THE FAMILY

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Summary

Veinte años después de la llegada de los Conquistadores —seres implacables que esclavizaron y sumieron al mundo en la miseria—, Dave, un niño huérfano con una sonrisa incorruptible, sobrevive en un pueblo marcado por el hambre y el miedo. Su vida cambia al conocer a otros como él: personas rotas por la crueldad, pero que aún conservan una chispa de esperanza. Juntos descubrirán que la familia no siempre es de sangre, y que incluso en un mundo dominado por la oscuridad, un acto de bondad puede encender una revolución. Pero para proteger a los suyos, Dave tendrá que enfrentarse a decisiones que pondrán a prueba su valentía… y su humanidad.

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1
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n/a
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16+

Chapter 1

Capítulo 1

La Importancia de una Familia

El viento soplaba las hojas de otoño, el sol iluminaba las calles

del pueblo y las personas añoraban un día de paz. A pesar de la

escasez, Garba, el hombre de las macetas, abría su humilde

puestito, siempre esperanzado, ya que hacía una semana que no

podía vender nada. Luego de un rato, casi finalizando el tiempo

límite para el comercio, Garba escuchó una voz danzante, una voz

alegre y pacífica, el dueño de esa voz era un niño: delgado, con

una bolsa de papas a modo de remera y pantalón, y unas botas de

tela ya bastante añejas. También tenía unas vendas que rodeaban

sus brazos. Claramente nadie tenía muchas cosas que presumir,

pero este niño daba la impresión que había fabricado su propia

ropa, a pesar de todo, el niño tenía algo distinto, tenía algo que lo

caracterizaba y resaltaba entre la multitud, era su gran y pura

sonrisa, una sonrisa que contagiaba.

—¿Qué se te ofrece, niño?— preguntó el hombre de las

macetas.

—¡Quiero la maceta con flores, señor!, ¡Es la maceta más

barata, así que me la llevaré!— respondió el niño con esa gran

alegría que lo caracterizaba.

—Claro— respondió el hombre de las macetas, pero una

duda lo inquietaba.

—¿Para qué querría un niño como tú una maceta como

esta?— preguntó el hombre, un poco confuso y hasta curioso.

—¡Ja, ja! No es para mí, señor, es para Mamá Alegría. Ella

compraba siempre aquí, pero ahora que no puede moverse de la cama, me ha ofrecido a mí unos mercurios a cambio de venir a

comprarlas— contestó el niño.

—¡Ahhhhh! Mándale saludos de mi parte y que se mejore—

respondió el señor, un poco nostálgico, recordando a Mamá

Alegría.

—¡Está bien, señor! ¡Muchas gracias!— contestó el niño,

ya comenzando a caminar para irse.

—Una pregunta más, niño, ¿cómo te llamas?— preguntó el

señor.

—Me llamo Dave, señor. ¿Y el suyo?— respondió el

pequeño, sonriente.

—Un placer. Yo me llamo Garba. ¡Vuelve pronto!—

contestó Garba, el hombre de las macetas.

—¡Claro que sí, señor!

Dave volvía a casa de Mamá Alegría para entregar su pedido.

—¡Mamá Alegría! Le traje su maceta con flores.

—Muchas gracias, mi pequeñín. Eres un niño muy servicial— respondía encantada Mamá Alegría.

—¡Siempre a su servicio, Mamá Alegría!

—Ja, ja— se reía Mamá Alegría con una pequeña sonrisa y una gran alegría—. Dime una cosa, ¿Quieres ganarte algunos mercurios más?

—¡Claro que sí! ¿Qué debo hacer?— preguntó Dave.

—Debes volver al pueblo antes que termine el límite para el comercio. Tráeme tres bazanas.

—¡Okey! ¡Vuelvo enseguida!

—Por favor, ve con cuidado.

—Claro, no te preocupes, Mamá Alegría.

Dave se dirigía al pueblo en busca de cumplir el pedido de Mamá Alegría.

Pero, en el camino, a uno cuantos metros de ingresar al pueblo, Dave se encontró una pequeña gallina perdida entre los arbustos. Debido a la gran escasez de alimentos y a que la ganadería estaba en manos de los Conquistadores, era increíblemente raro, y hasta milagroso, encontrar un animal de granja. E incluso más, que estuviera suelto y sin dueño. A pesar de tener tan solo seis años, Dave conocía los animales básicos de granja, ya que sus padres e incluso su abuelo se lo habían enseñado, pero jamás había visto uno físicamente. Sin pensarlo dos veces, Dave corrió hacia la gallina para atraparla, con el claro objetivo de alimentarse con su carne. Luego de un rato tratando de atraparla, finalmente lo consiguió. Al instante, Dave agarró una piedra y estaba a punto de matar a la gallina para luego ir a cocinarla, pero en un momento se detuvo, pensó y se le ocurrió una idea. Volvió hasta la casa de Mamá Alegría y con unos materiales que encontró en la basura, una caja y un poco de pasto seco, acostó a la gallina en la caja. Dave dijo:

—Si quieres vivir, me tendrás que alimentar con algo. Así que, si tú me das tus huevos, yo te dejo vivir. ¿Trato hecho?— le decía el pequeño pero inteligente Dave a la joven gallina.


Luego de esto, Dave entró a la casa de Mamá Alegría para contarle lo que había pasado. Mientras lo hacía, Mamá Alegría estaba muy sorprendida, impresionada y alegre por lo sucedido. Felicitando a Dave, le dijo:

—Muy bien hecho mi pequeñín. Si tú cuidas y alimentas a la gallinita, ella te dará sus huevos. Pero dime algo, esa gallinita, ¿no tenía dueño?

—No, no. Ella estaba sola en medio de unos arbustos. ¿Puedo quedármela, no es así?— preguntaba Dave un poco triste.

—Mmm, supongo que puedes. Recuerda que si algo es de alguien, no debes quitárselo, sin importar tu situación ni la de él. Robar es malo, ¿recuerdas?

—¡Claro que sí, Mamá Alegría!

—También recuerda que debes esconderla. Si alguno de esos seres malvados y horribles la ve, te la quitarán— decía Mamá Alegría.

—La esconderé muy bien, Mamá Alegría. Se lo aseguro.

—Muy bien, mi pequeñín.

—Mamá Alegría, cuando deje crecer un pollito, ¡le regalaré uno!— prometía Dave alegremente.

—Ja, ja, ja. Mi pequeñín, para que un pollito nazca, debe haber una Mamá y un papá. Si no hay papá, no nacerá un pollito.

—¡Woow!— exclamaba un sorprendido Dave—. ¿Entonces, ¿qué hay dentro del huevo que solo tiene a la Mamá?— preguntaba con mucha curiosidad.

—Simplemente no hay vida. Solamente sirve para que puedas alimentarte, ya que el huevo es una fuente de proteínas perfecta. Pero si quieres pollitos, será difícil encontrar un gallo, porque están todos en manos de esos seres. Quizás algún día puedas conseguir uno ahorrando y con mucho esfuerzo. Pero siempre mantente alejado de esos seres. Nunca los desobedezcas ni los provoques, ¿de acuerdo?

—¡Claro que sí Mamá Alegría! ¡Nunca sabrán que existo! Por cierto, no pude comprar sus bazanas, lo lamento.

—No te preocupes, pequeñín. Mañana, cuando sea hora de comercio, las puedes comprar.

—¡Muchas gracias, Mamá Alegría! ¡Nos vemos mañana!


Al otro día, ya en horario de comercio, Dave se dirigía al pueblo para comprar y cumplir el pedido de Mamá Alegría. Luego de comprar tres bazanas por medio mercurio, Dave paseaba por el pueblo y, cuando tomaba la última calle para ir a casa de Mamá Alegría, vio en un pequeño callejón entre las casas, a un grupo de tres niños que parecían unos dos o tres años más grande que él, golpeando a otro que estaba en el suelo. Dave al ver esto, fue rápidamente hacia ellos y, con valentía y decisión, les dijo:

—¡Eh! ¡Déjenlo en paz!

—¿¡Ah!? ¿¡Quién rayos eres tú!? ¡Vete antes de que te golpeemos a ti también!— decía el líder de los tres niños.

—Dije que lo dejaran en paz— respondía Dave con mucha seriedad y sin ningún miedo a lo que le podía pasar.

—Tú te lo buscaste, imbécil.

Los tres fueron directo hacia él, soltando al niño que estaba en el suelo. Dave al ver esto, logró lo que quería y dijo:

—¡¡Corre!!

El niño, con mucho miedo e inseguridad, comenzó a correr, llamando la atención de los golpeadores. Al girarse para verlo, Dave también comenzó a correr junto a él, y ambos huyeron por las calles. Luego de un rato escapando, Dave se dio cuenta de que ambos estaban cansados y los alcanzarían, así que tomó al niño del brazo y se escondieron. Entonces pensó y le dijo:

—Oye, tenme esto, cuídalos por mí, ¿sí? No tengas miedo. Tú espera aquí y no salgas, no importa lo que escuches, no importa quien venga. Yo vendré a buscarte. Estarás bien— le decía al niño, que estaba con mucho miedo, mientras le dejaba al cuidado las bazanas que le había encargado Mamá Alegría.

—¿¡Qué harás!? ¡Por favor, no salgas, te lastimarán!— le decía el niño a Dave.

—Si no salgo nos lastimarán a los dos. Tú quédate aquí y haz lo que te dije.

—¡NOO! Por favor, no me dejes…

Dave salió del escondite y, al instante, llegaron los golpeadores diciéndole:

—¿Dónde está el otro imbécil?— decía el líder de los golpeadores.

—Se ha ido, ya no está aquí. Se ve que no son muy inteligentes— respondía Dave, riéndose con un tono burlesco.

—¡Estás muerto!

Luego de esto, Dave corrió hacía otro callejón, pero uno de ellos logró atraparlo y, junto a los otros dos, lo golpearon una y otra vez hasta hacerlo sangrar. Le sacaron el medio mercurio de Mamá Alegría y hasta las botas que el mismo había creado. Dave volvió al escondite en donde estaba el niño y le dijo:

—¿Ves? Te dije que volvería— exclamaba Dave con una sonrisa, a pesar de que estaba tan lastimado.

—¡¿Estás bien?! ¡Te lastimaron! ¿Por qué lo hiciste?— decía el niño con lágrimas en los ojos y muy preocupado.

—¿A qué te refieres?

—¿Por qué te arriesgaste por mí? ¿Por qué me defendiste? ¿Por qué dejar que te golpeen por alguien como yo? ¿Por qué me ayudaste si no me conoces?

—Porque entiendo cómo te sientes. Entiendo esa sensación de sentirte débil, esa sensación de soledad e impotencia, de que nadie te ayude. Te entiendo. Por eso, siempre que pueda ayudar a alguien, lo haré. Para que no se sientan como yo me sentí. Para que no se sientan débiles, para que no se sientan solos y puedan levantarse a luchar. Ser fuerte y defenderse a sí mismo es un desperdicio e incluso es aburrido. Pero ser alguien fuerte y defender a los demás te hace muchísimo más fuerte. Ayudar a los demás para que puedan tener una vida normal y feliz es la mejor sensación que puedes tener. Por eso siempre que pueda, ayudaré a los demás y a los que lo necesitan para poder levantarse, porque no quiero que pasen lo que yo pasé.

Luego de estas palabras, el chico se conmovió. No podía creer que alguien se preocupara por el prójimo, y menos en alguien como él. En un mundo lleno de odio, violencia, rencor y dolor, encontrar a alguien que quiera ayudar a los demás, era algo que no se lograba ver todos los días. Ese chico era especial, era un chico que el mundo todavía no lograba corromper. A pesar de tanta oscuridad, el seguía con sus ideales puros y firmes. El chico ayudó a Dave y lo acompañó hasta la casa de Mamá Alegría. Cuando llegaron, Mamá Alegría se preocupó mucho y atendió las heridas de Dave mientras le decía:

—¿Otra vez te has vuelto a pelear? La última vez defendiste a un niño que ni siquiera te dio las gracias.

—Lo lamento, Mamá Alegría. Es que este niño necesitaba ayuda. Usted sabe que no puedo evitarlo— decía Dave mientras soltaba una pequeña sonrisa.

—¿Cuál es tu nombre, pequeño?— preguntó Mamá Alegría al niño.

—Mi nombre es Mike, señora. Disculpe las molestias, enseguida me marcharé.

—No te preocupes. ¿Tienes hambre? Parece que no has comido en un tiempo.

—Para serle sincero, no he comido en cuatro días.

—¡¿QUÉ?! Pequeñín, ¿has comprado lo que te pedí?— le preguntaba Mamá Alegría a Dave.

—Claro que sí, Mamá Alegría. Siempre cumplo con sus mandados.

—Muy bien, pequeñín. Compártelo con Mike.

—¡Muchas gracias, Mamá Alegría! Oye, Mike, debes agradecerle.

—Cl… cl… claro… muchas gracias, señora— decía con una voz nerviosa porque lo habían retado.

Dave volvió a agradecerle a Mamá Alegría por haberlo curado y se despidió de ella, a lo que a Mike le causó asombro. Una vez fuera, le preguntó:

—¿A dónde vas?

—Ya está oscureciendo. Debo volver a mi casa.

—¿Qué? ¿Esta no es tu casa?

—Claro que no, esta es la casa de Mamá Alegría.

—Pero si no es tu madre, ¿por qué le llamas Mamá?

—Es solo una forma de decirle. Ella es como otra madre para mí. A todo esto, se está haciendo tarde. Debes volver a tu casa, tus padres estarán preocupados.

—A-am… aamm… no… no… no tengo padres… ni tampoco casa— respondía Mike con una voz tímida y un poco apagada.

—¿Qué? Entonces ¿en dónde vives?

—A veces en un pequeño montón de paja vieja, otras veces, en el bosque. Siempre estoy en búsqueda de un lugar en donde pasar la noche.

—Cielos… ojalá pudiera ayudarte… ¡Un momento! ¿Por qué no vienes a vivir conmigo? ¡Te puedo preparar mi especialidad! Sé que tienes hambre.

—¿Qué? No, no, no. No quiero molestarte. Además, tus padres se molestarán. No quiero ser una carga ni que tengan una boca más que alimentar.

—Jajaja. No te preocupes. ¡Yo tampoco tengo padres! ¡Ven, vamos, que se hace tarde!

Dave llevó a Mike a su hogar. Era una pequeña estructura hecha de láminas y madera en el medio de un campo. A los lados había bosque y, a unos metros había un pequeño río. Por dentro, tenía dos literas apenas se ingresaba, un pequeño marco en la pared del fondo y, por último, en la misma pared había una puerta que daba a una única habitación que contaba con un escritorio y otros complementos que daban a entender que antiguamente era una oficina. El lugar en si parecía un pequeño refugio abandonado; no se distinguía porque se caía a pedazos, estaban las maderas podridas y las láminas oxidadas. También estaba muy sucio debido a los años en abandono. Dave preparó y encendió una fogata, debido a que por la noche la temperatura bajaba y el refugio no era muy cálido. Un gran rugido sonaba desde la panza de Mike, a lo que Dave dijo:

—¿Tienes hambre, verdad? ¡Te prepararé mi especialidad!— exclamaba Dave, un poco preocupado.

—No, no… no quiero ser una molestia. Además, tampoco quiero quitarte tu comida…

—No te preocupes. Tú necesitas comer, y si lo necesitas más que yo, ¿por qué no compartirla contigo?

Mike se sorprendió mucho y dijo:

—A la mayoría de gente que me he cruzado no le gustaba compartir sus cosas... y tú... ¿por qué lo haces?

—¿Por qué no hacerlo? ¿De que serviría tenerlo todo para mí? Además, se siente bien cuando compartes cosas con la gente que lo necesita.

Mike volvía a sorprenderse por el tipo de persona que era Dave. Las personas que se había cruzado a lo largo de su vida, jamás se habían preocupado por él sin algún interés de por medio, ni siquiera por piedad. Luego de tantos desprecios, insultos, denigraciones y odio que había recibido de los demás, Mike por fin encontraba un poco de calidez en una persona. Por fin encontraba a alguien que no lo rebajaría, ni por su forma de ser, su vestimenta o situación económica. Mike había encontrado alguien al que podía llamar familia…

—Ah, por cierto, no pude agradecerte por haberme salvado antes. De verdad, muchas gracias. Prometo que pagaré mi deuda.

—¿Deuda? Jaja, deja de preocuparte por eso y come, que ya está lista mi especialidad.

—Huele increíble.

Ambos cenaron a la luz y calidez de la fogata que abrazaba el interior del refugio. Mike ansiaba poder comer algo luego de muchos días, pero a pesar de que su carne era sabrosa, nunca había probado una igual. Su sabor era distinto, era rústico pero a la vez único. Debido a que la curiosidad lo superaba, Mike dijo:

—Wow, está increíble…pero…no puedo descifrar de que animal es la carne…

—Es carne de rata— respondía Dave con una gran tranquilidad mientras disfrutaba de la comida.

Claro… ese era el sabor peculiar que sentía, pensó Mike. Pero a pesar de eso, no se espantó. No sabía si era por el hambre o porque de verdad le gustaba, pero lo estaba disfrutando.

Luego de comer, ambos charlaban sobre sus sueños, metas y las cosas que les gustaban. Mike le contó que siempre le dijeron que no servía para nada, que no podría hacer nada de su vida, así que ya no pensaba en eso. A lo que Dave, un poco enojado, le dijo:

—¡¿Qué?! Obviamente hay algo que te apasiona. Debes dejar de pensar en esas personas y comenzar a pensar en ti. Si no, no podrás vivir. Debes olvidar el pasado…

—Tienes razón… en realidad… si hay algo que me gusta… mi pasión es dibujar.

—¿En serio? ¿Y qué te gusta dibujar?

—Para ser sincero… no lo sé… en el lugar de dónde vengo no estaba permitido dibujar…

—Oye, si no tienes padres y dijiste que hace unos días estabas viviendo en la calle, ¿dónde vivías antes de eso?

—Vivía en un lugar en donde hay muchos chicos que tampoco tienen padres ni familia. Se llama orfanato. A pesar de que había muchos chicos como yo, nunca pude hacer amigos. Ninguno tenía intención de hacerlos, ya que en ese lugar eran muy estrictos. No se podía hablar en el comedor y, antes que se pusiera el sol, teníamos que estar en la cama. Viví ahí hasta que un día me echaron junto a otros diez chicos. La razón era que la comida se estaba agotando y no podían alimentarnos a todos. Así que la solución fue dejarnos a nuestra suerte. A algunos no pude volver a verlos y yo ya no estaría aquí si no fuera por ti… Por eso estoy en deuda contigo…

—Espérame aquí, enseguida vuelvo.

—¿Qué? ¿A dónde vas?

Dave corrió hacia la única habitación del refugio y, luego de un rato, volvió a la fogata con una gran pila de papeles y un pequeño pedazo de carbón.

—Toma— le entregó los papeles a Mike—. En esa habitación había muchos papeles. Ahora podrás dibujar sin ningún tipo de culpa. Ahora eres libre de hacer lo que quieras. Aquí vivirás sin miedo.

—¿Vivir?... ¿Te refieres a…?— exclamaba Mike con mucha sorpresa, mientras su corazón latía fuertemente.

—Claro que sí. Ahora esta casa también es tu casa. Es demasiado grande y vacía cuando solo vive una persona. ¿Qué dices? ¿Quieres hacerme compañía?

—¡Por supuesto que sí! ¡Prometo no ser una carga! ¡Te ayudare a conseguir mucha comida! ¡Seré de mucha utilidad, lo prometo!— decía Mike, casi gritando y con algunas lágrimas en los ojos, debido a que por primera vez sentía alegría, y sentía que por fin había encontrado un lugar al que llamar hogar.

—¡Jajaja! ¡Esa es la actitud! ¡Te enseñaré todo lo que sé! ¡Así podrás defenderte por ti mismo!

—¡Estoy muy emocionado! Sé que ya lo dije… pero… muchas gracias…— repetía Mike sin cansancio. Mientras lo decía se acordaba de que quería preguntarle algo a Dave—. Por cierto… ¿Cuál es tu pasado? ¿Tenías familia?

—Se está haciendo muy tarde… Es hora de dormir. Hoy fue un día muy agitado y debes estar cansado. Otro día te lo contaré.

—Está bien… Buenas noches, Dave.

—Buenas noches Mike. Descansa, que mañana tengo que enseñarte muchas cosas.

1 AÑO DESPUÉS


Dave le enseñó a Mike todo lo que sabía durante un año entero: desde cazar, pescar, crear una fogata, cocinar su propio alimento, almacenar agua del río, recolectar frutas no venenosas del bosque, mostrarle algunas plantas comestibles y la preparación de algunas que eran para uso medicinal. También le enseñó a curarse, preparar vendajes y detener hemorragias.

Luego de un año juntos, Dave y Mike realizaban pedidos para Mamá Alegría, como era costumbre, para obtener un poco de comida y algunos mercurios para ropa u otras necesidades. Era un día como cualquier otro; ambos se dirigían hacia el pueblo para comprar y cumplir con el pedido de Mamá Alegría. Luego de realizar las compras y estar listos para volver, los dos observaron en la entrada al pueblo a una niña que corría con una botella en la mano. Los tres se miraron fijamente, provocando que la niña se distraiga y caiga al suelo, destruyendo la botella que llevaba consigo. Ella lloró, y su cara expresaba shock puro, con una mirada que demostraba como si el mundo se derrumbara.


Dave se acercó rápidamente a la niña y le extendió su mano para que pueda levantarse. La niña lo miró, y con lágrimas en los ojos le agradeció su ayuda, pero ella observaba el suelo dejando caer sus lágrimas, debido a que su botella se había roto. Dave con un gran sentimiento de culpa, le dijo:

—Lamento haberte distraído… ¿Era una botella cara?

—Esto es malo… muy malo… Esto… no puede estar pasando…— balbuceaba la pequeña niña con miedo y desesperación.

Dave intentaba calmarla, diciéndole que respirase hondo y tratando de que pueda responder a sus preguntas, para saber porque estaba tan asustada.

—¿Ya estás un poco mejor?... Dime una cosa… ¿por qué estás tan asustada?

—N-no... Es nada… debo irme a casa…— decía la niña ya resignada.

La niña comenzó a irse en un silencio que era más poderoso que el ruido más fuerte. Dave observó esto y pensó rápidamente. Luego de una gran ocurrencia, la detuvo y le dijo:

—Mira… este es un poco de mercurio que he ahorrado para algunas ocasiones que sean de urgencia… tómalo… compra otra de esas botellas… pero te los daré si me dices porque estas tan aterrada…

La niña al escuchar esto de una persona por primera vez, sintió un pequeño calor en su pecho, un calor que le producía un poco de liberación, una calidez que la abrazaba desde su corazón hasta sus rodillas. Ella al recibir tal acto de bondad le respondió:

—¿En serio… harías algo así? ¿Por qué? Si son tuyos, ¿por qué me lo darías?

—Y… ¿por qué no haría? Tú los necesitas más que yo… pero recuerda la condición... ahora debes contarme porque estabas tan asustada.

—Está bien… te lo diré… La botella es para la persona con la que vivo. Si él no tiene su botella… se enfurece… y… eso me da miedo. Si no cumplo con lo que me pide… él se pone… agresivo… A veces siento que es… un monstruo…

—¡¿Cómo puedes vivir con alguien así?! ¿Por qué te sigues quedando en esa casa?

—No lo sé. Simplemente… no tengo dónde ir… Se está haciendo muy tarde, debo irme, se pasará el tiempo de comercio. ¡Muchas gracias por el mercurio!

—¡Espera!

La niña saludaba y agradecía a los chicos mientras se marchaba muy apurada, casi corriendo. Dave quería detenerla porque estaba preocupado por ella, pero se marchó y por un tiempo no volvieron a verla. A pesar de que había pasado un tiempo considerable. Dave no dejaba de pensar en la niña, en el tipo de persona con la que vivía, y se preguntaba si podía haber hecho algo más para ayudarla. Dave se lo comentó a Mike, y este le dijo:

—Sé que te hubiese gustado ayudarla aún más, pero recuerda que le diste parte de tus mercurios y fuiste de gran ayuda. Si tenemos la oportunidad de encontrarla la volveremos a ayudar. Pero también debes centrarte en ayudar a los demás; ellos también merecen tu atención— le aconsejaba un Mike distinto, un Mike un poco más seguro y más firme que la primera vez que se conocieron.

—Tienes razón Mikey. Vamos a ver a Mamá Alegría, a preguntarle si tiene algo para nosotros.

Ambos visitaron a Mamá Alegría, quien tenía un pedido para ellos y con gusto aceptaron. Ya dirigiéndose para el pueblo a cumplir el trabajo que tenían, los dos venían platicando y analizando la modificación y decoración del refugio. Pensaban en juntar mercurio para poder reparar agujeros, comprar abrigos y reponer alimentos para almacenar. Llegando al pueblo, luego de una gran caminata, los chicos se adentraron, pero esta vez debían ir por otra calle que nunca habían ido para comprar lo que les había pedido Mamá Alegría. Ya adquiridas las cosas y saliendo de la casa del comerciante, Dave y Mike escucharon un grito acompañado de un llanto sollozo. Rápidamente se dirigieron hacia ese lugar, desesperados y con un poco de miedo. Los chicos encontraron a la niña que habían visto

hace un tiempo. Estaba en el suelo: sucia, golpeada, indefensa. Los llantos entre cortados, la falta de fuerza, la desesperación que provocaba que sus lágrimas no le permitieran respirar, los espasmos de frustración… todo esto provenía de la niña que ambos habían ayudado tiempo atrás. Los que provocaron esto eran cuatro adultos que rodeaban a la niña para robarle sus cosas. Dave y Mike, al ver esto, enfurecieron. Ambos querían lanzarse a ayudarla. Mike quería correr a salvarla, pero al observar lo grandes que eran esos hombres, el miedo recorrió su cuerpo. La especulación y preocupación no lo dejaban pensar claramente. Tenía muchas dudas de si existía la posibilidad de siquiera ayudarla. En la completa incertidumbre de que hacer, giró su cabeza y miró a Dave, que expresaba una cara de enojo pero a la vez de calma. Mike, un poco desesperado, le dijo:

—¡¿Qué podemos hacer?! ¡¿Podemos siquiera hacer algo?! La impaciencia me mata, aunque nos golpeen tenemos que ir igual. ¡Vamos, Dave! ¡Por favor!

—¡Espera! Si vamos sin pensar, nos destrozaran y no lograremos nada, Necesitamos un plan.

—¿Se te ocurrió algo?

—Tengo una idea que puede funcionar. Si no funciona… haré tiempo para que la tomes a ella y corras. ¿Entendido? Este es el plan…

Mientras los hombres volvían a golpear a la niña, de fondo se escuchaba la voz de un niño que decía:

—¡Oigan! ¡Ustedes! ¿Qué creen que hacen? ¡Déjenla en paz!

—¡JA, JA, JA! Miren esto, muchachos. Este mocoso parece que quiere hacerse el héroe. ¡Ja, Ja, Ja!— decía el que parecía ser el líder de los 4 hombres.

—¡Dale una lección al mocoso, jefe!— aportaba uno que sujetaba a la niña del pelo.

—Suplica por tu vida, niño. O me encargaré de que sufras por molestarme.

—¡SON UNOS COBARDES!— gritaba Dave para luego escupir en la cara del salvaje jefe de la banda.

—¡¡¡ESTÁS MUERTO, NIÑO ESTÚPIDO!!!

El jefe de la banda estaba a punto de golpear a Dave, pero un segundo antes del golpe, Dave le lanzó una gran cantidad de tierra a sus ojos. Este por reflejo, se tomó la cara y lo soltó. El segundo gritó enojado y justo antes de avanzar para golpearlo, alguien lo llamó a su izquierda. Era Mike, con una resortera y un polvo muy picante que provocaba un ardor inimaginable. Ese polvo contenía Capsaicina, derivada de las plantas llamadas Capsicum. Dave recolectó muchas de esas plantas, convirtiéndolas en polvo. Para ocasiones en las que necesitaran escapar o necesitaran una distracción. El polvo estaba envuelto por una fina hoja que, al impactar contra un objetivo, esta liberaría todo su picor. El tercero, uno de los dos que faltaban, enojado por lo sucedido, se dirigió hacia Mike, pero Dave le gritó:

—¡NO TE DISTRAIGAS!

Luego de gritarle para captar su atención, Dave lanzó una roca a sus testículos con un elástico que sostenía con sus dedos, dejándolo inmovilizado. El cuarto observó todo y no se movió. Dave volvió a intentar lo mismo que con el tercero, pero este ya estaba preparado y lo esquivó. Dave pensaba que hacer, ya que se le acababa el tiempo para que los demás se recuperaran. Dave pensó y tuvo una idea: volvió a lanzarle una piedra a sus testículos, y mientras el cuarto se preparó para atraparla, Dave lanzó otra justo detrás de la primera, provocando que ambas se desvíen: una direccionada a uno de sus ojos y la otra a sus testículos. Dave y Mike lograron inutilizar a los cuatro hombres. Ambos corrieron llevándose a la niña con ellos, escapando hacia el bosque.

Luego de un rato corriendo, los chicos perdieron a los hombres y, al detenerse a descansar, Dave preguntó:

—¿Estás bien? ¿Te hicieron algo más?

—Estoy bien… Solo me golpearon y me quitaron mis cosas… gracias por salvarme… otra vez…— contestaba la niña.

—Para eso estamos. No nos hemos presentado: mi nombre es Dave, él es Mike.

—Me llamo Maggie. ¿Por qué me salvaron? Pudieron simplemente seguir caminando.

—Solamente ayudamos a alguien que lo necesitaba.

—Lamento haber sido una carga… alguien como yo no puede defenderse… soy una inútil…

—Dime una cosa… ¿Acaso tú no fuiste a comprar hace rato?

—¿Y eso que importa? Eso lo hace cualquiera…

—No, no cualquiera. Conozco a alguien que no puede levantarse de la cama y, sin embargo, es una de las personas más útiles que conozco. Tú, solo con caminar, puedes hacer más que muchas personas, Eso significa que no eres una inútil, eres alguien valiosa que debe valorarse. Porque si tu no valoras, ¿quién lo hará?

Al escuchar estas palabras, Maggie volvió a sentir esa sensación de calidez que recorría todo su cuerpo, que brindaba una luz en un gran pozo.

En estos días, en donde el odio y violencia invadía cada parte del mundo, escuchar palabras llenas de amor y motivación era algo que podía cambiarte el día, e incluso la vida. Maggie jamás había escuchado a alguien que le dijera que valía para algo. Jamás había escuchado que podía llegar a ser algo distinto y que podía cambiar su forma de vivir. Maggie, al sentir esto, se sentó, miró al suelo y sus lágrimas eran incontrolables. Quizás era por el dolor de los golpes o por sus grandiosas palabras, pero sentía una dosis de calmante en todo su cuerpo. Dave se sentó a su lado y con sus brazos rodeó a Maggie. Ella no sentía el calor de otra persona desde la partida de su madre hace algunos años.

—Ya no hay de qué preocuparse… estás a salvo. Te acompañaremos hasta tu casa. ¿Puedes caminar?— decía Mike.

—Si… ¿están seguros de querer acompañarme? No quiero seguir siendo un estorbo.

—Ya oíste a Dave. Nadie es un estorbo ni un inútil. Te acompañaremos.

Los tres comenzaron el viaje de regreso a la casa de Maggie. Luego de un largo rato caminando por el bosque encontraron una cabaña alejada de todo el pueblo, una cabaña solitaria en medio del bosque. Maggie les dijo que esa era su casa, que ya podían irse, diciéndolo con un poco de miedo y con un tono desesperado. Mientras hablaban, un hombre alto, grande y fuerte salió de la casa y dijo:

—¡¿Dónde estabas?! ¡Me preocupé mucho!— decía el hombre con una expresión de alivio al ver a lo que parecía su hija.

—¡No se preocupe, señor! Su hija está sana y salva— comentaba Dave con la gran alegría que lo caracterizaba.

—Muchas gracias, chicos. No sé que sería sin ella… estoy muy agradecido.

Luego de los agradecimientos, los chicos se fueron, pero justo antes de que su padre se despida y cerrara la puerta, Maggie expresó un rostro que decía más que mil palabras. Su rostro se desgarraba en silencio.



Dave, ya de espaldas para comenzar su camino a casa, logró ver esto al mirar atrás por pura casualidad. Caminando un pequeño rato, Dave tenía una sensación extraña en el cuerpo, y le preguntó a Mike:

—¿Notaste su expresión cuando nos fuimos?

—No pude verla. ¿Cómo era?

—Era… algo triste… era… como si algo malo iba a pasar.

—Quizás estaba triste porque nos íbamos… ¿tú qué crees que sea?

—No lo sé… pero siento escalofríos en el cuerpo al recordar su rostro. Siento que algo malo puede estar pasando.

—A mí me pareció un buen hombre. ¿Qué quieres hacer? ¿Quieres volver?

—Solo para estar seguros… iremos a echar un vistazo.

Con un poco de preocupación, ambos se dirigían de regreso a la casa de Maggie para despejar todas sus dudas y preocupaciones. Al llegar, un silencio estruendoso inundaba toda la cercanía a la casa. No se escuchaba ni el sonido de los pájaros cercanos que se habían oído antes de que se marcharan. Las sospechas de Dave crecían aún más y más. Incluso Mike presentía algo malo en el lugar. De apoco se fueron acercando a la casa y, al observar detenidamente, notaron que una de las ventanas de la parte trasera de la casa tenía una pequeña abertura la cual permitía ver el interior de la misma. Al asomarse por esa abertura, que únicamente permitía el paso de un único rayo de luz, Dave, al observar el interior, vería algo que lo impactaría por completo: dentro de esa habitación se encontraba Maggie tirada en el suelo, con más moretones, con sangre en su rostro y en sus manos. La sangre y las heridas que le habían provocado los hombres anteriores ya habían sido curadas por Dave; ahora esta sangre estaba fresca y los moretones eran nuevos. Mientras seguían observando sin entender que podía estar pasando, el padre de Maggie ingresó a la habitación y comenzó a castigarla, golpeando sus manos con un látigo grande y áspero mientras le gritaba cosas malas para poder lastimarla incluso psicológicamente. La castigaba por haber perdido la comida y los mercurios. Le decía que era una inútil, una inservible y que estaba arrepentido de haberse hecho cargo de ella. Sus palabras, punzantes como lanzas, le decían que era un desperdicio de recursos y tiempo. Mientras azotaba sus piernas, brazos, manos y espalda entre gritos e insultos el padre diría algo que enfurecería aún más a Dave, provocando su intervención en este infierno. Sus palabras fueron:

—¡YA ESTOY CANSADO DE TI! ¡NO SIRVES PARA NADA! ¡NO PUEDES HACER NADA BIEN! ¡SOLO HAY UNA COSA QUE PODRÁS HACER BIEN, Y ES QUE VALGAS UNOS CUANTOS MERCURIOS EN EL MERCADO! ¡VOY A VENDERTE A ALGUNO QUE TE NECESITE PARA LO QUE QUIERA!

Luego de estas destructivas palabras, alguien golpeó la puerta de su casa y el padre rápidamente hizo un silencio incómodo debido a los nervios. Ya que nadie debería saber de esa casa en medio del bosque. Sus incontrolables nervios eran porque los únicos que podrían tocar la puerta eran los Conquistadores. Sin pensarlo fue debajo su cama a recoger su Fragmento de Perdigón. (El Fragmento de Perdigón era un arma de fuego de la época que solo los Conquistadores y mandos más altos podían tener. Una de sus características era que su carga era muy lenta, ya que luego de disparar tres veces, se debía cargar pólvora manualmente).

Preparado para salir y disparar, el padre se dirigió hacia la puerta, decidido y dispuesto a luchar. Pero, para su sorpresa, al abrir, quien estaba en la puerta era el niño que trajo de vuelta a Maggie. Estaba solo y con las manos en su espalda.

—Disculpe que lo moleste, señor, pero… ¿podría Maggie salir a jugar con nosotros un rato?— preguntaba un inocente Dave.

Luego de un largo y profundo suspiro, el hombre le respondió a Dave:

—Lárgate de aquí, niño. Ella no saldrá en un buen tiempo, así que ni te molestes en esperarla.


Al decir esto, el hombre iba a cerrar la puerta, pero Dave lo detuvo y le dijo:

—Señor… lamento decirle que no me iré sin Maggie.

El hombre se sorprendió y lanzó una carcajada burlona antes de decir:

—Mocoso, si no quieres morir… quita tu mano de la puerta y vete a tu casa, porque si no te vas cuando cuente hasta cinco… te volaré la cabeza con mi Fragmento, ¿entendiste?

—No me iré de aquí sin Maggie.

—… 5…

—No tiene derecho a tratarla así.

—… 4…

—... 3…

—Usted no puede matarme.

—¡JA, JA, JA! ¿Y eso por qué, mocoso?

—Porque si usted me mata, mi hermano le contará todo a los Conquistadores. Le contará que usted vive aquí… así es… lo descubrí… descubrí que usted salió con su arma porque teme que los Conquistadores lo encuentren. Sé su secreto… no puede matarme.

Sorprendido y asustado, el hombre pensaba que hacer, y rápidamente se le ocurrió una idea.

—¡JA, JA, JA! Te crees muy listo, ¿verdad mocoso? Pues déjame decirte lo que va a pasar si le cuentas dónde vivo: Maggie también morirá. Si les dices que estamos aquí, moriremos todos. ¿Acaso crees que dejarán ir a dos niños huérfanos? Claramente saldrás perdiendo. ¡JA, JA, JA! Tu plan falló, mocoso. ¿Ahora qué harás?

—Te dije que no me iré de aquí sin Maggie.

—¡JA, JA, JA!... 2…

Dave miró fijamente al hombre con una gran seguridad y guardando profundo silencio.

—…1… Nos veremos en el infierno, mocoso.

Cuando el hombre estaba a punto de disparar, una voz se escuchó a su izquierda y le dijo:

—¡OYE!

El hombre se giró. El que lo llamaba era Mike, que lo estaba esperando subido a un pequeño banco, apuntándole a sus ojos con su resortera para dispararle el picante que ya habían utilizado para defender a Maggie. Mike le disparó y el hombre quedó permanentemente ciego debido al increíble ardor generado por el picante. Además, le costaba respirar por la combinación de tantos picantes. El hombre cayó al suelo por tanto dolor, pero mientras se retorcía iba tanteando con sus manos buscando agua para su cara. Mientras tanto, Dave, buscó a Maggie, que estaba cerca de la puerta observando todo. Mientras el enfrentaba y distraía a su padre, Mike ingresaba por una ventana buscándola y se preparaba para atacar al hombre. Dave extendió su mano y le dijo a Maggie que no tenían mucho tiempo, que tenían que irse de inmediato, pero ella le dijo:

—¡¿Qué?! ¿A dónde? ¿A dónde iré? No tengo a dónde ir, no tengo a nadie más.

—Cualquier lugar es mejor que este. ¿En serio prefieres quedarte en un lugar donde no eres feliz? Por favor, confía en mí, debemos irnos.

Maggie, entre mucho miedo, preocupación, estrés y desesperación, decidió tomar su mano y escapar a un lugar sin rumbo, porque ella sabía que no podía quedarse ahí. A pesar de tener muchas dudas, él era su única familia, y no tenía ningún lugar al que ir.

Luego de hacerlo, su padre se logró levantar y recuperó un poco la visión:

—¿¡ASÍ ES COMO ME AGRADECES!? ¿¡ASÍ ME AGRADECES HABERTE DADO UN TECHO Y UN PLATO DE COMIDA!? ¡PUES AHORA MORIRÁN!

El hombre tomó su Fragmento de Perdigón, apuntando a los tres, decidido a matar, pero antes de hacerlo, Dave dijo:

—Te dije… que no me iría de aquí sin Maggie.

Dave lanzó una roca al pecho del hombre, pero antes de llegar, otra roca fue por detrás. Ambas rocas chocaron y fueron en distintas direcciones: una directo a su rostro y otra a sus testículos. Era la misma estrategia que utilizó frente a uno de los hombres que atacó a Maggie. El desquiciado hombre cayó al suelo, adolorido, pero antes, logró dar un disparo. Afortunadamente, dio en el techo, haciendo aturdir sus propios oídos. Los chicos vieron su oportunidad y comenzaron a correr sin detenerse por bastante tiempo. Al detenerse en medio del bosque y asegurar de que el hombre no los seguía, los chicos se sentaron a descansar luego de correr por todo el bosque. Dave notó a Maggie triste y preocupada, a lo que le dijo:

—Tu padre no era una buena persona. Tú no te merecías eso. Nadie merece eso…

—Él no era mi padre. Mi padre murió antes de que yo naciera y mi madre murió hace unos años. Él simplemente era un amigo de mi padre. Quedé bajo su custodia porque mamá tampoco tenía a nadie más. Se ve que… se ve que moriré sin nadie al igual que ella. Moriré… en la soledad…

Dave la escuchaba y mientras lo hacía, podía sentir y saber cómo se sentían las palabras que ella decía, la soledad, la tristeza y la muerte era algo que conocía y siempre intentaba evitarla o encontrarle una solución. Ya que la vida era más que eso, la vida podía ser alegre y podía contener mucho amor y sentido. De repente, al pensar, se le ocurrió una gran idea.

—¡ESO ES! ¡CÓMO NO SE ME OCURRIÓ ANTES! Lo lamento por no planteártelo antes. Tú no morirás sola. Nosotros haremos que la soledad, la tristeza y la muerte no vuelvan a aparecer. Porque juntos seremos una familia, y la familia estará unida hasta el final, sin importar que tanto miedo tengas, que tan fuerte sea el dolor. La familia estará ahí para ti. Porque… eso es lo que hacen las familias. Las familias dan amor, las familias están unidas y son el sustento de nuestro existir. Son el pilar de nuestro corazón. Tener una buena familia es, inconscientemente, el objetivo de todos, porque las familias lo son todo para nuestra vida. Sin familia… no somos nada… ni nadie… Así que… ¿Qué me dices? ¿Quieres unirte a nuestra familia? Te prometo que nunca volverás a estar sola.

Estas palabras, para Maggie, se convertían en un nuevo amanecer, en una fogata en medio del invierno, se convertían en un abrazo gigante para su corazón y su vida. Lo único que podía expresar era una gran sonrisa. Ya que por sus lágrimas salía el dolor y el sufrimiento que había pasado durante estos años. En


esas lágrimas fluían las penas acumuladas y que día a día le hacían tanto daño a una pequeña niña que había perdido su pureza e inocencia injustamente. A partir de hoy… esas lágrimas, al igual que su preciosa alma, comenzarían a sanar por primera vez.

Los tres, para despejarse y divertirse, decidieron ir al río para celebrar su unión y la nueva integrante. Pero cuando Dave se quitó su camiseta, había algo muy llamativo en su pecho: tenía lo que parecía ser una cicatriz poco común, al ver esto, Mike dijo:

—Dave, ¿qué tienes en el pecho? Nunca te lo había visto.

—Ah, eso… no es nada. La tengo desde muy pequeño. No se preocupen.

—¿Te duele?— preguntó Maggie.

—No, no me duele. Normalmente no me gusta mostrarlo, así que…

—Tranquilo, puedes confiar en nosotros. No lo se lo diremos a nadie— dijo Mike.