Querido tío (Toll)

Summary

Día 8: Declaración involuntaria. La frase dice: "el que se enamora pierde", y él perdió desde el inicio. "¿Cómo no amarlo si me quema en la piel y me quita la respiración con sólo verlo sonreír?".

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Nota: Llegamos al día 8, y la verdad me salió largo, una relación tío/sobrino. Si les gustó no olviden dejar un comentario.

El castaño con cabello largo que se agitaba conforme seguía dándose impulso sobre el de cabello corto azabache, relamiéndose los labios, cerrando los ojos, masturbándose mientras buscaba su propio orgasmo, al momento de empalarse a sí mismo, estimulándose la próstata, llevándose hacia allí…

El joven bajo suyo estaba aferrado a las caderas del mayor, observándolo embelesado, en lo que sentía cómo el interior del castaño lo envolvía y apretaba como si fuera el mismísimo infierno, una calidez abrasiva pero deliciosa, con su hombría latiendo en aquel canal, en lo que veía las expresiones del mayor con barba, subiendo sus manos por el pecho peludo del castaño, apretándole los pectorales, presionando los pezones del castaño, quien abrió los ojos, con ese chocolate derretido en ellos… Aquel fuego retratado en sus orbes, ofreciéndole una sonrisa ladeada, tan coqueta y traviesa, que junto con los ojos que tenían leves arrugas por el paso de los años no hacían más que encantarle al menor de piel blanquecina bajo suyo.

El castaño lo apretó tanto cuando encontró su éxtasis montando al menor, haciendo que el de cabello corto azabache se viniera con fuerza en el interior del mayor, agradeciendo el que ahora no usaran condón para jadear cuando lo dejó repleto al de pelo largo, quien se levantó de encima del menor, con su cuerpo trabajado, el trasero siendo la única zona depilada, mientras el de cabello azabache veía cómo su esencia le bajaba por los muslos al castaño, sintiendo que se le paraba sólo con aquella visión de su espalda ancha, trasero y su semen bajando por ahí…

—Voy a tomar una ducha y me voy —avisó el mayor con barba, para luego irse en su esplendorosa desnudez al baño.

El menor soltó un suspiro, él mismo tenía que bañarse, porque tenía el semen del castaño sobre su vientre, pero… Si bien podría unirse a la ducha del mayor, sabía que cuando decía “ducha y me voy”, era “no te acerques”.

Y de cabello corto lo sabía, que todo tenía que hacerse bajo los términos del mayor.

Cuando lo vio salir del baño, vistiéndose con rapidez, y soltando un breve: —Nos vemos otro día, Billy —haciendo que el aludido pusiera los ojos en blanco frente al apodo que no tenía sentido ahora, pero sabía que lo hacía por molestarlo.

—Sí, claro, querido tío, nos vemos otro día —cedió Bill, haciendo un tono burlón en el “querido tío”, frente a lo que mayor puso los ojos en blanco, riéndose y mostrándole el dedo medio para luego salir de su departamento, dejando a Bill por completo solo, quien se metió a la ducha, bañándose en lo que analizaba cómo es que habían llegado a aquella situación… Ya habían pasado tres años desde que comenzó.

Tres años atrás…

Bill estaba muy habituado a que al menos tres veces al año tuvieran que tener una fiesta familiar que era básicamente protocolar, donde él con veinte años, tenía que sí o sí pasar tiempo con sus hermanos, primos, tíos, padres y abuelos, y en sí no le molestaba el pasar tiempo con ellos, y al menos no era como sus padres que tenían que venían desde otra ciudad, o algunos de sus familiares igualmente, no.

Al menos Bill sí vivía a unas horas de la casa de sus abuelos, pero dentro de la misma ciudad, así que aprovechaba en que entre las charlas y demás, se ponía a beber como desquiciado mientras tenían un momento de compartir familiar.

Pero a veces Bill se excedía, entre bromear con sus hermanos y primos, terminaba tomando de más, por lo que sus padres estaban viendo cómo su hijo mayor estaba hasta el culo de borracho.

Simón vio a su esposa. —A veces me pregunto si nuestro hijo es alcohólico.

Dunja soltó un suspiro. —¿A cuál de todos te refieres?

El hombre rubio se fijó que sus otros dos hijos, que eran gemelos y dos años menores que Bill, también estaban ebrios.

—A Bill —explicó Simón.

—Es que es el mayor, ya sabes, se llevó la peor parte de cómo fuimos como padres —masculló Dunja.

—Sí, el mayor siempre se lleva la peor parte —cedió Simón—. Pero, si te fijas, Bill es quien está más ebrio de los tres —acotó el hombre.

—Pero no puede quedarse aquí con sus abuelos —farfulló Dunja mirando a su esposo.

—No, y la última vez que lo mandamos en Uber pues se terminó peleando con el conductor —recordó Simón, que sabía cómo es que era Bill en ocasiones, que si bien a veces era un borracho alegre o parlanchín, también se peleaba con facilidad con gente al azar, a veces incluso con sus primos o hermanos menores.

—Y nosotros tenemos que encargarnos de los gemelos —arguyó Dunja, que sí, debían llevarlos y luego tomar se vuelo de regreso.

—Voy a decirle a mi hermano si él puede llevarlo a su departamento en todo caso, Tom nunca bebe, y se lleva muy bien con sus sobrinos, así que no creo que me diga que no —musitó Simón.

—Ah sí, es cierto, nunca he visto tomar a Tom, a pesar de que apenas tiene treinta años —masculló Dunja observando a su marido.

—Sí, mi hermanito menor dice que sólo bebe en ocasiones especiales, y nunca en las reuniones familiares, ¿tal vez sea porque se enoja o algo así? No lo sé, Tom siempre ha sido muy reservado con su vida privada —respondió Simón, que realmente fuera de que su hermano menor fuera un adicto al trabajo, no sabía más de él, por más que en sí fueran una familia que siempre se había apoyado entre sí, Tom había sido desde niño muy de ocultar sus cosas como tener pareja o algo así, y dedicándose mucho a sus estudios en la escuela, y en la universidad, graduándose en Artes plásticas, y siendo ahora un curador de arte muy reconocido, por lo que a pesar de tener apenas treinta años, ganaba un buen sueldo y tenía un horario más bien flexible.

Pero el hombre se acercó a su hermano once años menor, quien bebía jugo en lo que se reía con sus primos.

—Tom, quiero hablar contigo un momento, por favor —pidió Simón, y el castaño se giró a ver a su hermano, asintiendo, en lo que lo seguía a un costado.

—Dime, ¿qué pasó, Monito? —cuestionó Tom.

Simón rió ante el apodo.

—Tú con tus apodos, tú eres el menor no yo, Tom. En fin, sino que mira a tu sobrino… Bill —mencionó Simón, señalando con su pulgar a su hijo mayor y el castaño siguió la dirección donde apuntaba su hermano mayor y vio cómo su sobrino estaba que realmente se iba a caer de la silla de lo borracho que estaba.

—Sí, Bill a veces se pasa “un poquito” con el alcohol —acotó Tom, quien no sabía si es que su hermano estaba pidiéndole que se unieran para una intervención a su sobrino para que fuera a Alcohólicos anónimos o sólo burlarse, es decir, él había estado sido un tío muy unido a sus sobrinos, porque en realidad sólo se llevaba diez años con Bill, y ocho con Ben y Beau, así que cuando él apenas tenía diez años, es que Bill nació, aprendiendo a cambiar pañales y todo cuando apenas tenía esa corta edad, porque Tom quería mucho a Dunja, aparte de evidentemente adorar a su hermano mayor, y luego a los doce es que nacieron los gemelos, y también tuvo parte activa entre lo que estudiaba en el colegio.

Tom era el tío que más parecía un primo más por haber sido joven cuando ellos nacieron, quien los cuidó y apañó en sus travesuras, e incluso quien los llevó a escondidas a hacerse su primer tatuaje y piercing, cuando Bill tenía dieciséis y los gemelos catorce años, con Tom de veintiséis que abogó por sus tres sobrinos, diciéndoles a su hermano y cuñada, que ellos estaban muy seguros de sus decisiones, y que se lo merecían porque juntaron sus propinas para pagárselos, cosa que era mentira, porque Tom se los costeó.

Pese a ello, en realidad, Tom sí se preocupaba por cada uno de sus sobrinos, siendo a quien ellos acudían cuando tenían problemas, incluso antes que sus padres, y Tom veía la forma de ayudarlos como fuera, porque si bien él no sentía que ellos fueran como sus hijos, sí al haberlos visto nacer y crecer, pues tenía mucho afecto y protección hacia ellos, comprendiéndolos más de lo que podrían hacer sus propios padres bajo la visión más severa, olvidándose precisamente de que ellos también fueron jóvenes, así que Tom fue quien los consoló cuando les rompieron el corazón, o los sacó de la comisaría cuando los llevaron por colarse a una fiesta de universitarios siendo menores de edad, o cuando los metieron por hacer graffiti.

Así que Tom ya había hablado con Bill, diciéndole que estaba bien el beber, pero no a ese punto, que aquello podría darle problemas a futuro como cirrosis o algo así, y Bill le había “tranquilizado” diciéndole que sólo era bebedor social, así que por su universidad y demás no siempre bebía tanto, pero Tom no veía a su sobrino todo el tiempo, ni tampoco se comunicaba diario, y quizá su hermano supiera más que él y por lo mismo quería pedirle el favor de apoyarle en una intervención.

—Eso lo sé, Tom. Más bien, por favor, tenemos que llevar a los gemelos porque sino se pelean entre ellos, ¿podrías llevar a Bill a su departamento y asegurar que al menos no se ahogue en su propio vómito antes de irte? Tal vez mojarle la cara o mantenerlo en posición vertical para que no se pelee con nadie si lo mando en Uber —pidió Simón viendo a su hermano.

Tom suspiró y asintió.

—Está bien, seré el conductor designado de Billy, tal cual padrino en Alcohólicos anónimos me aseguraré de que llegue bien —prometió solemne Tom sonriéndole a su hermano.

—Gracias, Tom, eres un buen hermano y tío, serás un buen padre —masculló Simón.

—Ah, no, a desear el mal a otra parte —chanceó Tom, riéndose y Simón se carcajeó palmeándole la espalda a su hermano, y el castaño fue en dirección a su sobrino—. Bill, hey, vámonos, que ya cantó Topo Gigio —habló el mayor y su sobrino arqueó una ceja.

—Ay, por Dios, tío, tú con tus referencias del año del caldo, ¿quién putas es Topo Gigio? —preguntó Bill riéndose.

—No es de mi época tampoco, pero bueno lo pasaban en la televisión cuando era niño, ya, en serio, vámonos, Bill. Te llevaré a tu departamento —ordenó Tom, y Bill chasqueó la lengua.

—Pero si la noche es joven, aún puedo desfalcar a Erik y Günter —refutó Bill porque estaban jugando cartas y apostando, Tom lo jaloneó del brazo, haciendo que se levantase, porque si bien el menor era más alto, su tío era más fuerte.

—Ayyy lo van a cargar como cuando era un bebé —bromeó Erik.

Bill le mostró el dedo medio a su primo, queriendo removerse del agarre de su tío para darle un puñetazo.

—No, basta, Bill, no seas mala copa, vamos, ya —pidió Tom contra el oído de su sobrino, y Bill chasqueó la lengua pero finalmente se dejó llevar por su tío hacia su convertible, en lo que Tom lo ayudaba a ponerse el cinturón porque según Bill, “se movía”—. No te vayas a vomitar encima de mi auto —advirtió el mayor, comenzando a conducir.

Bill cerró los ojos, apoyándose contra el asiento, en lo que se dormía en el trayecto, con Tom fijándose de tanto en tanto que Bill estuviera bien, tenía el maquillaje corrido por haber sudado tanto, el cabello corto despeinado a como estaba cuando llegó, con el copete bien peinado hacia atrás, pero lucía tranquilo, y no parecía querer vomitar.

Cuando llegaron al conjunto de departamentos de Bill, es que Tom sujetó a Bill por el hombro, moviéndoselo.

—Despierta, bello durmiente, ya llegamos —le habló Tom a su sobrino, y Bill entreabrió los ojos.

—Pues cárgame y léeme un cuento como cuando era un niño —bromeó Bill sonriendo.

—Un niño no apestaría a cantina como tú, y evidentemente ya no puedo cargarte al punto de llevarte en mi espalda, así que espabílate, carajo —barbotó Tom, dándole un golpe en el rostro, no lo suficiente como para ser una cachetada pero sí como para que Bill se quitara el cinturón frunciendo el ceño.

—Qué amable, querido tío —farfulló Bill, en lo que abría la puerta del auto.

Tom de todas formas lo ayudó a salir, tomándolo por la cintura, porque Bill se tambaleaba un poco.

—Mira no está tan mal, sólo somos tú, yo y tu gemelo —chanceó Bill en alusión a que veía doble a su tío, y Tom puso los ojos en blanco—. Es broma, tío, sí sé que sólo estás tú con tu barba de indigente.

—Cuando tengas mi edad te darás cuenta que es más práctico dejarte la barba que estás rasurándote continuamente como tú —acotó Tom, en lo que entraban al recinto, subiendo por el ascensor.

—Sí, me dejaré el cabello largo, la barba y me teñiré de rubio —bromeó Bill.

—Seguro te verías divino —siguió la broma Tom, en lo que salían del ascensor, con el mayor, metiéndole la mano en el bolsillo para sacar su llave.

—Oye, tío, al menos invítame un café —se carcajeó Bill.

Tom bufó en lo que le mostraba la llave en sus manos, y la metía en el picaporte, para después entrar los dos al departamento, con el mayor acomodando a Bill en el sofá, en lo que se iba a servirle un vaso con agua, con la intención de que se le bajara algo la borrachera, confiando en que su sobrino podría estar al menos unos minutos en el sillón sin supervisión, en lo que se lavaba las manos, para sujetar un vaso, fijándose cómo en el refrigeradora de su sobrino no tenía ni agua hervida, soltando un suspiro exasperado, en lo que ponía una tetera, fijándose que al menos tenía hielo, que suponía era para ponerle al trago, así que decidió poner unos cubos en el vaso de vidrio, y meterlo al microondas para que se derritiera en lo que al menos la tetera se apagaba.

Después de ello, con el agua derretida es que se dirigió hacia la sala, fijándose que su sobrino no se había desmayado, sino que estaba con el celular en la mano, con Tom mirando la pantalla porque estaba detrás de Bill, notando que su sobrino estaba conversando con un muchacho, en específico un hombre, porque este le estaba mandando fotos de él abierto de piernas, enseñándole cómo se metía los dedos y masturbaba el pene, en lo que Bill le escribía: “¿Y qué es lo que quieres que te haga?”, y el muchacho, al cual no sabía cómo se llamaba, porque Bill no lo tenía agendado, comenzaba a detallar las cosas que deseaba que su sobrino le hiciera, siendo muy explícito, en lo que Tom alzaba las cejas, porque si bien su sobrino se maquillaba los ojos, y a veces usara prendas pegadas a su cuerpo, no sabía que era gay o bisexual, sólo le había conocido un par de muchachas con quienes salió en la escuela, y no más.

—¿Él es tu novio? —preguntó Tom, en lo que sentaba al costado de su sobrino, extendiéndole el vaso con agua.

Bill no ocultó su celular, dejándolo sobre su muslo, en lo que tomaba el líquido, apurándolo por su garganta, para dejarlo sobre su mesa de centro.

—No, no me gusta tener nada serio, sólo es uno de los ligues con quien cojo de vez en cuando —respondió Bill, alzándose de hombros, con los ojos brillantes y mejillas igual, pero se le notaba menos hasta el culo como estaba en la casa de sus abuelos.

—Yo también tenía varios chicos así en la universidad —comentó Tom con una sonrisa.

Bill se giró a ver a su tío, arqueando una ceja. —¿Eres gay, tío?

Porque realmente Tom nunca les había hablado de parejas a sus sobrinos, ni novias ni novios, nunca mencionó su orientación sexual, tanto que a veces entre ellos pensaban que quizá su tío Tom era asexual, porque nunca lo vieron con nadie.

Tom lo miró de vuelta. —¿Por qué te sorprendes que sea gay? ¿Esperabas que me pusiera un labial rojo, rubor, sombras en colores escandalosos, uñas súper largas, una peluca hasta el techo, que usara un vestido y me pusiera relleno dentro?

Bill bufó. —Eso fue tan transfóbico, homofóbico y mentalidad de los años ’80, que realmente pareces un anciano, ¿quién diablos espera que un gay sea así? Es decir, normal porque existen personas no binarias, o transexuales, travestis entre otros, pero gays habemos de diferente clase, yo me maquillo y pinto las uñas, pero no me pongo relleno ni vestidos, no esperaba lo mismo para saberlo en ti. Sólo que me sorprendió porque nunca te he visto con nadie, ni mujeres ni hombres —se explicó.

Tom asintió. —Bueno, eso es cierto… Tiene un buen culo —halagó el castaño.

—Sí, y está muy deseoso porque le meta la verga, es decir, sí, lo he hecho antes, tiene un buen cuerpo, y aprieta bien, sólo que es muy intenso a veces… Aunque sí es un poco patético lo urgido que está, pero no me quejo, realmente me prende —acotó Bill, en lo que se bajaba el cierre y acariciaba su miembro, con la mano con el celular acercándola hacia su tío—. Pero si quieres jálatela con confianza, tío, este chico es una perra golosa, hasta podría pasarte su número —mencionó el menor, masturbándose con descaro al observar las fotos del muchacho.

Tom no consideró el que fuera inapropiado que Bill se la jalara delante suyo, y ciertamente sí estaba sexy el joven, así que decidió aceptar el ofrecimiento, no de coger con el muchacho, pero sí sacarse el pene para comenzar a masturbarse en lo que veían las fotos del ligue de turno de su sobrino.

Bill seguía esparciendo el preseminal sobre su verga, viendo la foto del chico, y fijándose de reojo cómo su tío hacía un bamboleo sobre su propia erección. Sintiéndose más desinhibido por el alcohol, en lo que ambos se la jalaban uno al lado del otro.

—Hasta podría decirle que si quiere un trío… Ya sabes, uno en el culo y otro en la boca, nos turnamos y así —acotó Bill con la voz acezada, relamiéndose los labios.

—La verdad… Tiene un buen cuerpo y un buen culo, pero… —habló Tom, sin dejar de pajearse—. Yo no he estado en un trío, es difícil, la mayoría espera que por cómo luzco, sea siempre el activo, y pues, sí, me gustan los hombres, aunque no las relaciones, y… Bueno, es jodido encontrar a alguien que me folle como pasivo, y en trío pues preferiría ser el que sea atravesado por dos hombres que ser uno que sólo se folle un lado, ¿me entiendes? Es algo frustrante —confesó el castaño, poniendo su lengua por encima de su labio inferior.

Bill se giró a verle, sin dejar de tocarse, pero no fijándose en el celular.

—Yo puedo follarte sin problemas —ofreció Bill, y Tom lo miró.

—¿Te estás escuchando, Bill? —preguntó Tom, parando los movimientos, no perdiendo la erección, pero sí dejando de masturbarse.

—¿Qué tendría de malo? Somos dos adultos, estamos calientes. ¿Por qué no? No te estoy pidiendo matrimonio, sólo me ofrezco a metértela para desfogar —soltó Bill sonriendo.

—Soy hermano de tu padre, soy tu tío, Bill —señaló Tom—. Sin mencionar que soy diez años mayor.

—Tengo veinte años, no soy un niño al que estás haciendo grooming, ni mucho menos eres un pedófilo, nos llevamos diez años, sí, pero tienes treinta y un cuerpo delicioso que no tengo problemas en follarme, la verdad. Eres mi tío sí, pero tampoco es como que pueda embarazarte, ¿no? Y nos salga una abominación con cola de cerdo, sólo follar y ya, como un favor, un intercambio, yo disfruto y tú igual —arguyó Bill, sin dejar de masturbarse pero viéndolo a Tom.

—Estás demasiado borracho para saber lo que estás hablando, Bill —acotó Tom, tensando la mandíbula, porque no podía evitar ver de reojo la erección de su sobrino, un pene largo y grueso que seguía agitando en su dirección con descaro.

—No… Tú estás demasiado sobrio —masculló Bill sonriéndole—. Y no se te bajó la erección… Es decir, sí te prende, ¿no? —inquirió el menor, poniéndola una mano sobre el muslo, acercándola hacia el pene de Tom, quien tragó saliva, sin alejarlo, sintiendo la mano de Bill envolver su polla, masturbándolo al ritmo de su propia verga y acercando su rostro hacia el cuello de Tom, lamiéndoselo, haciendo que el mayor se estremeciera.

—No, Bill —intentó mantenerse racional Tom, aunque no se movió, en lo que sentía los labios de su sobrino chuparle el cuello.

Bill mordió el cuello en un gesto juguetón, y Tom soltó un gemido, pero el más alto se separó, dejando de tocarlo.

—Sólo necesitas un empujoncito, porque me dices que no, pero no me impediste el que te tocara el pene. Así que sí quieres, querido tío… —barbotó Bill, poniéndose de pie, aún con la bragueta abierta y el miembro erecto, dirigiéndose hacia la cocina, sirviendo un poco de whisky en un vaso, y poniéndole un par de hielos—. Anda, tío, bebe un poco, te ayudará a terminar de ceder a las ganas —ofreció el menor, sentándose a su costado y extendiéndole el vaso a Tom.

—Yo no bebo… —dijo Tom.

—¿Por qué, no? —cuestionó Bill, que sí sabía que nunca lo hacía.

—Porque… Ay, al diablo —masculló Tom, sujetando el vaso y bebiéndoselo de golpe, ya que sabía que Tom sí bebía, pero evitaba hacerlo en cualquier lugar, porque se emborrachaba súper rápido, tenía poca resistencia al alcohol, y terminaba mostrándose más dócil para follar, muchas veces abriéndose de piernas, aunque terminara siendo el que follara a quien se lo pidiera, sólo por la urgencia de correrse.

Bill sonrió y le sirvió otro vaso más, con Tom sintiéndose más acalorado y mareado por sólo dos vasos de whisky, aunque también más duro, en lo que se iban a la habitación de su sobrino.

Tom no iba a mentirse, no es que tuviera una segunda intención con acompañar a su sobrino, sólo que Bill… Bueno, había un deje de culpa que el alcohol iba evaporando de su sistema, sin embargo, al observar cómo el menor se desvestía, mostrando su cuerpo menudo con tatuajes, en lo que sacaba lubricante y condones de su cajón, ubicándose entre sus piernas, es que Tom sabía que estaba muy deseoso por más.

Su sobrino era atractivo, muy guapo y joven, y bueno, al menos habían sido claros con que si bien era incesto, era sólo sexo, y Tom estaba bien con ello, así que cuando Bill lo besó, metiéndole la lengua, haciéndole sentir su piercing en ella, el cual él mismo pagó cuando se lo hicieron, es que Tom enredó sus manos en el cabello corto de Bill, sintiendo ambos el amargor del alcohol, con Bill empujándose con sus caderas, haciendo que ambos chocaran sus durezas, y Tom sabía que estaba mal pero se sentía muy bien.

Bill dejó de besarlo para chuparle el cuello otra vez, e ir bajando por su pecho, mordisqueándole el pezón, chupándoselo con ganas, y Tom cerraba los ojos, disfrutando el ímpetu de un amante joven y el cómo era distinto al él hacer eso a recibir el mismo trato, aunque fuera irrisorio porque la gente pensaba que él prefería ser activo por cómo lucía aunque Tom le gustara ser el pasivo, y Bill, que tenía un look más afeminado, prefería ser el activo, así que el mundo parecía al revés, o tal vez sólo era el prejuicio.

Bill siguió bajando por su vientre, mordiéndole la cadera, a lo que Tom jadeó, pero abrió más sus piernas, cuando el menor abrió el tubo de lubricante, en lo que comenzaba a meterle los dedos, y Tom echó la cabeza para atrás, porque Bill definitivamente sabía lo que hacía… Lo estaba preparando bien, tocándole la próstata, no lo suficiente como para hacer que se corriera pero se notaba que era con la intención de mantenerlo en vilo, mientras que Tom se masturbaba y empezaba a empujar su trasero contra los dígitos de Bill, ansiando por más… Tom sabía cuándo disfrutaba que le presionaran la próstata, que muchas veces tenía que usar juguetes porque con cualquiera que decidiera follar siempre le decían que tenía que ser el activo, pero Bill no, realmente estaba haciéndoselo con ganas y eso que sólo eran sus dedos.

—Ya estoy listo, hazlo —ordenó Tom, y Bill sacó los dedos, poniéndose el condón, y alineándose contra la entrada de su tío, comenzando a metérsela, con Tom arqueándose y gozando el sentirse llenado.

Había disfrutado pocas veces de un hombre que fuera activo con él, y… Ninguno había sido tan bien dotado como su sobrino, por lo que lo abrazó con las piernas, en lo que lo tomaba por los hombros, meneando sus caderas y haciendo que Bill se hundiera más.

Tom soltaba gruñidos de placer, con Bill sujetándole la polla y gimiendo al meterse dentro del mayor, un lugar asfixiante, pero delicioso, con su tío sexy abierto de piernas para él, apretándole un extremo de la cadera, en lo que seguía penetrándolo, incluso borracho, no estando en todo su potencial, pero Bill sabía que era el mejor coito que había tenido… Que Tom, incluso si no fuera siempre el pasivo, realmente se movía bien contra su erección, y no se mantenía quieto esperando que Bill hiciera todo el trabajo, no, el mayor sabía cómo apretarlo, cómo girar las caderas, haciéndolo enloquecer.

Y su tío la estaba pasando de puta madre, porque incluso con Bill presionándolo por dentro con sus embestidas, Tom se corrió antes que él, manchando su mano, sin perder del todo su erección, mientras que Bill, incluso estando más borracho, seguía sin venirse… Por lo que siguió dándole estocadas profundas, en lo que usaba el mismo semen de su tío como lubricante para jalársela otra vez, con Tom quebrándose más, y volviéndose a correr, esta vez sí con Bill viniéndose en su interior dentro del condón, saliéndose y botándolo al tacho para después echarse en la cama, donde ambos se durmieron aletargados por la sensación del post orgasmo, sin mencionar que el alcohol todavía les recorría el sistema.

Al día siguiente, Bill se despertó con resaca pero recordando todo lo que pasó, sin embargo, su tío se había ido.

Revisó en su teléfono si tenía algún mensaje de él pero no. Nada.

Sabía que no había sido un sueño, el condón usado estaba en el tacho, y su cama olía a su tío, incluso tenía el semen del mayor seco sobre su vientre y mano. Bill sabía perfectamente cómo se sentía las mañanas siguiente de haber tenido sexo, y sí, lo había hecho.

Sólo que le quedó la desazón de levantarse solo, pensando que normalmente Bill era que se iba sin avisar y no al revés.

Tom tenía que despejarse y olvidar lo que había pasado con su sobrino, el cómo había sido tan intenso que realmente nunca antes había disfrutado tanto… Pero no, Bill era su sobrino, hijo de su hermano, por Dios, estaba mal por dónde se lo viera.

¿Qué diría su hermano mayor? ¿Qué diría Dunnie? ¿Qué pensarían Beau o Ben? ¿Qué pensarían Charlotte y Jörg, sus propios padres, de que él estaba siendo cogido por su sobrino?

No. Tom tenía que encontrar a alguien con quién follar y despejarse, sacarse a Bill de la cabeza.

Por ello es que fue a un bar gay, con la intención de encontrar a alguien, sentándose en la barra, en lo que pedía un refresco, porque no quería beber a menos que ya hubiera hallado a alguien.

Tom estaba dando unos sorbos a su bebida, cuando sintió una mano posarse sobre su cintura y un aliento respirarle en el oído.

—Te fuiste sin despedirte, eh —habló la voz, y Tom se estremeció pero lo ocultó muy bien, girándose a ver a su sobrino allí sonriéndole.

—Bill, lo que pasó esa noche fue un error, estábamos ebrios, y no debió suceder —respondió Tom.

Bill chasqueó la lengua. —Yo estaba borracho, sí pero recuerdo todo, y fue consciente de lo que dije e hice, ahora no he bebido más que un par de cervezas ahora y lo reitero. Me gustó follar contigo, es algo que haría sobrio, y las veces que tengan que repetirse —habló el menor con determinación, con Tom queriendo responder—. Y antes de que quieras decir que no te gustó o algo así, no me puedes mentir en ello, porque te corriste dos veces, y yo una vez, no por falta de ganas, sino porque estaba borracho y me ganó el sueño, pero disfrutaste tanto de cómo te la metía qué te viniste dos veces contra mi mano —terminó por decir.

Tom cerró la boca, tragando saliva ante aquello, porque sabía que era verdad, que lo disfrutó demasiado. Sin embargo, se mantuvo en silencio sin responder.

—Mira, tío… La decisión está en ti, ¿está bien? No te forzaré a nada. Sólo piénsalo, es sexo sin compromiso, míralo como el pene de confianza, que te da lo que quieres, cómo lo quieres, y pues, realmente fuiste delicioso, un placer, un pasivo que no exagera al disfrutar para hinchar mi ego, ni que se queja de mi tamaño por dolor, ni que se mantiene abierto de piernas esperando que haga todo el trabajo sin él poner de su parte. Tú, pese a no ser normalmente el pasivo, sabes cómo te gusta, eres sensual y conoces muy bien tu cuerpo, haciendo que al buscar tu propio orgasmo, me complazcas a mí… Así que te dejo para que lo pienses, y cuando estés seguro me hables —masculló Bill, guiñándole un ojo y dejándolo allí, en lo que se acercaba a un lado de la pista de baile, sacando un cigarrillo en lo que fumaba, y Tom veía cómo es que realmente su sobrino lucía muy sexy aspirando el cigarro, pero era notado no sólo por él.

Porque un muchacho se le acercó, conversándole en lo que le pedía un cigarrillo, no podía escucharlos, pero notó cómo es que Bill le ofreció uno, y el muchacho pidió fuego, haciendo que Bill encendiera el cigarro con la punta del suyo, intercambiando sonrisas, estaban coqueteando, aquello era evidente, Bill era joven y atractivo, así que podría coger con cualquiera.

Su parte racional quería pensar que eso era lo correcto y estaba bien, que Tom tendría que esperar a encontrar a alguien para ir a follar, pero… Su parte irracional le ganó cuando se fijó cómo aquel muchacho se frotaba contra su sobrino. Por lo que Tom lo vio, y su mirada pesó lo suficiente para hacer que Bill se girara en su dirección, y el mayor lo llamó con los dedos, en lo que salía del establecimiento.

Se encontraron afuera, y fueron al departamento del menor nuevamente.

No hubieron preguntas ni nada, sólo sexo nuevamente, pero sobrios esta vez, con Tom dándole sentones a Bill, luego haciéndolo de perrito y hasta con el menor en la posición de cucharita, hasta finalmente correrse más de dos veces, con Bill igual, y quedar agotados en la cama, sin dormirse pero sí sudados y acezados.

Tom no lo veía por haberse quedado de costado luego de la posición de cucharita, pero sintió cómo Bill lo abrazó por la cintura, acurrucándose contra él y el mayor se tensó, quitando el brazo de su sobrino y mirándolo con fijeza.

—Bill, no nos vamos a acurrucar luego del sexo, ¿ok? Esto es sólo sexo, no sentimientos ni nada. No tenemos una relación ni nada que se le parezca. Tú me das placer y yo igual contigo, esa transacción y favor se mantiene como algo carnal sin emociones, para mantenerlo como es, algo no serio porque somos tío y sobrino. Que esto no puede salir de aquí, nadie debe saberlo y ya. Esos son los límites, por mi parte preferiría ser exclusivos, tal cual dijiste, mi pene de confianza, y yo tu culo de confianza, hasta que bueno, nos aburramos o encuentres alguien para una relación seria —aclaró Tom con seriedad.

Bill parpadeó confundido ante ello.

—Yo te abracé no porque sea de los que se acurruca luego del sexo, es porque genuinamente te quiero, eres mi tío desde antes de cogerte, el cual siempre me cuidó y ok, lo entiendo. No te abrazaré después del coito, ni sentimientos de por medio. No tengo problemas con ser exclusivos. Realmente no creo que acostarme con alguien más me dé el mismo placer que siento contigo, tío. Así que… Por mí está bien, lo haremos bajo tus términos —cedió Bill.

—Bien, sí, tienes que comprenderlo bien para que esto funcione —farfulló Tom.

Y desde ahí es que habían pasado tres años manteniendo aquella dinámica de follar sin compromiso, pero siendo exclusivos, con Bill… Arrepintiéndose en el trayecto, no porque dejara de gustarle coger con su tío, sino porque… Bill estaba enamorado de él.

A Bill le había gustado su tío desde mucho antes, considerándolo un crush imposible, él recordaba cómo a sus cinco años, su tío de quince con rastas rubias y piercing en el labio era el chico más lindo que había visto, teniendo un amor platónico de pequeño, que conforme fue creciendo, Tom igual, y pues claro, Bill nunca pensó tener oportunidad alguna con su tío, que sabía que no era algo apropiado, pero al ver lo sexy que fue su tío con trenzas negras a sus veinte y él con diez años…

Bill recordaba cómo es que se masturbaba pensando en él cuando llegó a la adolescencia.

Claro que Bill siguió con su vida como si nada, al inicio estuvo con chicas, aunque luego supo que definitivamente era gay, y no podía dejar de pensar en su tío Tom, que siempre lo ayudaba, lo quería y le apañaba en sus travesuras.

Cuando supo que era gay, y lo tuvo ahí, no pudo evitarlo, tenía que intentarlo, y por lo mismo que Bill aprovechó que su tío aceptó y follaron, por lo mismo es que había seguido aceptando que tuvieran esa relación de follamigos, aunque fuera su tío.

El problema era que si bien la mayoría de veces Tom se iba en vez de quedarse, había otras ocasiones que no… Que decía que se le hacía muy tarde y se quedaba a dormir, o qué venía los fines de semana, y cocinaba algo para ambos, teniendo una dinámica de pareja, aunque no lo fueran.

Bill se sentía muy conflictuado porque estaba muy enamorado de él, y su tío no quería una relación, y Bill que nunca había querido una relación, la quería precisamente con la persona equivocada.

Bill se estaba lastimando a sí mismo, pero sabía que si le pedían que parasen sería precisamente para no tener nada suyo, no volver a sentirlo ni disfrutarlo, al menos manteniéndose así, como algo carnal, con momentos románticos en los fines de semana que venía a verlo.

Bill o Tom solían comunicarle al otro cuando tenían ganas, y cogían, pero Bill estaba especialmente sensible por lo mucho que le dolía el pecho por aguantarse las ganas de decirle que estaba enamorado de él, que no le bastaba coger, que quería que fuera su novio, quedarse con él, que no lo dejara dormirse solo, que pudiera decirle un te amo, o tomarlo de la mano… Quería tantas cosas que empezaba a doler.

Así que cuando Tom le dijo que que cogieran, Bill le dijo que no podía.

A Tom le pareció extraño, porque difícilmente Bill le decía que no, pero lo comprendió.

Sin embargo, volvió a pasar, que Tom le pidió que se vieran para coger e igual Bill dijo que no.

Entonces Tom sabía que ya habría algún problema, por lo que decidió ir al departamento de su sobrino, contando con una llave de repuesto, y abriéndolo, observando que su sobrino estaba allí viendo televisión con expresión aburrida.

—¿Esto es lo que te tenía tan ocupado? ¿Ver una serie? ¿O por qué estás huyendo de mí? ¿Ya te aburriste? Sólo dímelo y normal, paramos —habló Tom, cruzado de brazos.

Bill se dirigió hacia su tío, y lo tomó por el rostro, besándolo, con Tom correspondiéndole, en lo que se dirigían hacia la habitación.

Ambos se quitaron la ropa, con Tom queriendo montarlo de espaldas, pero Bill intercambió la posición, haciendo que Tom estuviera de espaldas contra él colchón, para hacérselo en la posición de misionero, frente a frente, con Bill besándolo, mientras que presionaba una de las manos de su tío contra él colchón, y lo preparaba para luego metérsela.

Bill lo besó al momento de seguir el vaivén de caderas, con Tom masturbándose, chupando la lengua de Bill, en lo que se quebraba bajo suyo, disfrutando de cómo lo llenaba su sobrino, que decidió mantenerse callado, al menos con palabras, pero sí gimiendo contra sus labios.

Tom iba a correrse, por lo que separaron sus rostros en lo que Tom se mordía el labio inferior.

Bill iba a venirse también, por la manera en que Tom lo apretaba, y aquellas maravillosas expresiones que hacía al acercarse a su culminación, realmente adoraba a ese hombre… El tener sexo no sólo era eso para él, Bill estaba haciendo el amor con Tom, aunque no pudiera decírselo y sólo fuera algo unilateral.

Tom se corrió y Bill no controló su boca al verlo con su expresión llena de éxtasis, siendo lo más bello que había visto, la cara de Tom al venirse:—Te amo tanto —masculló el menor.

Tom se paralizó de inmediato, abriendo los ojos y empujando a Bill, haciendo que se saliera de su cuerpo sin delicadeza, en lo que Tom se vestía con rapidez.

—Pero… No me vine —avisó Bill.

—Bill, me acabas de decir te amo. No, estás confundiendo las cosas por completo. Te estás enamorando de mí. Te advertí de esto, Bill. No sentimientos, sólo sexo. Pero si me dices que me amas al metérmela no podemos seguir más —soltó Tom tajante, arreglándose la ropa y mirando a su sobrino—. Hasta aquí queda esto, Bill. Estuvo rico pero se terminó —avisó el mayor para irse, dejando a Bill descorazonado.

Bill se sentía un estúpido, no pudo controlar su maldita boca, no pudo… No pudo evitar decirle que lo amaba, confesó involuntariamente su sentir por estar tan embebido en el rostro de Tom al correrse. Se golpeó la frente con rabia múltiples veces, se sentía un imbécil, uno que había arruinado todo lo que tenía… Lo poco que podría aspirar a tener del hombre que amaba.

—Tom quería que no me enamorara de él… Como si fuera una de las frases de abuelo que él siempre usa, la de “el que se enamora pierde”, y yo perdí desde el inicio… ¿Cómo diablos no enamorarme de él? Fuera de que me gustó desde antes y sólo… Trataba de seguir mi vida como si nada, disfrutando de las atenciones que me daba como tío, pero… Cuando pude por fin tener algo con él, verlo correrse… Observar sus sonrisas, sentir sus besos, su cuerpo… Cómo es que me abraza con sus piernas o se mueve sobre mí… Cada una de sus expresiones faciales, cada que me ve incluso cuando no estamos follando, el compartir un cigarro después… ¿Cómo no amarlo si me quema en la piel y me quita la respiración con sólo sonreír? Maldito hijo de puta que soy… Ahora no tengo nada… —soltó Bill en voz alta para ponerse a llorar sobre el colchón que aún estaba tibio por el cuerpo de su tío, que aún olía a él, teniendo su semen sobre sí mismo y una erección que se le bajó por quedarse solo.

Tom no se había comunicado con Bill, por más que este le mandaba mensajes de: “perdón, lo arruiné, era una broma, olvidémoslo y sigamos como antes”, mensajes que fueron escritos porque Tom no le contestaba las llamadas, y el mayor sólo respondió un seco: No, Bill.

Porque sabía que no era una broma, porque Bill se le quedaba viendo muchas veces, o la expresión de amor… La forma en que le robaba un beso fuera de la cama, besos que no eran con intención de calentarlo para coger.

Por eso Bill no quiso coger con él las veces anteriores, ahora tenía sentido, y la última vez no le respondió cuando pidió explicaciones de si quería terminar lo suyo, sólo lo besó y llevó a la cama.

Y ahora no podía, Tom había tenido que apagar su teléfono de noche porque Bill seguía llamando hasta de madrugada.

Cuando pasó un mes, es que recibió una llamada de Simón, y Tom se tensó, ¿sería que acaso Bill le habría dicho la verdad a su padre?

—¿Hola, Monito, pasó algo? —preguntó Tom con cautela.

—Hola, Tom. Sí, mira… No debería pedirte esto, porque pues, eres mi hermano, eres su tío no su padre pero… Necesito tu ayuda, en serio, tú vives en Berlín. Bill no está comunicándose con nosotros, la última vez que supe algo de él fue por su madre, que le dijo que le habían roto el corazón, Bill normalmente no tiene parejas, la verdad no le recuerdo una desde que estaba en la escuela, sin embargo, él es muy sensible. Antes de esto nos habló de esta persona especial con la que tenía algo sin aclarar, bueno, no nos lo dijo a nosotros sino a sus hermanos. Nunca dijo quién era, pero después le dijo a su madre eso cuando le contestó sin querer supongo porque estaba borracho llorando y luego colgó. La universidad me ha llamado, diciendo que superó el máximo de faltas, y que perderá el último ciclo, de por sí eso me enoja, porque está en su último año, pero también me habló el casero del departamento, que Bill no ha pagado el último mes de renta, y ya le mandé el dinero para el alquiler a mi hijo pero no lo cobra, no responde llamadas y estoy atado de manos a otra ciudad de distancia. Tengo miedo por mi hijo, Tom. Por trabajo no he podido viajar antes, pero en una semana estaré yendo con Dunja, sin embargo, te pido que veas cómo está, el casero tiene una copia de la llave, pídesela, por favor y revisa que mi hijo esté vivo —pidió Simón con desesperación en la voz y Tom apretó la mandíbula, sintiendo mucha preocupación al escuchar todo lo que había pasado en este mes donde dejó a Bill.

—Sí, yo iré a verlo, Simón, hoy mismo iré —respondió Tom, que sabía que incluso eran seis de la tarde, porque había terminado una curación de una obra, pero lo de Bill era prioridad.

Le había afectado demasiado la separación. Su sobrino estaba desentendiéndose de todo, y Tom… Podía adivinar que Dunja lo había llamado, y él contestado borracho, suponía que Bill estaba bebiendo todo este tiempo.

Tom al colgar es que guardó todas sus herramientas, porque estaba en su taller, limpiándolo todo para irse a su casa, donde se tomó una ducha quitando así el rastro de polvillo, pintura y demás que le quedaba después de la curación, que ya era el quinto día con la misma obra pero había terminado bien, y se vistió para conducir al departamento de su sobrino, no necesitaba pedirle la llave al casero, el señor Zimmerman, porque ya tenía una copia desde que habían empezado a acostarse hace tres años, cuando Bill tenía veinte y él treinta, y ahora su sobrino tenía veintitrés y él treinta y tres.

Tom sabía que debía devolverle la copia a Bill, pero es algo que no pudo hacer por más que cortó la relación. En este caso estaba yendo como su tío para ver cómo estaba, no como su amigo con derechos.

Cuando llegó al departamento de Bill eran las ocho de la noche, y apenas entró le llegó un olor horrible, no a putrefacción como si Bill hubiera muerto, que gracias a Dios no, sino a suciedad, a comida descompuesta, y que evidentemente no había abierto las ventanas en todo este tiempo.

—¿Bill? —llamó Tom, buscándolo en su cuarto, baño, sala, cocina, pequeño almacén y nada.

Pero sí veía cómo todo el piso estaba lleno de latas de cervezas vacías, botellas de alcohol, envases de pizza, vasos de Maruchan con algunos pocos de fideos que ya tenían un ecosistema dentro, y… Tom soltó un suspiro.

No sabía dónde estaba Bill, intentó llamarlo pero no contestó, por lo que decidió ponerse a limpiar el departamento de su sobrino, poniendo en bolsas de basura toda la inmundicia sobre la que estaba viviendo, teniendo unas tres bolsas grandes de basura que no pudo botar por el ducto para basura, teniendo que irse hasta el sótano para dejarlo él mismo ahí de lo grandes que eran.

Al regresar, es que pasó la aspiradora tanto por el piso como por los sillones.

Entrando a la habitación de Bill que se notaba que ni siquiera había cambiado la sábana donde se acostaron la última vez. Por lo que la puso a lavar junto con sus fundas, en lo que ponía sábanas limpias, abriendo todas las ventanas después de pasar un trapeador con algo de limpia pisos que tenía guardado, que él mismo le compró para que limpiara, pero evidentemente Bill, dónde fuera que esté, no había hecho absolutamente nada.

Lo supo también porque tenía correspondencia de recibos sin pagar de este mes. Como si Bill hubiera paralizado su vida entera desde que Tom lo dejó y aquello lo hacía sentir pésimo y culpable, aunque Tom se lo dejó en claro desde el inicio. Sin embargo, era su sobrino, así que no es que realmente no sintiera afecto por él si lo vio desde que era un bebé.

Cuando terminó todo se quedó sentado en el sillón, esperando que realmente Bill sólo hubiera salido, y no… Tragó saliva ante el pensamiento, analizando la posibilidad de que Bill hubiera intentado atentar contra su vida.

Tom esperaba que no, que sólo estuviera fuera cogiendo con alguien y no intentando tirarse de un puente.

Tom no podía dormir, por más que tuvo un día ocupado, no podía dormir, era la 1 am y él seguía en el sillón del departamento de Bill, no se iría hasta ver a Bill.

Pasada la 1 am es que sonó la puerta y Tom sintió cómo el alma le volvía al cuerpo al ver a su sobrino entrar al departamento, tambaleándose porque estaba borracho pero también con la ceja reventada y un moretón en la mejilla, clara señal de que había ido a tomar y terminó peleándose con alguien.

Bill lucía demacrado pero observó confuso al notar todo limpio.

—¿Quién limpió mi desastre? —preguntó Bill, realmente no esperando una respuesta.

—No iba a desaparecer por arte de magia —respondió Tom, y el menor se fijó que su tío estaba allí sentado en su sillón, Bill comenzó a reír como maníaco.

—¿Qué haces aquí, querido tío? —inquirió Bill, y luego se tambaleó hasta dejarse caer a su lado.—Déjame adivinar… Mis padres te llamaron para que vengas a fijarte si no me morí, ¿cierto? Porque si no devolviste mis llamadas ni mensajes, no es que de pronto te interese venir a ver cómo estoy.

—Sí, me llamó tu papá, Bill. Por eso vine —respondió Tom con sinceridad—. Limpié todo tu desastre porque no se puede vivir así, eres un adulto, en su último año de carrera, que ya vas a tener que recuperar por sobrepasar el límite de faltas en el ciclo, por faltar un mes entero, ni siquiera has pagado tus recibos ni renta, teniendo el dinero que tus padres te envían en tu cuenta. Estás comiendo pura basura que evidentemente no te alimenta, gastándote todo lo demás el alcohol. Bill, por Dios, tienes veintitrés años, no eres ningún niño… Yo desde el inicio te dejé en claro la situación, y tú te cagaste en ello, enamorándote de mí, pero soy tu tío, hermano de tu padre, lo nuestro no podía ser más que una relación de amigos con derechos, algo carnal para desfogue y ya. No puedes estar poniéndote así por esto, nunca íbamos a tener un final feliz, un relación romántica ni nada, nunca tuvimos un futuro más allá del sexo, Bill. Esto no era para siempre —terminó por decir le mayor.

Bill volvió a reír.

—Claro, porque sólo era sexo, ¿verdad? Siempre repetías eso, tío… Pero yo sé que ponías excusas para quedarte a dormir a veces, diciendo que por la hora, cuando no, en ocasiones no te interesaba la hora y te ibas. Sin embargo, otras noches decidías quedarte después de acostarnos, sin abrazarme pero sí durmiendo a mi lado… Las veces que venías no para coger, sino para cocinarme y ver películas juntos, dónde luego te ibas sin ni siquiera acostarnos porque tenías cosas que hacer del trabajo y en vez de venir a coger querías pasar tiempo conmigo, hacer cosas de pareja… Cuando creías que estaba dormido y me acariciabas el cabello o dejabas un beso en el cuello. Yo sólo fingía estarlo, pero fui plenamente consciente de lo que hiciste. De qué te estás engañando a ti mismo al decir que sólo sexo, cuando también sientes algo por mí. Sólo que así sea el menor, el que está actuando como un niño, también tú lo estás haciendo al negar que quizá no me amas, pero sí sientes algo más fuerte por mí —acusó Bill, y Tom se paralizó, porque pensó que Bill no lo había notado, y él mismo… Sabía que era cierto lo que decía su sobrino, que Tom también estaba enamorado de Bill, sólo que aquello no podía ser, no podía darse, no…

—Bill, esto no tiene ningún futuro. Fuera de lo que sintamos los dos, no lo tiene. Piensa en tu papá, en tu mamá, en tus hermanos, en tus abuelos… ¿Qué crees que va a decir la familia sobre esto? —increpó Tom a su sobrino.

—¿La familia a la que vemos tres veces al año en la reunión familiar en casa de tus padres, mis abuelos? ¿Por qué mierda deberían saberlo si ni siquiera mis padres viven aquí? A nadie putas debería interesarle. Sí, perdí el ciclo, puedo terminarlo el próximo año, retomar los trabajos a medio tiempo que tenía y estar contigo, Tom. Cuando me titule puedo trabajar en mi carrera… En cualquier parte. Podríamos irnos a otro lado, Tom. A otra ciudad, a otro jodido país si es necesario, tú no pareces mi pariente, con tu cabello castaño, barba de indigente y ropas que parecen pijamas de un millonario estrambótico, yo con mi cabello negro corto, pinta de twink y look emo con más presupuesto, no parezco familiar tuyo. Podríamos irnos a otro lado, y estar juntos, decir que somos esposos porque tenemos el mismo puto apellido, tú luciendo como mi sugar daddy, nadie diría un carajo porque es muy normal que un anciano de tu edad le gusten menores por su crisis de la mediana edad —soltó Bill que realmente amaba a su tío, y necesitaba hacerle entender que no le interesaba cómo pero sí debían dejar de negarse a sí mismo, a lo que tenían, porque se estuvo dejando morir un mes entero, comiendo, bebiendo y pelando con gente al azar.

Porque Bill no podía fingir que nada pasó en tres años, que con su tío no tocó la gloria con sus dedos, que al hacerle el amor no estaba en su propio cielo, que él lo amaba con el alma, no podía actuar como si nunca pasó y sólo verse tres veces al año, haciéndose bromas como si no hubiera estado dentro suyo, como si no lo amara, no podía, Bill simplemente no podía hacerlo.

Tom lo miró, sintiendo la desesperación en Bill, y él mismo… Notando la realidad en aquellas palabras, incluso con Bill siendo un payaso al estar haciendo burlas en un momento serio, era cierto. En esencia lo que le decía era que se dieran una oportunidad, él mismo con su trabajo, reconocimiento y dinero sabía que habían personas que le enviaban las obras desde otras ciudades o países porque era el mejor, y Bill, claro ya iba a recibirse como abogado, aunque bueno, tendría que recuperar el último ciclo por faltar un mes completo, pero…

¿Podría? ¿Realmente Tom se atrevería a irse a otra ciudad o país para tener una relación con su sobrino? Dónde fingirían ser un matrimonio, y podrían viajar para las reuniones tres veces al año con su familia, dónde mantendrían la figura de tío y sobrino como siempre…

Sonaba a una locura, algo insensato, inmaduro y…

—Te amo, Tom. Estando sobrio y ebrio. De verdad lo he hecho desde antes, no me importa que seas mayor que yo, que seas mi tío… Lo que siento por ti es más fuerte de lo que nunca he sentido por nadie más, ¿en serio tenemos que vivir negando lo que sentimos sólo porque compartimos sangre? Mañana nos morimos y seguiremos así… En esta situación de mierda dónde pretendemos negar lo que tenemos sólo porque no es lo moralmente correcto. Y lo sé, el incesto es ilegal aquí, por eso te digo que podemos irnos lejos, y aún así, no te pido que nos casemos, ni es como si pudiera embarazarte, sólo te digo que me aceptes, que me des la oportunidad de, nos ambos tengamos esta oportunidad de vivir… De ser felices —barbotó Bill con la garganta apretada, aún borracho y adolorido por los golpes pero bien decía la frase de que los niños y borrachos siempre dicen la verdad.

Tom acercó su mano hacia el rostro de su sobrino, apoyando con cuidado de no lastimarlo, su frente contra la contraria.

—También te amo, borracho. Y… Sé que tenemos todo en contra, las probabilidades y demás, pero está bien. Termina la carrera, y ve a Alcohólicos anónimos, yo me quedaré a tu lado, mocoso —masculló Tom, con Bill sonriendo en lo que comenzaba a llorar, queriendo besarlo, pero el mayor le puso la mano en la boca—. No, toma una ducha y lávate los dientes, porque estás apestando y así no quiero que me beses.

Bill se separó de su tío y chasqueó la lengua. —Ay, sí, pero la primera vez nada te quejaste del olor, y tú también olías a tu “abridor de piernas”, perdón, whisky —corrigió el menor.

Y Tom puso los ojos en blanco.

—Por eso no tomo. Pero ya, al menos antes sí te estabas bañando diario y no como ahora. Así que anda asearte y te espero en la cama —le alentó Tom, para después ver cómo Bill casi se caía en dirección al baño para tomar una ducha, haciéndolo reír.

Después con Bill limpio es que se entregaron mutuamente, siendo distinto en esta ocasión, porque ambos se dijeron te amo al llegar al orgasmo.

Al día siguiente, Tom se vistió y tomó una foto con Bill durmiendo cubierto con la sábana, babeando la almohada, y él levantando el pulgar arriba sonriendo, mandándosela a su hermano, diciéndole que su sobrino estaba bien, que lo cuidó toda la noche, y que ya se encargaría de que pague todos los recibos, fuera a Alcohólicos anónimos y que retomara la universidad, que lo mantendría al tanto.

Simón se lo agradeció, diciendo que entonces ya no iría la próxima semana porque Bill estaba en buenas manos.