Lo que la guerra nos dejó

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Summary

La guerra se llevó a uno. El otro debía mantener su promesa de cuidarla. Aunque no esperaba que ella fuera quien terminaría salvandole. La guerra no solo mata hombres, también lo hacen las promesas. Nathaniel dejo la suya en manos de Aiden: cuidar de Katherine, la mujer que una vez lo esperó con esperanza y ahora solo tiene lágrimas para dar. Un campo minado donde la culpa y el amor caminan juntos. Y cuando los límites entre ambos se desdibujan, lo único que queda es: ¿Es posible empezar una nueva historia sin el pesar del pasado?

Genre
Drama
Author
ailen_meli
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

—¿No es un poco...antiguo?

La risa suave de su compañero de carpa (y amigo cercano) resonó a su lado mientras éste acariciaba con su dedo pulgar la pequeña fotografía de la izquierda del guardapelo de plata.

—Lo mismo le dije a ella cuando me lo obsequió el último día antes de venir a la base. Pero lo considero el mejor regalo del mundo —confesó el rubio mostrándole la fotografía—. Sólo quise hacer que sus lágrimas se detuvieran en nuestra noche de despedida. Aunque al comienzo se ofendió un poco con ese comentario.

El castaño sonrió ligeramente, siguiéndole la corriente a su amigo, quien estaba felizmente casado con la chica del guardapelo. Pero la verdad era que él no comprendía del todo sobre una relación a ese nivel de intensidad: noviazgo, casamiento, ser “exclusivo” de alguien. Eso no encajaba en su vida. Eso si, respetaba a toda costa cómo vivía la suya su amigo Nathaniel y su esposa, Katherine

—Ella es... bonita —añadió Aiden viendo la fotografía. Se podía apreciar el fondo de ésta la zona de la costa en un día soleado. Katherine aparecía de su torso a cabeza con una sonrisa radiante y su cabello oscuro en movimiento por el posible viento que hubo al momento de la fotografía.—¿Bonita? Por favor. Es preciosa. Es la mujer más increíble que he conocido en mi vida, Aiden —lo miró como si no creyera que su amigo definiera a su esposa simplemente como “bonita”—. ¿Sabes? Cuando volvamos a nuestra ciudad, te la presentaré y te aseguro que te agradará.

Aiden volvió a sonreír por seguir esa conversación positiva que Nath incluía.Parecía que su amigo tenía demasiadas esperanzas de regresar. Pero para el castaño, la idea de volver aún se sentía lejana.

Nath sacó del bolsillo de su chaleco antibalas un papel amarillento escrito y supo allí que debía darle su momento de privacidad. Volvió a su cama y mientras se quitaba su propio chaleco con cansancio, observó la cama vacía al frente de la suya dónde hace un día atrás estaba su otro compañero de carpa, James. Suspiró un poco angustiado de sólo revivir lo sucedido. James encontró demasiado pronto su destino: había entregado su vida como soldado para la nación.

Pensar de más en un ambiente como el de ahora sólo podía consumirlo mentalmente y no era el momento adecuado para debilitarse. Aiden, Nathaniel y los demás soldados acampando ésta noche en una de las bases cercanas al campo de batalla conocían su verdadero deber por el país al cual representa. Incluso las consecuencias de ello. Tal vez por eso Aiden creía que estar vinculado a alguien siendo un soldado traería muchos sentimientos que no servían en ésta vida. Especialmente el sufrimiento.

—Quisiera pedirte un favor, Aiden —la voz de Nath lo quitó de sus pensamientos, logrando que sus ojos estén en él. El castaño sintió algo extraño en su pecho en ese entonces al ver la expresión de su amigo: una sensación que le dio por un instante una intranquilidad complicada de detener—. Katherine es...una mujer radiante: con su sonrisa puede animar a cualquiera, tiene las palabras adecuadas en el momento preciso. Es sensible y también muy testaruda. También-

—Espera un segundo, Nath —interrumpió un poco rápido Aiden más eso no detuvo a seguir hablando—. Quiero que cuides de ella en caso de que yo no regrese.

Su petición fue como una correntada helada en su cuerpo, dejándolo atónito por un instante.

No.

Él no podía haber dicho aquello. Nathaniel. El chico que se ha mostrado positivo por meses, ¿preparándose para su muerte?.Imposible.Además... ¿pedirle que cuide a su esposa? Era demasiado precipitado, algo que creía imposible oír del rubio.

—Oh vamos, Nath —exclamó con esa expresión relajada característica de él, poniéndose de pie y caminando hacia donde estaba una vez más. Le dio un golpecito en la espalda, riendo para cubrir lo que realmente provocó el pedido de su único amigo allí—. Eres de los mejores de nuestro escuadrón. Después de mi, claro —la expresión de él se suavizó, dejando un semblante casi vulnerable—. Regresaremos a casa, juntos.

Nathaniel observó la reacción de su confidente de guerra con esa risa confiada y relajada. Algo que internamente envidiaba en una forma cálida. Realmente deseaba ser como él: con esa semblanza y “cordura” en los momentos donde la fe se iba quebrando con cada muerte cercana. Él era su ancla, lo que lo mantenía adelante desde que llegó al escuadrón.

—Tienes razón, no debería preocuparme por ello —respondió Nath, rodeando su brazo por los hombros de Aiden, haciéndolo reír entre palmadas y miradas de apoyo mutuo. Todo lo que se necesitaba en una situación así—. Volveremos a casa.

—Y me presentarás a tu hermosa esposa como dijiste. ¿Entendido? —con esas palabras de Aiden, Nathaniel dejó todas esas angustias de lado, creyendo en las palabras de su amigo que la mayoría de veces tenía razón en sus “predicciones”. No podía fallar. Ambos eran grandes soldados con reconocimientos en el camino.

Es por eso que no había de qué preocuparse.

Volverían juntos a casa una vez terminen su servicio.

Así sería.