UNO
18 DE AGOSTO DE 2023
M I L O
Bode Snyders llegó a la Casa Campanario el 27 de febrero de 2022. No sé por qué pienso en aquello. Es un dato que sólo salió de mi cabeza. ¿Por qué? No sé. No entiendo a mi propia mente.
Tampoco entiendo por qué esta casa se llama “Campanario” si no tiene ni siquiera campana.
Mi teléfono vibra. Es una notificación de YouTube. Vamos a ver quién es ahora.
Según parece, hace cinco minutos Nicky publicó su nuevo video. Sentí curiosidad ya que ha grabado con Raúl —como siempre— y con Ray. Esta vez, Ray ha marcado el récord de gritos por video. Me da risa —irónicamente—, que como Ray tiene su habitación justo al lado de la mía, todos los gritos se escuchen hasta acá.
Me da risa cómo empieza el video. Nicky diciendo con el mismo tono de voz que Pennywise: “En este vídeo de hoy, mis súper amigos Los Vatos y yo vamos a hacer un parkour en GTA”. Hasta donde yo sé, ha grabado con Ray y Raúl. Tim, no hables por todo el grupo. Pero claro, ¿quién soy yo para hablar cuando fácilmente hago algo parecido? Técnicamente no lo hago con la presentación de mi video, pero sí con el nombre que le pongo al subirlo a YouTube. “Barco pirata noob vs. Barco pirata pro en Minecraft con LOS VATOS”, reza mi video más reciente, que he grabado con Bode. Bueno, la verdad ni entiendo por qué lo hice, supongo que para atraer vistas. Pero para compensarlo, he puesto unos NPC de algunos de mis amigos dentro del barco que construí. Bode, en cambio, puso un lienzo con su cara en la vela del suyo.
Rápidamente el video de Nicky obtuvo 10 mil vistas. Está progresando. Pronto llegará a los 5 millones de suscriptores, me siento orgulloso por él. Ojalá pudiera revivir ese momento, pero bueno, en YouTube todo lo que haces es subir. Cuando obtuve mi placa de diamante, todos hicimos brindis con champaña, menos Anthony, que por ser menor de edad tuvo que limitarse a la Coca-Cola. Eso tan sólo ocurrió hace 6 meses, a finales de febrero. Anthony cumplió la mayoría de edad en mayo —Hicimos dos fiestas: una para conmemorar mi logro, y otra por la placa. La primera fiesta fue el 14 de febrero.
Como no tengo más nada que hacer, veo el resto del video. Ray se ha caído varias veces, lo que explica sus gritos. Este tipo de juegos estresantes son los que le han valido su carrera en YouTube. Todos aman los gritos de Ray. En especial los niños… y algunos adolescentes que podrían considerarse sus fans más fieles.
—Son las cinco de la tarde —dice una voz que entra a mi cuarto de la misma manera que lo hacen las mariposas: de repente—. No hemos decidido qué comer, y pensé que tú podrías decidir por nosotros.
—¿Quién cocina? —pregunto sin despegar la vista de la pantalla de mi teléfono.
Leo da dos pasos adelante y entra en mi habitación.
—Tienes algo personal contra el modo de cocinar de Oliver —dice—, pero lo que sea que pidas él te lo hará sin dudar.
—Me gusta más cuando cocina Raúl. Tiene una sazón que flipas. —Entonces, contra mi voluntad, añado—: Frey debería venir un día de visita para probar sus platillos.
El rostro de Leo se ensombrece.
—Frey… —musita, y yo lo oigo.
—¿Te molesta que siga en contacto con él? —replico.
—No —sonríe fingidamente. Miente, sé que miente—. Es sólo que… bueno, sé que no lo has superado.
—Lo tendré que hacer algún día —digo con tono despectivo. No es mi intención, solo me niego a aceptar que se fue del grupo. No estuvo aquí conmigo para celebrar que llegué a los 10 millones. Y a veces lo detesto por ello—. Y algún día tendrá que regresar. Me ha contado de las miradas que ustedes le hacían mientras estaba aquí.
Leo suspira.
—Las miradas —repite—. Milo, ¿cómo te lo dijo? ¿Con resentimiento? ¿Nos tiene rencor?
—Con naturalidad —contesto—. Viene uno que otro día a la semana, y nos ponemos al tanto de todo. Él estaba harto de algo que le molestaba de esta casa. No sé de qué exactamente. —Me encojo de hombros—. No me lo ha contado.
—No lo he visto venir —me dice Leo—. Y soy muy atento, lo sabes.
—Mi balcón está más cerca del roble del jardín —digo—. Frey se trepa y entra a mi habitación. Una de las ramas del árbol se extiende hacia la calle. Puede entrar por ahí.
Leo no parece muy contento con lo que le acabo de decir, pero ya era hora de que lo supiera.
—¿Crees que le caiga bien Bode?
Y ahí va, la pregunta que se tardaba en aparecer.
—No lo sé, de la manera más extraña nunca he visto a Frey y a Bode a la vez. A lo mejor Frey no confía en él, como ustedes.
—Sándwiches de queso, entonces —dice Leo de repente. Cierto, me había preguntado por la cena—. ¿Te parece?
—Espero que sea cheddar —le digo—. Esta conversación nunca la tuvimos.
Leo sonríe y se va de mi habitación.
A veces odio que sea tan hipócrita con respecto a Bode.
R A U L
La nieve ha empezado a derretirse. Es agosto, pero estoy comiendo nieve. Me encanta comer hielo pulverizado con esencia de Kola. Es blanco y rojo, como el personaje que tengo en Minecraft.
Milo le ha pedido a Oliver que hiciera sándwiches de queso. Y aunque me extraña que no me lo haya pedido a mí, no me siento de humor para ponerme a cocinar. No justo ahora. No ahora que estoy planeando algo que debe salir sí o sí a la perfección.
Es, cómo decirlo, una sorpresa. Algo que tengo preparado desde que Milo llegó a los 10 millones. Pero he tenido que intensificar los preparativos ahora que he descubierto algo sorprendente. Algo que nos afecta a todos por igual.
Y yo, por mis amigos, haría cualquier cosa.
❖ ❖ ❖
Algo me golpea en el hombro cuando bajo las escaleras.
—¡Por Dios, Raúl! —exclama Anthony—. Caminas como abuelita.
No me molesto en contestarle en el mismo tono.
—Podrías haber pedido permiso, ¿no?
Anthony me ha adelantado bruscamente mientras bajaba. Igual que me adelantó en suscriptores la semana pasada. Según las páginas de internet con counters en vivo, él tiene cinco millones ochocientos mil aproximadamente. Yo, en cambio, tengo cinco millones setecientos mil. Siento envidia, pero de la sana. En poco tiempo llegaré a la misma cantidad, aunque su gritería lo haga subir cada vez más y más, y eso me impida volver a alcanzarlo. No sé cómo se puede monetizar tanto teniendo ataques de neurosis en directo. Anthony tiene algo en su carácter agresivo que lo vuelve más atractivo para los fans. No sé qué es. El video de sky blocks que Ray subió hace dos días fue de los más tranquilos para mí. Desgraciadamente, mi habitación tiene una puerta de acceso a la habitación de Anthony, pues compartimos baño. Por ahí entran los gritos, y para acabarla de joder, los más jóvenes (Milo, Anthony y Ray), acostumbran a grabar a altas horas de la noche.
Según ellos, es por “falta de tiempo”. Por Dios, esa no se la creen ni ellos. Anthony sale cuatro de los siete días de la semana para ver a Bex (su novia), Milo la pasa grabando con Bode durante el día y por la noche es que quiere dedicarnos tiempo a nosotros. A Ray se le perdona, ya que él graba durante el día con Mati, Leo y Nicky.
Pero en serio, tío. Una de las cosas que acepté soportar cuando nos mudamos aquí eran los gritos de Anthony en vida real, más allá de una pantalla, unos audífonos y un micrófono. Pero cada vez se hacen más intensos, y de verdad me pregunto cómo es que a este chaval no se le ha quebrado la voz aún. Tengo limones en la nevera por si tal milagro llega a pasar.
Volviendo al video de Ray, esa vez Anthony no gritó mucho. Pareció ser la primera vez en años que no llegaba a perder los estribos. Y por eso, quise saber a qué se debió aquello.
Vi el video y revisé cada parte en la que Anthony abría la boca. Sus gritos se parecían a los de Mati, prácticamente fingidos o forzados. En otros videos, estos gritos eran salidos del corazón. Algo raro estaba pasando. Y todavía sigo pensando en qué pasó exactamente.
Pero creo que Bode tiene algo que ver. Entre las cosas que nunca hemos hecho públicas, está el que Anthony ha recibido correos. Correos malos, de tipo chantaje. Solo él y yo sabemos sobre eso. No le hemos mencionado a nadie sobre este tema.
Y lo que descubrí recientemente me hace creer que no decirlo no es suficiente. Tarde o temprano la verdad se termina sabiendo. En nuestro caso, tarde o temprano Bode termina conociendo de cabo a rabo todos nuestros secretos.
Voy a la biblioteca y recojo lo que fui a buscar.
Subo nuevamente y entro al cuarto de Milo.
—¿Tienes un minuto? —digo—. Debemos hablar de algo muy importante.
M I L O
Tengo unas ganas tremendas de vomitar. No porque la comida esté mala. Los sándwiches de Oliver resultaron ser la puta hostia. Mis náuseas se deben a lo que estoy viendo.
Raúl me acaba de extender un papel muy pero que muy confuso.
Una orden de alejamiento.
—¿Qué es esto? —pregunto, alarmado.
—Debes firmarlo.
—¿Para qué demonios quieres tener a Bode alejado de nosotros?
—Es una medida preventiva. Cualquier represalia que Bode tome contra nosotros quedará anulada al instante.
—Represalia —repito.
Raúl suspira.
—Nuestras vidas no están a salvo, y lo sabes. Desde que él llegó a esta casa, estamos prácticamente puestos de rodillas ante él.
—No hables de cosas que no han pasado —digo, prácticamente en negación—. ¿Ponernos de rodillas ante Bode? ¿De qué idioteces hablas?
—Hay cosas que prometimos no contar ni siquiera entre nosotros mismos —explica Raúl—. Pero por alguna razón Bode sabe todo, y por eso te digo que estamos en peligro.
—Bode no…
—Sabe lo de Mateus, Milo. ¿Quieres que hablemos sobre eso otra vez?
—Él no sabe nada. No hay forma de que yo o alguno de nosotros le dijera todos los detalles de esa noche.
Ni yo los conozco.
Raúl se levanta y me mira directamente, como si me juzgara con la mirada. Siento sus ojos castaños analizarme y concluir que estoy “supuestamente” del bando contrario. Lo odio. Sé lo que va a decir ahora. Otra mentira.
—Si no vas a hacerlo, tal vez en una semana estemos metidos en una celda.
—Tú, tal vez —respondo, completamente ofendido—. Pero ¿yo? no lo creo.
—Si Bode me hunde, te hundirá a ti también.
—¿Por qué me hundiría a mí?
—Sabes por qué.
Empiezo a preocuparme. No hay forma de que Bode lo sepa. Nunca se lo dije, ni le insinué nada, ni nada de eso. Bode tampoco podría haber hurgado entre mis cosas, aunque ahí no tengo nada que esconder. Bode no revelaría eso.
A no ser…
—Bode no ha hecho nada de lo que tú dices. Sólo temes que, porque lleva poco tiempo en la casa, tu secreto no esté a salvo.
“Poco tiempo”. Vaya forma de decir: “casi un año y medio”.
—¿Y lo está? Milo, yo sé lo que vi.
—¿Qué viste?
No responde.
—Si fueras a la cárcel —continúo—, ¿dirías algo que me incrimine? ¿Querrías que compartiéramos celda? Te recuerdo que Frey puede ayudarme.
Raúl niega con la cabeza.
—Frey… Frey se fue del grupo por eso. Así de grave fue lo que hiciste. ¿Crees que te ayudará con un asunto que le ha causado tanto dolor?
—No conoces a Frey —digo. “No conoces a nadie. Prácticamente quien unió a Los Vatos fui yo. Aunque Leo compró la casa. Aunque quien dio la idea fue él. Yo formé el grupo, yo hice a mis amigos. Yo me las apañé para que mis amigos se hicieran amigos. Los conozco mejor que nadie, ustedes son quienes no se conocen entre ustedes”—. Él no me defraudaría sólo porque tú lo digas.
—No es de Frey de quien estamos hablando —espeta Raúl. El tono de su voz me hace creer que quiere decirme algo, pero otra cosa se lo impide. Algún peso moral. Pienso en ello mientras continúa hablando—. No habría venido aquí solo por eso.
—Exacto, viniste a decirme que Bode es un demonio.
—No —contesta—. Vine a decirte que confías demasiado en las personas. ¿Es por tus padres? ¿La confianza que no tuvieron en ti cuando les dijiste que te dedicarías a ser YouTube es lo que intentas enmendar creyendo que todos a tu alrededor son santos de devoción?
Manipulación. Lo supe desde el principio. Si no conseguía mi puta firma para la orden de restricción, iba a sacármela por la fuerza. Not today.
Siento la mirada de Raúl mientras pienso en mil y una maneras de que Bode hubiera sabido lo que pasó cierta noche. Algunas de ellas me aterran. De hecho, pensar que Bode descubrió mi secreto más oscuro me podría hacer mojar mis pantalones. Miro el papel con la orden de restricción.
—No tienes que hacerlo —digo entonces—. Estás acusando a Bode de algo que ambos sabemos que no es capaz de hacer.
—No. Tú piensas que no es capaz de hacerlo, pero lo que yo vi…
—¿Qué viste? —interrumpo—. Ya cómete la maldita naranja.
—Si te lo digo, no me lo creerás. De hecho, no me alcanzan las palabras para explicarte…
—Suenas como poeta —espeto—. ¿Quieres que te crea? Pruébame que realmente viste algo muy delicado que tenga que ver tanto con Bode como con todos nosotros.
—Podría probarlo ahora mismo.
—¿Por qué no lo haces?
Raúl aprieta los labios y se pasa una mano por la cara, rogando mentalmente que le crea lo que está a punto de decir.
—Bode ocultó la carpeta.
—¿Cuál carpeta? —pregunto. No firmaré nada hasta que me explique con todo y detalles qué putas es lo que pasa.
—No puedo explicarlo, es demasiado delicado. Pero sabes de qué hablo.
No. No sé de qué habla. No es posible que, siendo Leo y Raúl los dos hombres más confiables para guardar secretos y a la vez las dos únicas personas que saben qué fue lo que provocó la partida de Frey, Bode ha descubierto lo que hemos estado ocultando durante años.
Simplemente Raúl no pudo haber soltado la lengua, y mucho menos puede estar pretendiendo expiar su culpa al hacerme firmar una orden de alejamiento contra Bode. Raúl no es alguien que, incluso borracho, habla de más. Eso porque no bebe, y tiene una hija a la que mantener. Simplemente es el hombre que toda mujer quiere tener. Y el amigo que todos quieren tener. Confidente, atento, leal. Pero esto. Raúl siempre sospecha de todo y de todos, y por eso siempre he pensado que lo que tiene contra Bode es personal.
—Creo que lo voy a pensar.
—Milo, no hay tiempo para ponerte a pensar —dice Raúl—. Debes unirte o Bode arruinará nuestras vidas. ¿Quieres que me arriesgue? Bien, lo haré. Bode tenía preparado un libreto, un repertorio, o como se llame. Para un video de salseo —la palabra “salseo” sale de su boca prácticamente a jalones. Ese término es más apropiado para nuestra comunidad de fans. Que alguien como Raúl lo use es literalmente una aguja dentro de un pajar—. Sobre nosotros —continúa diciendo. Entonces, se me baja la presión.
Entro en negación rápidamente.
—Tenías razón sobre lo de no creerte —digo, con los labios temblorosos. Y Raúl lo nota.
—Ni tú mismo crees en lo que estás diciendo —espeta—. Pero cuando finalmente llegues a la etapa de la aceptación, estaré esperándote con el papel firmado. Y no lo rompas —dice mientras sale de mi habitación—. O te romperé el cuello.
Creo que tiene experiencia haciéndolo, pero eso es otra historia.