Eternal Love

Summary

La vida está repleta de misterios, y sin darnos cuenta caemos siempre en su trampa. ¿Es destino o simple casualidad? Un principe que lo poseía todo, pero que no era capaz de amar Y una pequeña Ninfa maldecida con una bellaza diferente a los demás. ¿Qué pasa si ambos anhelan el amor hasta el punto de renunciar a todo en lo que creían.? Un amor entre un cruel príncipe y una ninfa, ¿será posible.? O la vida será tan despiadada que les quitara incluso la posibilidad de amar?

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

𝕮𝖆𝖕𝖎́𝖙𝖚𝖑𝖔 1

En una tierra remota y olvidada, llamada la Tierra de Fuego, se alzaban bosques ancestrales y praderas envueltas en un susurro perpetuo, donde aún se podía respirar el eco del viejo mundo. Era un reino envuelto en sombras y leyendas antiguas, un lugar donde los héroes caminaban al filo de la locura y los grandes demonios aguardaban en las penumbras, ansiosos por devorar el alma de cualquier alma incauta. Allí moraba el príncipe Shoto.

Temido como una tormenta y odiado con la furia de mil incendios, hijo del Gran Rey Todoroki Enji, Shoto era un joven marcado por el orgullo, la arrogancia y la desmesura. Su vanidad y despotismo lo coronaban con el título sombrío de Príncipe de la Mirada Fría e Implacable. No era solo su belleza inquietante lo que lo hacía legendario, ni siquiera su extraño aspecto, sino su mente acerada como el hielo y el fuego que habitaban en su sangre —un intelecto letal en la danza cruel del combate.

En aquella tierra maldita, donde se decía que todos eran demonios en el fondo, se susurraba que al toparse con lo oscuro solo quedaba implorar a los dioses por una muerte rápida y sin tormento. Shoto, descendiente directo del Gran Rey, había sido calificado como demonio por unos, dios por otros, y para unos pocos —tal vez los más locos— un ángel helado, distante y terrible en su belleza. Su cabello, partido en dos, blanco como la nieve eterna y rojo como la sangre derramada, y sus ojos heterocromáticos, eran capaces con una sola mirada de congelar el alma y consumir la carne.

Pero en aquellos días sombríos, la línea entre verdad y mentira se disolvía como niebla al amanecer. Las leyendas nacían antes que los hechos, y se extendían como fuego salvaje.

Otras veces, no eran más que susurros y cuentos oscuros para sembrar temor en los corazones débiles. Sin embargo, siempre quedaba la sombra inquietante de la duda: ¿qué era real en aquella tierra de fuego y sombras, y qué no?

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Narra: Shoto.

—Príncipe Shoto, su padre ha solicitado su presencia. Dice que quiere hablar con usted en privado.

—¿Y qué quiere ahora ese viejo inútil? —respondo, soltando un largo suspiro mientras miro al sirviente que trae el mensaje—. Bien, gracias. Iré enseguida.

Salgo de mi recámara con una irritación evidente; cada vez que ese inútil me llama, no presagia nada bueno ni algo que yo quiera escuchar.

Recorro el largo pasillo del castillo que conduce a su oficina. Entro sin siquiera tocar la puerta; no me molesto en hacerlo, y él tampoco parece esperar tal formalidad; me conoce demasiado bien.

Lo veo sentado tras su enorme escritorio. Al girar la vista, diviso a mi madre a su lado. Mis ojos se abren con una leve expresión de sorpresa.

—¿Qué sucede? —pregunto.

—Shoto, hijo, seguro te preguntas por qué te he llamado hoy... —dice con voz grave, aunque creo que la respuesta es obvia. Me contengo y no respondo con la verdad que ronda mi mente.

—Sí... ¿Qué pasa? —mi voz destila molestia, y no intento ocultarla.

—Shoto, tú eres mi heredero, la familia Todoroki ha sido fuerte desde siempre, y debemos asegurar nuestro trono y proteger el reino de cualquier amenaza.

Un escalofrío recorre mi columna. Sé exactamente hacia dónde se dirige esta conversación.

—Sí —respondo, esperando que continúe.

—Ya es hora de que busques esposa y me des un nieto —sentencia.

Lo sabía. Sabía que eso diría. Levanto los ojos al cielo.

—Ya entiendo a dónde va esto... Está bien, ¿y a quién has escogido?

—Se llama Yaoyorozu Momo, del reino del Oeste.

—Está bien —digo sin interés, solo me limito a aceptar la orden—. Pero una vez ella quede embarazada, regresaré a mi vida de antes.

—Como quieras, solo debes cumplir con tu deber.

—De acuerdo, entonces me voy.

Me dispongo a salir, pero antes de dar el primer paso, mi madre rompe el silencio.

—¿Cuándo partirás, mi niño? —pregunta con ese tono amoroso.

—Hoy mismo. Supongo que ya has hablado con sus padres, ¿no? —dirijo la pregunta a mi padre.

—Sí —responde con un gesto seco. Ese hombre...

—Entonces evitaré formalismos y traeré a la chica para casarme con ella. Nos veremos en un mes —declaro antes de salir de la oficina.

Es tan molesto. Aún soy joven y el viejo inútil ya quiere que me case con alguien a quien ni siquiera conozco. Todo esto es insoportable.

Mientras regreso a mi habitación para preparar lo necesario para el viaje, veo acercarse a mi hermano mayor. Genial, ahora comienza a molestarme.

—¿Te ha regañado el viejo otra vez, hermanito?

—No —respondo, suspirando y cruzando los brazos sobre el pecho.

—Entonces ya sabes lo de la boda, se te nota en la cara —dice burlón, él es una gran molestia.

—¿Lo sabías?

—Como todos en el palacio, pero nuestro padre los amenazó para que no te dijeran nada —respondo con otro suspiro, no me sorprende en lo absoluto.

—Típico del viejo.

—¿Entonces obedecerás a nuestro padre?

—Si no lo hago, no me dejará en paz.

—Bien, ¿cuándo partirás?

—Ahora mismo.

—Ten cuidado entonces, y buen viaje.

Quizá Touya sea un tonto y un gran idiota, pero sé cuánto se preocupa por mí y por nuestros otros hermanos.

—Sí, despídeme de Fuyumi.

—Claro, está tranquilo.

Una hora después estoy listo para partir en este horrible y largo viaje. Por suerte, Tenya Iida, mi consejero y fiel amigo, me acompaña. Al menos su compañía hace el viaje más soportable. No hay escoltas aparte de mi amigo y compañero de batalla, Kirishima. Según mi padre, para no levantar sospechas.

—Todoroki-san, ¿en serio se va a casar? —la voz de Iida me saca de mis pensamientos.

—Es la única forma de que el viejo me deje en paz —respondo con simpleza, intentando no mostrar ninguna emoción.

—¿No cree que es mucho? Entiendo que sea el rey, pero...

—Solo así podré ser libre.

—Lo entiendo —asiente resignado. Él sabe mejor que nadie cuánto valoro mi libertad.

Terminada la conversación, aceleramos el paso para llegar cuanto antes al Reino del Oeste, nuestro reino aliado.

Después de tres días, finalmente llegamos a las puertas del reino de los Yaoyorozu. Es vasto y majestuoso. Se respira un aire distinto al de mi tierra natal. La alianza con este reino es vital, pues proporciona alimentos que sostienen nuestra guerra. Al pasar el pueblo, vemos la enorme puerta del castillo.

—Muy bien, Todoroki-san, hemos llegado —anuncia Iida.

—Bien, avancemos. Debemos presentarnos ante el rey y conocer a mi futura esposa —digo con un matiz de molestia.

Antes de llegar a las puertas, debemos atravesar un pequeño bosque donde se encuentra un lago famoso por su agua cristalina, capaz de curar cualquier mal, según Kirishima.

Cediendo a su insistencia, nos acercamos para verlo.

—A mí me parece un lago común —murmuro al llegar.

—Tienes razón, vámonos —responde Kirishima con desgano.

Cuando estamos por regresar a los caballos, escucho un ruido. Guiado por la curiosidad, me acerco a investigar.

Tras apartar algunos arbustos, abro los ojos con sorpresa. Lo que veo parece de otro mundo, una belleza inigualable.

Parece una diosa o una ninfa. Su cabello largo es verde como la primavera, su piel de porcelana está cubierta por una ligera túnica blanca que apenas roza su figura. Pero lo que más cautiva son sus enormes y brillantes ojos esmeralda, y las delicadas estrellas que adornan sus mejillas.

Está sentada en la orilla del lago, sobre una gran roca, absorta en sus pensamientos, sin percatarse de mi presencia.

Esa visión no puede ser real. Tal belleza no pertenece a este mundo.

Antes de acercarme, escucho la voz de mis compañeros llamándome.

Sin querer asustar a semejante criatura, me alejo.

—Todoroki-san, ¿sucede algo? —pregunta Iida.

—¿Eh? No, nada. Solo creí haber visto algo.

—¿Qué cosa?

—No sé, tal vez una ninfa.

—Debe ser el cansancio del viaje, ¿no crees? —bromea Iida.

—Sí, tal vez —respondo con un suspiro.

—Bien, debemos irnos. El rey y su hija nos esperan.

—Vamos.

Al llegar al palacio, nos reciben el rey y la reina junto a su hija. Debo admitir que la princesa es hermosa, pero el matrimonio sigue sin interesarme.

Bajo de mi caballo y, frente a los reyes, hago una reverencia.

—Mi señor, venimos a presentar nuestros respetos a usted y a su hija —digo con la cortesía que puedo reunir.

—Los esperábamos —responde el rey con una amplia sonrisa—. ¿Cómo está su padre, príncipe?

—Bien, les manda sus saludos.

—Me alegra oírlo. Creo que lo mejor es que descansen, el viaje debió ser largo.

—Se lo agradecemos, mi lord.

—Muy bien. Ordenaré que les lleven comida y preparen sus habitaciones.

—Gracias, mi lord —digo, y al inclinarme ante la princesa, beso su mano, provocando una tímida risita en ella.

Un sirviente aparece y nos guía a nuestras habitaciones.

Tras descansar y soportar una tediosa cena donde el rey no cesaba de hablar, finalmente regreso a mi habitación.

Me dejo caer sobre la cama y, de repente, los recuerdos de aquella mañana en el bosque vuelven a mí.

Esa belleza... Puedo evocar cada detalle de su ser: su cabello esmeralda, sus ojos brillantes, sus labios rosados, su piel perfecta. Lo que más me llamó la atención fueron las pequeñas estrellas que adornaban su rostro, una sinfonía de luz junto a sus grandes ojos.

Una imagen difícil de olvidar. Como si hubiera visto una ninfa en el lago.