Los primeros pasos del corazón
Capítulo 1
Mi nombre es Zoe, y esta es mi historia.
Vivo con mi mamá Carmen, mi hermano Oliver y mi hermana Lucía. Tengo cuatro perros: Thor, Mimi, Coco y Richard.
Tengo 15 años y estoy en 4° año.
Al empezar la secundaria, mi vida dio un giro muy grande. Supongo que a todos les pasó... la adolescencia es un dolor de cabeza.
Primer día de clases
—No olvides vestirte bien y ponerte tu moño rojo. Te lo dejé en la mesa. Me voy, pórtate bien —dijo Carmen. Me dio un beso en la frente y se fue a trabajar.
Me levanté y empecé a arreglarme. Al terminar, me fui al colegio.
Al llegar, me sentía tan asustada... Había muchos chicos que estaban igual que yo. Nos llevaron al salón; yo estaba muy nerviosa y feliz al mismo tiempo.
—Hola... soy Alex —dijo el chico sentado al lado mío. Estiró su mano para saludarme.
Lo miré: era un chico alto y morocho, con el pelo corto y ojos marrones claros.
Le di la mano y le sonreí.
—Hola... soy Zoe —le respondí tímidamente, sonriéndole.
Él me miró y me devolvió la sonrisa.
—¿Estás nerviosa? —me preguntó, mirándome a los ojos.
—La verdad es que sí, ¿y vos?
—También —respondió. Nos miramos y nos reímos.
¡¡¡Riiing!!! Sonó el timbre del primer recreo.
Alex y yo salimos al recreo y nos separamos, ya que él tenía amigos de otros salones. Sentía cómo todos me miraban. Empecé a temblar y me senté en un banco, mirando al piso.
De repente, escuché una voz femenina, suave y tranquila.
—Hola —dijo la voz.
Levanté la mirada. Estaba parada frente a mí, sonriéndome. Era muy linda: alta, de piel blanca, ojos marrones y el pelo lacio, negro con mechones rojos.
—Me llamo Camila, ¿y vos? —dijo mientras se sentaba a mi lado.
—Hola, me llamo Zoe —respondí, devolviéndole la sonrisa.
—Bueno, somos las únicas chicas del salón, así que tenía que hablarte —dijo mientras me ofrecía la mano.
La miré y se la estreché.
—Sí, la verdad que sí —le dije, mientras nos reíamos.
A partir de ese momento empezamos a hablar. Nos caímos bien desde el principio.
Pasando los días, Alex y yo nos hicimos mejores amigos, aunque él se sentaba al fondo. Con Camila también nos volvimos inseparables; siempre estábamos juntas, adelante del profe.
Camila era la amiga tranquila y perfecta. Yo, en cambio, era la alegre e inquieta. Nos llevábamos bien con todos...
Y de repente... empezaron los sentimientos.
Cuando Alex me hizo sentir diferente.
Al pasar los días, Alex y yo nos acercábamos más y más. Compartíamos muchas cosas juntos; a veces nos quedábamos mirándonos y terminábamos riendo por cualquier cosa.
De repente, mirarlo empezó a provocarme un sentimiento raro. Ya no era solo amistad... eran cosquilleos en el estómago.
No sabía lo que era el amor ni cómo se tenía que actuar. Pero de algo estaba segura: yo sentía algo por él. Y estaba casi convencida de que él sentía lo mismo.
Sin embargo, ninguno quería arruinar la hermosa amistad que teníamos.
Hasta que llegó un momento en el que se declaró... y yo también. Pero nos queríamos tanto que decidimos seguir siendo mejores amigos.
Siempre le tuve un amor especial, aunque intentaba verlo solo como amigo. Y así fue.
Un nuevo nombre: Tiago
Hubo muchas personas que me generaron interés tanto físico como mental. Pero solo uno quiso intentar algo conmigo... y a mí también me gustaba.
Era un martes al mediodía.
Había un chico que me llamaba mucho la atención, aunque solo físicamente. Era alto, de piel blanca y ojos marrones. Se llamaba Tiago.
Sentía que él también sentía lo mismo por mí.
Y pasó...
—Hola Camila, ¿cómo estás? —dijo Tiago con voz nerviosa.
—Hola Tiago, bien, bien. ¿Y vos?
—Bien también. Hoy... ¿quisieras ir conmigo al Grido? —dijo con timidez.
—Claro.
Le sonreí y me fui.
Al mediodía...
—¿Vamos? —preguntó entusiasmado.
—Sí, claro.
Caminamos hacia Grido. Había mucho silencio, se sentía la incomodidad; ninguno de los dos sabía de qué hablar.
—Llegamos —dijo tímidamente.
Nos compramos los helados y nos dirigimos a la plaza.
—Camila... necesito preguntarte algo —dijo, nervioso.
—Claro.
—Me... gustas mucho... y quisiera saber si... quisieras ser mi novia —dijo con miedo.
En ese momento me alegré, pero a la vez me asusté. Me asustaba la idea de estar con alguien cuando ni siquiera sabía si era amor de verdad.
Él me miraba a los ojos y yo a él. De la nada, todo se paró y solo éramos él y yo, mientras el helado se derretía y caía gota a gota entre mis manos. Pero en ese momento, solo lo miraba a él.
—Sí —respondí alegre.
Luego de eso caminamos hacia la plaza y nos sentamos en el pasto, los dos solos, mirándonos.
—¿Te puedo dar un beso? —preguntó nervioso.
A mí me gustaba, pero no me sentía lista para dar un beso; ni siquiera sabía si realmente me gustaba...
—Aún no... lo siento, no estoy lista.
—Tranquila, está bien.
Después de eso nos dirigimos al colegio y me fui con Camila.
Estábamos en el recreo cuando Tiago se nos acercó.
—¿Ya son algo? —preguntó Camila.
—Sí —respondió Tiago.
Yo sonreía, pero sentía que algo me pasaba. No me sentía bien... era como si realmente no me gustara.
—Cami, ¿me acompañás al baño? —le pregunté.
—Obvio —respondió contenta.
Fuimos al baño y allí me miré al espejo para intentar comprender qué me pasaba.
—Siento que no me gusta... —dije con tristeza.
—¿Cómo que no? —preguntó confundida.
La miré triste y ella solo me abrazó.
—Está bien —dijo, mirándome a los ojos.
Salimos y pasó el tiempo, hasta que cada una se fue a su casa.
Al llegar a casa me sentía muy cansada, me acosté mirando el techo. Se escuchaba el viento soplando fuerte y el sonido de los pájaros. Me sentía confundida, pero después pensé que no me sentía tan bien como me sentía con Alex.
Al estar con Alex sentía calidez, como si con solo una mirada él estuviera sosteniéndome, acariciando mi mano con delicadeza, como si me sintiera segura y amada.
Al pensar eso, solo lloré. No quería lastimar a nadie y me sentía mal por haberme apresurado. Lo único que quería era arreglarlo y eso iba a hacer.
Estaba esperando a ver a Tiago en el colegio para poder explicarle lo que me pasaba y que terminemos. No quería lastimarlo.
Pasaron días y él no aparecía.
Alex y yo nos fuimos acercando más y más; se sentía tan bien estar a su lado, como si estuviera flotando, mirando las estrellas.
Era un día normal, hasta que...
—Hola.
Era él. Tiago había regresado...
Yo sabía que ya había llegado el momento para poder decirle, aunque costara.
—Tiago..., ¿por qué no venías?
—Es que me sentía mal, pero ya volví.
Lo miré y lo alejé de los demás para poder estar a solas.
—Qué bueno que ya estás bien... quería decirte algo...
—Dime —preguntó curioso.
En ese momento no sabía qué hacer; sentía cómo sonaba mi corazón, cómo escuchaba mi respiración nerviosa.
—Eres un buen chico, pero... no quiero tener que fingir amar a alguien... ni lastimarlo. Y es por eso que necesito ser sincera contigo... lo siento.
De pronto todo era silencio. Nos mirábamos, él se quedó callado, bajó la mirada por un momento, tenía la cara pálida.
—Es... está bien... lo comprendo. ¿Seguiremos siendo amigos...?
—Claro, si vos querés.
Nos miramos sonrientes, nos dimos un abrazo y nos fuimos con nuestros amigos.
Pasaron meses y meses, hasta que sin darme cuenta ya se había terminado el año.
Tiago y yo quedamos como buenos amigos. Alex y yo seguíamos siendo mejores amigos, al igual que con Camila.
Comienza un nuevo año
Ting. —Sonó un mensaje.
Alex: Hola Zoe, te quería decir esto hace mucho tiempo....ya no quiero ser más tu amigo.... Chau.
Me quedé mirando la pantalla en silencio. Sentí un vacío en el pecho. ¿Por qué me decía eso?
Fin...