El amor es dar y recibir (Toll)

Summary

Día 5: Miedo (y/o calentura) por temor a ser descubiertos. Inspirado en declaraciones de los gemelos en el podcast y también escenas de la segunda temporada de Kaulitz & Kaulitz. Tom estaba enojado porque Bill no quería cumplirle una fantasía, haciéndolo ver como si sólo a él se le ocurrió, cuando no, quién le metió esa idea en la mente, fue su gemelo hace muchos años atrás.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Nota: Pues llegamos al día 5, conmigo y mi esquizofrenia de cosas que dijeron Bill y Tom en el podcast, Tom mencionó que cuando jugaron en el kindergarten “Mamá, papá y bebé”, él siempre era el bebé porque ni de chiste quería ser papá ni mamá, con la idea de nunca tener hijos, y Bill decía que debían quitar ese juego porque era muy sexualizado, lo demás son cosas que me imaginé desde mi esquizofrenia por momentos de la segunda temporada de su serie, en fin. Si les gustó no olviden dejar un comentario.

Tom y Bill estaban regresando después de grabar el podcast, en lo que el mayor lucía algo pensativo.

—Hasta acá se ve el humo que sale de tu cabeza, ¿qué tanto piensas? ¿Me debo preocupar de que choquemos en dirección a mi departamento? —inquirió Bill, en lo que veía de reojo a su gemelo.

Tom negó. —No, sí puedo hacer más de una cosa a la vez, no como tú. Sólo estaba pensando que como tendremos tiempo en tu departamento…

Bill sonrió de medio lado. —Quieres que pasemos “tiempo de gemelos”, entiendo, sólo que no puedo quitarme las uñas porque tengo la despedida de soltera de Susy, así que tendrás que prepararte solo.

Tom soltó un suspiro y puso los ojos en blanco.

—Como si aquello fuera una novedad en ti, siempre eres demasiado flojo para prepararme, Bill, estés o no con uñas postizas —se quejó Tom, que sabía que sí, Bill lo había preparado antes, más que nada cuando eran adolescentes, aunque muchas veces no tenía la paciencia para hacerlo, que incluso con uñas cortas, en varias ocasiones Tom tenía que prepararse solo.

Bill chasqueó la lengua. —Pues este flojo sí te coje bien.

—Sí, lo sé, y te amo así seas tan inútil hasta para depilarte mal hasta el trasero peludo que lucía como venas varicosas o tenga que siempre prepararme yo solo o seas un llorón que no quiso dormir al aire libre, dejándome con mi fantasía frustrada de coger acampando como Jack y Ennis en Secreto en la montaña. Sólo que pensaba en algo de lo que hablamos en el podcast —comentó Tom, en lo que seguía conduciendo.

—¡Me lo rasuré mal porque no estoy habituado a hacerlo por mí mismo! Aparte de que no es mi culpa que tú tengas más experiencia haciéndolo solo porque eres closetero y pasivo desde siempre, y ni digas nada de que no es mi puto problema que tengas esos gustos exóticos de querer coger ahí con los mosquitos y todo, al final lo hicimos fingiendo ser vaqueros en la despedida de soltero de Georg, así que te cumplí, no quizá al aire libre pero sí borracho usando lo gorro de vaquero —arguyó Bill, que Tom había estado muy borracho también, pero entusiasmado usando su propio sombrero vaquero en lo que le daba sentones encima, durando más que Bill en el toro mecánico, aunque igualmente no mucho porque borrachos todo era más torpe e intenso, y se corrieron pronto, aunque Tom estaba feliz con su fantasía cumplida de ser vaqueros follando, montando a Bill como si fuera su toro o caballo, uno que no lucía como un vaquero sexy musculoso súper masculino, pero sí que le excitaba porque era el vaquero twink que gemía rico mientras Tom se empalaba sobre su verga.

—¡Somos versátiles! Sólo que… Otra cosa es que prefiera más ser el pasivo, y tuve que aprender a depilarme solo desde antes porque insistías en querer hacerme el beso negro y que se te quedaban mis vellos entre los dientes, así que por eso era necesario, y por lo mismo es que hasta ahora lo hago en sólo esa zona de mi anatomía. Y sabes que tú eres gay por los dos, lo mismo conmigo que soy “hetero” por los dos, hacemos que nuestra bisexualidad sea compartida —acotó Tom.

—Porque te caga que públicamente yo pueda decir que me gustan un poco las mujeres, porque eso me haría “disponible” para ellas —masculló Bill, frunciendo el ceño.

Tom soltó un gruñido. —Motivos he tenido, y lo sabes bien, Bill —regañó y Bill sabía que era cierto, por los problemas de infidelidad que tuvieron antes con mujeres precisamente—. Pero ya, yo cedí a tus deseos de abrir nuestra relación, elegiste a Heidi desde que fuiste invitado a su programa en el 2012, para que fuera mi esposa, y ella tenía la mente lo suficientemente abierta con su fetiche de coger con dos gemelos, y por lo aceptó, no siendo como la inútil de Ria que siendo una escort le vino la moralidad cuando nos descubrió cogiendo y tuvimos que callarle la maldita boca pagándole las operaciones, estudios y un montón más en el divorcio. Aunque igualmente mira cómo estamos… Heidi jode bastante, y si bien cogemos los tres de vez en cuando, más están en una constante pelea entre ustedes por chocar mucho al ser dominantes.

—Ella que no entiende su jodido lugar, de que yo siempre estaré primero para ti, que así no sea legal, primero nos casamos simbólicamente hace mucho tiempo, y claro, está bien de que te use como esposo trofeo y toda esa mierda que dice, pero se pone como una perra insufrible tomando represalias porque dije sin querer que me casé contigo en vez de que te casé —barbotó Bill.

—Ay, Bill, podrás mentirle al resto, pero sé perfectamente que eso fue intencional. Porque eres así bien maldito, aunque Heidi con su regalo de cumpleaños dizque de “broma”, es porque es otra maldita, sin mencionar que hasta en la fiesta de Halloween siguió jodiendo —masculló Tom, recordando el regalo de bucear con tiburones, que bueno, le salió mal, porque si bien a ambos les da miedo los tiburones, aunque principalmente a Tom, y a Bill le caga el mar, porque no sabe nadar, de todas formas tuvieron un lindo viaje, y un momento muy especial entre ambos cuando los preparaban para bucear y recordaban que ellos eran su lugar seguro en su infancia, sólo que Heidi tampoco estuvo muy complacida cuando ambos hicieron temática de casino en su cumpleaños, porque su boda simbólica de los gemelos fue también en su cumpleaños en un casino que alquilaron por completo, y también porque la celebración que la extendieron por varios días, en una en específico lo hicieron como tal en un local con colores coral, en alusión a una renovación de votos de un matrimonio de treinta y cinco años, ya que así se hubieran casado simbólicamente mucho después, consideraban que eran un matrimonio como tal desde que ellos nacieron porque se amaron desde incluso desde el vientre materno, Heidi estaba muy enojada porque ella era legalmente la esposa, aunque sabía que Bill siempre era la prioridad de Tom.

—Y no te olvides que la muy hija de puta me quitó el acceso a tu casa, que dizque cada que quiero verte, debo tener su autorización con los malditos guardaespaldas —farfulló Bill frunciendo el ceño.

—Pero todo fue por tu jodida idea de abrir la relación, porque a mí no me gustaba la idea de compartirte, ni estar con alguien más. Pero tú fuiste el señor “ay, es para que no hayan más infidelidades y poder también darle gusto a nuestra vena bisexual”, ahí está pues. Yo siempre termino cediendo aunque no quiera, en parte me da un respiro el no tener que fingir más ser el mujeriego bajo la premisa de que “estoy casado”, porque era agotador cada mierda que soporté. Sólo que Heidi también jode mucho —mencionó Tom.

Bill puso los ojos en blancos. —Pero ya, dejemos de pelear. ¿Qué cosa del podcast es la que está relacionado con nuestro “tiempo de gemelos”?

Tom dejó de fruncir el ceño para sonreír levemente. —Que hablamos del juego de “Mamá, papá o bebé”.

—Ah, sí. ¿Y eso qué tiene que ver? Estaba criticándolo porque es verdad, es un juego que sexualiza mucho las infancias —farfulló Bill, sin hallar la relación.

—Sí, bueno, pero más bien me refería a cuando… Ya sabes, yo siempre decía que era el bebé —acotó Tom, sonrojándose.

—Sí, porque te cagaba que te dijeran mamá o papá —mencionó Bill.

Tom soltó un suspiro. —Sabes que era porque ser padre implicaba que no lo fuera contigo, tener un hijo humano significaba que lo tuviera con una mujer, y me aterraba pensar en tener una familia donde te perdiera.

Bill acarició el muslo de Tom, que sabía que era así, que ambos habían decidido sólo tener mascotas y no hijos biológicos por lo mismo, porque su amor había empezado desde el 1989, y por lo mismo es que nunca habían sido “normales”, desde pequeños se amaron y repitieron que nunca se separarían, por ello es que pese a la discusiones, infidelidades y demás, finalmente habían vuelto a sus orígenes, con Tom casado y Bill fingiendo ser el gay soltero sin amor propio que nunca tendría a alguien que estuviera con él o lo tomara en serio, a sabiendas de que ambos se permitían estar con otras personas, sí, pero avisándole al otro siempre, y todos los circos que tenían que mantener para no decirle al mundo que estaban en una relación incestuosa, porque el mundo nunca lo entendería, nunca estaría listo para saber la realidad de que ellos se amaban.

—¿Pero entonces eso qué tiene ver? —repitió Bill, enfocándose.

—Pues… Que a veces yo era el bebé y tú el papá —recordó Tom relamiéndose el labio inferior, a sabiendas de que sí, que como jugaban entre ellos con sus compañeros, Bill hacía de papá, Tom del bebé, y en ocasiones Bill de la mamá, pero dejándolo de hacer cuando algún idiota que era el papá quería besarlo, por lo mismo le cagaba que sexualizaran tanto las infancias porque ellos tenían seis años.

Tom, sin embargo, estaba pensando otra cosa, el cómo ambos tenían tanto problemas maternales, porque su mamá si bien los amaba, no había sido la mejor madre del mundo, por lo mismo le gustaban mujeres mayores, pero también que tenían problemas paternales por el abandono de su padre, así que también les gustaban hombres mayores, y así fueran gemelos de la misma edad, el saber que Bill era como su papá, o decirle papi en ocasiones, era algo que le excitaba a Tom.

—¿Y entonces? —siguió preguntando Bill, desesperándose porque no entendía la jodida conexión entre ambas cosas.

—Que podríamos recordar ese juego de niños… —masculló Tom con una sonrisa.

—Tenemos treinta y cinco años, Tom. ¿Te estás escuchando? ¿Por qué diablos jugaríamos a ser el papá y el bebé como cuando teníamos seis? —increpó Bill, pensando que su hermano estaba pasando una crisis de la mediana edad para querer jugar un juego del jardín de niños.

Tom chasqueó la lengua. —Quiero que juguemos así para coger, imbécil —soltó el castaño exasperado porque su hermano no entendía.

—Estás llevando nuestro incesto a otro nivel, Tom —musitó Bill, viéndole de reojo.

Tom frunció el ceño. —¿Ah sí? ¿Y cuándo yo fui la princesa Leia y tú Darth Vader no fue llevarlo a otro nivel? —interrogó el castaño enojado.

—Mira eso… —empezó a defenderse Bill—, era porque estabas con tus trenzas africanas, entonces al hacerte esos moños a los costados, los Puff estelares, pues… Se prestaba a la ilusión, y bueno.

—Te prendía decirme “hija” mientras me la metías y me decías que te llame papá, ni siquiera papi, sinopapá. Y encima ni me avisaste, por un carajo, me tapaste los ojos con una venda, bajo la excusa de que sería un fan enamorado y tú Samy Deluxe, por lo mismo de justificar que tu voz sonaba toda rara porque tenías que sonar más varonil como él, cuando me dijiste “Leia”, es que me saqué la venda y noté que sonabas raro porque traías una puta máscara de Darth Vader que incluía la voz de asmático —se quejó Tom y Bill chasqueó la lengua.

—Pero era una fantasía de personajes ficticios —rebatió Bill.

—Sí, una fantasía donde un padre se coje a su hija, siendo nosotros gemelos, entonces tienes los huevos de decirme que si quiero hacer que juguemos al papá y al bebé estoy pasando a otro nivel nuestro incesto, ay, por favor, Bill —masculló Tom.

—Quieres sexualizar un juego de niños con nosotros teniendo treinta y cinco años, haciendo que tú no seas mi hija mayor de edad, sino mi hijo un bebé con barba de 1.86 —refutó Bill.

—¡Me lo debes, esto no salió de la nada! ¿O ya olvidaste? —cuestionó Tom.—Siempre tú olvidándote todo como si fueras un anciano.

—¿De qué estás hablando, Tom? —interrogó Bill con expresión confundida.

Tom soltó un bufido exasperado.

—Estábamos en la escuela, teníamos quince años… El imbécil de Henry molestándome y nosotros en el baño —mencionó Tom.

Bill entrecerró los ojos, recordando que sí, odiaban a Henry, a otros compañeros, a sus profesores, a estudiar… La escuela en general pero… La unión de todo es lo que hizo que el rubio empezara a recordar.

Tom de quince años estaba con los puños apretados con el imbécil de Henry mirándolo.

—¿Qué pasó, Kaulitz? ¿Vas a llorar como un bebé? Porque eso eres, un bebé, siempre queriendo ser el bebé desde que era un niño de seis años. ¿Por qué quieres ser un bebé? ¿Por qué tu papá te abandonó? —molestó Henry.

—¿Y a ti qué mierda te importa si nos abandonó nuestro papá? Al menos nuestra madre nos quiere y no como a ti que tienes que joderle a la gente para tener la atención porque a nadie mierdas le interesas en tu casa, Henry. Incluso a nosotros nos toman más en cuenta con nuestra banda y nos largaremos de aquí algún día y tú serás seguirás aquí siendo un imbécil irrelevante —habló Bill, haciendo que el bully lo viera, poniéndose rojo de la rabia.

—Voy a golpearlos a los dos, par de maricones. Tú con tus faldas al cantar o tu maquillaje y pelos de erizo, y tu gemelo que se cree muy machito cuando ni con esa ropa ancha ni look masculino disimula su cara de niña, la misma que comparten ustedes como maricones que no llegarán a ningún lado y se creen la gran cagada —amenazó Henry, comenzando a acercarse con los puños, con Tom queriendo golpearlo también pero Bill pateándole en las bolas al matón, viendo al adolescente gemir de dolor, encorvándose y Bill tomó por la mano a Tom para que corrieran antes de que Henry pudiera recomponerse y golpearlos de vuelta.

Bill y Tom entraron al baño, metiéndose en uno de los cubículos, ambos acezados por haber corrido, en lo que escuchaban cómo se metía gente al baño.

—Odio a Henry —soltó en un susurro Tom y Bill lo abrazó.

—También lo odio, es un desperdicio de oxígeno, tal vez a él lo cagaron en vez de parirlo, porque suelta tanta mierda que parece un mojón —masculló Bill y Tom rió.

—Un mojón viviente como en South Park —acotó Tom, aún disfrutando de abrazar a su gemelo.

—Igualmente el Señor Mojón es superior a Henry, al menos tiene carisma, tal vez un matrimonio fallido con hijos pero sí vale más una caca ficticia que Henry —comentó Bill, en lo que pasaba su mano por la espalda de su gemelo.

—Yo no soy un bebé, Bill. Sólo… Que no quería ser una mamá o papá, la sola idea me aterraba, porque no quiero tener hijos nunca —confesó Tom contra el cuello de su gemelo.

—Yo sé, los hijos son gastos y nunca sabes si podrás cuidarlos o te morirás en cualquier momento —masculló ácidamente Bill, a sabiendas de que ellos tenían a su madre pero en sí no era una presencia perenne.

—No es sólo por eso —musitó Tom, hundiendo más su cara contra el cuello de Bill, como si fuera su refugio, en lo que lo apretaba por la cintura—. Es porque sería embarazar a una chica, y no quiero separarme de ti, ser un papá y tú un tío, no, si tuviera un bebé sería por alguna mutación genética como la de los caballitos de mar, pero en vez de que seas hembra, serías macho y podríamos tener nuestros propios caballitos de mar —confesó el de rastas.

—Tu obsesión con la sirenita está escalando a niveles estratosféricos, pero sí, lo entiendo, Tomi, no quiero que embaracemos a nadie y que seamos el tío, sería horrible. Sólo… Deberíamos quedarnos con perros, ¿sabes? Así no habría problema con decirles bebé y que somos sus papás, porque ellos son lindos y no entienden que sus dueños son un par de incestuosos —arguyó Bill, apretando también a Tom por la cintura, aún manteniéndose hablando en susurros en lo que escuchaban el cuchicheo fuera.

Ambos sabían que era difícil la situación en la que estaban, que no era normal y nunca sería aceptado el amor que se tenían, por lo mismo es que ellos estaban manteniendo aquel acuerdo de nunca tener hijos si significaría que el otro no fuera el padre sino el tío.

—Sí, sólo perros —cedió Tom, disfrutando de oler a su gemelo y sintiéndose así de cómodo en aquel abrazo apretado—. ¿Pero sabes qué es lo que más me caga de Henry?

Bill rió. —Y ahí vas de nuevo.

—Es que me dijo que soy un bebé porque nos abandonó Jörg Webber, y no, no llevamos ni su apellido, que se vaya muy a la mierda. No necesito un padre, que se joda —susurró enojado Tom, frunciendo su ceño.

Bill sabía que eso no era del todo verdad, porque en sí Tom había sido el más apegado a su padre, y que en sí buscando la validación de él es que había hecho varias cosas, sintiéndose feliz cuando lo llevaba en moto, porque en sí Jörg siempre se quejó de que Bill fuera siempre tan niña, que Charlotte era muy permisiva, y por eso él era así, incluso aunque él mismo se hubiera deslindado por completo de ellos, hablándoles esporádicamente sólo para darles un “tiempo de padre”, con Tom era quien se aferraba más a su padre, y luego sufría cuando se iba o lo insultaba a Bill. Así que Tom se había decidido a odiarlo, aunque en realidad Bill sabía que era una relación amor/odio, y carencias paternales, que él mismo también tenía.

—No interesa eso —habló Bill en voz baja, decidiendo que necesitaban algo de distracción, incluso aunque estuvieran en el cubículo del baño de la escuela—. Porque tú sí tienes un papá que te quiere mucho —masculló el de cabello corto, Tom se separó levemente para verlo confundido.

—¿Ah? —inquirió Tom sin comprender.

Bill lo miró y rió. —Cuando jugábamos a “Mamá, papá o bebé”, y tú siempre eras el bebé, yo era tu papá o mamá en ocasiones raras, pero bueno, mayormente era tu papá, así que soy tu papá que te ama y tú mi bebé —aclaró.

Tom rió ante ello. —Eres un papá muy extraño.

—Y tú un bebé muy grande pero al final de cuentas eres mi bebé, Tomi —farfulló Bill, tomándolo por las mejillas en lo que se las acariciaba con cariño, dejándole un beso en los labios, que su gemelo correspondió—. Un bebé que va a complacer a su papi… —acotó el de cabello corto, pasando sus labios por el cuello del de rastas, haciendo que el rubio se estremeciera.

—Espera… Bill… Eso… No está bien por varios motivos —arguyó Tom, queriendo empujar a su gemelo—. Pero principalmente porque estamos en el puto baño de la escuela —dijo el rubio, en lo que Bill dejaba de agarrarle las mejillas, para tomarlo por el trasero, pegándolo a su cuerpo, haciéndole sentir que se había puesto duro, y Tom mismo se estaba excitando por el retorcido de su gemelo, pero no, estaban en la escuela, con gente fuera del cubículo, en cualquier rato alguien estaría tocándoles la puerta por tardar tanto, por más que Bill besándole el cuello lo hacía pensar con la cabeza de abajo, debía ser el racional, como siempre, entre los dos.

—Shhh… Sé un bebé obediente, cállate, y todo saldrá bien. No hagas que papi te castigue, bebé —siguió Bill, dándole una nalgada que hizo que Tom diera un brinco por lo sorpresivo.

—Carajo, Bill… Nos van a descubrir… —refutó Tom, con miedo y excitación recorriéndole el cuerpo.

—Los bebés no dicen groserías… —advirtió Bill sin salirse de su personaje, y volteando a Tom contra la pared del cubículo, en lo que le bajaba los pantalones anchos y bóxers, con el de rastas siendo consciente de que sí iba a pasar, Bill se lo iba a hacer en el baño de la escuela, y no es que su gemelo estuviera forzándolo, porque si bien Bill siempre era el más tosco de los dos, pegándole a cada rato, en sí Tom también le pegaba de vuelta, y fácilmente podría soltarle un puñetazo o patada en las bolas para que dejara de pensar con la polla, pero no, le excitaba el morbo de hacerlo allí, y al escuchar el cierre de Bill ser bajado, percibiendo la erección de su gemelo en medio de sus nalgas pues se ponía más duro—. Ahora tendré que darte tu lechita, bebé…

Bill, como adivinándole el pensamiento, le tapó la boca a su gemelo, para evitar que gimiera, en lo que con la mano libre se chupaba los dedos para luego dejar de frotarse con el culo de Tom, y colar sus dígitos ensalivados dentro del trasero del de rastas, aún tapándole la boca, y él mismo mordiéndose el labio para no soltar ningún gemido al percibir aquella estrechez alrededor de sus dedos, con su propio pene goteando en la punta de lo excitado que estaba, porque aún se escuchaba a la gente fuera. Y comenzaron a tocar la puerta, pero Bill no paró, abriendo más a Tom con sus dedos.

—¿Qué no puedes tomar más agua para no demorar tanto cagando? —preguntó la persona que tocaba la puerta.

—¡Déjame cagar en paz! —gritó Bill, en lo que Tom se arqueaba porque su gemelo le rozó la próstata, el de rastas atemorizado porque su gemelo estaba como si nada hablando mientras le metía los dedos.

—¡Come más fibra en tu dieta y caga en tu casa, que el resto queremos usar el baño también! —refutó otra vez la persona.

—¡Pues si me sigues interrumpiendo voy a tardar más, mierda! ¡Qué mi caca es tímida y se mete de nuevo si me estás hablando, por un carajo! —replicó Bill, y Tom cerraba los ojos, aún con la mano de su gemelo tapando su boca y pensando que quien debía taparse su jodida boca era Bill por las estupideces que decía.

Pero no pudo seguir concentrándose en Bill con su pelea con su compañero de escuela, porque le sacó los dedos, escupiendo para luego ponerle el miembro contra su culo, metiéndose poco a poco, en lo que el otro muchacho seguía reclamando por fuera, mientras que Bill se mordía el labio inferior, blanqueando los ojos al introducirse dentro de Tom.

Tom bajó su mano, masturbándose, en lo que Bill comenzaba el vaivén dentro suyo, ambos en silencio, apretados en aquel cubículo, con los gritos por fuera, el temor a que en algún punto pudieran lanzar esa puerta abajo y encontrarlos así, con Tom contra la pared, con su gemelo metiéndosela con fuerza… Pero ese morbo y temor lo excitaban, por lo mismo es que no podía quejarse, sólo tenía el deseo más acrecentado dentro de sí, en lo que Bill le susurraba contra la nuca que era su bebé y él su papi que le daba lechita, maldito degenerado de mierda al que amaba, y cómo le encendía ese baboso, que seguía estimulándole la próstata, apretándole con fuerza la mano sobre sus labios.

Tom siguió jalándosela furiosamente, tan enfermo y enamorado del imbécil de su gemelo, corriéndose con fuerza contra su mano, y haciendo que Bill se viniera dentro suyo.

Se limpiaron con papel higiénico y acomodaron las ropas para luego salir del cubículo.

—¿Estaban los dos adentro? ¿Qué mierda? ¿Acaso cagan al mismo tiempo? ¿Es una cosa rara de gemelos? —inquirió Brian, quien era el que estaba tocando con tanta insistencia.

—Ya métete al baño, ¿no que tan urgido por usarlo? Tom me echa porras mientras cago, sí, es cosa de gemelos, no lo entenderías —soltó Bill, yendo a lavarse las manos.

Brian puso expresión de asco por pensar en quedarse ahí mientras alguien defeca pero entró al cubículo.

Tom se lavó las manos y cara, queriendo que la tierra se lo tragara a veces, y agradeciendo que su compañero no se hubiera dado cuenta.

Bill vio a su gemelo y empezó a reír.

—Ah, sí, es cierto, esa vez —cedió Bill—. Qué buenos tiempos, Brian nunca lo notó, por más que el baño olía a sexo y no a excremento, pero supongo que entre la pésima higiene de los baños de la escuela se perdía el aroma.

—Ay sí… Pero ya, así que no me vengas a decir que soy yo el de las ideas raras cuando tú fuiste quien lo pensó hace años, no yo —acusó Tom.

Bill soltó un suspiro. —Ya está bien, seré tu papi y tú mi bebé al llegar a mi departamento.

—¿Ves? Nada te costaba —masculló Tom, en lo que estacionaba el auto porque habían llegado.

—Pero entonces luego me vas a cumplir la fantasía que viví a través de Georg —acotó Bill. Tom frunció el ceño.

—¿Cuál es esa? —interrogó Tom.

—Que te pongas pastel en el culo y comerlo de allí —acotó Bill recordando que pidió expresamente que hicieran eso las strippers porque era algo que él quería vivir.

Tom se sonrojó. —Está bien —dijo el castaño, en lo que salían del auto.

El amor era dar y recibir, y en este caso, Bill le cumpliría una fantasía a Tom, y Tom también luego le cumpliría una a Bill.