Capítulo 1: el comienzo de una tormenta
"No temas mi princesa, la tormenta siempre pasa, lo truenos callan y las nubes negras se disipan, mientras tanto baila, baila bajo la lluvia mi pequeña bella flor, y jamás tengas miedo, que papá está contigo siempre."Recuerdo cada una de las palabras que mi padre me decía cuando tenía miedo, mientras que sus brazos me acogian en sus calidos abrazos, me sentía protegida, a salvo y feliz. Hoy me duele tanto que la última vez que vi su mirada estaba apagada, por mi culpa, por mi maldita culpa.
Fue en mi cumpleaños número 12, discutimos y la verdad no recuerdo el porque de esa absurda discusión y lo llamo asi porque ahora no veo motivos por la cual discutir con él.
Él decidió salir a caminar en la noche para despejar su mente y yo me encerré en mi habitación llena de irá aún. Pero luego de eso ya no lo volví a ver.
Esa noche no volvió.
Pasaron días, meses y años.
Los policías no colaboraban, y mi madre cada año más destrozada.
Hoy, años despues soy la mejor en el colegio, salgo ganadora del ajedrez cada año, dicen que soy muy inteligente pero yo, simplemente me esmero en estudiar, es solo eso. Tengo de novio al chico mas guapo del colegio, tengo un grupo de amigas que siempre estan conmigo, que más puedo pedir?
Vivo con mi madre en una casa bastante cómoda, no es grande, pero cómoda. Desde que mi padre desapareció no volvió a salir con nadie más, muchos la llaman tonta, y yo? yo digo que es fuerte y valiente por seguir a pesar de haber perdido al amor de su vida y tomado la decisión de seguir amándolo y esperando su regreso incluso luego de años de no tener noticia alguna a cerca de él.
Me encontraba en clases cuando siento una mirada directa, es Pandora Miller. Ella es una chica bastante amable, la verdad no tengo nada encontra de ella, me cae super bien, es alegre, extrovertida, inteligente aun que a veces un poco torpe, pero la manera en la que me suele mirar me hace sentir un poco, extraña.
Cuando veo que se acerca a mi lugar se me resbala el lápiz de las manos y cae al piso.
—Hola Lydia! Vaya, quién diría que la reina de ajedrez suele ser torpe y despistada a veces. —ríe para luego mostrarme una sonrisa sarcásticamente inocente—
—Ah, sí? Me lo dice quien todos los años ha chocado con la misma pared cada que puede. —presumo de mi respuesta con una sonrisa burlona y triunfadora—
—Bueno... Eso solo es porque... En esos momentos corría con mucha prisa por los pasillos y como se me olvida girar en un punto específico pues... Chocaba. —parecía avergonzada por tal aclaración—. Olvídalo, ya no tiene caso. —reímos—. Pero bueno, hablamos luego, le prometí a Richard que lo ayudaría con química.
—La mujer de la cafetería nos mandó a llamar a las dos antes de la hora de salida, irás? —pregunto esperando su respuesta—
—Por supuesto que iré, lo más seguro es que dirá algo así como «Chicas, podrían ayudarme de nuevo, será solo un momentito, lo juro» —vuelve a reír haciendo que yo ría con ella, cosa que no suelo hacer, y en parte aquello me genera mucha curiosidad—
En eso llega Andrew, mi novio.
Al verme lo primero que hace es sujetarme de la cintura y besarme. Por otra parte noto una ligera mirada de molestia de parte de Pandora dirigida a él.
—Hola, mi amor, y... Pandora. —Dice con una ligera molestia—
—El odio es mutuo, Andrew, el odio es mutuo... —responde Pandora mientras que yo no comprendo nada de lo que sucede—
La verdad me gustaría saber el porque se tienen tanto rencor, pero como la chismosa que soy no pararé hasta averiguarlo algún día.
Pandora se despide de mi sin antes mirarme con esa mirada tan característica de ella y luego sale corriendo en busca de Richard y en eso mi novio me suelta la cintura mientras suelta aire, raro por si me lo preguntan. Lo peor llega cuando dejo de sentir su brazo al rededor de mi cintura como un vacío.
—Sucede algo? —intento preguntar por qué en su rostro se marca la molestia, pero de qué, o porqué?—. Andrew?
—Qué es lo que quieres ahora Lydia?
—Yo solo quería preguntar el porqué de tu enojo.
—La odio.
—A quién? —pruebo ya sabiendo la respuesta—
—Pandora.
Sonrío ligeramente por haber adivinado.
—Pero jamás me dijiste el porque. —le tomo una mano—. Que te parece si me lo cuentas ahora? —doy una sonrisa sincera y él intenta sacar su mano lenta y discretamente de la mía, lo logra y yo no digo nada—
—Hace tiempo Pandora me humilló frente a todo mi equipo deportivo. —dice emanando rabia—. De solo recordar lo que decía y hizo solo me da más rabia. ¡La perra esa dijo que cuando quería podía entrar al equipo e incluso me ganó tres putas veces frente a ellos!
—Tranquilo. Tal vez no lo hizo con malas intenciones.
—Es encerio? La estás defendiendo?
—Andrew, ya madura. Es obvio que hay gente mejor que tú en ese deporte y debes admitir-
Lo veo mirarme tan mal que solo me callo.
Golpear así al ego de alguien que ya lo tiene muy grande es algo igual de peligroso que estar cerca de un animal rabioso. Tolerar el mal carácter de Andrew cuando está enojado, no es un hobby que me gustaría tener.
Amo a Andrew, pero en ocasiones me pregunto él encerio me... Pero en qué tonterías estoy pensando?
.)(. .)(. .)(.
Las horas pasaron normales y aburridas como todos los días, hasta que llegó la hora de ir a la cafetería.
Estando allí la mujer de la cafetería, cuyo nombre es Francisca, se me acerca y luego ve que alguien no venía conmigo, y pregunta por ella, pues aun no había llegado.
—No, no la he visto aún pero deseguro estará por llegar.
Dicho eso segundos después vemos como Pandora se nos acerca corriendo.
—Aquí estoy! díganos Francisca, que necesita? —pregunta sonriendo amablemente para luego pasarme una mirada que provocó un ligero escalofrío en mi espalda—. Hola, Lydia —Me sonríe a lo que le devuelvo la sonrisa algo nerviosa—
Es que su mirada.
La mirada de Pandora es algo que hasta hoy en día no puedo descifrar. Me mira con admiración o con odio? Qué busca haciéndolo?
—Vaya jovencita, y a qué debe que llegues tarde? —pregunta Francisca—
—Puees, digamos que Richard no resultó ser para nada bueno en química, si llegase a trabajar de ello se nos muere. —reímos las tres al unisono—
—Richard? No es el chico alto y de pecas con una cicatriz bajo el ojo y que siempre come uvas?
—Él mismo, Francisca.
—Y para qué nos mandó a llamar? —me decido a preguntar—
—Podrían ayudarme de nuevo? será solo un momentito lo juro, además como recompensa les daré algo que quieran comer del almacén, que opinan? Me ayudan? —nos pregunta a lo que aceptamos sin pensarlo dos veces—
Minutos después de que Francisca nos diera un repaso de lo que debíamos hacer se fue a quien sabe donde con la excusa de que no se tardaría nada.
Estando en el almacén acomodando cosas, sentía todo el rato la mirada de Pandora, sus ojos dorados son extremadamente bellos, son tan bellos que intimidan de una manera totalmente extraña.
Volteo a mirar a los costados y noto como ya muchas personas ya están despidiéndose entre sí para marcharse del colegio.
—A veces me pregunto cómo es que ella nos llama a nosotras a ayudarla sabiendo que hay chicos en todo el colegio, y son fuertes. —alzo una caja que sabrá Francisca que es—
—Tal vez porque somos las dos únicas chicas a las que ella confía para entrar en el almacén?
—O porque nadie más que nosotras sería lo suficientemente estúpidas para aceptar hacer esto todos los días cuando podríamos ya estar en casa. —contesto de una—
Veo a Pandora levanta los hombros en señal de un “quien sabe” para luego sonreír .
—No te desesperes, verás como pronto acabaremos. No es mucho. —dice tomando mis hombros para guiarme a mirar solo unas cajas—.
—Dios, dame fuerzas para seguir o yo misma me lanzo por la ventana para acabar con mi sufrimiento.
—Pero estamos en el primer pis- Ah, ya comprendo...
—Exacto. —le dedico una sonrisa maliciosa a lo que ella solo ríe—. Crees que sea necesario pasarle una escoba por el lugar antes de irnos?
Miramos el suelo y lo vemos lleno de envoltorios, mucha arena y un par de cagadas del gato de Francisca, a lo que ambas negamos con la cabeza al mismo tiempo.
—No creo que sea necesario que lo hagamos nosotras. —ambas asentimos al mismo tiempo—.
El tiempo pasó rápido ya que comenzamos a hablar y ya solo nos faltó hacer una cosa.
En esas, llevamos jugos y frutas al cuarto de refrigeración. Pandora obviamente llevaba más cosas en las manos, como no si la pendeja parece jirafa con la estatura que tiene, aparte de un buen físico, no es que ella tenga un 90 60 y 90, pero físicamente se la ve bien. Y luego estoy yo soy una puta pitufina apunto de desaparecer en el suelo y de mi palidez, bueno no es para tanto, mis 1.65, sirve para algo no? pero no está mal dramatizar de vez en cuando.
Al entrar al lugar estaba helado, por lo que pude ver que Pandora se preocupó por mi, por el hecho de que yo no traía nada de abrigo.
—Deja la caja de jugo por allí, y la otra simplemente aquí. No te presiones yo los acomodaré y mejor apresúrate en salir ya que puedes pescar un resfriado. Espérame afuera. —sonríe cálidamente—.
—Esta bien. Gracias. —digo y hago lo que me pidió hacer—
En eso, cuando estaba apunto de salir noto que la puerta no abre, por lo que me desespero en abrirla e intento empujarla y jalar la, pero nada funciona y nisiquiera se mueve un poquito. Pandora al ver lo sucedido corre en mi ayuda e intenta abrir la puerta sin éxito alguno, vaya, gran momento para que la puerta no abra...
Yo solo tenía un trabajo, un solo trabajo que era salir de aquí antes de algo malo pase, y ni eso puedo hacer bien, este es uno de esos momentos que me dan ganas de darme una cachetada a mi misma, pero antes darme un beso porque soy hermosa, jajaja.
Pasaron varios minutos y aún seguimos encerradas, tanto que comienzo a tener miedo, lo que provoca recordar a mi padre. Mi acompañante nota mi preocupación y por lo que llega junto a mi y me abraza fuerte, tan fuerte que me siento segura por primera vez luego de tanto tiempo. Y su tacto, tampoco me incómoda.
—Espero no incomodarte, pero no puedo verte así. —termina de decir mientras se aparta para luego sacarse su abrigo y abrigarme con el, incluso me puso la capucha y subió todo el cierre de este para luego seguirme abrazando, incómodo de algun modo, pero el resultado es irrefutable ya que su intención es mantener mi temperatura cálida—
Odio enfermarme rápido y tener que aceptar que no puedo vivir sin protección.
Pero más odio el no tener el valor para protegerme a mi misma.
—Pandora, hace mucho frío aquí. No deberías quitarte tu abrigo, por favor sacam-. —no termino de formular la oración cuando ella me interrumpe—
—No. Tú lo necesitas más, deja de ser tan terca, aunque siempre fuiste así, al parecer no has cambiado much-. —se queda callada y mira para otro lado lo cual provoca que mi curiosidad se desborde—
—Tú, me conocías de hace tiempo?
—...
—Cuánto? Hace cuánto? —la miro con el ceño fruncido—
Los segundos pasan y luego pareciese que pasan minutos me siento congelar de apoco.
Ella lo nota y me abraza más fuerte.
No hay solución, el frío comienza a bajar en un intervalo de tiempo lo que nos preocupa.
—No creo que sea un buen momento de hablarlo, ni siquiera creo que tan siquier- —llegó mi turno de interrumpirla—
—Pandora, estoy hablando seriamente, por favor contestame. ¿Me conocías ya desde hace tiempo? Cuándo? Hace cuánto?!... —pregunto histérica y casi gritando, pero luego siento como mis párpados pesan cada vez más— Tú... Contéstam-...
Luego mueve sus labios como diciendo algo que no logro escuchar, pero si recuerdo la mirada de aquellos ojos dorados intensos, penetrantes y fríos antes de perder la consciencia.
—Lydia, mi Lydia, solo ten en cuenta que en este presente, no tienes permitido volver a alejarte de mi, yo no te lo permitiré.
Fin del capítulo.
CONTINUARÁ...
(Muchas gracias por leer)