Jardín De Cenizas

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Summary

En el Boston del siglo XIX, Clarisse Rossmore busca reconstruir su vida lejos de los recuerdos de Irlanda y del frenético Londres. En su camino se cruza el enigmático Victor Le Roy, cuyo interés por ella abrirá puertas a secretos y pasiones ocultas. Entre silencios, confesiones y personajes inesperados, Clarisse deberá descubrir quién es realmente y enfrentarse a las cenizas de su propio pasado, en una historia de amor, misterio y redención.

Status
Complete
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Forasteros

Era una tarde sofocante de mayo de 1869 en un pequeño municipio cercano a Boston. Las calles vibraban con la risa y los gritos de los chiquillos, que corrían desbordados de emoción como si celebraran la fiesta de San Patricio. De repente, un grito retumbó entre la multitud:

—¡Han llegado los soldados!

El bullicio creció sin control. La gente se apiñaba en las calles, parloteando con fervor, como si aquel día se jugara el destino mismo del pueblo. El motivo de tanto alboroto era la llegada de la familia del nuevo alcalde. La señora Rossmore había arribado desde Inglaterra para instalarse en una humilde residencia a las afueras, en un recién fundado poblado anexado a Boston, no lejos de Brookline.

Aunque el tumulto le parecía una falta de respeto, no podía negar que ser el centro de atención le provocaba un placer oculto.

—La vanidad es para quienes no poseen más que eso para ofrecer... —comentó con un gesto altivo, la mirada fija y penetrante. Había aprendido a exigir complacencia y a reclamar su lugar de nobleza con solo una frase. A su alrededor, sus palabras encontraron aplausos cautelosos; sabía que no todos la aceptaban, pero eso le era indiferente. Como esposa de Lord Rossmore, barón de Irlanda, conocía bien el poder de su presencia.

Innegablemente bella, sus ojos aceitunados brillaban con un aire altanero capaz de hacer temblar a todo Boston con solo una mirada. Su vanidad era tal que había mandado encargar quinientas pastillas de jabón de jazmín y melisa antes de llegar, advirtiendo que si no llegaban antes que ella, retrasaría su viaje.

—No permitiré que este clima húmedo arruine mi hermoso cabello atesado.—sentenció con aire soberbio—Una melena tan delicada merece solo las mejores hierbas.

Su marido, dedicado a complacerla en todo, sabía que su esposa Eloise no pasaba desapercibida. Su esbelta figura y hermoso rostro la habían convertido en la mujer más codiciada de Essex; no pocos habían solicitado su mano. Aunque veinte años más joven que él, él se sentía protector, consciente de consentirla en exceso y a veces dudando si la veía más como hija que como esposa . La amaba, sí, pero no con la devoción que sentía por Clarisse, su hija y el centro luminoso de su universo, una pequeña estrella que desde hacía 17 años irradiaba dulzura y pureza con esos ojos color avellana que reflejaban su alma.

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Las criadas se afanaban preparando la mesa y la habitación de los señores, mientras Jocelyn, la ama de llaves, repasaba minuciosamente el menú en la cocina.

—Esperamos a la señora con impaciencia... Todo debe estar perfecto.—murmuró, acariciándose la frente.

Pronto se sentaron en el gran comedor para disfrutar de la cena: sopa de almejas de entrada, bacalao rebozado acompañado de patatas al romero con variedad de hortalizas, y para terminar, farz forn con queso, higos y licor de cereza.

—Desde luego, no es comparable con los manjares a los que estaba acostumbrada en Inglaterra, querido.—limpiaba sus labios rojos con delicadeza.

—¿Cómo fue el viaje, mi señora? —preguntó el señor Rossmore—Supe que hubo algunas complicaciones. Lamento no haber estado allí.

—Mi amor, ¿qué podríais haber hecho? Desde que asumiste el cargo de alcalde llevas mil responsabilidades. Este municipio necesita una mente brillante, y esa mente la tenéis vos.—respondió Eloise con tono de comprensión.

—Hago lo que puedo, pero no dejo de pensar en vos y en nuestra hija. Clarisse, ¿qué tal estuvo el viaje? —dirigió la palabra a la joven, que parecía distante, inmersa en sus pensamientos.

—Muy agradable, padre.—respondió con una mirada suave y comprensiva—Sé que madre puede ser agobiante y vos tenéis mucho peso sobre los hombros.

—¡Qué niña tan taciturna! —exclamó Eloise—A tu edad yo era el alma de las reuniones sociales, y fue en una de esas donde conocí a vuestro padre...

—Eloise.—interrumpió Patrick—Clarisse es joven y no debe apresurarse en encontrar esposo. Cuando llegue el momento, lo hará, y con un buen hombre.

—No malinterpretes, es natural divertirse, pero siendo tan joven y bella, a mi edad ya estaba casada y recordad que la belleza es efímera.—dijo con sonrisa forzada, tomando un sorbo de licor.

—No hay prisa para el matrimonio, pero creo que deberías salir más, conocer gente. Mañana os presentaré a los Murphy, una familia importante; una de sus hijas tiene tu edad y seguro os llevaréis bien.

—Sería un placer, padre. Estoy cansada por el viaje, necesito refrescarme. Bajaré para dar las buenas noches.—Se levantó, alisando con cuidado su vestido de seda bordada que se había arrugado.

—Si la seguís consintiendo así, nunca ampliará sus horizontes.—advirtió Eloise con cierta severidad.

—Desde mi punto de vista, señora, si la dejase salir demasiado, acabarían deteniéndola por forastera... y quizás por ir en busca de lo que no tiene.—respondió Patrick con un leve gesto de ironía.

—Tiene 17 años, y aunque me duela no daros un hijo varón para heredar vuestro título, ¿qué pensaríais si os faltaseis y no encontrase un esposo que la cuide? —Eloise pellizcó nerviosa un pliegue de su vestido, mirando a su marido de reojo.

—No pretendo competir con vos como casamentero, pero si mostraseis más interés por su bienestar y menos en enseñarme lecciones fatídicas, volarían cerdos en este mundo.—rió ante la escena.

—No sería digna lección sin aprendices.—dijo Eloise poniéndose de pie para interrumpir la tensa conversación. Muy inteligente para discutir contra la testarudez de su esposo, estaba acostumbrada a aquello—Este largo viaje ha dejado bolsas bajo mis ojos. Me retiraré a aplicarme mi extracto de hamamelis y aceite de almendra. Buenas noches.

Detrás de esa fachada perfecta, la verdadera tormenta estaba por desatarse...

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