Historia sin títuloChocolate y Pócimas: Una Receta Explosiva

Summary

El mundo de la magia y el mundo muggle estaban destinados a permanecer separados por el Estatuto Internacional del Secreto Mágico. Pero ¿qué ocurre cuando la imaginación de un genio es tan poderosa que comienza a traspasar ese límite? Willy Wonka, el excéntrico chocolatero, no era un mago. Sin embargo, sus creaciones más recientes poseían una cualidad tan maravillosa y anómala que despertaron la alarma en el Ministerio de Magia. Sus dulces no seguían las reglas, ni las de la ciencia muggle ni las de la hechicería, y ese caos endulzado era un riesgo que no podían ignorar. Para el Profesor Severus Snape, Maestro de Pociones de Hogwarts, la misión era un castigo absurdo: infiltrarse en esa fábrica de pesadilla azucarada, evaluar los "experimentos" de un lunático y cerrar el chiringuito. Era una pérdida de tiempo, una frivolidad insultante para un hombre de su intelecto y su pasado. Ninguno de los dos podía imaginar que su encuentro sería como mezclar ácido y base: una reacción violenta, impredecible y potencialmente explosiva. Uno, un artista del caos con el corazón roto escondido tras una sonrisa de caramelo. El otro, un maestro del orden y el control, cuya amargura era una coraza más dura que el chocolate más puro. Esta es la historia de cómo el dulce y la hiel se encontraron, chocaron y, contra todo pronóstico, descubrieron que a veces la receta más improbable puede dar lugar al sabor más inesperado: el amor.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Un Encargo Peculiar

El aire en el despacho de Albus Dumbledore siempre olía a limón y a caramelos de melaza, un aroma que a Severus Snape le resultaba tan irritante como la perpetua sonrisa del director. Aquella tarde, sin embargo, un nuevo olor se colaba por la estancia: el dulce y lejano aroma a cacao.

—Severus, me alegra que hayas podido venir —dijo Dumbledore con una chispa de diversión en sus ojos azules—. Tenemos un… asunto de suma delicadeza.

Snape se inclinó ligeramente, su negra túnica agitándose como las alas de un murciélago. —Supongo que no se trata de otra partida de ajedrez con las piezas envenenadas,Director.

—Oh, nada tan emocionante, me temo —replicó Dumbledore, jugueteando con una cajita de cartón con un lazo extravagante—. Se trata de un encargo. O más bien, una colaboración forzosa por parte del Ministerio.

Snape arqueó una ceja, expectante.

—Verás —continuó el anciano—, el Sr. Willy Wonka, el magnate chocolatero muggle, ha… expandido involuntariamente los límites de su fábrica. Sus experimentos con el cacao han creado una resonancia mágica inestable. Algunos de sus nuevos dulces exhiben propiedades que rayan en lo encantado, y el Ministerio de Magia no puede permitir que productos semi-mágicos incontrolados inunden el mundo muggle.

—Y qué tiene eso que ver conmigo? —preguntó Snape con una voz que goteaba hielo.

—Necesitamos a nuestro mejor maestro de Pociones para que evalúe las propiedades de estos… artículos. Deberás ir a su fábrica, analizar los ingredientes y los procesos, y determinar si su "magia" es reproducible, controlable o, por el contrario, debe ser suprimida. El Sr. Wonka ha sido notificado y, aunque algo reacio, ha accedido a la inspección.

Snape palideció visiblemente. —¿Me está pidiendo que sea niñera de un muggle chiflado que juega con chocolate?

—Te estoy pidiendo que sirvas a nuestro mundo de la forma única y brillante que sólo tú puedes hacerlo, Severus —dijo Dumbledore suavemente, pero con una firmeza que no admitía réplica—. Mañana a las diez. La dirección está en el sobre. Y por favor, intenta ser… diplomático.

Snape cogió el sobre con dedos que ardían de indignación. Diplomático. Iba a ser una pesadilla.