Capítulo único
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Nota: Día dos… Y esto salió desde el fondo de mi corazón luego de ver la temporada dos de la serie Kaulitz & Kaulitz, así que por eso tiene dosis de angst (angustia). No olviden comentar si les gustó.
Tom se sentía mal… No, no estaba enfermo, su malestar no era por algo físico, aunque en su interior se le apretara el estómago haciendo que le dieran ganas de vomitar. Sentía asco… Pero por él mismo.
Tenía dieciséis años, pero Tom sabía que esto no era de ahora… Esa sensación de culpa que lo removía por dentro.
Su madre les dijo desde pequeños que debían hacerse a la idea de qué por su enfermedad, Charlotte moriría en cualquier momento, y evidentemente Jörg, el imbécil que sólo puso el espermatozoide para que naciera y ni título de padre merecía, pues no era alguien con quién pudieran contar. Así que ella les pidió que siempre se aferraran el uno al otro, que Bill y Tom fueran su soporte, así que su lugar seguro siempre había sido su gemelo, y viceversa.
Pero también Charlotte le había mencionado a Tom, que debía ser un buen hermano mayor, así fueran sólo diez minutos de diferencia, Bill era su hermano menor, y a veces por su manera de ser es que Tom tenía que ser el cable a tierra para intentar detener la tromba que era su gemelo.
Sabía que Bill también lo protegía, sí, a su modo, como cuando eran niños, y tenían que actuar y Tom no quería ser visto como un niño que se orina a sus cuatro años, no, porque él era no era un niño meón, él había dejado de usar pañales a sus tres años, yendo al baño solo, todo un logro para que ahora tuviera que fingir que mojaba la cama, no, Tom era un niño grande de cuatro años, así que sintió sus ojos aguarse ante ello.
—Dame tu peluche, fingiré ser tú y lo haré por ti —dijo Bill de cuatro años, jalando su peluche, y Tom sintió su pequeño pecho apretarse, así su gemelo fuera tosco al quitarle el peluche, sabía que lo hacía por él porque lo amaba y quería que Tom no pasara por ello.
Y es que Bill era así, no quizá el más fuerte, el más masculino, y más bien era un insoportable egoísta… Pero lo amaba más que a nadie en el mundo.
Georg les había dicho muchas veces que Bill era egoísta, y Tom sabía que era cierto, su gemelo era una diva, que solía mandarles a todos, y sólo centrarse en él, como si el mundo girara a su alrededor.
—Pero no es malo —le defendía Tom a su gemelo menor.
—¿Y la vez que se burló de mí porque usé una chompa con oso, Tom? Siempre lo defiendes aunque sabes que es cruel —masculló Gustav.
—Ya tienes diecisiete años y pelos en los huevos, no estés teniendo un rencor absurdo por algo que pasó hace tiempo —se quejó Tom, frunciendo el ceño.
—Es porque tú también te burlaste, Tom, precisamente por seguir siempre a Bill. Y lo entiendo, es tu hermano, yo también los quiero mucho así sean un dolor de culo verdaderamente y muchas veces me saquen de quicio como los menores de la banda, pero Bill es egoísta, no es una ofensa, es una realidad, él sólo se ama a sí mismo, y por eso suele ser una mierda con el resto —acusó Georg.
—¡Bill no es una mierda conmigo! —defendió Tom a su gemelo, apretando los puños.
—Sí te trata como mierda muchas veces sólo que menos que al resto, y siempre lo defiendes… Porque, reformulo, Bill sólo se ama a sí mismo… Y a ti —refutó Georg.
Tom se quedó callado porque sabía que era cierto.
Tom también sabía que amaba a Bill mucho más que a cualquier persona en el mundo, incluso más que a su mamá. Que Charlotte misma les permitía todo, y contaba todo, siendo más una hermana mayor que madre, que como tenía el pensamiento de que podría morir en cualquier momento, vivía al máximo y… Ciertamente era más mujer que madre.
Tom no la culpaba, en realidad se sentía bien poder hacer lo que quisiera, aunque con ciertos límites, como que no pudieran traer novias a la casa cuando eran más pequeños… Y era lo normal si ellos tenían doce años, ahora que se ponía a pensarlo con cabeza fría, pero Bill se enojaba, porque ya habían besado a chicas, y pues eran mocosos hormonales.
Tom se masturbaba para lidiar con sus hormonas adolescentes, y Bill… Se frustraba más porque decía que era más fácil cuando las chicas lo masturbaban que cuando él lo hacía.
—Pero no es una gran ciencia, te la jalas y ya, usa saliva o alguna crema de mamá —musitó Tom cuando tenían doce años.
Bill fruncía el ceño, sonrojado. —Pero no se siente igual porque sé que es mi mano y no lo hago tan bien como las chicas que son mayores y más experimentadas.
—Eres un tarado e inútil, ven aquí —ordenó Tom y, bajo la premisa de que era su hermano mayor, masturbó a Bill.
Tom y Bill no buscaban justificar aquello, porque bueno, eran gemelos, habían nacido juntos, se habían bañado juntos, y de hecho… Hasta se habían besado con la misma chica por primera vez, y luego entre ellos, con el afán de mejorar sus técnicas para besar, la justificación de que eran hermanos y como una misma persona, así que no estaba mal, siempre habían sido el soporte y persona especial, su alma gemela.
El problema que tenía Tom, y por lo que sentía culpa, es que ya Bill no lo buscaba para masturbarlo, ni lo besaba para practicar. Ambos habían tenido sexo con chicas, sólo para buscar su propia culminación. Pero… Tom no podía sacarse de la mente a su hermano.
Y eso era lo que estaba mal y le daba asco, porque Bill era su hermanito, y Tom… No lo quería sólo como eso, es decir, sí, lo amaba como su hermano, pero también anhelaba volver a tocarlo, que se besarán de nuevo.
Tom se sentía enfermo, porque ya habían pasado cuatro años desde que tenía doce, pero no dejaba de sentirlo. Y era de antes… Tom había dedicado su vida entera a Bill, así dijeran que Bill pensaba que todo giraba alrededor suyo, para Tom era así, su mundo estaba alrededor de Bill.
Bill quiso ser cantante, y Tom aprendió a tocar la guitarra, y componer a su lado, porque Bill lo quería, y estaba bien con ello. Si Bill quisiera hacer otra cosa, sin irse de Leipzig, pues Tom hubiera aceptado ser lo que fuera con tal de quedarse a su lado siempre.
Y ahí estaba él, hecho un ovillo en su cama, llorando porque sabía que quería a Bill más de lo que se suponía que debía querer a un hermano, fingiendo siempre ser el fuerte, aunque sabía que no era así.
Era un pésimo hermano mayor, un enfermo por querer que su hermano practique besos o tocarlo. Por preferir masturbarse pensando en Bill, y disfrutar más con eso que con acostarse con chicas. Era un jodido enfermo.
No le gustaba tener que fingir ser un mujeriego, y a duras penas haberse acostado con menos cantidad de dedos de una mano. Él no era así. Porque no sólo quería sentir a Bill, tocarlo y… Chuparlo, porque sí, recordaba cómo es que quiso hacerle un oral, con la excusa de que así se correría más rápido pero Bill le dijo que no. Y era obvio que pues Bill le dijera que no porque una cosa era que lo masturbara con su mano y otra que lo chupara con la boca.
Pero era porque lo amaba, Tom amaba a Bill, así fuera algo enfermo, quería tocarlo, probarlo, y más porque el amor que le tenía era tan grande que debía demostrarlo en algo más que un abrazo o beso en la mejilla, sentándose ambos en el regazo del contrario o siendo muy demostrativos.
Eran hermanos, se supone que eso era normal, aunque muchas veces les decían que se pegaban demasiado o que era exceso de afecto entre ambos.
Pero no era normal que Tom se terminara pajeando furiosamente entre lágrimas por el olor o algún roce fraterno de Bill.
Su mismo gemelo, que como si le leyera la mente, entró con el ceño fruncido a la habitación de Tom.
—¡¿Dónde está mi paleta de sombras?! ¿Otra vez las escondiste? —preguntó Bill usando una toalla, con el cabello mojado y sin maquillaje, porque se iba arreglar para salir.
Tom se giró en su cama y puso la almohada encima para que no lo viera llorar.
—Está debajo en el cajón de mis medias —respondió Tom con la voz gangosa, y Bill lo notó, estaba llorando, por lo que suavizó su expresión, luego lo golpearía por esconderle su maquillaje, ahora su gemelo necesitaba tiempo fuera.
Bill cerró la puerta con seguro, aunque su madre no estuviera, pero sabía que Tom prefería que nadie lo viera llorar, sólo él, quién conocía la verdadera faceta de su gemelo.
Bill se echó en la cama detrás de Tom, abrazándolo por la cintura, y ubicando su quijada en su hombro.
—¿Qué pasó, Tomi? —cuestionó Bill, a la espera que el mayor se quitara la almohada y le hablara.—¿O no quieres hablar y sólo abrazo? —ofreció el azabache.
Tom se mordió el labio lagrimeando más.
—Sólo abrazo —respondió Tom, sacando la almohada de su rostro y entrelazando los dedos con los de su gemelo, sintiéndolo tan cerca suyo, que sólo rogaba no tener una erección, una dolorosa y culpable erección por el afecto sin doble intención de su hermano.
—Te amo, ratón. Si por alguna chica de mierda, sólo dime quién y esparciré el chisme de que tiene ladillas —ofreció Bill, frotando su mejilla contra las rastas de su gemelo, que eran tan suaves y olían a coco, a él le encantaba el aroma de coco por la cera de las rastas de Tom.
—No es una chica, Bibi —soltó Tom, disfrutando de cómo el menor lo apretaba tan fuerte que era como si realmente estuvieran de nuevo en el vientre materno, ¿tal vez así era como estaban? Evidentemente él no se acordaba de ello pero se sentía bien, aunque en sí supiera que se estaba mojando la parte trasera de su camiseta por el pecho mojado de Bill, y que en sí estaba con la entrepierna del menor a la altura de su trasero.
Tom no quería ni decirle que en sus fantasías no sólo soñaba con chuparlo, sino con Bill estando dentro suyo. Por más que muchas veces Tom cargaba a Bill, ya que Bill era un flojo que no le gustaba cargar absolutamente nada, ni ayudar a llevar los instrumentos, pues sí habían ocasiones dónde Bill por jugar o bromear hacía que Tom se sentara en su regazo, y el de rastas daba un brinco y se iba corriendo. Porque una cosa era que sí, él siempre cargara a Bill, pero no cuando era al revés…
Tom se excitaba más. Así que estaba conflictuado en este momento, agradeciendo que Bill no pudiera verlo, en lo que seguía llorando por ser un enfermo que amaba de más a su gemelo, y en este punto de consuelo, se estaba poniendo duro porque lo abrazaba y ponía el pene en su trasero. ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué no podía gustarle una chica a ese nivel? O un chico… No. Tom no podía ser gay, no.
Él sabía cómo trataban a Bill por maquillarse y ser afeminado, al igual que a Andy, no… Tom no podía con ello.
Cuando era más pequeño lo molestaban mucho por usar el cabello largo, o ser sumamente sonriente y expresivo con sus ademanes, comparándolo con una niña, así como a Bill, entonces Tom decidió que no, que él se aferraría a su masculinidad, cambiando su cabello largo por rastas, y evitando a toda costa resaltar sus rasgos andróginos, con Bill estaba bien, él podía hacerlo, él era lo suficientemente fuerte por los dos. Tom se encargaría de defenderlo de abusivos, pero no podría soportar que lo dijeran de él.
Y Tom sabía que en sí se quedaba viendo a muchos chicos, pero no lo decía nunca en voz alta. Bill sí le contaba que le gustaban chicos, o que se le hacía guapo uno de sus tíos, que en sí era el marido de su tía no de sangre, era más libre con ello. Tom no, no lo juzgaba, sólo… Se quedaba en silencio.
Bill era un chico, pero no uno cualquiera, era su gemelo, su otra mitad, y con quién tenía su vínculo más grande, a quien más amaba en el mundo, y por eso sabía que en sí Tom… Así fuera gay o algo, en sí estaría orientado a Bill siempre, que si hubieran sido niñas los dos, igualmente habría sido lo mismo.
—¿Entonces es un chico? —inquirió Bill con cautela, abrazándolo más posesivamente, frunciendo el ceño.
—Sí —soltó Tom, que no quería decirle que era gay, bisexual, o lo que diablos fuera, porque no había tenido una conexión tan estrecha con nadie como con Bill. Pero necesitaba decirle al menos algo, parte de su dolor porque su gemelo no lo juzgaría por gustarle un hombre.
—¿Quién es? ¿Qué mierda te hizo? Le patearé las bolas. ¿Es Georg? —preguntó Bill en tono enojado, aún sin soltar a Tom, quién frunció el ceño, notando cómo Bill parecía una serpiente alrededor de su cuerpo, ya que no sólo lo abrazó sino puso la pierna encima, teniéndolo en una presa apretada.
Tom trataba de conectar sus ideas pero tenerlo tan cerca le estaba haciendo que oxigenase más sangre a su pene que a su cerebro.
—¿Qué? ¿Georg? —se le ocurrió preguntar a Tom.
—Sí… He notado cómo lo ves a veces. Y cómo él te cuida, sí sé que es guapo, pero si te hizo algo le patearé las bolas porque sólo yo puedo golpearte y hacerte llorar por ello, no quiero que alguien te haga llorar por romperte el corazón, y mucho menos un anciano con acné —se quejó Bill y Tom rió en medio del llanto.
—Sólo es nuestro mayor por dos años, Bill. Suena como si estuvieras celoso —masculló Tom.
—Pues porque lo estoy, Tomi. Eres mío y de nadie más. Nací contigo, entonces por derecho me perteneces. Y sólo yo puedo ser el hombre de tu vida, porque pueden haber muchas chicas pero sólo un chico, que soy yo, tu gemelo, tu otra mitad. Entonces si un hombre mal nacido quiere estar contigo, que sólo sea un segundón de mierda que no te haga daño, porque siempre seré tu prioridad, que te trate bien, que no te haga llorar o lo patearé en las bolas —farfulló Bill contra su oído y Tom se estremeció soltando un gemido, porque lo que le dijo le sonó tanto a una declaración de amor, de posesividad y correspondencia que el de rastas no pudo evitarlo, tapándose la boca de inmediato cuando fue consciente de ello.
Pero era demasiado tarde, Bill sí lo escuchó, por lo que de inmediato bajó su mano a la altura de su entrepierna, sintiendo el bulto en los pantalones de su gemelo.
Tom quería que la tierra se abriera y se lo tragara en ese momento.
—¿Soy yo? —cuestionó Bill sin dejar de tocarle el bulto a su gemelo.
Tom se quedó quieto, pero Bill apretó más el bulto, y Tom tapó más su boca. ¿Qué mierda estaba haciendo Bill? ¿Iba a querer castrarlo o…?
Bill se separó, soltándolo, pensó que se iría a su propia habitación o lo insultaría, pero no, su gemelo lo volteó en la cama, viéndole fijamente.
—¿Me tengo que patear las bolas a mí mismo por hacerte llorar? —preguntó Bill observando a Tom con una expresión que sólo confundía más al de rastas, porque era entre preocupada pero… No había rechazo. ¿Quizá lástima?
Tom asintió, y Bill le quitó la mano de la boca, apoyando su frente contra la suya y soltando un suspiro sobre los labios de Tom.
—Qué alivio, lo bueno es que no siempre cumplo mis promesas. Pero… Se siente tan bien saber que no soy el único enfermo —barbotó Bill, sonriendo para besar a Tom, aún sobre su gemelo, quien abrió grandemente los ojos, procesando lo dicho, notando cómo Bill estaba sobre él, empujando sus caderas, sintiendo cómo crecía bajo toalla contra su dureza, y el de rastas lo veía con los ojos cerrados, sus pestañas largas, moviendo sus labios sobre los suyos, como cuando practicaban pero Bill ya tenía más experiencia, y dejó de quedarse como un cadáver, por lo que cerró los ojos y abrió los labios.
Bill le correspondía… Bill estaba metiéndole la lengua perforada, en lo que él mismo jugaba con sus labios, arrastrando su propio piercing contra la boca de Bill, y lo abrazó con sus piernas y también con su brazos en la nuca tatuada de su gemelo.
Bill sujetó las rastas de Tom, jalándoselas, disfrutando la textura y cómo se quebraba su gemelo bajo suyo, sin dejar de besarlo. Lo había amado tanto tiempo, odiando tanto el que ya después de tener sexo con chicas no pudiera pedirle que lo masturbe, o que intentaran practicar besos porque ya besaban otras bocas.
Pero ninguna como la de Tom, sabía que eran gemelos, y tal vez era narcisismo, sin embargo, Bill adoraba la boca de Tom, y su forma de besar… Tom, su ratón, su Tomi, quien estaba sufriendo en silencio, pensando tal vez que lo rechazaría o algo así, pero siempre habían sido los dos, el resto salía sobrando.
Bill metió la mano debajo de la camiseta de su gemelo, en medio de sus cuerpos, pero Tom se separó.
—Espera, ¿en serio vamos a hacerlo? Es decir… Sí quiero, he fantaseado mucho con que… Me mires, beses y toques, con esto pero… Somos gemelos —masculló Tom, sintiendo aquella culpa nuevamente dentro de sí—. Mamá me dijo que te cuide y… Siento que esto es mi culpa.
Bill bufó poniendo los ojos en blanco.
—Deja de culparte como si fueras el mayor por no sé cuántos años en vez de sólo diez minutos. No seas un ridículo, Tom. No soy un niño, sí, tal vez más infantil que tú. Pero es que desde pequeños mamá nos dejó de contar cuentos para decirnos la crudeza del mundo real, por eso me suelo aferrar a comportamientos de niño así tenga dieciséis años, siento que no fuimos niños por tener que pensar como adultos con el miedo constante de quedarnos solos y a la deriva. Nuestra madre no es alguien que estará con nosotros, y ella misma disfruta su jodida vida al máximo. ¿No que debemos estar siempre el uno para el otro? Pues que así sea. Te amo, me amas, eres mi gemelo sí, y esto… Es incesto, pero, no del tipo que alguien abusa de otro, o que es por morbo, sino que te amo, Tomi, te amo y por eso se me para contigo. Es sólo otra forma de demostrar el amor que te tengo… Así deja de culparte y… Vive cada segundo, tal cual dice la canción que hicimos. Porque si mañana nos morimos o es el último día, que me agarre entre tus piernas, Tom —terminó de decir Bill, para volver a besarlo.
Tom correspondió al beso sin hacer más preguntas, bastándole el argumento de Bill con referencias a sus canciones, que era romántico sí, y sólo lo estaba excitando más, dejándose en lo que su hermano sujetaba su cera para rastas, en lo que le bajaba los pantalones con ansiedad, casi bizqueando por el desespero.
Tom también estaba así, no era su primera vez, pero sería con Bill, en… Bueno, sí iba a ser de algún modo una primera vez porque analmente nunca había recibido nada.
Bill, sin embargo, es quien se hizo cargo, preparándolo con los dedos, lo cual le hizo pensar que sí se acostó con un chico antes, o tal vez anal con una chica, y le dio rabia a Tom, celos… Pero era normal suponía, aunque de igual modo se estremecía sintiendo cómo Bill giraba sus dedos, ensanchando su interior, en lo que su pecho se alzaba y bajaba, con el calor recorriéndole, haciendo que el dolor fuera sólo una leve incomodidad, porque quién estaba entre sus piernas era Bill, su hermano, su gemelo, su todo.
Tom jadeó fuerte cuando Bill hizo un giro con dos dedos dentro, sonriéndole como si hubiera ganado un premio, y siguió presionando más contra aquel punto que hizo que Tom se tuviera que tapar la boca para amortiguar los ruidos que iban a salírsele entre los labios.
—Ya estás listo —dijo Bill, sacando sus dedos y echándose más cera de rastas sobre el miembro, masajeándoselo mordiéndose la lengua al sentir por fin una atención sobre su propia erección.
Tom se relamió los labios al verlo acariciarse y luego el de cabello corto se ciñó sobre él, alineando su glande contra su hendidura, metiéndose poco a poco dentro de Tom…
Tom fruncía el ceño, pero Bill lo besó, sujetando su pene, jugando con el preseminal, de arriba abajo, en lo que le metía la lengua, y aquellas caricias junto con los labios de su gemelo, fueron relajándolo, hasta que Bill se metió por completo.
Tom abrió la boca… Era raro… Dolía sí, pero Bill le mordió el labio inferior y siguió masturbándolo, en lo que Tom empujó su pelvis contra el puño de su gemelo, pero al mismo tiempo, es que se empaló a sí mismo, haciendo que ese punto dulce lo tocara el miembro de Bill dentro suyo.
Por lo que Tom apretó más su interior por el deseo, y Bill empezó a moverse.
Tom lo miró, mientras lo tenía adentro, mientras remecía su interior, el rictus de concentración de su gemelo, la forma en que le besaba la mejilla o cuello, sin dejar de acariciarlo en el pene, algo torpe porque no coordinaba bien al hacer dos cosas a la vez pero de igual modo seguía teniéndolo en medio de sus piernas, con sus embestidas irregulares que lo estaban haciendo temblar.
—Te amo, Bibi —soltó acezado Tom, con la excitación apretándole el vientre, con el orgasmo pugnando por salir, pero también el corazón latiendo con fuerza porque era Bill, era tan intenso porque era su hermano, y con él todo era único.
—Te amo, Tomi —correspondió Bill, besándolo y empujando un par de veces para correrse dentro de Tom, apoyando su frente sobre la suya, y el de rastas por la llenura dentro de su canal, se terminaba viniendo en la mano de Bill.
Bill se salió con cuidado y lo abrazó por la cintura, pero ubicándose a su costado y no detrás de él como antes, respirándole en el cuello de igual modo.
—Ya no sufras, Tomi. Siempre te amaré. Te amo desde antes de nacer. Y si fuimos uno desde la concepción, pues el que te haga el amor sigue haciendo que seamos uno al estar así de unidos. No hay nada de malo en eso. Sé que es ilegal, pero ya verás, algún día seremos tan famosos que nos iremos de Alemania para siempre, o tendremos suficiente dinero para escaparnos a algún país de mierda dónde huiremos, nos cambiaremos de nombre y seremos los esposos gays que sospechosamente se parecen con miles de perros —masculló Bill contra el cuello de su gemelo, en lo que Tom acariciaba el brazo de Bill que lo rodeaba por la cintura, soltando un suspiro, intentando aferrarse a qué lo que decía Bill era cierto.
Pero Tom sabía que sería difícil, así vivieran cada segundo como decía Bill, este amor no lo comprendería el mundo nunca. Aunque de igual modo, estaban juntos, y aquello bastaba. Valía la pena seguir si se tenían el uno al otro.