Capítulo único
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Nota: Pues llegué al día 7 del incestember, en este caso ubicándolo en el universo real, y bueno… Todo esto salió de mi esquizofrenia (exceptuando la broma final que es por un chiste que salió en redes), en fin, si les gustó no olviden dejar un comentario ;)
Bill y Tom desde pequeños habían escuchado las peleas de sus padres, y normalmente lo que hacían era encerrarse en su habitación, pero con uno de ellos metiéndose en la cama del otro, cubriéndose con la colcha encima de sus cabezas, en un abrazo muy compacto donde uno le apretaba los oídos al otro para no escuchar más los gritos de papá y mamá.
Porque aquello de alguna manera los ponía muy tristes, no lo entendían con claridad, pero aquellas palabras era hirientes, y dolorosas, y muchas veces los mencionaban a ellos en aquellas discusiones, así que lo mejor era distraerse y evadir la realidad entre ellos, en su burbuja, donde se sentían protegidos con las manos contrarias sobre sus oídos, mientras lloraban, ofreciéndose un consuelo mutuo.
Después de que su padre se fuera, es que pensaron que habría silencio por las noches, pero no… Mamá salía siempre, dejándolos a ellos sin mayor cuidado, porque a veces las niñeras no soportaban sus travesuras, y decían que pues ellos eran perfectamente capaces de cuidarse por sí mismos a los seis años.
Pero Bill y Tom no sabían cocinar, su propia mamá no era la mejor cocinera, salvo por sus huevos con mostaza, todo lo demás era algo que no podría considerarse lo más rico, no como los sándwiches muy elaborados que les hacían a sus compañeros en el jardín de infantes.
Sin embargo, como mamá siempre les había dicho que ella no estaría para siempre con ellos, y sabían que papá no era una opción, pues mamá siempre les decía que ellos eran el soporte del contrario. Así que Tom como “hermano mayor”, ponía una sillita para poder subirse a la mesada, y sacar galletas o cereales para ponerle leche y para poder cenar su hermano. Lo mismo era para irse a la escuela, Tom hacía los sándwiches con jamón, cortándole los bordes a los de Bill, porque no le gustaba, y luego los ponía en bolsas que llevaban ambos, sin contar con jugo o algo, por lo que sólo bebían agua.
Lo bueno es que al menos una vez al mes mamá los llevaba a comer al McDonalds, y ahí sí podían comer gustosos una hamburguesa de queso con coca cola, aunque mamá les regañara si comían con desesperación, porque eso los hacía lucir como lo que eran: pobres, así que intentaban comerlo lento aunque en grandes bocados porque realmente esperaban muy ansiosos ese día al mes para comer las papas con mayonesa, y la hamburguesa. No podían reírse muy fuerte o mamá se enojaba, no le gustaba que se vieran mal frente a la gente, así que ellos se mantenían tranquilos, riéndose en voz baja al mirarse entre sí, con Tom a veces quedándose con hambre, pero Bill le daba sus papitas diciendo que ya se había llenado, no lo había hecho porque llegando a casa comía más, sin embargo, sí era lindo cuando Bill le daba de sus papitas, sabiendo que Tom era más hambriento que él.
Mamá solía traer varios hombres a la casa, siempre diferentes, pasaban la noche en su habitación, con Tom encerrándolos dentro de la suya, en lo que se oían ruidos raros del otro cuarto, para lo que Tom volvía a taparle los oídos a Bill, y Bill a Tom, porque tampoco les gustaba oír aquello.
Pero luego vino Gordon, y él era genial, era gracioso, tocaba en una banda de rock, y le estaba enseñando a Tom a tocar la guitarra, porque Bill quería cantar, y Tom sabía que si su gemelo quería cantar, para no separarse nunca de él, es que él tenía que aprender a tocar algún instrumento para mantenerse a su lado.
Por más que compartieran cuarto, y tuvieran un camarote con dos camas distintas, pues ellos a sus siete años, igualmente solían turnarse para uno dormir con el otro, mayormente era Bill quien decía que tuvo pesadillas y por eso se dormía junto a su gemelo, y estaban apretados pero igualmente no les molestaba porque se sentía bien el dormirse con el olor del otro, les daba una sensación de hogar y seguridad, por más que ambos siempre soñaban que flotaban en el aire, y que la psicóloga de la escuela cuando los hizo dibujar un hombre, ambos no pusieron un suelo debajo, y ella les dijo que era porque no tenían una sensación de seguridad.
Pero a ellos no les interesaba, porque sí sentían seguridad el uno con el otro, abrazados y oliéndose mutuamente.
Sin embargo, los gritos regresaron… Y era difícil saber quién era el problema en sí, ya que mamá peleaba con papá, y ahora mamá peleaba con Gordon, pero siempre gritos… Y aquellos les hacía estremecer, por lo que volvieron a taparse los oídos mutuamente.
Pero Bill soltó a Tom, e hizo que alejara sus manos de sus propias orejas, y su gemelo lo miró confundido.
—¿Por qué no me tapas? —cuestionó Tom, con expresión de incomodidad en lo que sonaban los gritos y ruidos de golpes.
—Hay que distraernos de otra forma, porque siempre se filtra el ruido así nos tapemos —dijo Bill.
—¿Cómo lo haremos? —inquirió Tom.
—Voy a ponerme sobre ti, y te besaré, como lo hacía el hombre que vimos con mamá —dijo Bill—. Ella hacía sonidos horribles pero se veía feliz, eso nos distraerá para no oír los gritos porque ellos no nos escucharon cuando les decíamos que teníamos hambre —terminó su explicación su gemelo.
Tom frunció el ceño. —Pero eso no está bien —señaló—, eso se hace entre hombre y mujer, y también que no son familia.
—Entonces luego nos castigaremos por hacer algo malo —respondió Bill.
—¿Cómo así?
—Me jalaré varios cabellos, y tú harás lo mismo. Mamá decía que con los castigos se olvida todo lo demás —arguyó Bill.
Tom lo analizó con su mente de niño de siete años, que sí, era algo que estaba mal, pero que si recibían un castigo, ya estaría bien con ello, en lo que seguían los ruidos fuertes afuera, así que Tom asintió, echándose en la cama y Bill posándose sobre él, poniendo sus labios por encima, sin moverlo porque no sabía cómo hacerlo, pero imitó los movimientos que hacía el hombre que estaba sobre su mamá, y es como ambos entendieron que sí podían apagar los gritos haciendo aquello.
Aquel “juego de niños” siguió repitiéndose más de una vez, siempre que habían gritos de los malos o gritos de los buenos, ellos manteniéndose en aquella burbuja y castigándose mutuamente al quitarse los cabellos. Pero conforme siguieron creciendo es que notaban cómo manchaban sus pantalones con semen después de aquellos momentos compartidos de los no sabían ni mamá ni Gordon.
Y a veces sentían que no era suficiente con aquello. Por más que tuvieron novias desde los trece años, al intentar hacer las mismas cosas con ellas, se sentía diferentes, y aparte, como ellas eran mayores pues querían algo más, por lo mismo es que Bill y Tom de trece años supieron lo que era recibir un oral, hacerlo, o tocar con dedos a una chica en su vagina hasta finalmente tener sexo con ellas.
Aunque no se sentía igual, nunca era igual… Y no tenía sentido el castigarse cuando lo hacían con ellas, porque era lo que se esperaba, lo “normal”, porque ellas eran mujeres y no eran su familia.
—Tomi, yo no soy mujer —comentó Bill a su gemelo.
—No lo eres —cedió Tom.
—Pero sí uso faldas a veces, me maquillo y así, no quiero ser mujer, pero de algún modo parezco una para el resto —acotó Bill de trece años.
—Sí, pero no interesa, somos hombres y estamos bien con eso —intentó reconfortar Tom a su hermano, para que no se sintiera mal por ser diferente, él mismo había recibido el mismo trato desde más pequeño, porque tenía el cabello largo, y el mismo rostro andrógino que Bill, por lo mismo es que decidió hacerse rastas, y tener un look masculino que no acentuara sus rasgos femeninos, pero estaba bien con que Bill sí quisiera hacerlo, él siempre lo defendería y haría sentir bien con lo que quisiera hacer.
Bill miró a su gemelo, como teniendo algo más en mente, y Tom lo sabía, había algo que quería decirle. —Ojalá sí fuera una mujer.
—¿Cómo… Cómo esas personas que…? —inquirió Tom, que no sabía mucho, sólo que habían personas que eran hombres que querían ser mujeres y viceversa.
—No, no así —musitó Bill—. Me gusta ser chico. Sólo que sería más fácil si fuera mujer.
Tom no entendía a qué se refería su gemelo. Al menos no en ese momento.
Dado que ambos salían con chicas, es que no volvieron a hacer aquellos juegos de niños, aunque igualmente todavía lidiaban con las peleas de su mamá con Gordon, o sino con las noches que tenían sexo ruidosamente.
Por lo mismo es que Bill y Tom se escapaban por la ventana, yendo a las casas de sus novias, quedándose a dormir incluso, sólo para no lidiar con aquellos gritos. Aunque no se sentía el consuelo y afecto que tenían con su gemelo.
Cuando cumplieron dieciséis años, con cada uno teniendo su propia habitación, es que Bill entró intempestivamente a la habitación de Tom, sin hacer ruido en realidad, pero sí tomándolo por sorpresa a su gemelo.
—¿Qué pasa? ¿Por qué entras así? —inquirió Tom, quitándose los audífonos, y viendo cómo Bill se metía sin permiso a la cama de su gemelo, y el rastas sólo los cubría a ambos con la sábana.
—Quiero que mamá se pelee con Gordon —dijo Bill en un murmullo contra el rostro de su gemelo.
Tom lo miró confundido.
—¿Por qué? ¿Para que él se vaya como papá? —cuestionó Tom, y Bill negó.
—No. Es decir… En realidad si bien me cae bien, sé que podríamos seguir viéndolo incluso si él se aleja por completo de mamá, pero no es por eso —respondió Bill críptico, viéndolo con ojos brillantes.
—¿Entonces por qué quieres que se peleen? Aparte es medianoche y no están haciendo bulla, así que deben estar completamente dormidos —susurró Tom sin comprenderlo.
—Porque quiero jugar contigo y quitarme los cabellos como cuando éramos niños —mencionó Bill.
Tom tragó saliva. —Bill, eso no está bien, es decir, sí, tenía sentido en ese tiempo, pero sabes que no deberíamos haberlo hecho, por lo mismo no hemos hablado de ello y hacemos como que nunca pasó —intentó razonar el de rastas.
—Pero, Tomi… ¿Por qué estaría mal? ¿Por qué somos dos hombres? Eso sería homofóbico —increpó Bill.
Tom soltó un suspiro. —Porque sería incesto.
—Incesto sería si quisiera cogerme a mamá, contigo no es así, por más que me cuides como una mamá o cargues a veces, no eres mi mamá, eres mi gemelo, éramos un mismo óvulo unido con el espermatozoide de Jörg, un cigoto o como se llame, un mismo ser que se dividió en dos. Somos lo mismo, una persona en dos cuerpos, sería como una masturbación a gran escala —arguyó Bill.
—Pero yo no soy gay —mencionó Tom con la voz quebrada, y Bill lo sabía, que a su hermano también le gustaban los hombres pero nunca lo diría.
—Pues siempre me dicen que parezco mujer, así que piensa en ello, no es tan gay si lo haces con alguien que parece una mujer —comentó Bill, en lo que él mismo sabía que desde sus trece años sabía que sería más fácil si él fuera una mujer porque no entendía bien lo de los homosexuales, y como siempre repetían que las relaciones se daban entre hombres y mujeres, pues sería más fácil si él fuera una mujer, o Tom mismo, para poder hacerlo sin problemas como con sus exs, pero no, él amaba su pene, sólo era el saber que sería más fácil.
—Tenemos la misma cara —acotó Tom.
—No, tú eres más bonito, pero nunca lo diré en frente de nadie. Frente a todos diré que el más guapo soy yo, y tú eres el gemelo horrible —bromeó Bill soltando una misma risilla que Tom correspondió.
—Me refiero que si pareces mujer, yo también —acotó Tom.
—Pues sí —cedió Bill, alzándose de hombros—, pero es más fácil de disimular si no te maquillas y mantienes ese look así masculino siempre.
—Lo sé —respondió Tom, que precisamente por eso se mantenía así.
—Pero… Míralo así, si yo luzco como mujer, y tú eres hombre, pues eso no te haría gay, Tomi. Sólo estarías conmigo —mencionó Bill contra sus labios, viéndolo con fijeza.
Tom tragó saliva, sintiendo cómo se calentaba sus mejillas al sentir el aliento de Bill contra su boca, recordando esos besos torpes que tenían cuando eran niños, que eran todos babosos e inexpertos, y cómo Bill se movía sobre él, frotándose con su misma torpeza, pero finalmente encontrando mucho placer en ello, porque era él… Que sus orgasmos más intensos los había tenido con su gemelo sin necesidad de quitarse la ropa, y que por más que estuvo con otras chicas no había punto de comparación. Estaba mal pero… Sabía que era Bill, que por él era que era así de intenso, incluso cuando no tenían ni idea de lo que hacían y eran vírgenes.
—No quiero pensar que era una chica, Bill —refutó Tom.
Bill sintió el rechazo en aquella frase, pero Tom lo tomó por el rostro, haciendo que lo viera.
—Porque sólo quiero que seas tú, Bill, mi gemelo, mi hermanito menor —masculló Tom, con la garganta apretada.
Bill observó de vuelta a su hermano, incluso en la oscuridad podía ver su rostro y sus ojos que eran sinceros, Tom estaba nervioso sí, podía notarlo, y sentirlo a través de su conexión, pero no había rechazo en él.
Bill sujetó las manos que tenía Tom sobre él, quitándolas pero para acercarse a besarlo, empujando a Tom debajo suyo, como cuando eran niños, sin embargo, en esta ocasión sí besándolo con la experiencia que había ganado al besarse con otras personas, aunque, tal cual Bill lo sospechó, era completamente distinto, al percibir ese piercing en el labio contra el suyo, al meterle la lengua, haciéndolo sentir su propia perforación en la cavidad de su gemelo, quien le correspondía, con más habilidad también por la experiencia previa es que ambos lo sabían… Era más fuerte e intenso, porque eran los dos. Porque no era una chica o un chico cualquiera, sino porque era Bill, y era Tom… Eran ellos.
Por más que aquel beso estuviera prohibido, incluso siendo ilegal en Alemania, ambos sentían que era correcto… Que sus labios habían nacido para estar unidos así, besándose, haciendo que su sangre bullera con más rapidez, calentando desde sus mejillas hasta toda la extensión de sus cuerpos, mientras se movía contra Tom, aún usando la pijama, en lo que seguían jugando con sus lenguas, ambos ansiosos, tocándose por encima de la ropa, con la búsqueda de algo más… Esta vez no sería suficiente sólo friccionarse con la ropa puesta, que sí, sentían cómo aquel calor estaba poniéndolos duros en sus pantalones de pijama, cómo es que era tan intenso el sentir sus durezas la una contra la otra, incluso más excitante que frotarse contra las bragas de una chica, que tenía una humedad y suavidad, pero no, para Bill y Tom era más placentero sentir sus miembros, que sí, se estaban mojando por la excitación, sin embargo, estaban rígidos, y aquello seguía sintiéndose mejor, más correcto, porque eran hombres y también gemelos, pero porque aquella dureza era la de su gemelo.
Podrían probar otros cuerpos, otras bocas y… Nunca sentirse así, Tom abrazó a Bill con sus piernas, en lo que movía su pelvis contra la de su gemelo, con más insistencia, como anhelando su culminación.
—No… Esta vez lo haremos sin ropa —susurró Bill contra los labios de Tom, y este asintió.
Se quitaron las pijamas, observándose cómo lucían tan parecidos por debajo de las prendas, incluso con sus miembros, y cuando Bill se echó él, Tom nuevamente lo abrazó con sus piernas, moviéndose frenéticamente, con ambos jadeando, pero sin hacer esos ruidos fuertes que les hacían taparse los oídos o tocarse de niños para distraerse, y Bill pensó que quería más…
Bill manoteó en la mesa de noche de Tom, sujetando la cera para rastas de su gemelo.
—¿Qué mierda haces? —inquirió Tom en voz baja, sin comprender.
—Necesito algo cremoso que resbale… Esto servirá —mencionó Bill también en voz baja, abriendo el pote, en lo que ponía la cera espesa contra sus dedos, y los dirigió contra el trasero de su gemelo, quien soltó un gemido al percibir aquellos dedos metiéndose en su interior—. Shh… Guarda silencio o mamá y Gordon te escucharán —advirtió el de pelo corto, clisándose sobre el cuerpo de su gemelo, besándolo, en lo que empezaba a girar sus dedos, como cuando tocaba a las chicas, claro, Tom no era una chica, pero precisamente por ello, el culo de su gemelo no lubricaba para recibir un pene, así que se mantuvo dilatándolo, en lo que sentía cómo Tom hacía sonidos contra su boca, aferrándose a los cabellos cortos de Bill, que sin la laca, estaban suaves, y Tom… Quien nunca había sentido unos dedos en el culo, los cuales dolían un poco, de todas formas estaba disfrutando el sentirlos… Había algo que tocaba Bill, aparte del hecho de saber que era él quien estaba en medio de sus piernas…
Bill quien le daba las atenciones que él solía darle a las chicas, le gustaba mucho más recibir aquellas atenciones en él que darlas, y al besarlo, incluso si por momentos Tom sentía que la lengua se le dormía debido a la excitación, y la falta de aire, se sentía bien, tan bueno… Con razón a su mamá le gustaba tanto tener sexo, porque el sentirse así de lleno era mejor que cuando estaba penetrando a chicas, aunque no… Era por Bill, eran sus dedos con uñas de esmalte negro, era sentir la erección de su gemelo contra la suya, moviéndose en lo que mantenía ese ritmo discorde al dedearlo.
Bill después de tres dedos, con los testículos tan apretados, sabiendo que podría correrse, y que él mismo no duraría nada, porque con Tom se sentía todo más fuerte, es que se los sacó, agarrando más cera aroma a coco para echársela sobre su miembro, sólo levemente para embadurnarlo, porque si se acariciaba se correría, y después es que guió su erección en la entrada de Tom, mordiéndose el labio inferior por fuerza, porque nunca lo había hecho sin condón, y el interior de Tom quemaba, ardía… Era tan apretado.
Tom imitó el gesto de su hermano, porque no podían besarse en aquel instante, apretando los dedos de sus pies, sintiendo aquella dureza atravesarlo, siendo más ancho que los tres dedos de Bill, pero… Pese al dolor, era Bill, así que aún aferrado a sus cabellos suaves color de ébano, es que lo jaló en dirección a su rostro, besándolo, en lo que lo abrazaba con sus piernas, empujándole con los talones sobre el trasero de Bill, para dejar que entrara por completo.
Ambos sisearon durante el beso, pero Bill empezó a mecerse… Totalmente abrumado, porque si bien no era su primera vez, sí era la primera vez que estaba con Tom… Y sin condón, así que sentía que tal vez debía comprarse condones sólo para correrse tan rápido, aunque… Realmente el sentir piel con piel a su gemelo, ya no con esos movimientos torpes que tenía como cuando era un niño, sino con más experiencia, y aún así, siendo todo tan nuevo porque con Tom todo era así, porque no había punto de comparación, ya que buscó en otras bocas y en otro cuerpos el poder sentir aunque fuera un atisbo de todo lo que le hacía sentir su gemelo, y no… Nunca podría, nadie sería su Tom.
Tom también lo sabía, que nadie nunca lo haría sentir lo que lograba Bill en él… Le mordió el labio inferior, sintiendo cómo Bill aumentaba el ritmo de sus estocadas dentro suyo, haciendo que sus piernas temblaran y sus testículos se apretaran, por lo que bajó una mano entre sus cuerpos, comenzando a pajearse, en lo que estrechaba más a Bill dentro suyo, y él jadeó.
—Ahora quién hará que mamá nos escuche —susurró Tom su broma, con los ojos traviesos, relamiéndose los labios, y Bill lo besó, empujándose con más fuerza, haciendo que ambos se corrieran casi al unísono, callando sus gemidos en los labios contrarios, para después Bill salirse con cuidado, dejándose caer sobre Tom—. Pesas, costal de huesos —se quejó el mayor y Bill rió, ubicándose a un costado, bajando su mano en dirección a la entrada hinchada de Tom, sacando un poco de su esencia y observando sus dedos—. ¿Qué haces?
Bill posó parte de su propio semen en su pulgar y lo pasó por la frente de Tom.
—Simba, nuestro nuevo rey —barbotó Bill con solemnidad, y Tom se rió.
—Eres un imbécil —soltó Tom, tirándole un puñete en el brazo a su gemelo, el cual rió de vuelta y se abrazaron de costado, viéndose ambos con afecto—. Te amo, Bibi.
—Y yo a ti, Tomi, hasta el infinito y más allá —respondió Bill.
Se besaron, para luego cubrirse con la sábana, en un acuerdo tácito de que ya no habrían castigos, excusas ni terceros… Sólo se amarían sin importar que hubieran gritos o ruidos, y porque no necesitarían a nadie más.