Capítulo 1
—El juego se llama: Moneda de la Suerte. —Dijo aquella voz femenina por los parlantes colocados en el lugar. —Deben recolectar una moneda y colocarla en el cofre en el límite de tiempo, quienes no lo consigan serán descalificados.
Justo después de que la voceadora terminó de explicar las reglas y que cada quién tomó su equipo de buceo, la alarma que indica el inicio del juego sonó, por lo que todos los jugadores, que para ese momento ya solo eran 215, se lanzaron al mar abierto dispuestos a seguir las indicaciones.
Mariana fue hasta las profundidades para tomar una de las monedas, las cuales brillaban en la oscuridad del vasto mar con un amarillo chillón. Antes de subir nota que a su lado otra persona se acercó a querer tomar su moneda, eso no lo podía permitir, así que tomó impulso y antes de interceptar a la persona, dobla las piernas para impactarlo con una patada mientras le sostiene el respirador que tenía en la boca para arrebatárselo al momento en el que el hombre se va hacia atrás por el golpe.
El desconocido lo mira aterrado, aguanto la respiración como pudo pero el miedo le estaba provocando una presión inmensa en el pecho lo que le hacía querer respirar, así que como pudo se acerca al más alto dispuesto a luchar por el oxígeno que necesitaba.
El de ojos castaños lo esperó y en cuanto lo tuvo encima apunto de hacerle lo mismo, le dio un abrazo con sus piernas rodeándole la cintura, inmovilizándolo. Con sus brazos forcejeo para apresar los contrarios bajo sus axilas y así, con un clavo, que alguien misterioso había dejado bajo su almohada, aprovechó la gran cercanía para perforar el tanque de oxígeno del contrario. Una, y otra vez.
Todo ese ajetreo había provocado que su adversario inhalara agua, pero aún así no se arriesgaría a que tuviera la oportunidad de ponerse el respirador de nuevo. Ahora por más que lo intente usar ya no le serviría de nada.
Se alejo de aquel tipo y nado tan rápido como su falta de condición se lo permitió hasta la superficie, sostuvo con fuerza la moneda entre sus manos para que los que se quedaron arriba esperando a los que venían de las profundidades no le robaran su moneda. Fue tenso, pero a base de empujones y gritos logró llegar al cofre y obtener la aprobación del guardia para que lo contarán como un ganador.
Se relajó sentándose en el suelo, suspirando. Hace unos momentos le arrebató la vida a alguien, y el cargo de conciencia lo atormentaba. Pero por la pelea nocturna que hubo entre todos los jugadores, fue claro como el agua que entre ellos mismos se podían eliminar. Se reconfortaba a sí mismo diciéndose que al final valdrá la pena, solo eran sacrificios que tenía que hacer para poder hacer que estos juegos avancen más rápido, ese premio será todo para él.
De todas formas, en cuanto la primer ronda terminó y anunciaron a los eliminados su corazón latía intranquilo y se detuvo un microsegundo al escuchar el número de su víctima, pero nadie sospechó nada ni fue señalado por su acto atroz, así que soltó un fuerte suspiro como forma de liberar la tensión en sus músculos y se levantó para seguir con la siguiente ronda.
Era apenas el segundo juego de la competencia y aunque tenía aquel aparato que lo ayudaba a llevar oxígeno a sus pulmones, no paraba de sentir que se ahogaba cada vez que aquel clavo oxidado se cobraba la vida de alguien más.
Ya era la cuarta ronda y estaba agotado, las caras de esas personas viéndolo con sus ojos abiertos en shock, horrorizados, compartiendo su último suspiro con él, los veía cada vez que parpadeaba, es como si en sus párpados interiores se hayan tatuado aquellas expresiones.
Siempre apuntó a los que iban en solitario, así no tendría porque lidiar con algún equipo con el que se hayan aliado, y por fortuna nadie se había dado cuenta de lo que estaba haciendo.
Una vez que terminó la última ronda corrió inmediatamente a desvestirse, no bucearía jamás, no quería volver a ver nada relacionado con ese deporte.
Caminó a paso lento hacia la sala principal en la que solo tenían sus camas, mientras daba vueltas en su bolsillo lo que adoptó como arma. No fue hasta que se recostó que intentó procesar cómo aquel metal puntiagudo había llegado hasta su almohada. Examinó la base metálica de la cama y no había señales de que usaran clavos en aquella estructura, lo cual era lógico por el material que estaba hecho, pero quería asegurarse.
También inspeccionó las camas a su alrededor para averiguar si era algo planeado para todos, pero no encontró nada, por lo que se tiró rendido a su cama para descansar un poco, debido a la pelea de ayer casi no había podido dormir por miedo a que volvieran a volverse salvajes por la noche.
Se paró de nuevo en cuanto aquellos guardias hicieron acto de presencia en aquel foro de la habitación, la persona con máscara de cuadrado anunció que sólo quedaban 192 jugadores y el dinero que se obtuvo con aquellas 23 perdidas empezó a caer en el cerdito de vidrio colgado en el techo.
Mariana miraba atento el dinero ser vertido en ese contenedor mientras pensaba que si no fuera por lo que hizo, habrían quedado 200 jugadores con vida. Que haya más dinero reflejado en aquella enorme pantalla colocada en la parte superior, solo comprobaba que, gracias a él, aquella recompensa se incrementó. Eso lo motivo un poco.
La votación comenzó y uno a uno fueron pasando para presionar el botón, y con eso recibir aquel parche que los marcaba con su decisión.
—Jugador 050. —Dijo aquel cuadrado con su voz distorsionada por el modificador de voz. Mariana respondió a su llamado caminando con falsa calma hacía aquellos botones.
Sin pensarlo mucho presionó el verde, ya se había mentalizado por llegar hasta el último día. Estiró la mano con el objetivo de recibir el parche que le corresponde y en el momento en el que lo estaba recibiendo, el enmascarado con forma de triángulo que entregaba los parches le había acariciado sutilmente la palma de la mano antes de que la retirara, la cercanía de sus manos no fue desaprovechada por el individuo misterioso.
Mariana lo miró arqueando una ceja mientras fruncía el ceño, analizando si lo que pasó fue intencional o su imaginación, pero no podía quedarse tanto tiempo parado ahí, así que sin más se retiró.
Desde lejos vio a los demás participantes avanzar y hacer lo mismo que él, pero con decisiones variadas, sin embargo, el guardia no repitió aquel movimiento con nadie más, definitivamente fue algo para él. Inconscientemente se acaricia aquel lugar tocado por el extraño, y lo escudriñó hasta que ser capaz de reconocerlo entre los demás.
La votación terminó a favor de continuar los juegos, los guardias se retiraron y en cuanto las luces se apagaron, el de lentes se fue a esconder debajo de su cama, aferrándose a aquel clavo por si lo necesitaba esa noche, pero nadie atacó, todos se quedaron en sus camas nerviosos, esperando que alguien comenzara, pero jamás sucedió. Un pensamiento fugaz pasó por su mente pero se reprimió, no iba a atacar a nadie mientras duermen.
La alarma que funciona como despertador resonó en el recinto, haciéndolo despertar con un brinco, no sabía en qué momento se quedó dormido. Salió de debajo de la cama y observó su cama tendida, cosa que lo extrañó, él nunca la tiende. Un presentimiento le hizo buscar debajo de la almohada de nuevo y notó un origami en forma de corazón y al reverso tenía escrito “open”, así que con cuidado lo desdobló asegurándose de que nadie lo viera.
"My dearest. Hockey, Ritual, Chat, Opera, Surf, Hotel...”
¿Qué significa?
Parecían palabras al azar, pero lo que más le llamó la atención fue el inicio. ¿Era una broma? ¿Por qué le escribieron con esa connotación afectiva?
Si era la misma persona que le había dejado aquel clavo, puede confiar en lo que sea que signifique eso. Debe estar relacionado con el siguiente juego, así que como pudo, se memorizó cada palabra. Cuando estuvo seguro de conseguirlo, fue al baño y aprovechó para hacer pedacitos el papel y tirarlo al inodoro.
Antes de salir del sanitario, da un respingo del susto al ver un uniformado rosa delante de su puerta, obstruyendo el paso.
Extrañado intenta pasar por un lado sin tocarlo mientras volteaba a su alrededor notando que no parecía haber nadie más, y sin darse cuenta siente como el guardia lo empuja de nuevo hacia el baño haciendo que su espalda choque contra la pared a punto de tropezarse debido a que sus pies chocaron con el retrete.
Se sostuvo como pudo de la pared y vio cómo el desconocido entra en el minúsculo espacio cerrando la puerta detrás de él.
—Ya terminé de hacer del baño, gracias... si me disculpa voy a regres- Mariana se interrumpe en el momento en que el enmascarado pone sus brazos lado a lado de golpe, sintiéndose atrapado entre la pared y aquella persona a pesar de la diferencia de altura.
El triángulo acorta la distancia y se levanta con la punta de sus pies para acercarse al cuello de Mariana, haciendo que éste aumente sus pulsaciones rápidamente.
Hace mucho que no estaba en ese tipo de situaciones y la falta de contacto físico lo estaba haciendo pensar en vulgaridades, sintiendo como el pantalón comenzaba a apretarle al escuchar como el desconocido suspiraba excitado mientras seguía restregándose cerca de su cuello y dejaba de acorralarlo en la pared para acariciarlo con sus manos desde sus hombros hasta sus manos, levantándoselas hasta sujetarlas contra la pared, como si se estuviera conteniendo de hacer algo más, y eso lo estaba calentando, que un completo extraño lo desee al punto de arriesgarse así en un baño público le alborotaba las hormonas.
No puso resistencia, después de todo él es el que se le lanzó encima, si iban a castigar a alguien claramente sería a él, y sería mentira si dijera que no le emocionaba lo que estaba pasando. Quería preguntarle quién era y por qué hacía eso, pero prefirió callar en caso de que alguien estuviera en algún otro cubículo.
Se aguantó un gemido al sentir como el más bajo comenzaba a restregar su pierna en su apretada parte baja, estimulando su virilidad.
El guardia al notar su reacción dejó de sostenerle las manos y se puso de rodillas pasando sus manos por la intimidad del más alto, siguiendo la forma de su erección marcada en su pantalón deportivo por un rato antes de sostener la orilla del pantalón, jugueteando con ella, divertido de ver el rostro del castaño con una mueca desesperada esperando que continuara, a lo que obedece y se los baja acompañados de su ropa interior, exponiendo su miembro erecto.
El enmascarado lo sujeta con la mano izquierda, pasándola de arriba a abajo, deteniéndose en la punta unos segundos en los que la estimulaba con su pulgar mientras que con la derecha aprovechó a sacarse su erección y comenzar a masturbarse.
Mariana se cubrió la boca con su mano, respirando entrecortadamente por la increíble sensación que le recorría de los pies a la cabeza al ver como aquel uniformado parecía disfrutar de tocarlo, no se trataba de cualquier persona, era un triángulo, distinguidos por portar armas y por lo tanto los más intimidantes, pero estaba ahí acariciándole su intimidad con tanta delicadeza, lento pero de forma experta, mientras se masturba a sí mismo. Su máscara le cubría el rostro por completo pero podía sentir la intensidad de su mirada, deseaba tanto desenmascararlo.
El más bajo aumentó la velocidad en sus movimientos, y cuando sintió la mano del jugador 050 posarse en su cabeza en advertencia de que estaba a punto de acabar, es cuando decide retirarse un poco la mascara, dejando al descubierto su boca.
El más alto jadea sorprendido al sentir como su miembro es envuelto con su cavidad bocal de golpe, tensión dándose por completo por la maravillosa vista que tenía desde arriba y por la deliciosa sensación que le estaba dejando sentir su lengua rozándolo al son de los movimientos que hacía con su cabeza.
El triángulo comenzó un vaivén de arriba hacia abajo, cubriendo hasta la base la erección palpitante de su acompañante, por momentos la sacaba de su boca para pasarle la lengua como si fuera una paleta, dibujando círculos imaginarios en la punta unos segundos para después pasear su lengua por debajo de su virilidad hasta la base y devuelta a la cabeza para volver a introducirla en su boca.
Repitió sus movimientos un par de veces más, con tanto fervor y deseo, hasta que volvió a sentir como Mariana lo sostenía de su cabello para intentar alejarlo, esa vista desde abajo lo estaba volviendo loco, sus ojos llorosos por la excitación y cómo le temblaban las piernas le provocó un gran éxtasis, aumentando los movimientos en su propia intimidad hasta que por fin llegó al clímax manchando el suelo. Se negó a separarse del más alto y aumentó la velocidad de sus succiones, sintiendo aquel líquido caliente llenarle la garganta.
El guardia saca el miembro de su boca para darle golpecitos en su propia lengua esperando que las últimas gotas de esa gloriosa sustancia cayeran en ella, no queriendo dejar nada que se desperdicie. Mariana no podía dejar de verlo, era la mejor mamada que había recibido en toda su vida, sentía la mente nublada y el orgasmo lo liberó del estrés de los últimos días. Casi tiene otra erección al notar como el extraño se lame los labios saboreando su semilla.
El triángulo tomó pedazos de rollo para limpiarse las manos y su intimidad para volverse a subir su pantalón, levantándose del suelo después de haberle acomodado la ropa al de ojos castaños, quien seguía jadeando por lo que acababa de pasar.
Antes de salir, jala del suéter al más alto para acercarlo a su rostro y darle un beso en la comisura de los labios, decepcionando un poco a Mariana porque esperaba un beso de verdad, pero el guardia no quería hacerlo o lo prostraría contra la pared ahí mismo, y no podía, debía regresar a su puesto antes de que se preguntaran dónde estaba.
Le da unas palmaditas suaves en el cachete, se acomoda su máscara junto con su capucha y deja solo en los baños a un avergonzado jugador, quien antes de salir, se acercó al lavamanos para enjuagarse las manos y en cuanto se echó agua en el rostro se vio en el espejo, se impactó de verse sonriendo, volvió a mojarse la cara y sacudió la cabeza para dejar de reproducir ese momento en su cabeza, debe concentrarse, debe recordar en dónde estaba, recordar lo que debe hacer.








