Peligroso Deseo

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Summary

Prólogo: El sol de la selva de Palenque caía con fuerza sobre los campos verdes y las ruinas antiguas. Valeria se ajustó la mochila mientras caminaba por el sendero que la llevaría al pueblo. Nunca había salido de El Salvador, y la emoción mezclada con miedo le hacía latir el corazón a mil por hora. Fue entonces cuando lo vio. Alejandro Montoya. Cabalgaba con una confianza que parecía heredada de siglos, con su sombrero de vaquero ligeramente inclinado y botas que crujían sobre la tierra húmeda. No era solo un vaquero, lo sabía de inmediato; había algo en su mirada, en su porte, que hablaba de poder y riqueza. Sus ojos se encontraron por un instante que pareció eterno. Valeria sintió un escalofrío recorrer su espalda, un fuego inesperado que despertaba su lado más atrevido y curioso. Alejandro, con una sonrisa apenas perceptible, la estudió como quien examina un terreno desconocido, evaluando cada detalle, cada reacción. Ese encuentro fue solo el principio de un deseo que ninguno de los dos podría controlar. Un deseo peligroso, que arrastraría a Valeria a un mundo donde la pasión y el peligro se mezclaban como el sol con la selva.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1 – Encuentros inesperados


Narrado por Valeria Morales

El sol de Palenque caía con fuerza sobre la plaza principal, y yo respiraba profundo, intentando acostumbrarme al aroma húmedo de la selva mezclado con el olor a tierra y flores silvestres. Todo era tan distinto a mi vida en El Salvador… todo era más intenso. Mis pasos resonaban sobre las piedras del camino mientras miraba los puestos de artesanías, ansiosa por explorar cada detalle.

Un puesto de collares y pulseras llamó mi atención. Me inclinaba para examinar un colgante de jade cuando escuché una voz alegre detrás de mí:

—¡Ese te quedaría perfecto!

Me giré y encontré a una chica de cabello castaño claro, con ojos llenos de vida y una sonrisa que me hizo sentir inmediatamente cómoda.

—Oh… gracias —respondí un poco tímida—. Es muy bonito.

—Soy Isabella —dijo extendiendo su mano con naturalidad—. ¿Eres nueva aquí? No te había visto antes.

—Valeria —respondí estrechando su mano—. Sí… recién llegué. Soy de El Salvador. Vengo a estudiar arqueología.

Sus ojos brillaron con entusiasmo.

—¡Qué coincidencia! Yo también adoro la historia de Palenque. Y, bueno… este fin de semana habrá la feria del pueblo. Juegos, música, comida… —bajó un poco la voz, con complicidad—. ¿Quieres venir conmigo? Será divertido.

Sentí una mezcla de emoción y nervios. Apenas conocía a alguien en este lugar, y la idea de ir a la feria con alguien que ya parecía amiga me hacía sentir… ligera, feliz.

—Me encantaría —dije con sinceridad, sonriendo.

—Perfecto —dijo Isabella, con una sonrisa que iluminaba su rostro—. Te recojo mañana en la plaza a las cinco. Prometo que será un día que no olvidarás.

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Al día siguiente, llegué puntual, aunque mis nervios no me dejaban quieta. Isabella me esperaba con su habitual sonrisa radiante. Caminamos juntas entre los puestos, riendo y charlando sobre la vida en Palenque. Todo era nuevo y emocionante: los colores, los aromas, los sonidos de la feria.

Fue entonces cuando lo vi. Un hombre de cabello negro, ojos verdes intensos y porte elegante que parecía dominar el espacio con solo estar allí. Lo observé por un instante, y sentí un escalofrío que recorrió mi espalda. Algo en él me incomodaba y, al mismo tiempo, despertaba una curiosidad que no podía explicar.

—¿Te pasa algo? —preguntó Isabella, notando que me había quedado mirando fijamente a aquel hombre—.

—No… es solo que… siento que alguien nos observa —dije encogiéndome de hombros.

—Bah, seguro es solo un vaquero local o alguien curioso de la feria —rió ella—. Vamos, que quiero mostrarte los juegos.

Subimos a la rueda de la fortuna, y desde lo alto, la selva se extendía hasta donde la vista alcanzaba. Sentí una mezcla de libertad y vértigo. Podía verlo desde arriba, pero cada vez que parecía acercarse, desaparecía entre la multitud. Era como si jugara conmigo, y sin querer, mi corazón se aceleraba cada vez que nuestras miradas se cruzaban.

Después de varios juegos y risas compartidas con Isabella, nos detuvimos frente a un puesto de jugos. Ella me ofreció uno, insistiendo en que probara el sabor local.

—Y al final de la tarde —dijo Isabella con complicidad— conocerás a alguien. Él está ayudando con un negocio de la feria.

Mi corazón dio un salto. ¿Quién sería aquel hombre que había visto antes? Sentí una extraña atracción hacia él, pero aún no sabía su nombre, ni siquiera quién era realmente.

Isabella no dejaba de hablar y reír, y yo me dejaba llevar, intentando concentrarme en las cosas simples: el sabor dulce del jugo, la música que flotaba en el aire, y esa sensación extraña y eléctrica que sentía cada vez que sentía que alguien nos miraba.

Finalmente, mientras caminábamos por uno de los pasillos más iluminados de la feria, Isabella me detuvo y sonrió:

—Valeria… quiero presentarte a alguien. Este es mi hermano. —Se giró hacia él—. Alejandro, ella es la chica de la que te hablé.

Mi corazón se detuvo por un segundo. Alejandro… ese era su nombre. Y de repente, todo se volvió mucho más real. Él inclinó ligeramente la cabeza, evaluándome con sus ojos verdes intensos, y su sonrisa apenas perceptible hizo que mi pecho se apretara de emoción y nervios.

—Un placer conocerte, Valeria —dijo con voz grave, que me hizo estremecer—. Espero que disfrutes la feria.

Yo solo pude sonreír, sintiendo cómo mi mundo comenzaba a girar de manera inesperada. No sabía que aquel hombre de mirada intensa, que había estado observándome desde la distancia, era Alejandro Montoya… el hermano de mi nueva amiga.

Y así terminó nuestra primera tarde juntas: risas, juegos, jugos frutales, y un nombre que llenaría mis pensamientos mucho después de que la feria terminara… un nombre que traería consigo un deseo peligroso que todavía no podía comprender.