En el Armario| Chanbaek

Summary

“Nadie se suicida porque quiere morir” ⚠️ Adaptación ©️todos los créditos a su autor

Genre
Drama/Lgbtq
Author
Mitzil
Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

Él le dejó todo.

Pero Baekhyun no lo sentía así.

Para él, era como si Chanyeol no le hubiera dejado nada. Absolutamente nada. Estaba el dinero, los autos, el penthouse, los clubes, las empresas, los hoteles… Todo era suyo ahora. Pero ese era el problema con recibir un regalo que nunca quisiste. Podías darle a alguien todo, pero si no era lo que deseaba, seguía siendo nada.

Baekhyun caminaba de un lado a otro por el apartamento vacío, buscando algo.

Chanyeol no podía haberle dejado nada. No lo haría.

Pero el problema era que Chanyeol nunca había vivido de verdad en ese penthouse. Había respirado, comido, dormido, hecho sus necesidades… pero eso no era vivir. Vivir en un lugar significaba llenarlo con tus cosas, tus recuerdos. Fotos, objetos, detalles… algo que dijera: "¡Estuve aquí! ¡Existí!".

Pero no había nada. Nada más que silencio.

Baekhyun volvió a recorrer el lugar, seguro de que había pasado algo por alto.

Las únicas cosas en el apartamento eran las que había dejado el dueño anterior… y las suyas. Baekhyun había dejado su marca por todas partes: delantales en la cocina, imanes graciosos, fotos en el comedor. En la sala, una PlayStation y montones de DVDs. En el baño, sus frascos de jabón, esponjas, cepillo de dientes y su taza con forma de panda. Incluso en el dormitorio de Chanyeol: los cojines decorativos y el edredón cálido. Todo eso lo había comprado Baekhyun. No Chanyeol.

No había nada.

Baekhyun se había quedado atrás, sin más premio que la nada.

Sus ojos ardían con lágrimas que no se atrevían a caer, y sus puños se apretaban con fuerza. Los gritos se acumulaban en su garganta, atascados como un fuego que no podía escapar. Apretó los dientes y clavó las uñas en las palmas de sus manos.

Y entonces lo vio: la única puerta que no había abierto.

El armario.

Abrió la puerta y respiró el aroma como si fuera un suspiro de alivio. Era tan intenso que casi parecía que Chanyeol estuviera esperándolo al otro lado, listo para envolverlo entre sus brazos fuertes. Olía a cigarrillos Dunhill y sándalo, a madera pulida y cuero… y, debajo de todo, la esencia del hombre. Ese olor único, inconfundible, que solo había pertenecido a él.

La sonrisa de Baekhyun brilló, radiante.

Chanyeol sí le había dejado algo.

En el armario.

Era una colección lenta, acumulada a lo largo de años, de todo lo que lo había convertido en la persona que era. Los ojos marrones de Baekhyun recorrieron con asombro las camisas, las corbatas, los abrigos, los pantalones, los cinturones, los zapatos… Fragmentos del hombre que se había ido. Para cualquiera, todos esos trajes podrían haber parecido iguales, pero no para Baekhyun.

Reconoció el traje negro azabache del día en que se conocieron. La corbata marrón que no debería haber combinado, pero de algún modo lo hacía. La corbata de estampado retorcido y el traje gris oscuro del banquete donde Baekhyun se había disfrazado de mesero.

El chaleco y las fundas de armas que Chanyeol llevaba puestos la primera vez que lo salvó de Fei Long.

La corbata de estampado paisley de la segunda vez. La vez en que le había tendido la mano y le había preguntado si estaba listo para lo que vendría.

No lo estaba.

No lo estaba en absoluto.

Tomó esa corbata entre sus manos y acarició la seda imposiblemente suave. Siempre parecían tan delicadas… Pero Baekhyun sabía mejor que nadie cuán fuertes eran. ¿Cuántas veces ese maldito hombre lo había atado con sus costosas corbatas de seda?

Y las había guardado. Todas.

Los ojos de Baekhyun se abrieron con sorpresa al mirar hacia el fondo del perchero, donde colgaban las más maltratadas. La moteada que Chanyeol usó para amarrarlo en el club cuando lo atrapó husmeando. La estampada al estilo tie-dye con la que lo había inmovilizado en la ducha. Estaba arruinada, completamente destrozada, con costuras rotas y manchas de agua. Pero Chanyeol la había conservado. Incluso entonces… la había guardado.

Más adentro del armario estaban las prendas menos vistas. Como esas facetas de Chanyeol que rara vez mostraba. Unos pocos jeans. Sí, los había usado, ocasionalmente. En la isla. Baekhyun tomó uno de sus polos. Uno azul marino oscuro que Chanyeol había llevado con el cuello levantado. Baekhyun se había burlado de él. Lo llamó "yakuza fraternizado". Y por eso, Baek había pagado el precio: Chanyeol lo inmovilizó contra la cama y lo hizo gritar, todo mientras sonreía con ese estúpido cuello alzado.

Baekhyun sostuvo la camisa vacía entre sus manos.

Nunca más la llenarían esos hombros anchos, esa espalda musculosa, esos brazos fuertes. La camisa quedaría vacía. Para siempre.

De algún modo, no podía soportar esa idea.

Así que se la puso, e intentó llenarla él mismo.

Era demasiado grande.

Las mangas le llegaban a los codos, los hombros le colgaban y el dobladillo le caía hasta las rodillas. Seguía vacía.

Baekhyun seguía vacío.

Y en ese momento, lo entendió: Chanyeol no iba a volver.

Nunca más estaría ahí, en el armario, escogiendo un traje y una corbata... solo para que Baekhyun se burlara de él:

“¿Por qué te tomas tanto tiempo? ¡Si todos se ven iguales de todos modos!”

Y Chanyeol le sonreiría con esa mueca suya, porque sabía que Baekhyun lo sabía: sus trajes y corbatas eran como un barómetro. Si sabías leerlos, te decían más sobre su estado de ánimo que cualquier otra cosa.

Había uno gris oscuro con rayas que a Baekhyun le recordaba a una nube de tormenta. Cuando se lo ponía, sabías que las cosas se pondrían feas. Después de que Baekhyun se mudó al penthouse, empezó a preferir los estampados, los colores más vivos. Baekhyun lo había notado.

Pero su favorita seguía siendo la corbata de estampado paisley. Siempre se la ponía cuando Baekhyun quedaba tirado en la cama, destrozado después de una noche entera de sexo. Se la anudaba con un brillo en los ojos y un silbido en los labios... bueno, lo más cerca que Chanyeol podía estar de silbar. Nunca hacía ruido, pero se notaba ahí, en su mirada.

Pero nunca más.

Ahora solo eran corbatas.

Colgando inertes en el perchero.

Nunca más.

Baekhyun cayó de rodillas, aferrando el polo contra su pecho, con la corbata de estampado paisley arrugada en su puño, apretada entre sus dedos mientras la llevaba a su boca para ahogar sus gritos en ella.

El dolor lo arrasó por completo, derribándolo contra el suelo, donde no pudo hacer más que retorcerse en agonía. Sus miembros se sacudían, convulsos. Por un momento, pensó que tal vez estaba teniendo un infarto. Que su corazón había estallado en su pecho y que, sin duda, moriría por ello. Era un dolor tan desgarrador. Pero, poco a poco, la agonía se desvaneció y el entumecimiento regresó.

Se sintió decepcionado al darse cuenta de que seguía respirando. De inhalar y exhalar, de comer, de cagar, de mear. Pero no de vivir. Nunca más.

Baekhyun yacía desplomado en el suelo del armario. Vacío. Rodeado de todo lo que quedaba del hombre que amó.