Nuestro Pacto Eterno (BTS)

Summary

En las bulliciosas calles de Seúl, la detective Lee Ji-Seul del recinto 12 es conocida por su astucia implacable y su habilidad para resolver los casos más complicados. Sin embargo, su vida da un giro oscuro cuando es brutalmente asesinada en su propio hogar. Pero la muerte no marca el fin para Ji-Seul: Ahí, en medio de charcos de sangre, se encuentra cara a cara con Kim Taehyung, un misterioso demonio con la misión de capturar las almas poseídas por entidades infernales. Taehyung ofrece a Ji-Seul una oportunidad única: regresar a la vida a cambio de un pacto. Ahora, unidos por un destino sobrenatural, forman una extraña alianza. Ambos, mientras capturan almas e intentan resolver quién es el asesino de la mujer, formarán una relación cada vez más estrecha.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
13+

1

Lee Ji-Seul estaba sentada en su escritorio. Tenía su pelo despeinado, con una coleta que casi ya no se mantenía en su cabeza. Vestía una blusa blanca y una corbata negra, propia de los días de oficina. Bajo sus ojos cafés, unas marcas oscuras demostraban que no había dormido. No había que ser detective para entender que había estado ahí toda la noche, bastaba con ver los vasos de café a medio terminar, y los documentos de su último caso desparramados por el lugar. En medio de su concentración, atrás de los papeles que se mantenía leyendo desde el día de ayer, aparecieron unos conocidos zapatos. Bajó las hojas para encontrarse con un sonriente Kim Namjoon, sosteniendo en sus manos dos vasos.

—¿Café? —Preguntó la chica, sin siquiera saludar.

—Nada más de café para ti. —Miró los vasos que rodeaban el escritorio.—Es agua tibia, hoy es el día más frío del año.

Ji-Seul aceptó el vaso, sus manos agradecieron el calor. Estaba tan sumida en su papeleo, que no había notado lo frío del recinto.

—¿Pasaste toda la noche con el caso de aquellos chicos? —Dijo el joven, mientras se recostaba en la silla del escritorio de enfrente, el que estaba pegado a la mesa de su amiga. —¿Aún no sabes quienes eran sus padres?

Namjoon tomó un sorbo de su vaso, para luego dejarlo entre la basura que pasaba del escritorio de Ji-Seul al suyo, y tomar una de las carpetas.

—No hay ninguna pista. Todas sus huellas dactilares fueron borradas. Intentamos revisar si alguno de los niños contó con un tipo de abuso sexual. Nada, ni la niña, ni el pequeño. No tenemos nada.

Las fotos revisadas por Namjoon, de los cuerpos, no eran nada nuevo en su día a día. Al revisar los registros, no había nada distinto a lo recopilado anteriormente.

El caso era simple, pero intrigante. Dos muchachos, una niña y un niño de cinco años, gemelos. Ambos asesinados a disparos, fueron encontrados en un lado de una de las carreteras secundarias de Namsan, al parecer habían tratado de ocultarlos en la montaña. Los cuerpos no traían ninguna pista, las huellas dactilares habían sido borradas, los cuerpos y las prendas de vestir habían sido lavados. No hay registro de muchachos perdidos con las características de los infantes.

—¿Y si eran dos huérfanos? —Mencionó Kim Namjoon, dejando los papeles en el escritorio de Ji-Seul.

—¿Por qué intentarían borrar con tanto afán las huellas dactilares de dos niños huérfanos, que no serían buscados por nadie?

El mayor, por dos años, asintió. Tenía razón Ji-Seul, como siempre. Así había sido desde que llegó a trabajar. El recinto 12 era el primer trabajo de la muchacha, había llegado de la academia a sus 21 años, y su aprendizaje rápido y efectividad habían permitido que, a sus 26 años, ya fuese nombrada detective y tener su especialidad en investigaciones criminales. Namjoon, desde su llegada, ha sido inseparable de ella. Eran amigos, ambos pensaban de maneras similares. Y si bien él era dos años mayor, al mismo tiempo fueron nombrados detectives.

—Creo que deberías descansar, Ji-Seul.

—Solo una última revisión Namjoon.

El hombre la miró en silencio unos segundos, su silenciosa respuesta hizo que la muchacha pusiera sus ojos en él.

—No te olvides de que en el trabajo soy mayor que tú, irrespetuosa.

Ambos rieron, y el intento de distraer a la chica funcionó. La detective se levantó del escritorio y comenzó a recoger la basura. Una pila de vasos, comida instantánea y fotocopias mal hechas hacían ya en el basurero de al lado de las mesas. Ya en un ambiente ordenado, ambos comenzaron su trabajo diario.

Era un día cualquiera. Ninguno de los dos tenía que ir a patrullar por las calles, por lo que solo bastaba con algunos papeleos de casos cerrados y ya. Al menos para Namjoon, Ji-Seul continuaba revisando una y otra vez las pistas del caso, como si en cualquier momento le fuese a llegar una gran revelación.

—Detectives Kim, Lee.

Se escuchó a lo lejos. Una voz grave pero agradable, venía desde el ascensor abierto. Ambos amigos caminaron hacia la entrada del recinto. Hicieron su reverencia en saludo, y esperaron a oír lo que, su superior recién llegado, tenía que decir.

—Ya saben lo que hablamos anteriormente, sobre quedarse en las noches en el recinto.

Ji-Seul pareció nerviosa, estaba a punto de decir que Namjoon no tenía nada que ver, pero parecía innecesario. Lo habían llamado para que mantuviera vigilada a su amiga, no para sancionarlo, lo entendió por la mirada de su jefe al detective. Agachó su cabeza avergonzada, dentro del recinto, recién había notado que una cantidad aceptable de sus compañeros ya estaba en sus puestos de trabajo. Todos guardaron silencio en ese momento.

—Capitán Choi Hyun-Woo, lo siento. No volverá a ocurrir.

Detrás, el ascensor volvió a abrir sus puertas, dejando pasar a un joven muchacho.

—Sí capitán, déjelos en paz. Ve cómo trabajan, debería estar agradecido. —Min Jae-Park tomó del hombro al capitán, un hombre viejo, agradable, pero que solía insultar con frecuencia al pequeño sargento.

—Sargento Min, suelta mis hombros, pequeño bastardo.

En el recinto rieron, el trabajo era bastante agradable, sin contar las peleas entre los dos al mando. Min Jae-Park era solo cinco años mayor que Namjoon, conocía a Ji-Seul desde que eran pequeños, ya que sus padres eran amigos desde la infancia. Siempre la había tratado como una hermana, y por lo mismo le había instaurado la idea de ser detective.

—Detective Lee, espero que sea la última vez. Sabes que es arriesgado, y estorbas a los del turno de noche.

—Sí capitán. —La mujer levantó al fin su cabeza, y con un gesto todos los detectives fueron a sus respectivos puestos.

Había comenzado el día en aquel recinto, un nuevo día, y la detective aún no había podido resolver el caso. No quería dejar a esos niños sin tener justicia.

—¿Tienes planes... para esta noche? —Kim Namjoon la miraba directo a los ojos, o lo que le permitía mirar aquellas pantallas que estaban en sus mesas. —Es viernes, no deberías trabajar.

—Solo quiero dormir.

—Pero podríamos ir a comer algo, ya sabes, para no tener el estómago vacío.

Antes de que la mujer hablara, Min Jae-Park se encontraba agarrando del cuello a Namjoon, desde atrás de la silla.

—Cuidado con mi hermana, Namjoonie, nada de citas con gente del trabajo. —Con una risa estruendosa, desordenó el cabello del ya avergonzado detective Kim. —Campeón.

—Ya déjalo, Jae-Park, sólo es una salida de amigos. —Ji-Seul volvió a poner su mirada en sus documentos. —Me encantaría, por cierto.

Namjoon sonrió victorioso.

—Sí, una salida de amigos, Sargento.

—¿No les molesta entonces, si voy? —El sargento vió cómo la sonrisa de Namjoon se borraba de su rostro. —A las 9 en el bar de abajo entonces, nos vemos. —Y se alejó.

Ji-Seul rió, claramente entendía las intenciones de Jae-Park, más de una vez habían tenido una conversación incomoda respecto a Namjoon. «No solo te ve como amiga» le decía cada vez que salía el tema, acompañado de una charla sobre por qué salir con alguien de la oficina era malo.

Lo sabía de antemano, hace unos años, cuando recién llegó tuvo una novia detective. Estuvieron bastantes años juntos, pero cuando en uno de los casos la muchacha cometió un error, fue removida de su puesto, enviada a otra comisaría. Ese fue el fin para ambos, según Jae-Park, la distancia y la falta de tiempo resultó tortuosa para la relación. Ahora se creía sabio, aconsejando a su amiga sobre cosas amorosas.

—No te preocupes Jonnie, él deberá pagar por los tragos. —Dijo la muchacha sonriente, negando con la cabeza, entre risas.

Algo bueno después de todo, pensó Namjoon. Pero en verdad, en el fondo sabía que el Sargento estaría demasiado ebrio para recordar la clave de su tarjeta, como las últimas veces que fueron a beber.

Por su parte, Lee Ji-Seul tenía la cabeza en las nubes, entre las pistas casi nulas del caso, el sueño, la necesidad de comer algo que no fuesen fideos instantáneos y el frío, poco le importaba con quienes bebería hoy. Solo quería beber.

Llevaba semanas en el caso, dos veces tuvo que pelear con sus superiores para que no lo dieran por cerrado. Algo extraño ocurría, que no le permitía soltarlo. Las cámaras estaban desactivadas, no había sangre, habían inspeccionado todo el lugar sin encontrar nada. Llamaba a todas las comisarías para preguntar si se habían notificado desapariciones de menores, pero nada. Absolutamente nada. «Estas cosas suelen pasar. Hay casos que ni siquiera la gran detective Lee podría resolver» le había dicho Namjoon. Pero no se iba a rendir.

Como de costumbre, llegó la hora de comer. Todos los días pedía algo al recinto, si es que no tenía su propia comida de casa, pero ese día sólo ansiaba salir de allí, y comer un gran tazón de sopa de algún restaurante lugareño.

Se acercó a la oficina del Sargento, quien ya estaba con las llaves de una patrulla en la mano.

—Me vas a invitar a comer hoy, hermano mayor ejemplar. —Le dijo la chica apenas abrió la puerta. El superior solo sonrió, no era ninguna sorpresa.

—Está bien, pero iremos a comer la comida más picante que te puedas imaginar.

—Tú eres quién no lo resiste.

Ambos salieron de la oficina.

Namjoon, quien calentaba su comida en uno de los viejos microondas del lugar, se centró en el papeleo de sus casos ya cerrados. No tenía ganas de trabajar ese día, esperaba que el Capitán no le asignara nuevo trabajo. Solo estaba interesado en sus formularios a llenar. Y en el caso de Ji-Seul, pues le parecía tan intrigante como a su amiga.

Mientras comía sus fideos ya calientes, comenzó a revisar con detalle las pistas del caso. La información de los pequeños, el lugar, ninguna pista encontrada. No había que tener mucha experiencia para entender que estos casos se deben dar por perdidos y ocuparse de casos nuevos. Pero por alguna razón su amiga seguía tras el asesino invisible de los niños, y eso él lo respetaba, pues confiaba en la intuición de la detective Lee.

—Suelta ese caso, ya no lo lograste. —Decía desde el otro lado de la mesa, un desordenado Jae-Park.— No te lo digo como superior, Ji-Seul, sino como amigo. Te vas a enfermar.

La comida, un tteokbokki picante, era demasiado para su delicado paladar, pero lo aguantaba para no darle la razón a su compañera.

Ji-Seul comía a gusto, su padre, desde pequeña le había enseñado que una verdadera comida debía llevar picante. Ahora, cada vez que come tteokbokki, le recuerda a él y a su madre, antes de que tuvieran que marcharse del país. Ambos eran profesores voluntarios de distintos orfanatos, y les pidieron su ayuda en Japón. Esperaba que estuvieran bien, llevaba varías semanas sin tener tiempo de contestar sus llamadas, sólo veía sus fotos en redes y contestaba algunos mensajes amorosos.

—Algo raro sucede. No es un simple asesinato, eran niños, ¿quién mata a unos niños pequeños porque sí?

—Los asesinos, Ji-Seul, los asesinos. —La miró con rostro burlón, pero el picante terminó de manifestarse en su boca, haciéndole toser.

—Sí señor obvio, en lugar de soltar el caso, ¿por qué no mejor sueltas la comida picante si no eres capaz de comerla? No me trates de impresionar.

—Nadie quiere impresionarte a ti. —Le respondió, reincorporándose en el asiento.

—Conozco a alguien que sí, puede que te cancelemos la ida al bar y lo invite a una cita. —Bromeó la muchacha.

Jae-Park volvió a toser.

En ese momento, justo fuera del restaurante, un hombre con una gran bolsa de basura la arrastraba hasta un callejón. Tenía aspecto deplorable, cabello sucio, ropa gastada y una barba con restos de comida de semanas.

—Oye, sangre maldita, ¿no te da asco hacer esto a plena luz del día? —Le dijo una voz.

—Cállate, desgraciado. —El viejo trató de golpear a quien fuera que hubiera soltado ese comentario, soltando la bolsa en medio del callejón. Ropa ensangrentada salió de ahí. El más joven, quien recién habló, detuvo la mano violenta con una fuerza impresionante. —¿Qué demonios eres?

El joven, vestido de manera impecable, se negaba a dejar que el viejo se soltara de su agarre. Era alto y llevaba ropa negra, unos pantalones de jeans y una camisa que le daba el toque formal. Luego la excepción, su corbata de rojo brillante, que estaba perfectamente anudada. Tenía ondas en su cabello, un cuerpo fuerte, y un rostro donde destacaban sus ojos negros en su tez pálida, y su sonrisa cuadrada, que en esos momentos, demostraba malicia.

—Ya lo dijiste tú. —Respondió justo antes de aplastar la mano del mayor y darle un empujón que lo llevaría hasta el final del callejón.

—¿Qué quieres? —Dijo el vagabundo desesperado, sólo quería huir de allí.

Trató de correr, pero el joven, girando los ojos, lo tomó del brazo justo antes de salir del callejón.

—No trates de escapar, cobarde. Tu sangre apesta tanto que te encontraría donde fuera.

Tomó al viejo de los hombros y lo golpeó con su rodilla justo en el estómago. Tenía que llevárselo de ahí, exorcizarlo cuanto antes.

Justo antes de desaparecer, una voz de mujer lo detuvo.

—Alto ahí, policía de Seúl.

Ji-Seul, con su placa en una mano y el arma en la otra, se acercaba al chico.

El joven soltó al anciano, quien cayó inmediatamente, y con un resoplido de enojo, rodando sus ojos levantó sus manos. Jae-Park recogió al hombre del piso, mientras revisaba sus signos vitales. Estaba vivo.

—Escúcheme, policía, no es lo que cree. —Trató de acercarse a la mujer de manera tranquila, pero la chica puso su dedo en el gatillo. Suspiró enojado, mirando el cielo. —No es lo que parece.

—Te acabo de ver golpeando a un vagabundo. —Le dijo Ji-Seul.—Te voy a esposar.

—¿Por qué? —Dijo el joven ofendido. —Les estaba haciendo un favor, oficial.

—¿Un favor? ¿Asesinar un anciano? Gusano asqueroso. —Contestó Ji-Seul, mientras esposaba al joven.

—Ji-Seul, la bolsa.

Ji-Seul, dirigiendo la mirada donde su compañero le señalaba, vio la ropa ensangrentada.

—Ambos vienen con nosotros. —Dijo Ji-Seul.

Mientras Jae-Park en su patrulla buscaba los implementos necesarios para levantar la bolsa de basura como evidencia, la detective Lee trataba de hacer que un resignado supuesto delincuente entrara en la parte de atrás de la patrulla.

—Oficial, le estoy diciendo, la bolsa es del viejo. —Decía el joven, mientras agachaba a fuerza la cabeza para entrar al auto.

—Eso lo decidiré yo.

—Ya basta, Ji... ¿Seúl? Ya basta Miss Seúl, buscaba hacer que confesara su crimen.

—Miss Seúl. —Repitió Jae Park, guardando las evidencias en el maletero, entre risas. —Con ese rostro bello, sí te queda.

—Ya basta, Jae-Park. —Dijo la detective enojada, con las mejillas rojas. —Y tú qué te crees, ¿héroe? ¿Eso quieres que te diga? ¿Señor héroe? —Cerró la puerta de la parte trasera de la patrulla, y se sentó en el copiloto.—Miss Seúl... —Repitió susurrando, molesta.

Ahora, con un vagabundo inconsciente y un joven enojado, partieron ambos oficiales al recinto 12.

«Kim Taehyung» escuchaba en su cabeza el muchacho. Lo estaban llamando, en esas pésimas condiciones, el más allá lo estaba llamando. «Kim Taehyung, te vamos a traer.»

—¡No ahora!

Gritó en la patrulla, sobreexaltando al vagabundo a su lado, quien parecía ya no estar dormido, y molestando a los dos oficiales.

—Oye, ¿estás loco, mocoso? —Dijo Jae-Park, mirando por el retrovisor.

«Ahora mismo, Kim Taehyung»

—¡Ya dije que no! —Volvió a gritar, volviendo a exaltar a todos.

—Basta, gusano. —Dijo Ji-Seul, pero al darse vuelta, Kim Taehyung ya estaba completamente dormido.—¿Está loco?

Ambos detectives se miraron, continuaron conduciendo.

Mientras tanto, un Taehyung molesto, estaba sentado en medio de una oficina del cielo.

—¿Nombre? —Dijo quién parecía ser un guardia de seguridad.

—Me conoces Jimin, me conoces desde siempre.

—¿Nombre? —Repitió hostil.

—Kim Taehyung... -Resopló.

—¿Ocupación?

—Nos convertimos juntos, Jimin. —El guardia lo miró en silencio.— Demonio.

—Está bien. Espera aquí.

Kim Taehyung estaba molesto, trató de tomar un vaso de agua puesto en la mesa junto a las sillas de espera, pero Park Jimin lo tomó primero.

—Para trabajadores, solamente.

—Mentiroso bastardo. —Kim Taehyung le tomó el vaso de sus manos, y se bebió todo el agua rápidamente.

—¿Por qué estás aquí? ¿Te despidieron de la tierra? —Dijo el mayor. —¿¡Moriste!?

—Nada de eso, tarado.

Golpeó el hombro de su amigo, quien se sentó junto a su silla. Ambos se conocían desde la tierra, eran compañeros de clase, y del pequeño orfanato en el que ambos se criaron. En una de las salidas, tuvieron la desgracia de ser atrapados por un maníaco del bosque. Ninguno de los dos sobrevivió, pero un demonio les ofreció la vida eterna, si le trabajan recolectando "sangre maldita".

—¿Entonces?

El menor se encogió de hombros, y antes de dar alguna respuesta, un extraño hombre, vestido completamente de blanco, con una barba que llegaba casi a su ombligo, se acercó. El viejo, tomando a Kim Taehyung de la oreja, lo arrastró hasta dentro de una oficina.

—Escúchame mocoso, en el más allá le damos trabajo a humanos como demonios y como ángeles, ¿qué eres tú? —Se sentó en un gran escritorio, dejando al joven en la silla frente a él.

—Demonio.

—¿Quieres saber por qué eres un demonio, y no un ángel?

El más joven fingió que reflexionaba sobre la pregunta, miró hacia arriba, mientras cruzaba una de sus piernas y ponía su mano en su mentón.

—¿Porque soy demasiado bueno para que me pongan a bendecir almas?

El mayor, tomó una lapicera de su escritorio, y se la arrojó a Taehyung.

—No, porque ni tú ni el otro mocoso de allá fuera tenían el historial para ser ángeles.

Tenía razón, Taehyung y Jimin habían pasado la mayor parte de su estadía en el orfanato haciendo travesuras. Entre bromas inocentes, como esconder el teléfono de la maestra, escabullirse en las noches, o robar la sal de la cocina, un día se les fue de las manos y terminaron por quemar una cama del orfanato. Desde ese momento, ninguna de sus bromas bajó de nivel. Ahora, en el cuerpo de veinteañeros, habían tenido que llevar a Jimin a trabajar en el cielo, puesto que juntos en la tierra hacían demasiado teatro para atrapar a los de sangre maldita.

—¿Y qué? ¿Qué hice para que me trajeras aquí, viejo maldito?

El superior, volvió a arrojarle algo al menor, pero esta vez fue una pesada carpeta con archivos.

—Mocoso, has dejado ir a tres sangre maldita entre ayer y hoy, si sigues así, tendrás que venir a trabajar al cielo.

Los sangre maldita, eran aquellas almas que lograban escapar del infierno, y terminaban poseyendo a hombres o mujeres. Durante esos días, Kim Taehyung había perdido el rastro de dos de ellos, y ahora, debido a los oficiales perdería otro.

—Mira mocoso, hay una forma de recuperar a aquellos que se encuentran en las cárceles. Escúchame, hay que hacer inmortal a un policía.

—¿Quieres que lo mate? —Preguntó sorprendido el joven, puesto que estar muerto era la única forma de hacer un trato con un ángel o demonio.

Nuevamente, una de las carpetas golpeó el pecho del chico.

—No, bastardo, pero no tardan en morir. Debes estar atento, en cualquier redada, buscar a uno moribundo.

—Está bien. —Taehyung no pensaba pelear más con el viejo.

En el fondo, estaba agradecido de ser salvado por él. Además, siempre lo protegía.

—Puedes irte.

El viejo levantó su mano, y antes de si quiera darse cuenta, Taehyung estaba sentado mirando a un oficial directamente a los ojos.

—¿Estabas fingiendo?

—¿Qué?

Sin responder nada, el oficial se sentó frente a él.

—¿Nombre?

Otra vez lo mismo, pensó el demonio.

—Kim Taehyung.

—¿Edad?

—41 años.

—¿Crees que estoy bromeando?

—Es la verdad.

Ji-Seul, quien se encontraba en su escritorio, se dirigió donde Taehyung.

—Solo pídele sus documentos, Namjoon. —Le estiró su mano al demonio, y este le entregó su billetera.—28 años.

Kim Namjoon, quien estaba anotando, miró molesto al chico.

—Pues de nada, Miss Seúl. —Dijo Taehyung, quitándole de las manos su billetera a la oficial.

La mujer lo miró molesta, y se fue de vuelta a su escritorio. Kim Namjoon parecía incluso más irritado.

—¿Qué hacías en el callejón a las una de la tarde, el día de hoy?

—Lo que ustedes no.

—¿¡Golpear vagabundos!? —Un irritado detective Kim golpeó la mesa, y se puso de pie.

—¡Buscar delincuentes mientras ustedes juegan a ser policías!

Taehyung, también molesto, se paró frente a Namjoon, ambos estaban furiosos.

—¡Ya basta! —Jae-Park, quien había estado en su oficina, salió al escuchar tal espectáculo.—La bolsa era del vagabundo, la estamos investigando. Detective Kim, tome la declaración del mocoso y déjelo ir.

—¿Esas son sus maneras de tratar a los ciudadanos coreanos? —Taehyung mencionó ofendido, mientras se volvía a sentar.

—Detective Lee, sígueme. —Dijo el Sargento, ignorando lo que decía el molesto demonio.

La muchacha esperó a que ambos se sentaran, y luego de eso siguió a su superior.

Caminaron hasta la sala de evidencias, donde en una de las cajas, estaba la ropa ensangrentada.

—Escúchame, detective. Tenías razón en no soltar el caso.

Ji-Seul lo miró confundida, pero de pronto algo hizo click en su cabeza. Estaban comiendo a 20 minutos del recinto, eso quiere decir, en la carretera camino a Namsan. Apresuradamente, comenzó a revisar la ropa.

—¿Es ropa de niños? —Mencionó agitada. En sus manos, tenía un pantalón destrozado y ensangrentado, tan pequeño como su antebrazo.—¿Hicieron las pruebas?

—Sí, coincide.

Parecía que lloraría en cualquier momento. Al fin tenía una pista que la llevaría al culpable.

—Los bañaron, les quitaron las huellas, les cambiaron la ropa y los abandonaron en la montaña. Quien sea que hizo esto, es un monstruo.

Ambos guardaron silencio mientras leían los análisis hechos a la evidencia.

—¿Y el vagabundo?

—No tenía idea, según él, alguien lo mandó a botar esa basura a cambio de comida.

Ji-Seul solo asintió. Tendría un testigo al que interrogar, unas pruebas que seguir analizando. Tiene un caso que al fin, luego de semanas, avanzó.

Al salir de la sala de pruebas, emocionada se abalanzó a los brazos de un enfadado Namjoon.

—Tengo evidencias, y un testigo. —Como si la hubiese entendido sin ningún tipo de explicación, Namjoon la abrazó.—Hoy el trago estará más dulce que nunca.

Ambos se alejaron y rieron.

—Lo único que quiero es beber un trago, ese bastardo me dejó un dolor de cabeza.

—¿Ya se fue? —Preguntó la detective, mientras ambos se sentaban en su escritorio.

—Sí.

La chica se sintió un poco decepcionada de perderse el espectáculo que habrían dado Namjoon y ese tal Taehyung. La paciencia de Namjoon tiene mucha resistencia, pero aquel joven parecía acabarla a propósito.

Ambos comenzaron su trabajo de oficina, estaban atentos a alguna llamada al recinto. Mientras, sólo debían esperar un par de horas para salir del trabajo.

—Maldito mocoso. —Resoplaba el demonio, sentado en la azotea del edificio policial. —Espero nunca volver a verlo.

Mientras resoplaba molesto, observaba a los policías salir y entrar del lugar. Debía conseguir una víctima.

Pasaban hombres y mujeres, jóvenes y viejos, pero nadie parecía estar apunto de ir a una redada y perder su vida.

—Y si les ayudó un poquito a morir. —Pensó en voz alta el demonio.

«Kim Taehyung.» Escuchó en su cabeza.

—Era sólo una broma. —Dijo mirando el cielo.

Sería una tarde y noche aburrida.

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