Capítulo único
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Nota: El día tres días las premisas fueron cómo salir en citas sin ser funado en el intento, o coger y morir, así que sólo decidí escribir esta historia muy fumada con la premisa de coger o morir. Espero que se diviertan al leer y puedan dejar un comentario.
Lo sabían, Bill y Tom lo sabían, que algún momento Gustav se volvería completa e irremediablemente loco.
Desde que estaban se habían mudado los cuatro en su apartamento de Hamburgo, y Georg… Bueno, se la pasaba más fuera que con ellos, viéndose casi sólo para los ensayos o grabaciones del disco, porque más que nada se la pasaba donde Susanne, es que comenzó la decadencia mental del baterista, y los adolescentes de dieciocho años eran quienes iban a pagar las consecuencias de un amor no correspondido…
—¡Tengo que recuperarlo! ¡Él tiene que regresar conmigo y dejar a esa perra! —gritó Gustav encolerizado la primera vez.
Tom soltó un suspiro. —Pero, Gus… Ya Georg te superó, así que déjalo, y sigue tu vida también.
—¡No! ¡Él tiene que recordar que ella no puede darle lo que yo! —refutó Gustav con el ceño fruncido.
—¿Un masaje prostático? Técnicamente sí, pero un arnés con dildo —mencionó Bill sopesando la situación.
—¡Cállate, Bill! ¡Voy a recuperarlo a como dé lugar! —sentenció Gustav para luego encerrarse en su habitación.
Luego de ello, es que el baterista empezó a hablar solo, escribiendo en varias hojas lo que sería su plan para recuperarlo.
Tom se quedó sorprendido cuando encontró los papeles en la isla de la cocina.
—Gustav está cada vez más… Desesperado —comentó Tom a su gemelo.
—¿Y ahora por qué lo dices? Es decir, es evidente que lo está, Georg fue su primer todo —masculló Bill, alzándose de hombros.
—Sí, pero él… Bueno, sé que suena de locos, sin embargo, está planeando crear un polen sexual, que al uno estar en contacto con él, pues te excites, y debas follar sí o sí o sino te mueres porque sólo se desactiva este polen llegando al orgasmo. Según Gustav con ello Georg aceptará que cojan de nuevo, y bueno, recordará que sólo él puede… En fin, lo demás es muy gráfico, y eso que te lo digo yo —farfulló Tom poniendo expresión de incomodidad.
Bill se rió.
—Uy, ahora se volvió un científico loco —se burló Bill.
—Pues… No sé, suena descabellado, pero… Se ven cálculos y cosas así. Que realmente no comprendo, es decir, ¿siquiera esto es posible? —inquirió Tom arqueando una ceja.
Bill se alzó de hombros. —Apenas terminamos en línea la escuela, así que no me pidas que sepa un carajo de lo que demonios se necesite para poder crearse algo así.
—Pues sí, siento que sólo es una teoría fumada como la película “Querida, encogí a los niños” —mencionó Tom.
Bill asintió. —Sep, precisamente la desesperación le está afectando a ese punto. Debería cogerse a alguien para que ya se le pase esa estupidez.
Tom suspiró.
—Sí, en serio que sí —secundó Tom.
Pero realmente veían cómo es que Gustav persistía con aquella teoría digna de alguien que estaba encerrado en el manicomio. Y… Bill y Tom empezaron a temer cuando lo veían en la cocina con tubos de ensayo, pipetas, matraces y distintos implementos dignos de un laboratorio de química, en lo que realizaba experimentos.
Así que Bill y Tom sabían que en algún punto su amigo iba a terminar por volverse completamente loco.
Luego observaron cómo hacía ensayos con… Moscas, observando aterrados cómo es que encerró a dos moscas en un frasco con ese “polen sexual”, que era un polvo blanco, y veía cómo es que se montaba una sobre otra… O en el caso donde no se montaron y terminaron muertas dentro.
Así que Bill y Tom empezaron a pensar que realmente tenían que avisarle a David, o advertirle a Georg de que no le recibiera nada a Gustav por temor a que en serio Gustav terminara matando a Georg por no superarlo.
Gustav empezó a salir, con Bill y Tom totalmente aterrados cada que el baterista salía, sin querer decir a dónde, en lo que querían hablarle a Georg para corroborar si lo había ido a ver.
Y fue otro día más con Gustav saliendo de casa, en lo que Bill y Tom escucharon cerrarse la puerta, y salieron presurosos en su búsqueda.
—Puta madre, ¿y dónde se fue? —preguntó Tom, apoyándose en la isla, en lo que Bill se iba a abrir la puerta.
—Pues se fue rápido, porque ya no está —comentó Bill, girándose a mirar a su gemelo, y poniendo una expresión de terror—. ¡Tom, no!
—¡¿Qué?! —inquirió Tom asustado, volteando a ver si quizá Gustav había vuelto a ingresar por arte de magia, y traía un machete detrás suyo.
—¡Tu mano! —señaló Bill, totalmente afectado al observar a su gemelo.
Tom se fijó en su mano que estaba apoyada sobre la isla de la cocina… Donde había polvo blanco, se miró la mano y gritó. —¡AH, POLEN SEXUAL! —soltó el de rastas al darse cuenta que el maldito Gustav había dejado el jodido polvo blanco ahí, y él… Lo había tocado.
Bill se acercó hacia él, y lo abrazó. —No, Tomi, no… No quiero que mueras. No puedo vivir sin ti —masculló el azabache, poniéndose a llorar al apretar a su hermano contra él.
—Yo tampoco quiero morir… No así, apenas soy mayor de edad, y ni siquiera llegamos a Tokio… —sollozó Tom, correspondiendo al abrazo de su gemelo.
Bill se separó levemente de él, tomándolo por el rostro, mirándolo con el maquillaje corrido y la nariz roja. —Ya sabes cómo es esto… Lo dijimos antes, de que nacimos juntos y moriremos juntos —soltó solemne el más alto.
—¡Bill, no! —dijo Tom, pero fue demasiado tarde, su gemelo tocó la misma superficie, con la mano llena del polen sexual.—Bill… No debías… Carajo… Bill… —acotó el de rastas, sintiéndose miserable—. Por mi culpa vas a morir. Al menos podrían haber buscado otro guitarrista y seguir con Tokio Hotel, con tu voz y carisma, y Gustav en la cárcel, pero ahora vamos a morir los dos —terminó por decir llorando de rabia—. Yo no quería tener la culpa de tu muerte, no.
—No es tu culpa, Tomi, es el maldito de Gustav el culpable, y yo que no puedo vivir sin ti. No digas estupideces como que otro guitarrista puede reemplazarte, no, nadie puede, nadie serías tú, Tomi —masculló Bill apoyando su frente contra la de su gemelo—. Y en serio no puedo vivir sin ti.
—Y ahora moriremos juntos… —soltó Tom funesto.
—Aunque sí siento un poco de los efectos de las moscas la verdad, me estoy poniendo duro —mencionó Bill, no queriendo separarse de su gemelo, con las manos apoyadas en la cintura de Tom, en lo que su gemelo hacía lo mismo con él.
—Espera… Yo también. Es cierto —farfulló Tom, tomando a Bill por el rostro, haciendo que lo viera—. ¡Podemos salvarnos!
—¿Qué? —cuestionó Bill confundido.
—¡Sí, tenemos que coger para no morir! Si lo hacemos antes de que pase la media hora pues podemos sobrevivir, ¿no? Así como las moscas que cogieron, si tenemos sexo entre nosotros podremos vivir, Bill. Ahí decía en las anotaciones, orgasmo provocado por sexo con penetración desactivaba esta bomba de tiempo que tenemos dentro —explicó Tom recordando todo lo que leyó en los papeles de Gustav.
—Tom… ¿Me estás diciendo que quieres que te la meta? —interrogó Bill, tragando saliva nervioso, sonrojándose, porque realmente el polen lo tenía muy duro y podía sentir a su gemelo igual de duro contra él.
Tom boqueó igual de nervioso, sonrojándose. —Eh, sí, por sobrevivir, Bill. Esta es una situación de vida o muerte, no es como que importe si somos hermanos o no, ¿me entiendes? Sólo para evitar que muramos. Cosa de una vez, porque no es como que quiera que me cojas todo el tiempo, sólo para evitar morir, es decir, ni soy gay. No es como que haya fantaseado con que me folles o me meta los dedos o tenga sexo insatisfactorio con mujeres para ocultar mi homosexualidad y amor incestuoso que tengo por ti —barbotó el de rastas, riéndose.
—Ah, sí, claro —rió Bill de vuelta—. No es como que tampoco yo haya soñado con hacértelo, eso sería raro, somos hermanos. Sólo por sobrevivir, claro, algo de sólo una vez. Porque no es que me coja chicos rubios pensando que eres tú, o que cuando estamos en los conciertos me pongo detrás de ti porque me excitas, no, sólo es que canto porque eres el guitarrista y por la emoción del momento se me para. Ahora sólo por supervivencia, sí —dijo el azabache con la misma sonrisa nerviosa.
—Sí, sí, lo sé. Ahora mismo la tengo parada por el polen, no por otra cosa, eh, no vayas a pensar mal —musitó Tom.
—No, no, claro que no, también se me paró por el polen, claro —acotó Bill—. ¿Pero te lo puedo mirándote a la cara y besarte o eso lo haría muy raro? Es que me gusta besar en el sexo —mencionó el más alto, tragando saliva nervioso.
—A mí también me gustan los besos, así que está bien, todo lo que ayude a que lleguemos al orgasmo pronto para no morir —arguyó Tom, y Bill asintió, haciendo que ambos no supieran quién se acercó primero, porque terminaron lanzándose uno contra otro, pero estaban besándose, en lo que se agarraban del cabello ambos, cerrando los ojos mientras jugaban con sus lenguas en la cavidad contraria.
“Sólo por supervivencia”, se repetían en sus mentes, mientras empujaban sus caderas haciendo que chocaran sus erecciones aún cubiertas por la ropa.
Tom gemía contra los labios de su gemelo, quien hacía lo mismo, porque bueno, estaban bajo el efecto del polen, así que era de esperarse que ser besado tuviera esa sensación de quemarles el cuerpo entero, que Bill le pasara la lengua con piercing por el paladar haciendo que se le pusiera la piel de gallina a Tom, sólo era un efecto del polen, no porque le excitara su gemelo…
Que Bill le apretara el trasero a Tom, aún enfundados en esos horrendos pantalones anchos, sólo era por el polen… No porque realmente hubiera estado fijándose en el culo de su hermano cada que estaba en pijama o usaba ropa de baño. No… Sólo era el polen.
Tom se separó de su gemelo, quitándose los pantalones y ropa interior, mostrando su orgullosa erección, en lo que hacía lo mismo con Bill, al menos bajándoselo lo suficiente para que quedara libre la dureza de su gemelo… Fijándose que hasta allí Bill le ganaba por unos centímetros, pero se subió a la isla, abriéndose de piernas, en lo que se chupaba los dedos, para luego metérselos ante Bill, el cual se quedó boquiabierto observando la forma diestra que su gemelo se introducía los dedos, y cómo ponía rictus de concentración, el mismo que hacía al tocar la guitarra.
“Vaya, sí que tiene talento natural para ello, debe ser por tocar la guitarra”, pensó Bill, en lo que seguía viendo cómo Tom empujaba su trasero contra sus propios dígitos, mordiéndose el labio inferior, ensanchándose más, sintiendo cómo se tocaba la próstata y le temblaban las piernas, aunque en sí sabía que más que estimularse por dentro, era para abrirse para Bill, así que abrió los dedos como tijeras, boqueando en lo que sentía cómo sus miembro soltaba preseminal por la punta de su glande en lo que seguía dedeándose.
—Ya… Estoy listo —masculló Tom acezado, sacándose los dedos, en lo que se sujetaba el miembro, aún abierto de piernas.
Bill se sentó en la silla al costado de la isla, y lo tomó por la caderas, guiando su erección, para hacer que Tom se sentara sobre su polla, arqueándose, en lo que Bill lo besaba, empujando su pelvis, con el de rastas masturbándose mientras se empalaba a sí mismo, besando con ganas a su gemelo, en lo que iba dando sentones en la virilidad del más alto, quien lo apretó por las nalgas, haciendo que diera más botes sobre su miembro.
Por el apuro no estaban usando ni lubricante ni condón, pero igualmente, suponían por el polen, su excitación estaba en su punto más alto, así que Tom estaba gozando el sentir aquel ardor mientras que a cada bote la verga de su hermano le daba directo en su próstata, por lo que terminaba gruñendo y gimiendo contra la boca de Bill, quien le dejaría marcadas sus manos sobre su culo de tanto apretando con saña.
“Por la supervivencia…”, seguían repitiendo en sus mentes como mantra, en lo que Tom se pajeaba y seguía saltando sobre el regazo de Bill, apurando el orgasmo de ambos al apretar más sus esfínteres alrededor de la polla de su gemelo… Tenían que venirse antes de que terminara la media hora o morirían, y no, apenas tenían dieciocho años, ni siquiera eran mayores de edad en Estados Unidos, su carrera estaba en un punto alto… Así que debían vivir, su madre siempre les había dicho que vivieran, así que… Mejor debían dejar de pensar en su madre al estar cogiendo entre ellos, pero volviendo a concentrarse en sus bocas y las sensaciones de su cuerpo que no eran suyas… Sólo por el polen, sí.
Tom se quebró tanto, soltando chorros de semen entre ambos cuerpos, manchando las camisetas de ambos, apretando tanto el miembro de Bill dentro suyo, que se vino con fuerza en su culo. Se quedaron en aquella posición, viéndose con las bocas abiertas, casi sin aliento por el intenso coito fruto del polen sexual, quizá si no lo usaran para morir, podría servir como sustituto del viagra, pero se relamieron los labios, en lo que Tom se levantaba, con el trasero con semen, vistiéndose rápido, incluso sin lavarse, pero para no hacerlo más incómodo, y Bill hizo lo mismo, intentando no verse como un degenerado porque se le quería parar de nuevo al observar el culo de su gemelo chorreando.
Se sentaron en la sala y encendieron la televisión.
—Y bueno, sobrevivimos —mencionó Bill sin ver a Tom.
—Sí, hicimos lo que tuvimos que hacer por sobrevivir —secundó Tom, también sin ver a su gemelo.
—Claro, como esos que comieron carne humana de sus amigos que se murieron en la montaña —recordó Bill.
—Sí, sólo que nos comimos mutuamente de una forma no caníbal —coincidió Tom.
—Pero tenemos que decirle a Gustav que es un maldito enfermo de mierda al cual denunciaremos si intenta usarlo para violar a Georg —acusó Bill.
—Sí, apenas venga se lo diremos —cedió Tom.
…
Cuando Gustav regresó es que vio cómo los gemelos lucían desarreglados, con las camisetas manchadas y cara de enojo.
—¡Contigo queríamos hablar, Gustav! —soltó Tom, frunciendo el ceño.
—Sí, ven aquí —secundó Bill, con la misma expresión.
El baterista los observó confundido y se sentó frente a ellos.
—¿Qué pasa? —preguntó Gustav.
—¡¿Qué qué pasa?! Todavía tienes la osadía de preguntarlo. Has estado semanas y semanas obsesionado con tu ruptura con Georg, al punto de hacer un polen sexual para obligar a Georg a que coja contigo o se muera, y así hacer que regrese a tu lado —acusó Bill señalándolo.
Gustav soltó un suspiro. —Sí, estuve haciendo eso.
—¡No hables en pasado porque vimos tus experimentos con las moscas! —acotó Tom de brazos cruzados con expresión de reproche.
—Sí, las moscas que murieron lo recuerdo sí —cedió Gustav—. Y también las que se salvaron, aunque igualmente las vidas de unas moscas no duran mucho.
—¡Vas a hacer que Tokio Hotel se vaya a la mierda por tu obsesión! ¡Vas a matar a Georg! —gritó Bill, enojado.
—No, ya no, entendí que debo aprender a dejar ir —contestó Gustav.
—Espera… ¿Qué? —cuestionó Tom, parpadeando confundido.—¡Si te vimos salir todos estos días! ¡Estábamos aterrados de que nos llamara alguien diciendo que Georg murió!
—No, salí porque fui a terapia luego de ver morir a Mosquitera y Mosquitero, porque sentí que me había excedido, así que por eso empecé a ver al psicólogo —explicó Gustav.
—¡Mentira, si dejaste el polen sexual en la isla porque seguro se lo llevaste a Georg para que se muera! —replicó Bill, no tragándose sus mentiras.
Gustav frunció el ceño. —¿Qué?
Tom se levantó y señaló, sin tocar, el polvo blanco en la isla de la cocina.
—Ahí está, ¿ves? Polvo blanco, el polen sexual, tu veneno —masculló el de rastas.
—Eso es azúcar en polvo que se quedó porque el psicólogo me dijo que parte de dejar ir implicaba cerrar ciclos, así que le hice un postre a Georg para que comiera con Susanne, y me olvidé limpiar esa parte —respondió Gustav—. El polen sexual lo boté luego de la muerte de Mosquitero y Mosquitera —terminó por decir el baterista.
Tom y Bill empalidecieron.
—¿Me estás jodiendo? —interrogó Bill viendo a Gustav.
Gustav soltó un suspiro, se levantó y pasó el dedo por la superficie, saboreando un poco. —Azúcar.
Tom también pasó su dedo por encima y luego lo chupó levemente, notando que sí, era dulce, era azúcar en polvo.
—Así que bueno, fue un largo día, iré a dormir. Y ustedes báñense o algo, se ven de la verga en serio —dijo Gustav para meterse a su habitación.
Bill y Tom se miraron entre sí.
—Entonces te metías los dedos pensando en mí y por eso te preparaste bien, ¿cierto? —preguntó Bill, aunque en sí estaba afirmándolo.
—Y tú te frotas con mi culo en los conciertos y te follas rubios pensando en mí. Genial. ¿Nos ahorramos la charla incómoda y vamos a coger en la ducha? —ofreció Tom.
—Sí, mejor —cedió Bill.
Ambos se fueron en dirección a la ducha, donde cogieron contra las baldosas de la pared, ya sin mentirse a sí mismos porque nada de lo que hicieron fue por sobrevivir… Sólo era el empuje que necesitaban para demostrarse el amor que se tenían el uno al otro por años.