Capítulo 1: Un Encargo Peculiar
El aire en el despacho de Albus Dumbledore siempre olía a limón y a caramelos de melaza, un aroma que a Severus Snape le resultaba tan irritante como la perpetua sonrisa del director. Aquella tarde, sin embargo, un nuevo olor se colaba por la estancia: el dulce y lejano aroma a cacao.
—Severus, me alegra que hayas podido venir —dijo Dumbledore con una chispa de diversión en sus ojos azules—. Tenemos un… asunto de suma delicadeza.
Snape se inclinó ligeramente, su negra túnica agitándose como las alas de un murciélago. —Supongo que no se trata de otra partida de ajedrez con las piezas envenenadas,Director.
—Oh, nada tan emocionante, me temo —replicó Dumbledore, jugueteando con una cajita de cartón con un lazo extravagante—. Se trata de un encargo. O más bien, una colaboración forzosa por parte del Ministerio.
Snape arqueó una ceja, expectante.
—Verás —continuó el anciano—, el Sr. Willy Wonka, el magnate chocolatero muggle, ha… expandido involuntariamente los límites de su fábrica. Sus experimentos con el cacao han creado una resonancia mágica inestable. Algunos de sus nuevos dulces exhiben propiedades que rayan en lo encantado, y el Ministerio de Magia no puede permitir que productos semi-mágicos incontrolados inunden el mundo muggle.
—Y qué tiene eso que ver conmigo? —preguntó Snape con una voz que goteaba hielo.
—Necesitamos a nuestro mejor maestro de Pociones para que evalúe las propiedades de estos… artículos. Deberás ir a su fábrica, analizar los ingredientes y los procesos, y determinar si su "magia" es reproducible, controlable o, por el contrario, debe ser suprimida. El Sr. Wonka ha sido notificado y, aunque algo reacio, ha accedido a la inspección.
Snape palideció visiblemente. —¿Me está pidiendo que sea niñera de un muggle chiflado que juega con chocolate?
—Te estoy pidiendo que sirvas a nuestro mundo de la forma única y brillante que sólo tú puedes hacerlo, Severus —dijo Dumbledore suavemente, pero con una firmeza que no admitía réplica—. Mañana a las diez. La dirección está en el sobre. Y por favor, intenta ser… diplomático.
Snape cogió el sobre con dedos que ardían de indignación. Diplomático. Iba a ser una pesadilla.