿Qué sucede?

—Sucede que si abro la puerta me van a matar... Ayúdame.

—No entiendo. Pero dime qué hago...

Eulana desde fuera le da cuatro patadas a la puerta, pero no pasa nada. Se toma unos segundos para sentir su frustración. Visualiza que Debris es la puerta y le da con las mismas ganas con la que le daría a ella si la tuviera en frente y si la violencia fuese legal. La puerta se abre y Debris sale volando y cuando casi cae sobre los cristales rotos un muchacho sale de detrás de unas puertas que estaban del otro lado de la oficina, inclinadas. Atrapa a Debris en el aire. Había calculado que, del otro lado de la oficina hay un gran escritorio, donde Eulana suele firmar papeles y dormir en ocasiones. Aún así no pudo esquivarlo, se impactó contra él y la cabeza de Debris también.

—¡DUELE!— Grita Debris y se lleva las manos a la cabeza.

—¡Te dejo sola un maldito rato, Debris, y haces un tremendo desastre! ¿Y tú, cómo entraste?— Le pregunta al chico.

El chico la mira de vuelta con una cara adormecida o tal vez una expresión aburrida.

—¡RESPONDE CUANDO TE HABLO!

—Normalmente cuando aceptamos un trabajo nos gusta ver el panorama a escondidas... la gente finge... y miente....— Responde una chica que sale del mismo sitio de donde antes había salido el sujeto que evitó que Debris cayera sobre los cristales. Ella y el sujeto anterior tienen la misma cara.

—Qué paciencia hay que tener en esta aldea de mierda...— Eulana farfulla con los dedos sujetando su entrecejo. —¡Y tú, vete a dormir a tu casa!— Le grita a Dex.

...

—Bueno, se acerca un mal inminente que va a acabar con esta aldeucha.— Debris narra fingiendo la voz de un señor mayor.

—¿Estás haciendo burla de nuestra situación? También es tu situación.— Dijo el chico.

—Me voy a esconder a ver qué pasa si no hago nada.

—Ya, no...

—A mí también me gusta ver el panorama completo antes de hacer el trabajo, igual que a ustedes.

Pero los mellizos sólo se miraron entre sí con una ceja levantada.

—Tú te vas a llamar...

—¡No tan deprisa! Yo ya tengo nombre. Soy Igal.

Debris e Igal dirigieron la vista a la otra melliza, quien cabeceaba como ventilador mientras el silencio se hacía incómodo.

—Ella se llamará...

—¡Ella ya se llama Gizem!

—Sus nombres están muy feos...

—¡El tuyo es peor!— Le grita a Debris y luego le dirige sus gritos a su hermana. —¡Responde cuando te pregunten tu nombre!

—¿Quién lo hizo? ¿Cuándo lo hizo?

—¡Muévanse y dejen de perder el tiempo!

Las chicas ignoraron el escándalo de Igal y se miraron entre sí.

—Decías algo sobre un mal inminente...

—Si, lo vi con mis propios ojos... o con la mente... no estoy segura. El punto es que cuando me acerqué al lago y desenredé la espada de las telarañas tuve una visión... Todos se convertían en polvo negro, tenían los ojos grandes y apagados. Yo los observaba y no podía hacer nada para ayudarlos.

—¿Estás segura? Se supone que quien saque la espada es quien puede salvarnos.

—Bueno, dicho de esa manera no necesariamente implica que realmente vaya a salvarlos. Es sólo una posibilidad.— Debris responde mientras mira a Gizem con una chispa en sus ojos y la nariz apuntando al cielo.

—Me aseguraré de que no descanses ni te rindas hasta que hayas agotado toda posibilidad hasta que finalmente nos salves. No te permitiré fallar de ninguna manera.— Igal se adelantó. Sus ojos superan el brillo de la chispa en los ojos de Debris.

—No, no, no… ustedes fueron contratados para hacerlo todo. Yo les daré ánimos.

—¡Yo no quiero vagos en mi equipo!

—¡No somos un equipo!

—Temporalmente si.

—Iggy, siempre andas peleando con todo el mundo.

—¡Yo no ando peleando… intencionalmente!

Los tres se quedaron en silencio. Igal se aleja un poco de las chicas para calmar su respiración agitada. Mira un rato hacia el horizonte y regresa calmado. Una parte de él está sorprendido de que no hayan interrumpido su intento de momento zen. Los tres se miran de nuevo, en silencio. Parecía que iba a continuar así hasta que de los ojos de Debris comenzaron a brotar lágrimas. Sin embargo, ella no lucía triste, sino enojada.

—¡¿Qué sucede?!

—Igal, eres malo. La hiciste llorar.— Dijo Gizem.

—Yo no quería sacar esa cosa rara del lago de telarañas. Si pudiera volver atrás y hacer lo contrario lo haría. Ahora cuando no sea capaz de salvar a nadie todos sabrán…

—¿Sabrán qué?

—¡No te importa!

—Igal, ya no la pongas a la defensiva.

—¡Si no hice nada! ¿Por qué es mi culpa que a ella todo le de una reacción?

—Todos sabrán que soy una inútil… No sirvo para nada…

Gizem pone su mano en el hombro de Debris. Con ese gesto ella piensa tranquilizarla por un rato. Pero el gesto de Gizem parece pasar desapercibido. Debris tiene sus ojos fijados en un punto hacia el suelo. Sus pensamientos viajan en espiral hacia abajo. Debris no quiere ser percibida de forma negativa para los habitantes del pueblo. A aquellas personas las veía regularmente y lo mejor era dar una imagen positiva. Sin embargo, debía ocultar su estado actual y sonreír, como siempre. Antes de que asocien su imagen de forma en la que no quiere ser recordada. Arrugó un poco la nariz, tratando de salir de su estado actual. Pero su cabeza seguía dando vueltas…

—Niña tonta…

—Demonio con cuerpo humano…

—Aparentando ser una chica alegre y brillante, como siempre. Pero la realidad es…

Debris trata de volver a la realidad. Esos pensamientos que surgen en su cabeza. ¿De dónde salieron? ¿Por qué todos tienen voces diferentes pero ninguna de ellas es su propia voz?

—¡Cállense estúpidos!

Gizem retira su mano del hombro de Debris e Igal la mira con los ojos medio cerrados y una ceja levantada.

—Se que no somos fáciles de tratar pero tampoco tienes que ser tan grosera…

—¡No les decía a ustedes! Yo…

—¿Tú qué?

Es esa cosa que saqué del lago. Ya no la quiero. Lleven eso lejos de mí…

—Ah…— Igal suspira y se pasa las manos por la cara; desde los ojos hacia abajo donde termina la barbilla. —Dámelo a mí…

—No lo traigo aquí…

—¿Por qué demonios no traes eso contigo? Tienes dos armas en la mano. ¿Ninguna es esa?

—No…

—Me gustaría que te investiguen la cabeza para saber cómo tomas las decisiones. ¿Por qué no lo traes contigo?

—Porque un bicho molesto me decía cosas raras…

—Genial, ahora la chica está oyendo cosas. Mira, sólo dime dónde pusiste esa cosa. ¿De vuelta al lago?

—¿Eh? No. Está en mi casa.

—¿En la mansión de los Derretti?

—Si.

—¿Por qué…? ¿Sabes qué? Déjalo así.

—Todos creerán que soy una inútil…

—No eres… Bueno, tal vez para unos si lo seas y para otros no… Sólo debes decidir en qué quieres ser buena y enfocarte en eso…

—Eso no sonó tan alentador como tú crees…— Su hermana le señaló.

Pero a pesar de las palabras de Gizem, Debris enderezó su espalda e inclinó su cabeza hacia Igal, mirándolo fijo a los ojos.

—¿Tú de verdad lo crees?— Preguntó mucho más relajada con la guardia totalmente baja y brillo en sus ojos. —Porque cuando fui al lago de telarañas la espada todavía no había cambiado de forma… Aún era una espada. Sin embargo, cuando la saqué de ahí se convirtió en una horrenda y patética cuchara de albañilería…

Igal y Gizem intentaron mantener sus rostros inexpresivos para no reírse de la situación. No sabían qué tan susceptible podría llegar a ser Debris y tampoco querían ponerla a prueba. Sin embargo, la situación era tan ridícula para ellos que Gizem al final mantuvo su rostro sonriente pero algo reprimido al mismo tiempo. Igal desvió la mirada para evitar soltar una carcajada.

—Iggy… es mi hora de las medicinas.— Cambió el tema para evitar reírse por completo.

—¿Por qué me lo dices? Tómalas y ya. ¿O acaso reírte no te lo permite?

—Yo no me estoy riendo… Mis medicinas están en casa.

—Me van a oír las dos. Cuando uno va a estar fuera de casa se supone que lleva las cosas importantes. Eso incluye medicinas y armas destinadas… ¿Cómo gente como ustedes ha logrado sobrevivir con esa actitud descuidada?

—Pero a tí también se te olvidan algunas cosas…

—No estoy hablando del pasado o cosas hipotéticas… ¡Ya no perdamos más tiempo. Vamos a casa a que Gizem tome sus medicinas, luego vamos a la mansión de los Derretti.

—No, no… si descubren que Debris no lleva la espada consigo las cosas empeorarán. Ustedes vayan a casa de Debris y luego yo los alcanzo.

—Pero, Gizem, tu condición… No te quiero dejar sola.

—Estoy bien. Confía en mí.— Gizem se acerca más a su hermano y le dice entre dientes. —Recuerda para qué nos contrataron…

—Yo confío en ti. Pero no confío en tu condición.— Él también se acercó a su hermana para susurrar entre dientes. —No hables así, se ve sospechoso…

—Yo creía que los hermanos iguales tenían telepatía… pero es todo una mentira… Nah, no puede ser una mentira. Ustedes están faltos de entrenamiento, si.

—¿Qué?

—Estaré bien.

—Oh… recuerda, soy tu hermana. No tienes que llamarme Gizem.

—Ey, aquí no…

—Dilo…

Igal se acerca a su hermana. Permanecen en silencio un largo rato antes de que Igal susurra a regañadientes.

—Gizzy…

—¡Ah!— Dijo Gizem de forma burlona para molestar a su hermano.

—¡Ah!— Debris la imita, también buscando molestar a Igal.

—¡Ya basta, cierren la boca!

Gizem camina por una zona a oscuras a pesar de que son las once y tantas de la mañana. La calle tiene forma de pendiente hacia abajo, por lo que va a toda velocidad, incluso si trata de controlar su paso. Los edificios están pegados unos a otros, con un pequeño espacio entre algunos de ellos.

—Debo llevar conmigo más que esta medicina… el ambiente cerca de ellos es insoportable…— Dijo Gizem y tomó de un frasco azul que brilla como las luces de neón. Seguido agarró unos sobrecitos que tenía escondidos en una gaveta detrás de una colección de calcetines blancos que estaban aplastados y envueltos en una especie de almohada del mismo material que los calcetines. Se paró frente a un espejo. Practicó expresiones faciales aburridas, relajando todo el rostro. Luego practicó una sonrisa. Se rió de sus propias tonterías y salió de la casa loma arriba. Pero se detuvo pensando en lo pesado que le resultaba subir. —Voy a tomar el camino del túnel…

Debris e Igal tomaron una limosina que Debris pidió. El cuerpo de Igal estaba tenso, su columna recta y dolorosa, sus brazos tiesos presionados con sus rodillas. También tenía comprimidos la mandíbula y su trasero. Con todo el espacio que había en el interior, él cada vez se hacía más pequeño en su sitio. Debris estaba tratando de no reírse pero tenía muchos deseos de burlarse de él. No lo hizo porque estaba anticipando de que si lo hacía luego él se burlaría de ella cuando lleguen a su casa y vean su nueva arma. Su orgullo no permitiría que eso suceda.

«Se va a burlar de todos modos.» Pensó Debris.

Debris mira a Igal insistentemente. Cuando el chico siente el peso de su mirada le mira de vuelta con una ceja levantada.

—¿Qué me miras tanto?

«Tan rígido… por eso es que no es divertido…»

Llegaron a la mansión de los Derretti, una casa bastante extraña que ocupa grandes extensiones de tierra.

—¿Puedes creer que mis padres me dejaron a cargo de todo esto?

—¿Ah, si?

—¡De verdad!

«Ay, no. ¿Ahora tengo que escuchar a esta malcriada hablar de la riqueza de sus padres? ¡Qué fastidio!»

—Yo creí que mandar iba a ser divertido. Pero no lo es. A eso agrégale la responsabilidad de la cosa esa que debería ser una espada… ¡Eso son trabajos aburridos para alguien como tú, no para mí!

«¿En serio acaba de decir eso?»

La conversación, o más bien el monólogo de Debris, duró todo el camino desde la entrada hasta su habitación. Igal no parecía muy alegre de escucharla pero ella no lo notó porque no lo ha visto sonreír desde el momento en que la salvó. Debris se demoró mucho para entrar en su habitación y tomar el artefacto que la hace sonrojar del enojo y la vergüenza. Desde el brillo de la cuchara de albañil se levantó una figura enorme. Parecía hecha de polvo y telas elásticas. Tenía una textura casi invisible y era incluso más suave que la tela. Sucia y gris como las partículas de piel muerta. Se giró hacia ellos, puesto que les estaba dando la espalda. Su velo completamente hecho de telarañas se deshacía con sus movimientos de giro. Pero ese material no se limitaba a sus ropas, puesto que también de eso estaba hecho el resto de su cuerpo hasta el más mínimo detalle, incluyendo sus cabellos y pestañas.

—Oh, Debris… Finalmente podremos hablar del “Desastre mágico” que podría suceder…— La figura suspira de alivio y con un movimiento ágil toma a Debris del brazo, clavando sus uñas en la larga chaqueta de la rubia antes de amenazarla. —Si te atreves a huir de nuevo tomaré tu cabeza y la larga frente que tienes la estrellaré contra el suelo. Aunque no te va a doler y no hará ningún cambio en ti. La parte de la corteza frontal de tu cabeza no debe ni estar en proceso de desarrollo…

—¿Por qué le dice eso?— Igal responde indignado.— No creo que seas mucho más inteligente que ella al hablarle de cosas que probablemente no entienda.

—No me defiendas…

—No lo estaba haciendo…

—¡Deberías hacerlo, somos un equipo!

—Oh, por favor. Si nos contrataron para vigilarte. Tienes la edad mental de una adolescente.

—¡Tu comportamiento tampoco es muy de adultos! Sólo porque eres serio y no puedes relajarte o divertirte no significa que seas maduro.

—No disimulen tener una conversación sólo para hacerme callar. Debris, debes escucharme.

—Deja ya de actuar como alma en pena buscando atención y dinos qué quieres.— Igal se adelantó.

—Les voy a decir hasta donde puedo… sobre lo que sucederá pronto. Esto es importante si no quieren tener arrepentimientos.

—Es fácil no tener arrepentimientos. Sólo me olvido de lo malo y ya.— Debris dijo sin vacilar.

Igal impulsa su brazo desde detrás de su cuerpo hacia la boca de Debris.

—¡Silencio! Nos retrasas.— Luego dirige su atención a la chica hecha de telarañas. —¡Tú, habla de una vez!

—Hace mucho tiempo sucedió algo que me gusta llamar “El mal origen”. Esa serie de eventos creó una cantidad de criaturas demoníacas de los escombros del derrumbe de las almas adoloridas. Sólo “El mal origen” que los creó tiene la posibilidad de construirlos de nuevo. Si no arreglan los errores del pasado “El mal origen” se tragará el pueblo y se quedará vacío. Pero si lo arreglan deben tener mucho cuidado…

—¿Cuidado de qué?

—De crear un “Falso error”.

Debris contempla su alrededor con los ojos caídos. Su labio superior levantado en una mueca de disgusto. ¿Qué rayos eran todas esas palabras sin sentido? No le costaba nada a la otra explicarse mejor. Ahora tenía que preguntar por todas esos términos por los cuales no quería preguntar o quedaría como tonta.

—¿Qué es el mal origen?

—¿Qué es un falso error?— Debris pregunta aliviada de que Igal haya preguntado antes, no quería quedar como tonta por no haber entendido nada de lo que dijo la chica que tiene sus uñas clavadas en su chaqueta.

—¿Tanto tiempo viviendo aquí y no sabes lo que es un falso error?

—¿Tanto tiempo viviendo aquí y no sabes lo que es “El mal origen”?

—El falso error es algo de cada día. Todos deberíamos saber qué es porque puede pasar en cualquier momento. Además, te lo enseñan en la escuela. “El mal origen” es algo que ella se acaba de inventar… ¿No la escuchaste?

—Bueno, los dejo.— La figura abandonó la escena desvaneciéndose justo en frente de ellos.

—Mira lo que hiciste. Ahora no sabemos nada…— Igal suspira y se rasca la cabeza.

—¡¿Por qué me culpas a mí?!

—Como sea. Ya no perdamos más tiempo. Lleva esa porquería con nosotros. Ya veremos qué hacemos con esta información limitada.

—¿Cómo vamos a saberlo?

—Lo sabremos. A veces las cosas sólo encajan.

—¡No!— Debris grita dramáticamente y corre hacia la puerta de la habitación, donde se choca con un anciano en traje formal.

—Joven dama. No corra, no grite… Allá afuera los espera una chica que se parece a él…

—Es mi melliza. Vamos…

En el jardín de la entrada de la mansión se encuentran los tres de pie formados de forma circular rodeando la gran cuchara que Debris obtuvo al desenterrar la espada del lago de telarañas.

—Mira, tú que te ves rígido, se nota que nunca te diviertes y siempre estás preocupado por todo… ten esto.— Dice mientras le ofrece a Igal la cuchara de albañil.

—¿Qué es esto?

—Es la espada del lago. Creí que todos lo sabíamos…

—¿Eso es una espada?— Gizem pregunta no muy convencida.

—Me refiero al gesto… No se supone que le des la espada a alguien. ¡Irresponsable, cuida mejor tus armas!

—¡Eso no es más que un juguete!— Tira el arma en el suelo.

La acción de Debris provoca que Gizem e Igal palidezcan. Los mellizos abren los ojos. Gizem recoge la cuchara y la pone con fuerza en las manos de Debris, quien evita tocarla y sube las manos. Por su parte, Igal le habla en tono hostil y con el cuerpo tenso.

—¡Tómate esto más en serio, maldita desgraciada!

—No, ya… Paso de esto… Del Falso error, “El mal origen”, el desastre mágico y todo lo que quieran inventarse. Debe haber algo más grande para mí esperándome allá afuera. Yo siempre me he sentido diferente a los demás… Eso significa que seré alguien importante…

—Si, el desastre mágico será enorme.— Gizem agrega mirando al suelo.

—¡No estoy hablando de eso!

—¡¿Qué tanto balbuceas?! ¡Cierra el hocico y agarra esto!— Igal coloca en las manos de la chica la cuchara de albañil.

Debris mantiene sus palmas abiertas, no queriendo agarrar su nueva arma. Pero como abrió la otra mano el bate de la chica cayó en el pie de Igal quien a penas hizo una mueca de dolor; demasiado enfocado en que ella agarre la cuchara. Gizem no pudo evitar sonreír a sí misma al ver la interacción entre su hermano y Debris. Soltó una carcajada cuando su hermano gritó frustrado ante la resistencia de Debris. Las manos de la chica eran más rápidas que las de él y ella también reaccionaba antes. Sin embargo, la risa de Gizem distrajo a Debris; momento que Igal aprovechó para poner la cuchara en el pecho de Debris y las manos de la chica presionadas con la cuchara y el pecho.

—¡Eso es trampa!

—Ya, por favor. No quiero perder todo el día en esto…

—¡Ay, qué difícil eres! No seas tan… de palo… aprende a divertirte y relajarte…

—¡La difícil eres tú! Responsabilízate de tu destino… lo que sea…

—¿Por qué yo? Hazlo tú… parece que te importa más…

Gizem pone los ojos en blanco e interrumpe la conversación que ya le empieza a molestar.

—Debemos atacar el problema de raíz. Hay que encontrar dónde inició, saber cómo es. Siempre se ha hablado del “Desastre Mágico” pero nunca nadie ha dicho exactamente qué es… o cómo se ve. Necesitamos anticipar eso para saber cómo vencer.

—Bueno… la magia aquí es… insoportable y tiene su origen en cosas insostenibles… ¿No será nuestra magia la causa origen?

—¿Eh, “El mal origen”?

—Es lo mismo…

—Espera… ¿el mal y la causa origen se refiere a lo que inició todo? ¡Ah, ahora entiendo! Era fácil de entender, no había que explicarlo… Espera un poco. ¿Llamaste a nuestra magia, a mi magia, insoportable?

—Si… ¿Algún problemita?

—Otro hombre que le teme al mundo emocional. ¡Qué novedad!

—No le tengo miedo. Sucede que es un tipo de magia impredecible del cuál no sabemos por qué existe y requiere cierto nivel de conciencia para entenderlo. A veces parece que se fue, que lo resolviste y en realidad está ahí. A veces si sabes que no se ha ido pero prefieres ignorarlo. Eso sólo lo hace más grande con el tiempo. Es un tipo de magia compleja y delicada.

—Ay no… eres emocional…

—¡Ya basta Debris; en lugar de estar molestando tanto a mi hermano explica qué diantres es este cacharro! ¿Por qué tienes esa cosa rara así? En el lago de telarañas hasta donde todos sabemos sólo había una espada. ¡No un objeto que oscila entre una pala jorobada triangular o una paleta de albañil aumentada! ¿De verdad fuiste tú quien sacó la es…?

—Fue ella. Vimos a Jaxeline, la guardiana del lago… parecía no sorprendida con la apariencia de la “espada”.

—Ya sé. Es una espada, es una espada, es una espada…

—¡Oh! Es una espada, es una espada, es una espada…

—¡Cállense, repetir como papagayo que es una espada no la volverá una espada!— Gizem grita alterada.

—De todos modos, la única pista que tenemos sobre todo esto es esa cuchara gigante…

—Ah… elegí esta ropa creyendo que se vería bien con una espada…

Gizem e Igal miraron a Debris con una expresión neutra. Había un atisbo de desconcierto en ellos. Como si un pullover y saya deportivos, una chaqueta larga blanca con una explosión de pintura multicolor y botas medio largas con pelos no combinan entre sí… menos lo harían con una espada. Los mellizos se miraron el uno al otro. Gizem niega con la cabeza, pero Igal ladea la suya, como si diera la mitad de su aprobación.

—Esta horrible cuchara…

—Pero… la cuchara… tiene algunas flores. Está bonita.— Gizem trata de aliviar la situación.

—¡Ese no es el punto! No es genial, no es una espada…

—Encaja perfecta con la portadora.

—¡¿Qué dijiste?! ¿Que me vas a patear la cara?

—¿Qué?

—¿Cómo?

—¿Que me visto feo?

—Oye, él no dijo eso…

—¿De verdad crees que no valgo nada?

—Oye, nadie ha dicho nada de nada…

—¿Qué te duele el corazón?

—¿Por qué diría algo tan extrañamente vulnerable?

—¡No estoy hablando con ustedes, cállense!

Gizem e Igal se miraron entre ellos. Los mellizos abrieron los ojos y juntaron sus cejas. Se veían entre preocupados y sorprendidos.

—¿El bosque de los susurros? Estoy segura de que eso no existe… ¿De verdad?

—¿Deberíamos llevarla con un profesional de la salud mental?

—Creo que antes deberíamos recopilar más información sobre sus amigos imaginarios.

—No son mis amigos. Me insultan mucho. Son enemigos.

—Esto es peor de lo que pensé…

Debris se adelanta. Camina más allá de la fuente de la entrada de la mansión y cruza el umbral hacia las afueras. Gizem e Igal deciden no perderla de vista. Debris camina a mano derecha, todo recto hasta la entrada hacia un conjunto de árboles enormes. Dentro de esa zona el cielo se ve diferente. Está todo cubierto de hojas y aún así se pueden ver las estrellas a través de ellas. Pero el camino está lleno de ramitas largas que podrían con facilidad engancharse en la ropa. Debris las arranca con su bate y avanza con pasos seguros. Los mellizos continúan por el camino que ella está abriendo. Debris se detuvo en el medio de una zona despejada. Arriba aún se encontraba el cielo cubierto de ramas con numerosas hojas. La rubia se arrodilló y agarró su cabeza. Gizem notó el estado de Debris de inmediato y fue a socorrerla. Debris patalea con fuerza e inclina la cabeza mucho más en dirección a su pecho. Gizem trata de que Debris no caiga y se golpee la cabeza; clavando sus dedos en los hombros de la chica. Igal siente que algo se está acercando y desenvaina su arma: un látigo de dos metros de largo por el que pasa una corriente bicolor amarilla y rosa,

—Tengo ganas de vomitar…— Dijo mirando en dirección hacia la derecha.

Sus ojos continuaron girando en el sentido de una línea hacia arriba y luego hacia la izquierda. Justo donde se encuentran Debris y Gizem. Él agita su arma con cuidado de no golpear a las chicas y pasa entre ellas. Da un latigazo preciso al otro lado del suelo. Un golpe seco que cayó junto a varios rayos bicolores. El estruendo dejó una marca vertical profunda de la que salieron un montón de partículas negras que los rodearon.

—¡Atrás, atrás!— Gritó dando golpes en todas direcciones para evitar que las partículas se acercaran.

Igal echó un vistazo hacia donde se encuentran Debris y Gizem. La primera tenía la cabeza prácticamente pegada en la tierra y la segunda se agarró el pecho mientras encorvaba su postura. Debía ser fuerte, pues temía que los fuera a alcanzar esa cosa negra que los afectaba a los tres. Igal comenzaba a ceder. Aquel espectáculo le hizo adoptar una postura en forma de “c” cubriendo su estómago adolorido. Fue entonces cuando las partículas se unieron. Unas desaparecieron entre los árboles y las otras se posicionaron de pie en frente de él, en forma de dos criaturas oscuras con ojos saltones. Una de ellas tenía dos orejas humanas que le sobresalían y el otro un trasero un poco grande.

La sensación de dolor en los tres pareció disminuir lo suficiente, lo cual les permitió ponerse de pie.

—¿Qué fue eso?

—Estoy cansada de que me critiquen…

Igal y Gizem miraron a Debris con los ojos entrecerrados. No entendían muy bien lo que la chica estaba diciendo. A ella se acercó una criatura que luce como una mota negra gigante y abrió un orificio que podría ser su boca, tal vez. Se abalanzó sobre Debris, quien estaba sumida en sus pensamientos; lo suficiente como para no ser consciente de lo que acontece alrededor. El demonio casi se traga a Debris de no ser porque Igal y Gizem estaban justo en frente de ella. Algún modo de combinación involuntaria de sus magias hizo que su alrededor cambiase. De repente el mundo se volvió de tonos sepias. Había un clima de cierta forma lluvioso y todo parecía ser más grande de lo que era actualmente. Era el segundo día de la escuela de una persona cualquiera, cosa que sólo entusiasmó a los padres de la persona; la cual a través de sus ojos se ven los acontecimientos. Se escuchaban por todos lados: “no quiero ir a la escuela” repetido como si fuera un mantra. Igal, Gizem y Debris encontraron la frase bastante familiar. Algo que todos hemos pensado en más de una ocasión. Sin embargo, en esta pantalla la frase se repetía de manera insistente, demasiado incluso para un niño. Hubo un flash que los apareció en la escuela. Estaban rodeados de otros niños que estaban girados hacia fuera de sus asientos, hablando con otros. El que parecía ser la cámara estaba muy normal. Sin embargo, de repente se empezó a oscurecer el borde de la pantalla, los niños sentados al frente suyo, girados hacia atrás regresaron de nuevo hacia adelante, su posición original. Escuchó una voz que apagó la pantalla. Gizem e Igal reaccionaron un poco, como si hubiesen recibido un golpe. Pero no le dieron mucha importancia, al menos no Gizem. Luego cambió la cámara de nuevo, estaba la pantalla en el patio… Ahí estaba ella, con sus cabellos rubios tomando por todas direcciones, con el uniforme desarreglado y mucho maquillaje puesto.

—¡Tienes las orejas tan grandes, como si estuvieran tratando de abandonar tu cabeza! Parecen vías de escape.

Los niños alrededor se reían. Algunos de ellos de manera genuina, otros tenían unas expresiones un poco menos naturales. Como si hubiesen decidido actuar que estaban riéndose. La escena era incómoda de ver para Gizem e Igal. Él se acercó a la niña que lanzaba insultos. Gizem prefirió ignorarla.

—Me acuerdo de esto… Pero no me acuerdo de este día o de este momento específico…

—Yo también. Recuerdo vagamente a estos niños… pero no sé por qué…

—Yo creo que este día hemos visto cosas muy extrañas. Deberíamos regresar.¿Cómo se hace eso?

—No lo sé… Iggy… ¿tú también lo sientes?

—Si te refieres a la sensación de estar en peligro, pues si…

—No me refiero a eso. Creo que aquí alrededor hay muchos recuerdos tristes.

Igal estaba buscando su látigo para responder. Sin embargo, no lo encontró. Gizem, por su lado cerró los ojos, absorbiendo a su alrededor. Apretaba los párpados y trataba de rechazar lo que se metía en ella, pero no había manera de que lo consiguiera. El cuerpo de Debris aún no se movía. Sólo miraba a una niña en particular. Le seguía el rastro a donde sea. Fuera del microcosmos de la pantalla de tonos sepia aún estaban los cuatro en la misma postura. Debris de pie con la cuchara en su mano. Gizem e Igal delante de ella, como si la escudaran de algo. Las manos de ambos seguían hacia adelante, un brillo de colores brillantes blanco y marrón salía de sus manos hacia la entidad de partículas negras que tenían hacia adelante. En los árboles alrededor de los cuatro había mucho movimiento. Al reconocer como inmóviles las figuras que tenían delante, las criaturas de ojos saltones se acercaron poco a poco. Luego dieron un salto hacia la que parece proyectar las imágenes.

Con la entrada de más criaturas sobre la original se desataron una clase de imágenes en movimiento delante de los tres. Todos tenían más o menos a los mismos niños que estaban antes, también el mismo escenario: La escuela secundaria. Pero a pesar de que más o menos las mismas personas aparecían en las imágenes, había una sola que estaba en absolutamente todas ellas. Curiosamente también era la única que hacía la misma acción.

—¿No era hoy cuando te operan la nariz o se arrepintieron los médicos?— Dijo la misma niña de la historia anterior. Sus pupilas estaban contraídas, sus párpados inferiores estaban levantados. Temblaba de tanto contener su risa.

La persona a la que le estaba hablando de inmediato cambió su expresión a una más seria y empezó a ignorarla.

—Es realmente molesta. Le enseñaré modales…— Dijo Igal en el mismo momento en el que se acercó a la niña burlona. Pero sus brazos la atravesaron y no hubo forma de que la pudiera tocar. —Esto son memorias… recuerdos…

—Si y todos se sienten igual…— Gizem compartió su observación.

Debris apenas prestaba atención a las palabras de los mellizos. Estaba mirando alrededor y caminaba hacia todos lados. A veces se asomaba a algún salón, o miraba más allá de alguna que otra ventana. Pero en general casi siempre estaba en el patio de la escuela. Casi todas las memorias se concentran ahí.

—Tienes un trasero enorme y perfectamente redondo. Seguramente lo inflas antes de salir de casa.— Le dijo la pequeña niña a uno de sus compañeros y luego se alejó riéndose.

Otros compañeros del recreo también se reían. El chico al que le dirigieron las palabras, no tanto. Por alguna razón luego de ese recuerdo no se le volvió a ver más.

—¡¿Quién está haciendo todo esto?! Me está haciendo quedar como la mala, cuando eso no es verdad. Soy una chica bastante agradable y me gusta hacer reír y ayudar a los demás. ¿Por qué no hay nada de eso aquí?

—¿Me estás diciendo que ese pequeño demonio desagradable eres tú?— Preguntó Igal sin rodeos.

Debris se sobresalta al escuchar la palabra demonio. ¿Cómo es que él también la llamaba de la misma manera en la que lo hizo una voz desconocida hace algunos minutos?

—Iggy… me estoy sintiendo sobrecargada de nuevo…

—Debemos sacarte de aquí de alguna manera…

—¿Cómo? No parece posible.

—¡Alguien me está haciendo ver mal y ustedes dos… están haciendo que todo se trate de ustedes mismos!

—Se está activando la magia involuntaria de mi hermana y eso ha estado afectando su salud últimamente… Esa es mi prioridad en estos momentos… No conservar la imagen irreal que tienes sobre ti misma…— Igal toma a su melliza entre sus brazos y mira hacia todos lados, tratando de encontrar una apertura.

Mientras tanto, Debris pataleó en el suelo haciendo pucheros, su cara estaba toda roja. Sus cejas estaban levantadas en el centro y caían hacia abajo en los extremos. Trataba de reprimir su tristeza y convertirla en algo más explosivo. La atmósfera de las memorias se desvaneció de inmediato. Cuando volvieron a la realidad Gizem parecía haber colapsado en los brazos de su mellizo, pero sus ojos permanecían abiertos. Igal la cargó entre sus brazos, pero cuando intentó llevársela se encontraba rodeado de criaturas hechas de partículas negras. Miró hacia Debris, quien era una cosita roja a punto de estallar.

—¡Yo no soy un demonio! Ustedes son susceptibles…

Como si fuera una señal de alarma las criaturas negras se lanzaron hacia ellos. Igal usó su látigo para disiparlos pero apenas funcionaba. Eran muchos y él estaba más atento a que ninguno hiriese a su hermana.

—¡Por favor, paren!

—¡No!

—¡Hasta que no la vea arrastrarse!

—¡Hasta que no se quede calva!

—¡Hasta que no arda en llamas!

—¡Esperen! El asunto es que la magia involuntaria de Gizem absorbe las emociones… Sus emociones negativas le han estado haciendo daño… hasta que colapsó… Ella es ajena a su problema con esta otra persona. ¿No podemos resolverlo de otra manera? Al menos dejen que lleve a mi hermana a una zona segura…

—Oh, no… ¡De ninguna manera me vas a abandonar aquí a expensa de estas cosas feas!

Las criaturas estrecharon su mirada hacia Debris…

—¿Podrías por favor ser más asertiva? Por lo menos neutral… Ni siquiera tienes que ser amable…

—¡Me quieren quemar!

—¿Por qué la quieren quemar?

—¡Nos dijo cosas!

—¡Cosas muy feas!

—¡Nos hizo feos!

—¡Horrendos!

—¡Llevo toda mi vida pensando que merezco que me traten mal por su culpa!

—¿Son ellos los chicos de las imágenes que vimos antes? ¿Las imágenes son recuerdos?— Susurró a Debris, quien se encogió de hombros como respuesta. —¿Ustedes son… fueron personas?

—Ay no, que asco…

—No somos repugnantes seres humanos.

—Los humanos se dejan llevar por emociones y arruinan todo.

—¡¿Ustedes qué creen que están haciendo ahora mismo?!

—Bueno… fuimos creados por un ser humano…

—Salidos de las asquerosas emociones de otro ser humano.

—Somos una representación de sus cochinadas pero no somos la suciedad en sí.

—¿Se han visto en un espejo?

—¡Ya basta, Debris!— Da un paso adelante, aún cargando a su hermana y se dirige a las criaturas curiosas. —¿Podemos negociar? Ustedes me dicen qué quieren, nosotros se lo damos y luego cada quien va por su lado satisfecho.

—Yo quiero que todos le peguemos y que ella lo reciba como su castigo merecido y luego nos iremos, tal vez.

—Suena justo. Debris, déjate pegar…

—¡Ni de broma!

—Dios, esto está durando más de lo necesario…

—¿Ustedes están resentidos porque una niña pequeña les dijo cosas feas a ustedes? ¿A otros niños pequeños? Si Debris es ahora una adulta significa que ustedes y sus niños también. ¿No pueden simplemente superarlo? Hay que seguir adelante…

—Ay, si. ¡Cómo que no!

—Tú nunca entenderás un dolor como el nuestro. No hables de lo que no sabes.

—Esperen.— Dijo una voz grave y una criatura pequeñita con una nariz enorme y curva hacia abajo; con un piercing circular dorado. Se acercó hacia adelante y siguió un rastro. —¡Él lleva consigo a uno de nosotros! Te reconozco, Igal.

—¿A mí?

—Tú has experimentado lo mismo que nuestros humanos. Pero lo has estado reprimiendo en esa cápsula que tienes en la espalda.

—¡Déjalo salir!

—¡Ocultándolo así lo haces sufrir!

—Lo alimentas más.

—Por favor, Igal. Deja que salga hacia al exterior. Entre más lo encierres más crece, ¿cierto? Has estado consiguiendo cada vez cápsulas más grandes… Nosotros no hemos crecido desde el momento de nuestra creación.

—Tienes razón… ¡pero no lo voy a sacar delante de nadie!— Igal le hace una seña a Debris para que corra y los dos se van a toda prisa.

—¡No dejen que escape!

—¡Tiene a uno de nuestros primos!

Los seres hechos de partículas se dispersaron por todo el bosque, persiguiendo a Igal. Parecen haberse olvidado de Debris, quien se detiene al ver que no la siguen a ella. Uno de ellos arroja piedras en el camino de Igal, quien trepó sobre las ramas de los árboles. El muchacho al tener a su hermana en sus brazos y no poder ver bien el camino calculó mal y puso un pie en el aire. Cayó al suelo de cara sobre su hermana, quien se golpeó un poco la cabeza. Los entes oscuros saltaron hacia la cápsula en la espalda de Igal. El de las piedras tiró una hacia la cápsula para romperla en caso de que sus compañeros fallasen. En ese momento apareció Debris, quien se llevó justo a tiempo la cápsula con el ente encerrado. No podía ver nada dentro de la cápsula a pesar de que esta es de cristal. Debris subió sobre un árbol.

—¿A alguien le falló robarse esto?

«Oh, dios. No me gusta verlo en sus manos. Me da desconfianza. Pero es lo único con lo que cuento ahora…» Pensó Igal levantándose del suelo.

—Niña… ten mucho cuidado con esto.

—Si se acercan más lo tiro al suelo. Desde esta altura veamos si su amiguito sale ileso…

—¡No lo dejes caer ni lo arrojes!— Igal gritó con sus ojos dolorosamente abiertos.

Debris movió sus labios haciendo señas a Igal, diciéndole que no lo hará, que puede estar tranquilo. Sin embargo los seres de partículas se acercaron a toda velocidad. Pero por más inmediata que fue su acción y lo mucho que la asustaron ella lo mantuvo pegada a él.

—Lo que quieren es vengarse de ella, ¿cierto?— Igal cambió de tema. Aunque no le pareció una idea muy inteligente era lo único que podía hacer. Eso y cruzar los dedos.

—¿Estás desviando de nuevo la atención a mí? Voy a liberar a Kevin.

—¡No se llema Kevin, ni siquiera tiene nombre!

—Libéralo y no te atacaremos, niña.

—Genial… lo último que me faltaba…

— Él es necesario para que cumplas con tu cometido… para erradicar el “Desastre mágico”...

Debris e Igal desviaron su atención hacia el ser de la gran nariz en forma de garfio. ¿Cómo sabe acerca del desastre mágico y que Debris es la encargada de erradicarlo? Los otros que los acompañan deben saber también. ¿Si “ Kevin” hubiese estado libre también lo sabría? La cabeza de Igal daba muchas vueltas haciéndose preguntas. Sin embargo, Debris, más conectada con la realidad, no lo pensó en absoluto y dejó caer a “Kevin”. Los ojos de Igal se abrieron con tal magnitud que al chico se le nubló la vista y le dolieron los párpados. Del cristal roto de la cápsula se levantó una criatura gigante de partículas con un corazón enorme. Su tamaño era tan diferente de los otros que creó una sombra que los cubrió a todos en ese lado del bosque. Su corazón no era como el órgano que bombea sangre, sino como el que casi todos hemos dibujado al menos una vez… Con la caída de “Kevin” al suelo un ruido de trueno creó una luz blanca que lo envolvió todo y viajaron a las memorias…

Un niño pequeño con ropas oscuras está sentado en su sitio en el salón de clases, mirando al vacío. Al lado suyo hay una niña casi idéntica a él, durmiendo con la cabeza apoyada en la mesa. Se le acercó a ambos la niña criticona y puso la mano contra la mesa; un gesto brusco y ruidoso que despertó a la otra niña y puso de mal humor a Igal.

—Tú siempre estás durmiendo y el otro ahí aburrido… ¿no les molesta eso?

—Es que nuestras magias involuntarias nos agotan muy rápido…

—¿En serio? No me imagino cómo podría alguien vivir con eso… Yo no podría…

—Si, seguro…— Igal retuerce los ojos.

—Mi magia involuntaria se supone que crea cosas con la experiencia de una emoción… pero yo creo que no tengo magia involuntaria. Nunca me canso y tampoco he visto mi magia hacer algo por sí misma… Pero no se lo digan a nadie… No quiero que piensen que no tengo magia.

—Seguro…— Gizem asintió y luego volvió a su posición de dormir.

Igal observó fijamente a Debris durante un prolongado período de tiempo antes de sacudir la cabeza y mirar otra vez al vacío.

—Son un par de raros…

Igal estaba acostumbrado a que la gente tuviera una imagen de él con la que otros no se pudieran conectar. Usualmente la gente le decía cosas similares. Pero por alguna razón el tono de esta niña se le hizo diferente. Tal vez es sólo su imaginación pero su percepción de las cosas le hizo creer que ella no lo dijo con intención de hacerles creer que deben ser diferentes a como son ahora.

En el patio del recreo los niños que rodeaban a Debris le reclamaron que se disculpara. A pesar de estar acorralada ella no hizo ningún movimiento en absoluto para pedir disculpas.

—Oh, vamos. Si saben cómo somos aquí. Una bromita inocente, otra bromita inocente… Ustedes también lo hacen. Es lo normal.

—No, Debris. Incluso lo que tú crees que es una broma inocente a veces puede ser destructivo.

—¿Tú crees que es gracioso?

—Nos decimos cosas todo el tiempo.

—Dime una sola cosa que te hayan dicho a ti…

Debris separó sus labios e hizo un intento minúsculo para hablar. Pero su voz fue un aludido débil que sólo ella pudo oír y no dijo más nada.

—¿Ves? No puede decir nada porque a ella no le dicen nada.

—Es que su papá es millonario y tiene un uniforme… ¿de policía? Si le decimos algo nos van a llevar a la cárcel.

—¿De verdad?

—Entonces ella no tiene derecho de decirnos nada. Si no se le puede decir nada, es injusto.

—La vida no es justa.

Los niños levantaron la vista y vieron a Igal de pie frente a ellos, protegiendo a Debris. El muchacho llevaba un palo en la mano, el cual hacía chocar suavemente con la palma de la mano que no lo sostiene.

—¡A Igal le gusta Debris!— Gritó una niña con una nariz grande encorvada.

—¡¿QUÉ DIJISTE, NARIZ DE TUCÁN?!— Reaccionó Debris desde su lugar aislado en la pared.

—¡¿QUÉ?!— Gritaron la mayoría de los niños en el patio.

—¡¿QUÉ EH?!— Dejó salir Igal con una voz débil casi sin pensar. En ese mismo momento se hizo demasiado consciente de la situación. Estaba en el medio, a la vista de todos. Había sido acusado de algo que ni él sabía si era cierto o no. Se sentía expuesto.

—En todo caso sería nariz de buitre…

—Ustedes están mal, es nariz de águila calva…— Dijo la chica de la nariz curva y elevó su nariz con mucha confianza.

En lo que los otros niños continuaban la innecesaria discusión de a cuál tipo de pico de ave se parecía más la nariz de la niña Igal continuaba atrapado en su torbellino emocional. Es cierto que Debris le caía menos peor que los demás. Es cierto que a pesar de todas las tonterías que ella hace y dice todo el tiempo, cada día, pues… la chica a él no le parece tan superficial como aparenta ser. Pero eso no significa que a él le guste… ¿o si?

Todo pasó tan rápido que ningún niño notó lo siguiente. Del cuerpo de Debris una especie de partículas negras viajaron a través del viento y se juntaron en el hombro de Igal. Cuando se detuvo él tenía a su lado una pequeña criatura oscura con un corazón incrustado.

—¡Así nació nuestro hijo Kevin!— Debris adulta gritó como si acabase de resolver un misterio.

—¡No es gracioso, no lo llames nuestro hijo!

—Yo te gusto…

—¡NO… ES CIERTO!

—¿Es cierto?

—¡Que no…! Ni siquiera sabía que eras esa niña molesta.

—Yo tampoco me acordaba de que te conocía… y a tu hermana…

—Si consideras a Kevin tu hijo entonces todos nosotros también somos tus hijos, lo que significa que tienes hijos con casi todos tus compañeros de clase.— Dijo la criatura de partículas negras que tiene el trasero.

—¡Calla esa lógica de mente retorcida! Espera… me estás diciendo que los demás…

—¡Felicidades, lenta! Has descubierto el mal origen.

Igal y Debris abrieron los ojos de manera exagerada. La chica tenía su expresión concentrada, con las cejas bajadas hasta sus ojos. Sin embargo, Igal parecía fascinado, con una sonrisa confusa en sus labios. Acababan de avanzar un paso más para resolver el problema.

—Debris… ahora que has librado a Kevin yo no debería estar cerca de mi hermana. ¿Podrías llevarla con Eulana a que reciba atención médica?— Dijo con la voz apagada y tratando de evitar mirarla a los ojos.

—¿Por qué?— Pregunta acercando sus ojos curiosos y abiertos hacia él.

—Porque mi magia deja un rastro de mis emociones…

—¿Qué?

—Mi hermana está enferma… Su magia involuntaria absorbe las emociones ajenas. El pueblo y sus alrededores han estado llenos de emociones negativas y yo no voy a permitir que las mías la alcancen. Kevin, aunque tú no lo creas, está lleno de emociones negativas y mi magia involuntaria deja un rastro permanente de mis emociones de toda la vida.

—¿Cómo?

—Si, Kevin tiene dentro de él todas las emociones negativas que he tenido a lo largo de mi vida. Si eso alcanza a mi hermana…

—¡Entiendo!— Se pone a Gizem sobre la espalda y se aleja corriendo.

—Ahora debo encontrar a Kevin… y hacerle una nueva cápsula.

Debris cree que fue buena idea liberar a Kevin. Sin embargo, una parte de ella se siente culpable por haberlo hecho. Ella misma se guarda ese tipo de cosas para sí misma y no le gustaría estar en el lugar de Igal. ¿Aún así por qué alguien mantendría encerrada esa clase de cosas por tanto tiempo? Eso no le parece sano en lo absoluto, mucho menos contando con la naturaleza de la magia en la aldea. Debido a estar sumergida en sus pensamientos Debris llegó rápido al ayuntamiento. Aún dentro Eulana trabaja sola con un montón de papeles. Debris la vio a través de la ventana. Pero no sabía cómo llamar a la puerta en sus circunstancias. Estaba cargando a Gizem sobre su espalda, en una mano tenía la enorme cuchara de albañil y en la otra sostenía el trasero de Gizem para que no se cayera. Si levantaba un pie había probabilidades de caer desastrosamente. Si trataba de golpear la puerta con sus manos caería Gizem; eso sin contar lo resbaladiza que se sentía. Debris tenía la impresión de que lentamente estaba llegando al suelo…

—¡Ábreme la puerta, maldición!— Le gritó a Eulana, quien no podía escucharla a través del vidrio. —Deja que entre… le voy a pegar… Es que ni siquiera mira de casualidad. ¡Saca la cabeza de los papeles! —Fingía gritarle a Eulana y que esta podía escucharla para canalizar su frustrante situación.

De regreso en el bosque, Igal continúa su búsqueda de Kevin. Ya ni recordaba por dónde se fue. Suspiró y movió las cejas en forma de arco. Él nunca ha sido bueno con direcciones ni recordando cosas.

—¡KEVIN!— Gritó y luego dejó escapar una carcajada agria. —No puedo creer que esté llamando a esa criatura por ese nombre…

Durante los siguientes minutos continúa buscando por el bosque. Sus pensamientos regresaron al momento donde Debris con tanta facilidad dejó caer la criatura que estuvo ocultando por tanto tiempo… Al principio lo dejó aislado por él mismo. Nadie debería ver lo que hay dentro de sus recuerdos. Pero otra parte sentía alivio. El peso de ser descubierto y leído por otras personas desapareció. Sus hombros nunca se habían sentido tan ligeros. Sin embargo, aún debía mantener a raya esa criatura debido al potencial daño que representa para su hermanita menor.

Cuando sale del bosque sus ojos de manera automática se posan en el ayuntamiento. Ve a Debris parada delante de la ventana sin hacer nada y retuerce los ojos. Siente algo acercándose a Debris y su hermana pero no ve nada. Corre instintivamente, con una cara seria, hacia ese lugar. Debris escucha sus pasos rápidos, se gira hacia él y empieza a gritar como si hubiera visto un fantasma. Igal blande su arma en contra de Kevin, quien se acerca a paso veloz hacia las chicas, deslizando sus partículas a un nivel casi imperceptible sobre el suelo. El muchacho extiende su otro brazo para rodear a su hermana y a Debris. Apenas las logra levantar y salta agarrándose de ellas lo más firme que puede. Atraviesan la lámina de cristal de la ventana y pasan al interior de la edificación. Eulana se levanta de su puesto de inmediato. Igal cae sobre Gizen y Debris; la primera despertó debido al impacto al rebotar contra el suelo y chocar con la cabeza de la segunda.

—Ay, ay…. uy…

—¡Gizzy!

—¡¿Son estúpidos o planean arruinar mi estado de salud?!— Eulana grita histérica.

Justo en ese momento Kevin entra por la ventana con movimientos erráticos. Las partículas de su cuerpo forman patas con dedos puntiagudos que lo hicieron saltar sobre Igal. Sin embargo, su mano acarició el rostro de Gizem mientras la miraba insistente a los ojos…

—... dame… ayú… dame… a… sanar…

Gizem abrió los ojos hasta su máxima capacidad. Levantó la mano que no tenía aplastada por el cuerpo de su hermano y casi toca el rostro de Kevin; pero Igal la detuvo entrelazando sus dedos con los de ella apretando con fuerza bruta.

—¿Qué crees que haces?

—¿Igal, ese es tú…?

—¡Métete en tus asuntos!— Le dijo de la forma más tajante que pudo.

—Yo sólo…— Dijo con la voz apenas perceptible y un poco quebradiza. Sus ojitos se empezaban a tornar húmedos.

—¡Quédate aquí y descansa! De todos modos tampoco es como que nos vayas a ser útil en ese estado…

—¡Grosero!— Debris chilló y le dió una cachetada en el rostro a Igal. Luego se levantó y ayudó a Gizem a levantarse. Se paró desafiante delante de él.

Igal sólo se levantó evitando mirar a cualquier persona de la habitación, cargó el cuerpo enorme y desfigurado de Kevin. Dio su espalda y se dirigió a la salida. Debris dejó salir un bufido. Eulana sólo observaba preguntándose a sí misma cuándo se van a ir los demás de ahí. Gizem dio un paso hacia el frente.

—Si todo sale mal el norte de los susurros…— No completó su frase porque su hermano dejó el ayuntamiento sin mirar atrás.

—Es un tonto…

—Está bien. En realidad puedo sentir con mi magia que su hostilidad hacia mí es falsa… Está actuando…— Hizo sonar la palabra”actuando” más lenta y musical mientras apuntaba a Debris con los ojos.

Debris desvío la mirada y su actitud cambió a una desenfadada. Ella prefiere no fingir que desconoce las motivaciones de Igal y también se va del ayuntamiento luego de despedirse.

—Vendremos a verte Gizzy… ¡Gizem!— Hizo una pausa avergonzada por haberse equivocado. —No deberías estar afuera, ten a alguien siempre contigo y no te acerques a Kevin… o a ninguna otra cosa color carbón que vimos en el bosque…

«¡Qué gracioso! Ese demonio imprudente dando órdenes para que la otra persona esté a salvo.» Pensó Eulana.

En el lago de telarañas Jaxeline está sentada encorvada. Sus ojos medio cerrados, sus labios con las comisuras hacia abajo al igual que el resto de las facciones de su rostro.

—¿No es considerado “intervención” si se lo digo a otros, cierto?— Gritó al viento pero no obtuvo respuesta. —Tan sólo debo intentarlo y si hay consecuencias las asumiré…

Igal y Debris se encaminaron hacia la entrada del bosque de los susurros para de una buena vez deshacerse del desastre de la premonición.

—Ah… de verdad no puedo creer que todo esto sea por los insultos de una niña hacia otros niños…

—Pero es que todos nos decíamos cosas todo el tiempo…

—¿A ti también?

—Si.

—Cuesta creer porque nunca respondiste cuando te preguntaron y no hay ni una casualidad en las memorias…

—No voy a decir los nombres feos que me llamaban… mi mente los bloqueó. O sea, mírame. Mira la belleza que soy. ¿Por qué alguien como yo tiene que recibir insultos?

Igal hizo una maniobra extraordinaria para evitar reírse de lo que acababa de escuchar. Casi se le escapa un sonido de carcajada, pero lo convirtió en un bostezo detrás de un estornudo.

—¿Crees que soy fea?

—¡No! O sea…— Reaccionó evitando más discusiones.

—¡¿O sea…?!

—Tu horrible combinación de ropa luce bastante bien…

—Pero yo no estoy hablando de eso…

Debris levantó la cabeza. Su rostro tenía un nuevo tipo de luz. Ese comentario no tan lindo le había levantado los ánimos un poco. Nunca nadie le había halagado algo que ella hiciera y eso significó mucho para ella. No percibía en sus palabras ningún atisbo de tono sarcástico.

—Dijiste antes que no sabes lo que es un falso error…— Igal cambia de tema a uno más seguro.

Debris no respondió y puso su columna erguida preparándose para contraatacar si lo consideraba necesario. Anticipaba que iba a burlarse de ella por eso de nuevo.

—El falso error es un fenómeno que se da cuando choca una magia involuntaria con una voluntaria.— Continuó Igal ante el silencio de Debris.

—Entonces están pasando todo el tiempo…

—No exactamente. La magia que usamos aquí es recién descubierta, muy diferente a la magia que usan en el resto de los pueblos. Esta viene desde nuestro lado emocional. Se supone que diferentes tipos de magia pueden coexistir. Para que eso suceda hay un cierto nivel donde la magia se contiene por defecto. A eso se le llama error. Las magias aquí tienen diferentes porcentajes de errores que evitan que se salgan de control. Sin embargo, si dos magias involuntarias chocan y al menos una de ellas tiene un porcentaje de error insuficiente no pasa nada. Pero, si una de esas magias es involuntaria y la otra voluntaria cuando chocan trata de crear el error necesario para coexistir. A ese error se le llama falso porque no fue creado por el usuario, sino por el choque. Ese falso error tiene consecuencias… casi siempre negativas.

—¿Qué consecuencias?

—Depende de la situación en particular…

—¿Cómo sé que mi magia no tiene el porcentaje de error suficiente?

—Lo sabrás si ocurre un falso error.

—¿No hay manera de anticiparlo?

—No… Este tipo de magia… las emociones… son cosas muy abstractas que no se pueden medir.

—¿Mi magia involuntaria y la tuya voluntaria pueden crear un falso error?

—Si.

—¿También lo pueden hacer mis magias involuntaria y la voluntaria?

—Si, no importa de quién sea la magia.

—¿No hay forma de evitarlo? Ya se. Dejar de usar magia voluntaria.

—Si… eh… No, eso no es posible. La magia voluntaria es una habilidad que crearon los antepasados para erradicar los daños que causa la magia involuntaria.

—Estamos perdidos.

—No realmente. En teoría, si una persona consigue dominar la gestión de la magia involuntaria los daños serían mínimos. Pero es una teoría. No hay registros de alguien que haya dominado su magia involuntaria.

—Entonces nadie lo ha conseguido.

—Bueno, eso tampoco es necesariamente cierto. Que no haya conocimiento público de ello no significa que no haya existido o que no pueda existir.

—¡ESTO ES MUY COMPLICADO!

—Cálmate, por favor.

—¡No me pidas que me calme!

De regreso con Jaxeline, quien a estas alturas ya había llegado al ayuntamiento. Se encontraba sentada en la sala esperando ser atendida por Eulana, quien fue a dar sus medicinas a Gizem. Mientras tanto Dex le hacía compañía.

—¿Qué trae por aquí a la Diosa del lago de telarañas?

—Eh…

—¿Quieres té?

—Uh…

—Café…

—Eh…

—¿Jugo de trigo?

—Quiero estofado de saltamontes dorados.

—Bien, cambiemos de tema de conversación.

Jaxeline arqueó sus cejas y levantó los labios. No podía creer que su intento de evadir tener una conversación se había arruinado. Los siguientes minutos pasaron muy lentamente; Dex hablando quién sabe qué cosas y Jaxeline sólo asiente con la cabeza sin hacer ningún sonido. Podría seguir así de no ser porque de vez en cuando Dex se detiene a hacerle una pregunta, ocasión en la que ella sólo lo mira sin decir nada. Dex hace un sonido frustrado y luego repite lo mismo. Por suerte para ambos Eulana bajó en algún momento y se sentó cerca de ellos.

«¡Qué bueno que llegó Eulana! Este tipo es tonto y no entiende cuando no quieren hablar con él.» Pensó Jaxeline y juntó las palmas de sus manos en un gesto de súplica.

—Bueno, podemos empezar…

—Eulana, tengo algo que decirte antes… sólo a ti…— Dex susurró y se dirigió hacia donde Eulana estaba sentada.

—Dex, los secretos en público son de mala educación. Deberías esperar a que ella se vaya…

—Eulana, la Diosa del lago es tonta… yo le hablo y ella no entiende. No es muy inteligente…— Murmura en el oído de Eulana.

—¡Siéntate, Dex!

—He visto las dos formas en la que esto puede terminar y ninguna es buena…— Dijo Jaxeline mirando de reojo a Dex.

—Oh, no… ¿Cómo supo de nuestra relación secreta?

—¿Qué relación secreta?

—Eulana, debiste preguntarle a qué se refería… Ahora sabe…

—Creí que estaba hablando de lo nuestro. Me equivoqué. Tengo derecho a equivocarme…

—Obviamente estoy hablando del destino de la aldea y de Debris. ¿Por qué hablaría de la relación de ustedes dos? ¡A mí eso no me interesa!

—Ey, no nos hables así, porque duele.

—¡Como sea! Si bien recuerdo la magia involuntaria de Dex rastrea otros tipos de magia y Eulana… tu magia a voluntad neutraliza los poderes de otros, cierto?

—Si…

—¡Bien! Sus magias son convenientes para ayudar.

—¿No se supone que no debes intervenir? No deberías estar diciendo esto…

—No les he dicho ni les diré los finales o lo que estoy tratando de evitar. Sólo… necesito que rastreen y neutralicen la magia de Igal.

—¿Por qué? Lo contraté porque no confío en Debris… Si hacemos eso sería echar para atrás…

—Nunca debiste contratarlo. Su magia ha atrasado el proceso de Debris, creando más problemas que antes y también a su hermana…— Jaxeline cubre su boca al escuchar un ruido en la parte de atrás de la habitación.

Eulana y Dex giran la mirada hacia donde Jaxeline miró. Los tres se quedaron a penas unos segundos inmóviles y luego se miraron entre sí.

—Confío en ese chico.

—La magia del arma del lago es diferente a la magia del resto de la aldea. La magia de la aldea permite que unos limpien la basura que otros dejan, pero la del lago no. Recuerden que soy la Diosa de los tiempos felices.

—No hemos tenido un tiempo feliz desde…

—¡Precisamente! Nunca me hacen caso y no ha habido oportunidad.

—Entonces, ¿ahora la hay?

—No exactamente…

—Entonces deja todo como está…

—¡No, porque hay posibilidades de que todo empeore!

—¿Recuerdas la idea de mudarnos de la aldea?

—¡MUÉVANSE YA!

—Estaba bromeando, tranquila…

—A veces te pareces a Debris…

—¡DE NINGUNA MANERA!

—Bueno, si de verdad vamos a hacer eso deberíamos apresurarnos…

—Antes debo avisar a Gizem de que vamos a salir… Pero Debris dijo que no deberíamos dejarla sola…

—Ah, Gizem se fue por la puerta de atrás. Creí que la habían visto. Todos miramos allá.

—¡¿Cómo?!

—¡¿Cuándo?!

—Jaxeline… debiste habernos dicho…

—Creí que lo habían visto. Son más tontos de lo que creí… y te haces llamar a tí misma la hija del alcalde…

—¡Yo no me hago llamar…!

—¡Dejen de perder el tiempo y muévanse!

Fuera del ayuntamiento Gizem corre. Siente que sus medicinas no la están aliviando mucho. Las emociones están dispersas alrededor, por ahora un poco alejadas, pero eso no significa que no las sienta. Sin embargo, no les presta mucha atención, teme que su magia en bruto se active y absorba alguna de esas emociones. Ella sólo piensa en encontrar a su hermano y comprobar que él está bien.

—Puedo escuchar de nuevo esa gente criticándome.

—¿Quién?

—¡Esas cosas negras con ojos raros!

—Yo no los veo…

—¡Siempre es lo mismo! Sígueme. Esta vez voy a usar esta cosa.

—¿La paleta?

—Si, o sea, ya sabemos lo que hay que hacer…

—¿Exactamente qué planeas hacer con esa paleta y esas cosas, una casa?

—Haz otro chistecito y haré de ti el muro de carga.

—¿Qué es eso?

—Es el nombre que se le da a una pared gruesa que sostiene varias estructuras. Si esa se cae las otras también lo harán.

—¿Heredaste de tus padres los poderes de albañil? Tal vez es por eso que la espada no es espada…

—Eso no se hereda, se aprende. Es el negocio familiar. ¡Enfoque, Igal! Estamos desviándonos del tema principal. Mira, uno de esos entes…

—Es… el narizón…

—¿A quién llamas narizón?

—Ahora no tenemos tiempo para eso. Necesito que me digas cómo solucionar el mal origen.

—Uy, eso no se va a poder…

—Dímelo o te convertiré en estampado de material desperdiciado en la pared.— Amenaza a la criatura con la cuchara.

—Uy, está bien. Hay dos formas de hacer esto, pero conociéndote y conociéndonos no vas a poder hacerlo. A menos que te dejes pegar hasta que nos desquitemos contigo por completo.

—¡DE NINGUNA MANERA DIJE!

Gizem los ve a lo lejos, su corazón agitado por haber corrido a lo desesperado. Quiere seguir hasta alcanzarlos, pero todo el peso del corretaje le ha caído de repente y se detiene a recuperar el aliento.

—¡Igal!— Pegó un grito sordo que al parecer no llegó muy lejos porque no hicieron nada para mover la vista del narizón.

—Esa cuchara tiene tres funciones. Una es exorcizar y la otra es abrir una puerta, o crearla. A estas alturas yo ya no sé.

—¿Cuál es la tercera función?

—No lo sé. Está afiliada como un cuchillo, es un instrumento de construcción o tal vez te sirva de mondadientes. ¡Usa tu imaginación!

—Estás ocultando información a propósito.— Debris pone los ojos en blanco y levanta la mirada. En ese momento nota a lo lejos a Gizem parada haciendo un saludo y Kevin acercándose a ella. —¡Gizem, ahí voy!

—Sanar…— Murmuró Kevin y levanta su corazón, ofreciéndoselo a Gizem.

Igal al escuchar el nombre de su hermana menor también levanta la mirada. Él también nota a Kevin acercarse a Gizem. Luego de pensarlo va corriendo hacia ella. Debris le lleva ventaja y recuerda lo que dijo el ente de la nariz grande. La chica levanta la paleta de albañil con las dos manos; hace un movimiento hacia el frente y arremete contra Kevin. Hubo un destello con tonalidades rosadas que se convirtió en una luz dorada; unas imágenes que contenían los recuerdos dolorosos que se guardaban en Kevin rodearon a Debris delicadamente. Las partículas de la criatura se dispersaron por el aire y viajaron hacia arriba, dejando en su lugar una piedra de color azul grisáceo y verde pálido de la cual brotaron pequeñas flores blancas. Luego salió otra piedra junto a la anterior, esta era dorada y naranja con flores blancas. Junto a esa salió una piedra púrpura con tonos rosados y las mismas flores blancas. Más piedras de colores con el mismo tipo de flor alineadas salieron del suelo y se apilaron en los bordes dos metros y medio. La magia de colores rodeó las piedras y las transformó en una puerta alta y muy ancha, azul, como luce a veces el cielo en los primeros momentos del horario nocturno.

—Oh, la puerta al mundo de la metamorfosis…— Dijo el narizón.

—¡Ja! Tú dijiste que yo no podía y mira, pude.

—Crear la puerta no basta, niña. Entra y mira cómo te patean hacia afuera.

—Voy a poder. Tú también dijiste que no podía exorcizar y tal parece que yo solucioné el problema eterno de Kevin. Soy una exorcista y una creadora de puertas. Yo hago lo imposible.

—Un poco de humildad no te haría daño y… a veces es mejor estar a salvo cerrando la boca.— Dijo Igal rascándose la nuca.

—Permiso, voy a cruzar mi puerta para salvar este pueblucho.

Debris camina hacia la entrada. La puerta hecha de piedras de colores antes azules, verdes, violetas, rosas y dorados cambia sus colores a rojo, naranja y rosa. Alrededor de la puerta hay un magnetismo que atrae a la cuchara de albañil. Debris cruza el portal y una luz blanca la rodea hasta que desaparece. Sólo para ser rechazada tres segundos después con un sonido ensordecedor. Encontrando imposible mantenerse en pie Debris cae de espalda en el suelo.

—¡Ja ja ja, ilusa! Sólo una persona con el alma pura y una actitud transparente puede sanar las heridas de los demás. La puerta es solamente para aumentar el alcance de tu magia, pero no hace milagros.

—¡Ah! Maldito pueblo lleno de llorones susceptibles y emocionales que lloran por el más mínimo motivo.

—¿Sabes? También te estás describiendo a ti.

—¡Igal, cállate!

—¿Por qué le permites que te calle?— El narizón pregunta cruzando sus supuestos brazos.

—Luego de vivir tanto aprendes que parte de la felicidad está en no discutir con gente que está actuando irracionalmente…

—¡Bien, puede que no haya funcionado lo de la puerta, pero al igual que Kevin, los voy a exorcizar a todos!

—Cálmate Deb…

Debris le hizo un corte profundo a la criatura oscura con la nariz sobresaliente. Desde la herida salió un destello con tonalidades azules que se convirtió en una luz púrpura de un tono tan oscuro que se veía negro y lucía como un hoyo infinito. Esa cosa oscura antes de desaparecer saltó hacia Debris y la hizo caer sentada, toda despeinada y con la cara roja. Dex y Eulana se acercaron corriendo tomados cada uno de la mano con Jaxeline. La diosa del lago siempre ha estado oculta, por lo que verla en vivo era inusual. Aquella escena inesperada hizo que la mayoría de la gente de la aldea los siguieran.

—¿Qué hacen todos ustedes aquí?— Dijo Igal y se colocó entre la gente del pueblo y su hermana, protegiéndola.

—¡Vinieron a verme!—Se adelantó Debris poniendo los ojos en blanco con una gran sonrisa.

—¡Nadie ha venido a verte tu cara de iguana!

—¿Debris, qué te sucedió? Estás actuando como imbécil y te ves golpeada.

—Esa cosa de la nariz no se pudo ir en paz como Kevin… pero eso no va a impedir que vaya a por los demás.

—Espera…

Debris le hizo un corte a otra de las criaturas. Esta hizo la misma cosa que el anterior y Debris también cayó al suelo. Se levantó y de nuevo hizo lo mismo a otra criatura. Una tras otra se iban debilitando y desapareciendo dejándola más maltratada que antes. Igal se acercó a Debris para detenerla pero algo en él le hizo detenerse. Fue Jaxeline quien hizo parar a Debris con una cachetada en el rostro.

—¡¿Qué no ves que los estás enviando de la manera incorrecta?!

—Yo si he notado que son diferentes a Kevin…

Un ente salió de su escondite y saltó hacia el borde de la paleta. Sus colores interiores salieron a la luz, tenía los mismos tonos del de Kevin y sus memorias revoloteaban de forma gentil alrededor de Debris para luego perderse en el viento.

—Para exorcizarlos debes ser perdonada por las personas de las cuales se crearon estas criaturas en conjunto contigo.

—Uy, eso no se va a poder. La gente aquí es rencorosa… Estas cosas están por ahí desde que estábamos en la escuela elemental. ¿Por qué todo es tan difícil?

—Pues… hay algunos que te habrán perdonado y olvidado con el tiempo pero el que no lo ha hecho le puedes pedir disculpas.

—¿Qué es esto?

Debris toma a Igal del hombro y se lo lleva lejos de los demás. Él se resiste porque quiere estar cerca de su hermana y protegerla, pero termina cediendo al notar que Debris no cede. Cuando están bastante lejos Debris se cruza de brazos, la parte delantera de su pie levantándose del suelo y bajando insistente, haciendo un sonido un poco molesto.

—Yo quería la espada.

—Eh, bien…— Igal responde vagamente, esperando terminar la conversación de inmediato.

—Pero no la quería porque la magia nuestra es estúpida.

—Debris.— Dijo conteniendo la risa. —Mira, no soy el mejor para este tipo de charlas. Pero usualmente lo mejor es decir cómo te sientes o qué piensas… sin calificativos, sin rodeos, sin insultos…

—Yo quería ser un héroe, alguien importante que los salvara a todos. Una persona genial y demostrarle a mis padres que no tengo que ser albañil para ser alguien en la vida. Quiero que todos vean lo útil que puedo llegar a ser y que yo sola puedo construir mi camino sin seguir uno que ya alguien ha trazado por mí… pero tenía miedo de que cuando tomara la espada todo saliera mal y mis padres me vean fracasar. ¡Por eso lo hice ahora que están de viaje!— Dijo Debris a la carrera y con la voz irritada, caso fingiendo enojo para esconder algo más.

—Bien, eso fue… demasiado vulnerable y creo que quisiste decir heroína…

—¡¿Te vas a burlar, estúpido?!

—No me voy a burlar, por favor, para con eso.

—Pero maduré y ahora se que ser un héroe es algo estúpido, eso no va conmigo, así que te lo dejo a ti. Toma esta cosa fea y extraña… haz lo que tengo que hacer.

—Pero Jaxeline dijo que eso debe hacerlo el que causó el mal origen…

—Ay, por favor. Como si las fuerzas mágicas o de la naturaleza notaran la diferencia…

—Creo que sería mejor si escuchas a Jaxeline.

—No me voy a disculpar con gente rencorosa. ¡No me perdonarán y eso me haría enojar porque es como si me humillaran!

—¿Pero por qué asumes que será así? Digo, existe esa posibilidad pero aún así estaría bien intentarlo…

—No, entonces escucha… Kevin…

—¡Debris, ven aquí! Estas personas han decidido perdonarte.— Gritó Jaxeline con un gesto de manos para llamar a Debris.

—A ver si es verdad…— Dijo Debris en el mismo instante en el que le enterró la paleta a una de las criaturas que estaba en el montón cerca de Jaxeline. Una vez más Debris fue golpeada por la fuerza y cayó en el suelo con los pelos alborotados. —¡Están mintiendo!

—Debris, eso fue brutal incluso para ti…

—¡No me voy a exponer de nuevo a eso!

—Yo tengo una idea…— Dijo Gizem.

—¡No!— Gritaron Jaxeline e Igal al mismo tiempo.

—Ni siquiera la he dicho.

—¿Implica arriesgarte a ti misma?

—No…

—¡¿Qué es?! Dímelo todo.— Igal se adelantó.

—Muchas de estas personas no han podido en todo este tiempo encontrar la manera de perdonar las acciones de Debris.

—No me digas que…

—Mi magia voluntaria junto con la de Debris del mismo tipo se podrían combinar. Parte de mi magia consiste en convertir emociones ajenas en otro tipo de experiencias y hacerles ver lo mismo desde otra perspectiva. Si funciona muchos encontrarán el sentido a dejar el resentimiento. Perdonarán a Debris, ella los exorciza sin problemas…

—Entonces acabaría el mal origen…— Dijo Jaxeline.

«Eso tiene sentido. Pero hay algo que no me convence. Todo continúa de la forma que he estado evitando que continúe pero al mismo tiempo todo parece tan normal… ¿Qué es lo que me está pasando desapercibido?»

—Bien. Puedes hacerlo, pero si te sientes o si yo te siento en peligro te detienes… o lo haré sin dudar…

—Dios, aquí apesta a controlador. ¡Pongámonos en marcha!

—Antes de eso, ¡tengo una idea! Hay que planear las cosas para que salgan bien.

—Si. Entonces Gizem, tú primero haces lo tuyo y me haces una señal…

—¡Esperen, van a hacerlo como yo les diga o no harán nada!

—No puedo creer este nivel de manipulación…

—¡HABLO EN SERIO, DEBRIS!

—Tu hermana no es idiota, puede valerse por sí misma…

—¡Su salud es… harán lo que digo y punto! Primero que todo Gizem estará en el techo de la casa de allá. Desde ahí usarás tu magia. Debris se queda justo aquí. El resto estará entre la casa donde Gizem estará y las criaturas. Si alguien ve algo tomar la dirección y sentido donde se encuentra Gizem lo contraatacará.

—¿Y tú qué harás, mandón?

—Yo estaré cerca de los que protegen a mi hermana. Si tengo la oportunidad de usarme a mí mismo como escudo para que no le llegue nada raro, lo haré.

—¡¿Estás mal de la cabeza?!

—¡Andando!— Jaxeline dijo y tomó a Gizem de la mano para llevarla hacia la terraza de la casa que ella creyó que Igal se refería. Jaxeline se colocó algo lejos, en la terraza de la casa de al lado.

Al principio todos se miraron entre ellos sin tomar acción. Pero al ver que Jaxeline estaba de acuerdo se pusieron en sus posiciones. Unos alrededor de la casa, otros en el techo de las adyacentes, tal como hizo Jaxeline. El plan se puso en marcha. Gizem extendió sus brazos. La hebilla en forma de corazón en su pecho brilló,

Una chica con el semblante enojado se acerca desde las sombras entre la casa que está al frente de donde Gizem está haciendo su coreografía con giros que activan su magia. La chica malhumorada levanta su nariz de garfio que tiene un agujero donde antes había un piercing, probablemente. Observa a Debris levantar la paleta, absorbiendo la magia de Gizem.

—Mírala, actuando otra vez…— Murmura. —¿Crees que eres una heroína, cierto? Pero el lago sólo te dio el arma para que arreglases tus propias porquerías… A ver si te gusta que te hagan lo que tú le haces a los demás…

Hace un movimiento sutil con los dedos de su mano izquierda, como si agarrara algo en el aire y sostuviera un arco con flecha. Abre la mano y un destello blanco que se volvió rojo neón con partículas rosadas que desaparecieron segundos después sale disparado hacia Debris, quien reacciona casualmente y lo desvía hacia arriba. Igal se da cuenta de inmediato y mira el destello rojo fijamente; sus ojos se ponen rojos, como si estuvieran irritados y un aura púrpura se activa alrededor de él.

—¡Eulana, Dex, eso es lo que no debería estar pasando!

«¡Igal!» Pensaron Eulana y Dex al mismo tiempo, recordando por qué Jaxeline les había pedido ayuda en primer lugar.

Rápidamente Eulana dejó su puesto para ir detrás de Igal, quien perseguía la luz roja. No parecía ir en dirección hacia Gizem, pero él no podía dejar al azar ninguna amenaza. Dex dudó dejar su puesto, su mente estaba en conflicto entre una opción y la otra. Eulana levanta su cetro de hojas otoñales y lo agita sobre ella en forma de espiral.

«Voy a neutralizar su magia. El ataque rojo fue intencional, la defensa de Igal se ve intencional y el mío también lo será. Es una opción a salvo.»

Pero las alas de Eulana vibraron con un brillo azul y verde y un viento salió desde su espalda y removió a todos alrededor. El cetro se le fue volando, la magia de Igal se fue alejando de él y la luz roja también. Dex al sentir cómo repentinamente su alrededor ha cambiado asume que Eulana no ha podido hacerlo sola. Ajusta sus gafas y mira en dirección al tornado. Las magias azul celeste, roja y púrpura se han mezclado pero su poder inconsciente le permite rastrear la magia ajena. Se quita las gafas y les da un tirón. El gesto convierte las gafas en una flauta y cuando la toca salen de su propio cuerpo esporas doradas alrededor. Su magia va directamente hacia la luz de neón, esquivando las magias azul celeste y púrpura.

«Ahora que se trague su propia daga el que la lanzó.» Dijo atento a la luz roja, esperando a que las magias hagan impacto para seguirlas. Así fue y el choque hizo una división de dos colores. Una rojiza que desapareció de inmediato entre las casas. Una púrpura fue directamente hacia Igal. Pero una tercera se dirigió hacia Debris.

—¡No, espera… no era la magia de Igal…!

Pero ya era demasiado tarde. Los tres fragmentos de magia alcanzaron a sus usuarios. El viento se tornó más fuerte y las gafas de Dex se fueron volando. Ahora nadie podía ver en esa ventolera. Una luz con una coloración parecida al salmón pero mucho más clara se expandió alrededor, creando una criatura esponjosa, peluda y moldeable.

—¡Proteger, proteger!— Repitió la criatura una y otra vez. Su voz empezó siendo suave y dulce pero a medida que seguía repitiendo la misma palabra su voz se tornó gruesa y distorsionada. La criatura se dirigió a Debris rodando, haciendo temblar las casas. Aún continuaba repitiendo la misma palabra.

—¿Qué, Kevin 2.0?

—¿Y por qué crees que es mío?

—Es cierto. ¡Deja de culpar a otros! Todo esto es causa tuya, Debris.

—¡Claro que no! Esto lo causaron ustedes que se volvieron amargados, débiles y resentidos. Pero yo lo voy a solucionar.— Debris enterró la paleta en el suelo y fue corriendo hacia la criatura.

—¡Debris, no! Eso es un falso error debido a la fricción de dos magias… No debe…

Pero Debris arrojó con la cuchara tierra a la cara de la criatura esponjosa. Sin embargo, rodaba tan rápido que no le dio en los ojos a pesar de haber apuntado hacia allí y le pasó por encima a la chica. Pero la criatura se detuvo cuando una luz azul oscuro los cubrió, imposibilitando la visión a los alrededores. El ambiente que estaba sobrecargado de magia y emociones se convertía en uno más tranquilo. Todos bajaron sus hombros, incluso algunos se sentaron en el suelo. Dejaron de moverse, sus armas se les cayeron y soltaron un suspiro de alivio.

—Calma.— Fueron las palabras de Gizem cuando tocó el hombro de Eulana, quien detuvo de inmediato la ventolera.

—¡Gizem! ¿Qué te está sucediendo?— Dijo su hermano y corrió hacia ella. La sostuvo fuerte y miró los pies de la chica que se estaban desvaneciendo.

—El dolor del pueblo es demasiado como para que Debris pueda hacerlo todo ella sola…

Sonrió a su hermano. La magia azul se disipaba a cada segundo que Gizem también lo hacía.

—Esto no es un adiós.— Le da un beso en la frente a su hermano y su cuerpo se desvanece en partículas de polvo mágico de color azul brillante que unas mariposas de color blanco con alas de corazón se llevan en dirección hacia el bosque.

—Gizzy…— Murmuró Igal. Trató de contener sus lágrimas, pero al recordar a los Kevin se sentó en el suelo con la cabeza gacha y las dejó salir.

—Dios, de verdad… soy inútil…— Debris se lamenta al tratar de levantarse del suelo.

—No, yo soy inútil.— Igal dijo con la voz llorosa.

—No, yo soy inútil. Estaba tan segura de que podía conseguirlo y ninguno de los distintos métodos me funcionó.

—Eso no es nada. Yo traté de evitar el falso error y las consecuencias que ya sabía que vendrían. Pero no pude identificar bien los colores de la magia y… cometí algo llamado profecía autocumplida…— Interrumpió Jaxeline.

—Pues si, tú eres más inútil.

—¡Cállate, Debris!— Reaccionó de forma brusca antes de calmarse de nuevo. —Lo siento, Debris. Lo que sea que pase… traté de evitarlo…— Jaxeline se levanta y se va despacio al lago de telarañas de nuevo.

Igal continuaba derramando sus lágrimas en silencio. Sintió una presencia delante de él pero no se inmutó. Él ahora estaba concentrado en todo lo que sucedió. Le tocaron la cabeza y levantó la mirada para ver en frente de él a Debris ofreciéndole la paleta.

—¿Qué demonios?

—Úsala tú para ayudar a todos con el portal de la transformación.

—¿Qué?

—Cuando exorcizamos a Kevin y Kevin 2.0 todo eso fue posible porque tú estabas dispuesto a perdonar y ahora tu magia está sanada. Tal vez tengas la suficiente pureza de corazón para conseguirlo. Todo ya está lo suficiente perdido como para no intentar otros métodos.

—Pero Jaxeline dijo…

—¡Olvida lo que Jaxeline dijo!

—Bien, tranquila…

Igal mira la enorme cuchara de albañil que Debris le ofrece y la toma con las dos manos. No siente nada en particular al recibirla. Algo dentro de él le dice que lo que va a hacer será una pérdida de tiempo y que no va a obtener ningún resultado. Ese algo dentro de él sabe que no le puede explicar a Debris algo que ella no puede ver y si la única manera de que ella se rinda con la idea sea verlo con sus propios ojos entonces que así sea.

Igal camina hacia el portal, se detiene frente a él. De nuevo, no siente nada… Sin embargo, persiste aquella sensación de que será en vano. Cruza el portal, sus pasos cada vez se escuchan más lejos, hasta que ya no se oye nada…

Entonces aparece de vuelta.

—¿Por qué regresas? Entra ahí y haz lo que tengas que hacer.

—No me he girado, lo juro.

—Con esa mentira no engañas a nadie. Regresa, rápido.

Igal vuelve a caminar hacia la puerta, obteniendo el mismo resultado.

—Debris, yo creo que…

—¿Lo estás haciendo a propósito?

—¡Ya deja de acusarme o te doy un cucharazo!

—¡Estás haciéndolo a propósito!

—No, pero de todos modos este es tu deber. Tú eres la responsable de esas criaturas. Jaxeline lo dijo.

—¡Jaxeline otra vez, cierrenle el hocico!

—Olvídate de Jaxeline ahora… ¿Qué vamos a hacer?

—No lo se…

—Oh…

Miran alrededor. Las personas están aparentemente más tranquilas. Ya no se ve ninguna de las criaturas color carbón y Debris no escucha susurros en su cabeza.

—¿Sabes qué? Yo si se. Hay que olvidar lo malo. Enterrar el pasado.

—Debris, no puedes estar hablando en serio…

—¡Si ella hubiera hecho las cosas bien Gizem aún estaría aquí!— La chica con nariz de gancho sale de su escondite y señala a Debris mientras grita

—¡Eso es cierto! Todo ha sido su culpa.

—¡Que se vaya de aquí! Su magia es la más problemática, al igual que su personalidad.

—Por favor, tal vez ahora mismo no se puede hacer algo, pero más adelante.— Igal trata de razonar.

—¡No, que se vaya!

—Lo siento Debris. En realidad aunque seas una fastidiosa yo no creo que esto resuelva algo… pero es lo único que puedo hacer para mantener a la población tranquila… por ahora…— Eulana dijo mirando al suelo.

—¡Bien, vámonos! No los necesitamos. ¡Resentidos, amargados!

—Debris… esa no es la mejor forma…

—¿Te vas a poner de su lado? Bien te dejo atrás.

—¡No, espera!— Igal pone su mano en la parte de atrás de su cabeza como si le doliera. —Se que mi hermana está por ahí… por la forma en la que se despidió. Si todos los “Kevin” fueron realmente exorcizados no hay nada más que hacer aquí. Quiero encontrarla y… mudarme con ella a otro sitio. Uno donde las emociones de los demás no le afecten demasiado. Por algo que ella me dijo sé dónde buscarla.

—Los únicos Kevin eran los tuyos conmigo. Los otros tendrán otros nombres.

Igal trató de fingir que no escuchó eso. Pero una molestia dentro de él le impidió hacerlo.

—¿No oíste nada de lo que dije, cierto? Sólo la parte de los Kevin…

—Te escuché…

—Vámonos…